Hetero, Mi marido con Cabeza de Bestia

Capítulo 2: Un matrimonio ahogado en objeciones. Parte 1

Ese día, personas extravagantemente vestidas se reunieron en la capilla real de Baltzar para la ceremonia de bodas del príncipe heredero Claudio.

Personas vestidas con trajes multicolores se alineaban en los bancos como un jardín de flores humano. En la tarima, el arzobispo estaba recitando un pasaje de las sagradas escrituras frente al sublime altar blanco que se encontraba frente a los invitados presentes. Frente a él se encontraban un hombre y una mujer, hombro con hombro, ambos vestidos con trajes de novios.

Una luz suave se derramaba sobre ellos a través del tragaluz de la iglesia, casi como si estuvieran aceptando las bendiciones de los dioses sobre sus propias cabezas, una vista tan surrealista e inexplicable que dejaba sin aliento a cualquiera que la viera.

Las campanas repicaban tan cerca que prácticamente hacían eco en su cabeza, muy lejos de los sonidos apagados que llegó a conocer en el pasado. A medida que el suave calor que sentía en su frente se alejaba, abrió los ojos.

Fue entonces cuando una figura apareció en su campo de visión: un hombre joven de negro cabello liso. Claudio se paró frente a ella, esbelto y hermoso en su atuendo formal negro, mucho más espléndido que el de cualquiera de los miembros de la realeza o de los nobles en los bancos.

Él se cernió sobre ella, con una mirada dócil en sus ojos.

—Amada novia mía, te ves absolutamente adorable cuando actúas con timidez. —Su dulce voz se derramó del conjunto de elegantes labios que acababan de plantar un beso en la frente de Rosemary hace menos de dos segundos, lo que hizo que la chica se sintiera mareada. Tenía el mismo rostro humano de facciones afiladas que siempre había tenido. Lo que significaba que sus palabras eran más que sinceras.

¿Cómo me metí en esto…?

Todo había sucedido hace no mucho, en realidad, ya serían tres meses. El ayudante de Claudio la acompañó a la sala de espera, donde, por alguna razón, el príncipe le dio una cálida y cortés recepción. Luego, mientras ella estaba atónita por todo, él le propuso compromiso. Después, antes de que pudiera siquiera comprender lo que estaba pasando, se llevaron a cabo negociaciones con su tierra natal. Antes de darse cuenta, era la distinguida prometida del príncipe heredero de Baltzar.

Y así, increíblemente, ahí es donde estamos ahora, justo en medio de la ceremonia de bodas.

La capilla construida dentro del castillo real de Baltzar era mucho más grandiosa que la de Volland; tenía un aire de misterio surrealista, aunque inexplicable. Incluso con la gran cantidad de gente presente, el ambiente se mantenía puro y ligeramente tenso.

Oh, Dios, quiero irme a casa… De todos modos, ¿por qué el príncipe quiere tomar como esposa a una princesa de una nación tan pequeña…?

Había estado ansiosa por auto nominarse para novia de Claudio, pero ahora que estaba desempeñando el papel, no podía evitar sentir la necesidad de huir.

No era particularmente hermosa. Era socialmente torpe. Y era una cobarde introvertida. Los diplomáticos que llegaron con ella desde Volland habían entrado en pánico, comprobando las intenciones de Claudio una y otra vez. Incluso la gente de su patria pensaba que no era la pareja adecuada para él, un hecho del que ella misma era muy consciente.

—Me atrajo tu tierna atención, como cuando mostraste preocupación después de notar lo pálido de mi rostro. —Rosemary ocultó este razonamiento que había oído de Claudio a los diplomáticos, un razonamiento que la hizo, por primera vez, querer llevar un balde sobre la cabeza no por miedo, sino por vergüenza.

—Ten cuidado con donde pisas. —Parecería que mientras ella había estado encerrada en sus pensamientos, la ceremonia se había desarrollado sin problemas. Claudio le extendió el brazo y ella lo agarró con torpeza, a lo que él le sonrió satisfecho.

—Finalmente he logrado convertirte en mi reina. No tienes idea de cuánto anhelaba que llegara este día, —susurró, su mente en un trance de ensueño. Rosemary respondió con una sonrisa desconcertada.

Rosemary nunca había sido capaz de corresponder la gran cantidad de palabras afectuosas con las que Claudio la colmaba constantemente. Aun así, incluso ahora, ni su paciencia ni su amor habían menguado.

No se detuvo allí, ya que en los tres meses previos a la boda, él no le permitió regresar a Volland ni una sola vez. Cuando ella dijo que necesitaba regresar a casa ya que solo había empacado lo suficiente para asistir a la fiesta, él tenía todos los elementos esenciales que necesitaba preparados para ella. Cuando ella pidió ir a casa para despedirse de sus padres, él envió a buscar a su madre y, por supuesto, a sus hermanos mucho antes de la boda.

Echaba de menos las flores del jardín de la villa. Pero después de escuchar a Claudio rogarle que no regresara a casa porque se sentiría vacío por dentro sin ella, no tuvo el corazón para hacer más demandas egoístas de las que ya había hecho.

No parece que esté diciendo ninguna mentira, pero…

Desde la noche de la gala, su cabeza no se había transformado en bestia, ni siquiera una vez. Sin embargo, parecía absolutamente opuesto a enviarla de regreso a Volland. Esa única cosa no le sentaba bien.

Mientras Claudio la escoltaba entre las filas de invitados, vislumbró levemente sus cabezas de bestia entre los pétalos de flores que arrojaban al aire. Cada vez que lo hacía, sus hombros se sacudían patéticamente. Involuntariamente, apretó con fuerza el brazo de Claudio. En respuesta y, muy probablemente sintiendo su nerviosismo, este le acarició el dorso de la mano como forma de confort.

— ¿Cuál es tu color favorito?

— ¿Eh? —No tenía respuesta para la bastante abrupta pregunta. Presionada por tiempo, miró a los ojos azules de Claudio.

—Es… el azul.

—Ya veo. Azul. —Claudio asintió una vez y luego miró detrás de ellos. Detrás de él estaba el hechicero que también actuaba como su asistente. Llevaba una capucha de color índigo de aspecto sombrío y un manto bastante impropio de una boda. Mientras cubría su cabeza y cuerpo, su rostro, género e incluso edad eran un completo misterio.

Había oído que un hechicero afiliado al palacio real y el obispo de la iglesia estatal estarían presentes en la boda real. Pero, aparte de los obispos, los hechiceros eran algo con lo que no estaba familiarizada ni siquiera en su tierra natal, por lo que eran un misterio para ella y, un misterio aterrador, además. Un gran suspiro salió de la boca de ese mago.

—Que trabajo… —La voz apenas audible pero que sonaba cansada definitivamente provenía del hechicero.

Cuando los ojos de Rosemary se abrieron con sorpresa, Claudio envolvió su mano alrededor de la de ella para llamar su atención.

—Por favor, mira. —Claudio luego extendió su mano libre por encima de él y la agitó rápidamente.

Al momento siguiente, los pétalos de flores multicolores arrojados por los invitados se transformaron repentinamente en una bandada de pequeños pájaros azules. Una mezcla repentina de jadeos y vítores brotó de la multitud que los rodeaba.

Los pequeños pájaros azules piaron en voz alta mientras cada aleteo de sus alas esparcía los mismos pétalos de flores vibrantes de antes hacia la tierra, lo que los llevó a derretirse finalmente en la brisa. La vista era extraordinaria… casi de otro mundo.

Casi lo olvido; el príncipe mismo es un hechicero…

Aparentemente, también tenía el mayor maná de todos en la nación. Esto probablemente no era más que un juego de niños para él.

Después de observar con asombro la bandada de pequeños pájaros, Rosemary dirigió lentamente su atención a Claudio a su lado. Cuando sus ojos se encontraron, él le sonrió.

— ¿Te ha ayudado eso a aliviar tus nervios?

—Oh, sí. Muchísimas gracias. —La atención que él estaba mostrando por ella se filtró en su cuerpo y llenó su corazón de alegría. Un cosquilleo comenzó a formarse en su pecho y su pulso se aceleró, pero la sensación de estar desprovista de tensión y miedo no era nada desagradable.

—Por fin estás sonriendo.

— ¿N-No estaba sonriendo antes?

—Bueno, lo estabas, pero parecía poco sincero. Fui un poco insistente en mi propuesta de matrimonio, así que no puedo decir que te culpo por estar resentida conmigo. —Ella no estaba resentida con él. Solo era que no sabía cómo debería reaccionar.

Claudio soltó una risita antes de inclinarse ligeramente.

—Cuidaré de ti. Cada momento de vigilia lo dedicaré a ti, sin mirar hacia otro lado, lo juro, —susurró en voz baja al oído de Rosemary. Ella se sonrojó.

Alguien, tráigame un balde…

Por un lado, no estaba acostumbrada a recibir tales palabras de afecto. Pero, también, no parecía el tipo de cosa que decir frente a una multitud tan grande. Sin mencionar que estaban a punto de pasar frente a su familia. Este no era el momento adecuado para avergonzarse.

Mientras miraba tímidamente en su dirección, un par de orejas de perro, del mismo color marrón que su cabello, habían brotado en la cabeza de su padre. Junto a él, su madre llevaba un par de orejas de conejo blancas sobre su cabeza. No podía ver bien a sus hermanas, ya que estaban detrás de sus padres. Sus padres estaban sonriendo, pero viendo que sus cabezas habían comenzado a transformarse, lo más probable era que no estuvieran realmente satisfechos con este matrimonio. En términos brutalmente honestos, esto era similar a una nación súper poderosa que ejercía su dominio y ganaba un compromiso como botín, tal como lo había mencionado Claudio.

Con el rostro todavía rojo, Rosemary sonrió a sus padres para tranquilizarlos.

Ella iba a estar bien. Claudio era una persona honesta que no mentía. Por eso todo estaría bien.

Es por eso que necesito decirle directamente sobre mis ojos…

Que veía la cabeza de cualquiera que albergara hostilidad como la de una bestia, aún no se lo ha dicho a Claudio. Había llegado tan lejos, pero todavía era extremadamente difícil hablar de eso.

Se encontró perpleja de que estaba tan sesgada a favor de Claudio que estaba preocupada por las consecuencias de que él se cansara de ella.

El chambelán abrió lentamente las puertas dobles de la capilla. De repente, el grabado de marfil sobre la puerta llamó su atención.

Un gallardo león rampante, con enroscados cuernos de cabra que se extienden desde su cabeza y elegantes alas en su espalda. Esa era la criatura colocada en la bandera nacional de Baltzar: el león plateado, conocido como una bestia sagrada.

Entrecerrando los ojos contra la luz del comienzo del verano que entraba por la puerta, Rosemary oró en silencio para que el león plateado le diera coraje.

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