Hetero, Mi marido con Cabeza de Bestia

Capítulo 1: La princesa enclaustrada participa en un baile nocturno. Parte 3

¿Qué…?

Allí, de pie cerca del trono, había alguien vestido con ropa negra: un joven humano. Pudo distinguir su lizo cabello negro y su piel blanca casi translúcida a la luz del sol, pero estaba demasiado lejos de donde ella se encontraba como para distinguir con precisión su apariencia. Sin embargo, la parte de atrás de la cabeza de la mayoría de las personas que estaban observando al joven, a Claudio, eran de diferentes tipos de bestias.

—Entonces, eso es a lo que se referían cuando decían que tenía un rostro aterrador… —Heidi murmuró sin pensar, lo que llevó a Rosemary a mirarla con incredulidad.

— ¿Puedes ver su rostro a pesar de que estamos tan lejos?

— ¿Eh? Oh, sí, puedo distinguir su cara, en su mayor parte. —Apartándose de la atónita Heidi, Rosemary se volteó y forzó la vista.

Ajá, no puedo distinguir nada…

Alcanzaba a distinguir que tenía un rostro humano en lugar del de una bestia, pero no podía distinguir la estructura de su rostro.

Por lo general, era lo contrario: ahora todos a su alrededor podían ver, pero ella no. Le hizo preguntarse qué tipo de rostro tenía él.

Sintiéndose como si la hubieran excluido, Rosemary continuó mirando a Claudio, estimulada por una extraña sensación de obsesión.

El rey de Baltzar entró en el salón, se dieron las felicitaciones pertinentes y se dio inició a la charla y el baile. Mientras todo eso sucedía, Rosemary no podía apartar los ojos de Claudio.

¿Por qué… no he visto una cabeza de bestia salir de él ni una sola vez?

Ni cuando estaba entreteniendo a ese miembro de la realeza que se acercó a felicitarlo, ni cuando estaba bailando con esa joven dama con una clara cabeza de bestia sobre sus hombros; la cabeza de Claudio nunca tomó la apariencia de una bestia.

No era como si sus ojos estuvieran curados. La prueba de ello es que cuando miraba a otra parte, el salón aún albergaba la escalofriante visión de estas personas con sus grotescos rasgos. Sin embargo, entre todos, solo uno se destacaba: Claudio. Era el único cuyo rostro permanecía humano todo el tiempo.

Nunca he visto a una persona así.

Abrumada por la incredulidad, apretó con más fuerza sus manos entrelazadas cerca de su regazo. ¿Podría ser esta sensación de exaltación que brotaba dentro de ella… felicidad?

Tal vez era simplemente porque era sociable, pero Claudio se movía de un lado a otro por la habitación entablando conversaciones, mientras tanto, la chica lo seguía con la mirada. No fue hasta que se acercó lo suficiente para distinguir su rostro que se dio cuenta de lo poderosos que eran sus rasgos. Él había estado sonriendo amigablemente mientras conversaba con los invitados, pero ella pudo ver que se veía un poco pálido.

—Heidi… —Su voz se quebró cuando llamó a su doncella que estaba detrás de ella. Su corazón latía como loco. El sonido la llevó hasta la pared. Puso una mano sobre su pecho para mantener la compostura.

—Sí, mi princesa. ¿Me permite ofrecerle una copa de agua? Por favor, sírvase.

— ¿Eh? Ah, sí, gracias. Um, pero…

—Oh, ¿se siente mareada? He venido preparado con sales aromáticas si es necesario. ¿O tal vez siente náuseas? Por favor, no se vaya a ningún lado. Iré a buscar un balde y…

—No, esos no son los problemas a los que me enfrento… —Sin una pizca de pánico, su sirvienta intentó atender sus necesidades, pero Rosemary la detuvo antes de que se pusiera manos a la obra. Apretó la mano alrededor de la copa de agua que le habían dado.

—Yo… seré la esposa de ese hombre. —Sin siquiera darse cuenta de que la boca de su criada estaba abierta de par en par en una exhibición estupefacta y desvergonzada, Rosemary se dirigió directamente hacia el joven. Sus piernas temblaban por el nerviosismo.

—Pri-Princesa, por mucho que me encantaría verla caminar hacia el altar vestida de novia, ¿está realmente y, quiero decir realmente, segura de que debe ser con esa persona? —Preguntó su doncella con un énfasis adicional en un tono extrañamente nervioso, pero silencioso. Rosemary se mantuvo firme y derecha, apretando la copa en su mano aún más fuerte.

—Sí… él es el indicado. No creo que pueda conformarme con nadie más que él. —Lo estaba haciendo por el bien de su paz mental.

Además, eventualmente tendría que casarse por el bien de su nación. En cuyo caso, ese príncipe heredero de cabello negro sería el que tomaría su mano en matrimonio.

Nunca había deseado algo tan desesperadamente como esto en toda su vida.

—Y, después de todo, es el primero que no se parece a uno de esos. —El hecho de que no pareciera tener una cabeza de bestia era una prueba auténtica, sin ninguna falsedad. Si dejaba que se le escapara esta oportunidad, estaba segura de que el hombre se iría para siempre de su vida.

Su suave murmullo probablemente fue demasiado bajo para que su sirvienta lo escuchara. Podía escuchar los murmullos de desaprobación que proseguían detrás de ella, pero eso no detuvo su andar.

Claudio se volteó lentamente para mirarla, tal vez notando que alguien estaba detrás de él. Incluso mirándolo de cerca, estaba claro que parecía demasiado pálido. ¿Podría ser que se estaba sintiendo enfermo o algo por el estilo?

Claudio escaneó a Rosemary mientras estaba allí, una sonrisa desconcertada pero inocua formándose en su rostro.

— ¿Con quién tengo el honor…?

—Yo soy, um, verá… —dijo, con la voz quebrada. Sus nervios bloquearon su garganta, impidiendo que sus palabras salieran. Rosemary miró fijamente a Claudio mientras él esperaba con aire caballeroso, con el rostro pálido y todo, a que ella hablara. Tragó saliva y luego…

—Um, su condición es, bueno, eh…

— ¿Perdón?

— ¡Creo que sería mejor que descansara un poco! —Su voz patéticamente temblorosa resonó a través del animado salón.

El silencio se apoderó de los alrededores. El príncipe heredero miró inquisitivamente a Rosemary.

Una vez que esta volvió a sus sentidos, dio un paso atrás y bajó la cabeza.

Espera… un segundo… yo… quería decir…

¿Qué era lo que quería decir siquiera? Se saltó por completo cualquier tipo de saludo o presentación.

Miradas sospechosas la atravesaron por todos lados. Cada mirada pertenecía a una bestia diferente. Su respiración se aceleró y comenzó a sentirse mareada. Entró en pánico mientras intentaba convertir sus palabras en algo más coherente.

—Um, vi que su rostro… se veía muy… eh, pálido…

— ¿Pálido? ¿Está diciendo que sabe lo pálido que está mi rostro?

Estaba un poco confundida por su tono dudoso. No se trataba de saber per se; estaba claramente pálido y en mal estado.

—Sí, así es… Y, bueno, parece que está bastante agotado. Tiene… bolsas bajo los ojos… — ¿Por qué nadie le decía que descansara a pesar de que se veía claramente pálido y demacrado?

Sus oídos se percataron de los cuchicheos de compasión que se filtraban entre la multitud que miraba cómo se desarrollaba la situación, desconcertándola.

¿Podría ser que ellos no puedan verlo? ¿Por qué?

¿Estaba viendo algo diferente a los demás otra vez? Un dolor agudo recorrió su pecho.

Como si respaldara su declaración, Claudio de repente se rió en voz alta.

— ¿De verdad? ¿Bolsas bajo los ojos? Ya veo. Sin embargo, me parece que es usted quien está exhausta. Parece como si se fuera a desmayar en cualquier momento. Sería mejor si se retirara. ¿Podría alguien… ah, sí, tú? —Probablemente, al darse cuenta de que Heidi esperaba entre bastidores justo detrás de Rosemary, Claudio colocó su mano sobre su hombro en un intento de impulsarla hacia ella. Al instante siguiente, sucedió.

— ¡Ay! —Su mano se sintió caliente al contacto. El calor casi se sintió como si estuviera siendo escaldada por agua caliente, lo que la hizo alejar la mano de Claudio instintivamente. El impulso hizo que dejara caer la copa que había estado sosteniendo todo este tiempo.

Junto con el sonido del cristal rompiéndose, la imagen de un bosque más allá del robusto castillo de Baltzar repentinamente apareció en su mente. El paisaje le pareció algo familiar.

¿Qué fue eso…? Miró a Claudio con una mirada estupefacta, sin idea de lo que acababa de suceder. Este miraba intensamente, con los ojos muy abiertos, la mano que Rosemary había alejado. Cuando volteó su mirada hacia ella, por alguna razón, una amplia sonrisa se formó en su rostro.

No era una sonrisa inocente como antes, sino una sonrisa alegre y animada. Ella fue completamente sorprendida.

—Um, lo siento… eso fue grosero de mi parte… —Rosemary lentamente comenzó a retroceder, pero Claudio tomó su mano inmediatamente, sus mejillas teñidas de rojo. Ella levantó la guardia involuntariamente, pero no sintió nada del calor de antes. Sin embargo, sus ojos azules, entreabiertos ahora gracias a su amplia sonrisa, la miraban fijamente. Verlo con los labios en esa sonrisa hizo que, en conjunto, pareciera vagamente inquietante.

—No está herida, ¿verdad? Parece que está exhausta, tal como sospechaba. Permítame enviarla a la sala de espera. Alto, ocúpate de ella. Quiero que la acompañes hasta que yo llegue más tarde.

— ¡Sí, mi señor! —Dijo un caballero de aspecto incondicional, que aparentemente era el ayudante de Claudio, extendiendo sus servicios. No encontró alivio en el rostro todavía humano del caballero y, en su lugar miró tímidamente a su alrededor. Fue entonces cuando vio a Heidi, con la mandíbula apretada y el rostro pálido por alguna razón. Ver su expresión dejó perpleja a Rosemary.

¿He hecho algo malo? Todo lo que hice fue apartarle la mano… ¿verdad? Quiero decir, no tiene cabeza de bestia y estoy bastante segura de que no está enojado conmigo… Además, ¿por qué el escolta?

Mientras Rosemary estaba allí, todavía desconcertada, Claudio le pasó su mano al caballero.

—Ah, sí, qué grosero de mi parte. Ni siquiera he preguntado por su nombre. —Aún sin una pista, justo cuando Rosemary estaba a punto de comenzar a seguir al caballero que la guiaba, se dio la vuelta lentamente en respuesta a la suave voz de atrás. No quería decirlo por alguna extraña razón, pero probablemente no tenía sentido tratar de resistirse.

—Mi nombre es Rosemary Volland…

Claudio pareció pensativo por un momento. Entonces su sonrisa se hizo más amplia.

—Dama Rosemary… que nombre más elegante.

Oírlo pronunciar su nombre como si reflexionara sobre ello y, luego seguir con un cumplido, tomó a Rosemary por sorpresa. Todo lo que pudo hacer fue mirar a Claudio con total confusión.

Anterior Índice Siguiente


Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.