cuidado con esa villana, Hetero

Capítulo 4: ¡Ten cuidado con esos hombres lobo! Parte 4

Por fin había llegado el verano. Incluso si lo hacía parecer como si fuera mucho tiempo, sólo había pasado un mes desde la carta de Jack.

La bulliciosa mansión ahora estaba casi vacía. Esto se debía a que el duque había aceptado mi solicitud. Por supuesto, había sido por un sentimiento de culpa y no por amor paternal. Sin mencionar que el duque terminó entendiendo el motivo de mis solicitudes.

Hasta ahora, la estabilidad emocional de los sirvientes de la mansión Podebrat era un asco total, por lo que era importante darles un tiempo para que se relajaran. Sin mencionar que tener más personas alrededor del tipo que llegaría pronto sólo empeoraría la situación.

Esas fueron las excusas que le di.

Aunque era verdad que estaba preocupada de que nuestros sirvientes salieran lastimados por culpa del volátil hombre lobo, así que hice que evacuaran el terreno. Porque hoy era el día en que Jack Forton vendría de visita.

Maldición.

—Hayley, ¿ya terminaron todos los preparativos?

— ¡Sí, joven ama! Hemos preparado todo tal como nos lo ordenó.

Como resultado, Yona se vio medio obligada a tomarse unas vacaciones. Me había costado bastante hacer que se fuera. Dada su particular personalidad, si Yona se encontraba con Jack, era probable que comenzaran una discusión.

En cambio, la joven sirvienta, Hayley, se ofreció voluntariamente a quedarse conmigo. Era una muchacha enérgica cuyo cabello rojo era su característica más notoria y, aunque era amable, también tendía a ser torpe.

— ¡Estoy muy feliz de poder quedarme con la joven ama! ¡También estoy muy feliz de ser capaz de verla blandir su espada! Me alegra tanto poder quedarme a su lado…

—Oh, gracias, Hayley. Vamos, ya es hora.

Por supuesto, ser amable y convertirse en una carga eran dos cosas totalmente diferentes…

La miré desinteresadamente mientras hacía oídos sordos ante sus palabras. Temía que a este ritmo comenzara a endiosarme.

—Aún quedan unos diez minutos hasta su llegada…

Miré la mesa y la sombrilla que habían sido preparados en el jardín.

Sería mejor que cuando el bastardo de Jack llegara y viera el mismo escenario que había destrozado anteriormente, se sentara y me escuchara obedientemente. Esa era mi intención, que se sintiera culpable por sus actos pasados.

—Haz que los guardias me notifiquen cuando llegue un hombre pelirrojo. Y, si sucede que no llega a tiempo o lo hace de la misma manera que la última vez… —Le hice un gesto con una mano a Hayley para que retrocediera. Al mismo tiempo, desenvainé la espada en mi cinturón. El sonido resonó por todo el jardín. —Si insiste en irrumpir en propiedad privada, le arrancaré todos los cabellos de su cabeza. —Sonreí mientras dirigía mis palabras hacia la bola de pelos roja que había chocado contra mi espada. Ya ni siquiera me sorprendía por lo predecible que era.

Parecía que Jack Forton, cuya capacidad de aprendizaje era menor que la de mi perro, había decidido entrar a la mansión de la misma forma que antes en lugar de caminar por la puerta principal.

Sin embargo, esta vez yo era diferente.

Jack rodó por el césped bien cuidado del jardín con una expresión de asombro que enfatizaba sus ojos.

—Oh, vaya. No puedo decir que le alegra verte, Jack Forton. Incluso si no te preocupas en lo más mínimo por los modales, es inaceptable que intentaras entrar saltando la pared. ¿Te crees alguna especie de dios descendiendo desde los cielos o algo así?

Debía estar bastante atónito, dado que se había quedado sentado en silencio mientras miraba fijamente al cielo, a pesar de todas mis burlas hacia él.

En este mundo no existía ninguna técnica o movimiento que pudiera contrarrestar a un hombre lobo. Sin embargo, existían objetos capaces de ello.

— ¡Oye, tú…! ¡Qué mierda fue es…!

—Mi nombre es Melissa Podebrat. No es hey o .

Balanceé elegantemente la espada cuyo filo brillaba plateado hacia Jack, quien se había   rado e inmediatamente comenzó a pronunciar varias palabras.

—Sí, lo que sea. ¡Podengrat! ¡¿Qué fue eso de ahora?! ¿Fue magia? ¡Eso es hacer trampa!

—Dije que es Podebrat. Tus ladridos me hieren los oídos. Claramente, lo que pasó ahora se debió a mi extraordinaria habilidad con la espada. —Le dirigí una sonrisa burlesca mientras lo veía sentarse en el suelo.

Por supuesto, todo no era más que una finta. Aunque mi esgrima era sobresaliente, era imposible que pudiera enfrentar a un hombre lobo sólo valiéndome de mi habilidad.

El mérito real era de mi ultra poderosa arma.

La espada de diseño simple y hoja que brillaba de color plateado era en realidad uno de los tesoros secretos de la familia real de Vasilios. Su existencia era un hecho que ni siquiera la familia real actual conocía: un secreto entre secretos… Es lo que me gustaría decir, pero desafortunada era una espada que había sido olvidada después de que el emperador de hace dos generaciones olvidara accidentalmente dónde la había dejado.

Originalmente, cerca del final de la novela, Ian encontraría la espada y obtendría el título de mejor espadachín del Imperio. Sin embargo, yo se la había roba… No, yo la encontré. Después de todo, el que se lo encuentra se lo queda.

Si nos íbamos a poner quisquillosos, corría sangre de la familia real entre los antepasados ​​de los Podebrat, así que yo también tenía derecho sobre el arma.

En cualquier caso, esta espada era extremadamente poderosa. Estaba imbuida con una cantidad inimaginable de hechizos potenciadores, era casi imposible de romper e, incluso un niño de tres años se volvería increíblemente fuerte al empuñarla.

Era claramente un arma todopoderosa hecha para ser empuñada por el protagonista.

Por supuesto, el poder de la espada era directamente proporcional con la habilidad de su portador. Así que, incluso si yo la empuñaba, no podría compararme con el poder de Ian al final de la novela.

No obstante, al menos era lo suficientemente fuerte como para permitirme partirle la madre a un hombre lobo inmaduro.

— ¡No te atrevas a mentir! La última vez que te vi no eras más que una mujer débil y frágil. ¡No intentes engañarme! ¡Este debe ser algún truco de ese bastardo albino!

Mientras mi paciencia se agotaba ante las continuas quejas de Jack, levanté mi espada y lo golpeé en la nuca con la empuñadura de la espada.

— ¡Ay! ¡Eso duele! ¡¿Es que quieres morir?!

Mis acciones habían tenido el efecto contrario. Se había vuelto más ruidoso. ¡Se supone que los hombres lobo deberían ser más sigilosos!

Dejé escapar un suspiro y me crucé de brazos. —Eres ruidoso. Si quieres, me enfrentaré a ti más tarde. Sin embargo, ahora me gustaría saber la razón de tu visita. Dime por qué has irrumpido en la mansión dos veces. ¿Qué es lo que quieres? No creo que sea para tomar té de hierbas y comer galletas de chocolate conmigo.

El rostro de Jack se contorsionó en una mueca de disgusto al escuchar mis palabras. Seguidamente, se levantó por fin del suelo y se pasó una mano por el cabello. —Maldita sea… te lo dije en la carta.

—Mi punto es que no entiendo a lo que te referías.

Sus ojos rojos brillaban a contraluz mientras caminaba hacia mí. Jack acercó su rostro al mío y señaló la cicatriz que atravesaba su ojo.

—Mira esto. ¿Ves esta cicatriz? Los hombres lobo somos capaces de recuperarnos rápidamente de heridas como estas, pero si la herida es infringida por otro hombre lobo, esta dejará una cicatriz como esta. —Jack reveló sus caninos y dejó escapar una risa sombría. —Este es un regalo que el bastardo de Nine me dio el día de ese maldito baile de primavera.

— ¿Así que estás diciendo que Nine… es un hombre lobo? —Dije en un tono calmado mientras miraba directamente a Jack.

—Oh, para ser exactos, era un hombre lobo. Quiero decir… —Al oír el tono burlesco de Jack, apreté los dientes con tanta fuerza que creía que se me romperían. —No es como si pudieras llamar hombre lobo a un tipo al cual le arrancaron la lengua y los colmillos por haber traicionado a los de su especie, ¿verdad?

Jack no le prestó atención a mi reacción y continuó hablando animadamente. —Debería haberle arrancado la cabeza a ese bastardo cuando tuve la oportunidad… las cosas sólo se complicaron después de que escapara. Aunque nunca pensé que ustedes fueran a conocerse. Dado que lo llevaste al baile, deben haberse hecho bastante cercanos. Todavía lo estás escondiendo, ¿verdad? Si me lo entregas obedientemente, no te molestaré más…

—…ta boca.

— ¿Eh? ¿Qué dijis…? ¡Ack!

Le di un buen golpe a Jack con la punta de mi bota. Este dejó escapar un grito ahogado.

—Cierra la puta boca. —Dije mientras sonreía amablemente y desenvainaba mi espada. —Hayley.

— ¡¿S-Sí, ama…?! —Respondió la sirvienta que había estado mirándome embobada todo este tiempo.

— ¿Te aseguraste de despejar los alrededores?

— ¡Por supuesto! No quedó nadie.

—Bien hecho. Entonces, ¿podrías retirarte también? —Seguidamente me volteé para hablarle en voz baja a Jack, quien me estaba fulminando con la mirada. —Creo que es hora de que le enseñe a nuestro pequeño amiguito a cómo debe comportarse.

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