cuidado con esa villana, Hetero

Capítulo 4: ¡Ten cuidado con esos hombres lobo! Parte 5

—Maldición…

— ¿Quieres detenerte de una vez? Empiezas a darme lástima.

— ¡Callate! ¡Aaahhhh! —Jack había perdido la cordura.

Entrecerré los ojos y le partí su… No, bateé con mi espada a Jack después de que este me abalanzara sobre mí mientras echaba espuma por la boca.

Si se hubiese tratado de una persona normal, ahora habría escuchado el sonido de su cráneo haciéndose trizas. Sin embargo, mi ataque simplemente detuvo a Jack. Ya sabía que pasaría esto. Después de todo, era improbable que le infringiera una herida fatal con mis habilidades actuales.

Sin embargo, podía hacer que se arrodillara ante mí. Rápidamente le di un golpe justo debajo de la rodilla a Jack, el cual se tambaleaba después del golpe en la cabeza. Como el varonil hombre lobo que era, Jack no dejó escapar un solo gemido. Sólo se limitó a caer al suelo.

—Jack Forton, una de las cosas que más odio en el mundo es la gente que no tiene modales. Y tu boca hace tiempo que perdió sus modales. Como no parecías tener ninguna intención de callarte, pensé en ayudarte un poco. —Me acerqué a Jack, quien yacía en el suelo con la respiración entrecortada e incliné ligeramente mi espalda mientras lo miraba con una sonrisa enfermiza en mi rostro.

—Grr…

A pesar de la golpiza que le había dado, Jack seguía mirándome amenazadoramente. Su mirada me daba escalofríos, pero me negaba a dejarme atosigar por él y simplemente resoplé burlonamente.

—Meterte en una pelea que no puedes ganar es ser ingenuo. ¿No lo sabías? La vez pasada dijiste que te comportarías, así que tenía esperanzas. Que mal. —Mi tono era de decepción, pero Jack ya no me respondía ni me gruñía mientras mostraba sus caninos. Parecía que finalmente se había dado cuenta de que yo era más fuerte que él.

Curvé mis labios y enderecé elegantemente mi postura. —Muy bien.

Con un sólo gesto, llamé a Hayley. Ella y las otras sirvientas volvieron a acomodar la mesa y la silla que habían quitado antes. Me senté, crucé las piernas y miré a Jack sentado en el suelo. Entonces, comencé a hablar con un tono animado. —Bien, joven Jack Forton. ¿Deberíamos empezar nuestra conversación?

La burla desapareció del rostro de Jack.

—Entonces, ¿lo que quieres es que te entregue a Nine?

— ¡Así es! ¡Ese desgraciado tiene que morir…! Mi dama.

Jack se corrigió rápidamente al ver que levantaba una ceja al escuchar su tono de voz todavía enojado.

Bueno, es cierto que ser educado no estaba en su naturaleza.

— ¿De dónde sacaste que estoy escondiendo a Nine o que siquiera estuvo aquí? —Le pregunté con calma mientras tomaba un sorbo de té.

—Mm… bueno… ¡Es obvio! ¡Después de escuchar que ese bastardo había huido hasta la ciudad, comencé a buscarlo por todas partes, pero no pude encontrar ni rastro de él! …Mi dama. ¡La única razón por la que supe que estaba en ese maldito baile es porque uno de mis hombres lo vio allí!

Entonces, la razón por la que Nine había salido corriendo era por esto. Se había dado cuenta de que el subordinado de Jack lo había reconocido y que estaba siendo perseguido. Decidí perdonar a Nine por sus acciones de esa noche.

—Mi intención era matarlo en aquella ocasión, ¡pero ese maldito bastardo atacó mis ojos cobardemente! Esta es la primera vez que viene a la ciudad, así que es obvio que escapó a la casa de la puta con la que…

*Clack*

Jack cerró la boca inmediatamente al escuchar el ruido que hice al dejar mi taza sobre el platillo.

—Cuida lo que dices. —Dejé caer mi advertencia.

—N-No… Y-Yo… lo siento…

—Continua.

De haber tenido una cola, definitivamente la habría escondido entre sus patas mientras gimoteaba. Jack continuó hablando de mala gana. —La última vez vine para comprobar si realmente estaba aquí, pero me encontré con ese bastardo albino… Y como me echaste diciendo que debería hacer una petición formal, te envíe esa carta avisando que vendría hoy… Mi dama.

Dejé escapar un profundo suspiro para que viera lo decepcionada que estaba. — ¿Eso era todo? Eres realmente simple de mente, Jack Forton. No puedo crees que causaras tamaño alboroto en la casa de un duque, no una sino que dos veces, sólo por algo como eso.

— ¡Tú fuiste la que empezó todo hoy…!

—Te dije que cuidaras lo que dices.

Me encogí de hombros y me levanté lentamente de mi asiento. Ante mi actitud que sugería que la conversación había terminado, Jack se puso de pie con torpeza.

—Ya sé que no te da para más, pero intenta pensar por un momento. ¿De verdad crees que alguien estaría dispuesto a escuchar a una persona que hace demandas sin ton ni son? Sin mencionar que todo habría sido para nada si tus suposiciones hubiesen estado equivocadas. —Me acomodé un mechón de mi cabello y le mostré una sonrisa de oreja a oreja. —Pero déjame felicitarte esta vez.

La hasta ahora confundida mirada de Jack se transformó en una de completa sorpresa. Podía escuchar a alguien caminando hacia nosotros. Sin embargo, yo no me sorprendí ni me puse en guardia. Ni siquiera miré detrás de mí y seguí simplemente sonriéndole a Jack en señal de victoria. Entonces, los pasos se detuvieron. La persona se paró a mi lado.

— ¡Tú, esto, eso…! —Jack se quedó sin habla.

—Porque habías acertado en parte.

Nine me dirigió una sonrisa cerrando sus adorables ojos rosados. Ya me había acostumbrado a verlo con el uniforme de mayordomo de la casa Podebrat.

— ¡Este bastardo! ¡Yo tenía razón!

Ante los gritos de Jack, desenvainé mi espada y dije socarronamente. —Así es. Pero nunca traté de ocultar a Nine. Y tampoco te lo voy a entregar.

— ¡¿Qué?!

Jack estaba rabioso por acercarse, pero la visión de mi espada plateada lo mantenía a raya. Estaba tan agitado que podía ver sus orejas y cola de lobo.

—Nine es ahora uno de los míos. —Resoplé mientras dejaba caer mi mirada en Jack. —Y soy del tipo de las que no les gusta compartir.

Después de todo, era una villana.

~❀❀❀~

—Y mi segunda solicitud es… —Aquel día en que le hice mis solicitudes al duque, le pedí algo aparte de las vacaciones para los sirvientes. —Me gustaría contratar a un mayordomo personal.

El duque dejó escapar un suspiro de alivio al darse cuenta de que mi segunda solicitud no era tan extrema como la primera.

—Bien. Es verdad que una sola sirvienta no es suficiente. Pondré un aviso…

—No. Ya tengo a alguien en mente. Planeo contratarlo a él. —Ante mi respuesta, el duque puso una expresión de desconcierto. En ese mismo instante, alguien llamó a la puerta del estudio. Sonreí y hablé. —Adelante.

A pesar de que el permiso no provenía del duque sino que de mí, la persona al otro lado de la puerta abrió sin dudarlo e hizo una reverencia.

Un hombre tan atractivo que incluso el duque se quedó boquiabierto al verlo. Su cabello rizado, azul como el cielo, ojos rosas y sonrisa amable te recordaban a un gran y adorable canino.

Se trataba de Nine.

—Él es la persona que quiero contratar. Su nombre es Nine. —Se lo presenté al duque.

—Bien… ¿Cuál es su identidad? ¿Tiene alguna carta de recomendación?

—Es un plebeyo. Y no necesita carta de recomendación, yo actuaré como su garante.

—Es muy peligroso contratar a alguien sólo por su apariencia.

—No lo elegí sólo por su apariencia… Es bastante competente. Y… —A mi mirada, Nine asintió con la cabeza y abrió la boca. —Como puede ver, le será imposible divulgar nuestros secretos.

El duque que miró la lengua cortada de Nine y dejó escapar un suspiro.

Miré a Nine con ojos tristes y dije: —Pase lo que pase, yo tomaré la responsabilidad. Él es ahora uno de los míos.

—Bueno, no es como si pudiera oponerme cuando te ves tan decidida. Haz lo que quieras.

Nine me sonrió tímidamente. Por primera vez en mi vida pronuncié las siguientes palabras para el duque. — ¡Muchísimas gracias!

El duque lucía completamente desconcertado.

~❀❀❀~

—Jack lucía tan sorprendido como yo al verte.

Jack había hecho un berrinche cuando vio a Nine, aunque al final no pudo hacerle nada porque Nine era ahora parte de la casa Podebrat. Como resultado, terminó siendo echado de la mansión sin muchos problemas.

Actualmente, me encontraba caminando de regreso a mi habitación junto con el admirable Nine que se había mantenido calmado en una situación tan estresante.

Los ojos de Nine se curvaron mientras sacudía la cabeza.

Usted lucía aún más sorprendida.

Solté una risita al leer lo que Nine había escrito.

—Bueno, es natural. Me sorprendió bastante encontrarme a un lobo ensangrentado en el jardín. —Me encogí de hombros y rememoré los sucesos de hace un mes.

Fue en un día que llovía ligeramente mientras paseaba al perro de Melissa, Liev. Este parecía saber por alguna especie de instinto animal que yo no era la verdadera, así que al principio no se atrevía a acercarse a mí, aunque ahora nos llevábamos de maravilla. Ese día Leiv estaba extrañamente ansioso por salir a dar un paseo, así que lo saqué a recorrer el jardín bajo la lluvia.

De repente, Liev empezó a olfatear el piso, comenzó a ladrar y corrió hacia los arbustos. Yo grité pequeño bastardo y corrí tras él. Cuando llegué a su lado, me lo encontré junto a un pequeño lobo azul cubierto de sangre.

¿Qué persona podría hacer la vista gorda ante tal escena? Al final, decidí traerlo a casa conmigo.

Resultó que ese lobo era Nine. Antes de que Jack me contara su versión, ya lo había escuchado todo de boca de Nine. Por eso lo había golpeado un poco más fuerte de lo normal. Después de todo, era culpa de Jack que Nine se hubiera dado a la fuga aquella noche.

—Me has dado bastantes problemas, ¿sabes? Incluso curé tus heridas. —Ante mi broma, Nine inmediatamente puso una cara de cachorro arrepentido, así que me apresuré en hacer una seña  con mi mano. —Descuida, sólo bromeaba. Tratar a una persona herida es lo normal. Si realmente quieres devolverme el favor sólo necesitas trabajar duro y ganarte tu estadía en la mansión. —Sonreí y entré a mi habitación con Nine. Por fin podría dejar de apretar los dientes. —Nine. Cierra la puerta.

Al escuchar mi susurro, Nine cerró la puerta apresuradamente. Con mi visión borrosa pude ver la expresión confusa de Nine.

Rápidamente perdí el equilibrio y me derrumbé mientras algo caliente goteaba de mi boca. Era sangre. El olor a hierro se extendió por toda la habitación.

—Maldición.

Lo último que vi fue la expresión atónita de Nine. ¿De qué estás hablando, Nine? Tú luces mil veces más sorprendido que yo.

Sentí como mis ojos rodaban en sus cuencas a medida que perdía el conocimiento.

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