Hetero, Santa Omnipotente

5°acto: La capital real. Parte 3

No pude evitar gritar de emoción mientras contemplaba las vistas.

El mercado estaba repleto de una variedad de verduras, frutas, carnes y pescados de colores brillantes. Incluso vi lo que parecía una tienda que se especializaba únicamente en hongos. Panaderías y puestos vendían pan y bollería, una auténtica variedad de productos, entre ellos un pequeño pan blanco. Sospeché que era un alimento de lujo, ya que era más caro que los otros tipos a la venta.

Deliciosos aromas flotaban en el aire. La calidad de la cocina en esta tierra dejaba mucho que desear, pero había abundancia de ingredientes. Disfrutaba especialmente de las cosas que nunca antes había visto. Con la forma en que el mercado rebosaba de energía, podrías llamarlo la cocina de la capital.

Entre las tiendas, había suficiente espacio en la calle para que ocho personas caminaran una al lado de la otra, pero había tanta gente que era difícil avanzar a través de ellas. Mientras nos abríamos paso entre la multitud, otra tienda me llamó la atención. Mientras estaba distraída, sentí un tirón repentino en mi hombro. Me di cuenta de que había estado a punto de chocar contra la persona que tenía delante.

—Gracias, —le sonreí rígidamente a Albert por detenerme. Él me dio la más dulce de las sonrisas como respuesta.

Llevábamos tomados de la mano desde nuestra llegada. Sin duda era porque de lo contrario nos terminaríamos separando, especialmente si seguía distrayéndome con las demás tiendas. O tal vez sólo estaba tratando de escapar de la realidad.

No quería pensar que estaba siendo descuidada, pero casi me había chocado contra alguien. Y como resultado, Albert había soltado casualmente mi mano para atraerme hacia él por el hombro…

Ja, ja, ja, ja, ja… ¿Era esta una forma de tortura? ¿Dios estaba probando la fortaleza de mi corazón? ¿O Albert estaba tomando mi mano de nuevo para evitar que chocara con más personas? Tenía miedo de acostumbrarme a esta intimidad. Sin embargo, él seguía tocándome una y otra vez.

Finalmente logré llegar a un punto en el que pude sonreír, aunque todavía estaba un poco rígida y agradecerle sin sonrojarme. Yo diría que eso ya era bastante bueno para alguien sin experiencia como yo.

¿Estaría bien si dejara de distraerme tanto con las tiendas? Me preguntaba. Pero si no me distraía, ¡terminaría fijando mi atención en cierta otra persona!

— ¿Estás bien? —Preguntó Albert.

—Um, sí, estoy bien, —le respondí.

— ¿Te gustaría comer algo?

—Bien…

Todavía era un poco temprano para el almuerzo, pero la verdad es que tenía hambre, posiblemente porque habíamos salido muy temprano. Además, me dolían los pies de tanto caminar. Albert parecía que podía seguir caminando, pero como yo básicamente vivía encerrada, no estaba realmente acostumbrada a todo este ejercicio.

Algunos puestos del mercado me habían llamado la atención, pero Albert era un noble. Dudaba que fuera del tipo que compraba comida callejera. ¿Quizás había una cafetería cerca?

—Yo, um, me vendría bien algo, —confesé.

—Entonces, ¿por qué no visitamos un puesto de comida y buscamos un lugar para descansar?

¿Eh? Y yo que pensaba que Albert era demasiado para un lugar como este. Me complació su sugerencia, pero ¿estaba seguro? Lo suficientemente seguro como para acompañarme a una caja de madera cerca de un puesto de comida. Después de tomar mi pedido, se alejó para ir a comprar. ¿Era sólo yo o, esto parecía una especie de rutina para él?

Después de unos momentos, Albert regresó con un par de brochetas y dos tazas de agua ligeramente saborizadas con frutas. Me dio mi porción y se sentó a mi lado.

—Parecía que no era la primera vez que compraba a un vendedor ambulante, —comenté.

—Johan y yo solíamos venir aquí todo el tiempo cuando éramos más jóvenes.

— ¿De verdad? —No pude ocultar mi sorpresa.

¿Los nobles también vienen al mercado? Pensé. No pude evitar presionarlo para que me diera más detalles. Confesó que él y Johan se escapaban a la ciudad, haciéndose pasar por hijos de comerciantes. Eso tenía más sentido para mí.

—Oh, ¿cuánto le costó la comida? —Le pregunté.

—No tienes que preocuparte por eso.

— ¿Eh? Pero… Está bien, gracias. —Me sentía un poco mal por la comida gratis y mi voz se apagó al final de mi oración mientras sonreía tímidamente. Bueno, supongo que tendré que devolverle el dinero más tarde.

La brocheta sólo estaba sazonada con sal, pero estaba hermosamente asada. El tamaño de la porción era perfecto y prácticamente me lo comí de un bocado. Lo pasé con un sorbo del agua de frutas. También estaba delicioso, especialmente porque tenía sed.

— ¿Qué pasa? —Albert me preguntó con una expresión de preocupación.

— ¡Oh, nada! —Debo haber estado mirando el agua de frutas o algo mientras pensaba. Tuve un pensamiento, pero…

— ¿De verdad? Si no te gusta…

—No, no, no es eso. Estaba pensando que sabría aún mejor si estuviera frío. Pero sé bien que el hielo es un lujo.

—Ya veo.

Albert me quitó la taza y yo ladeé la cabeza con curiosidad. Pronto, delicadas estelas de aire frío comenzaron a salir de la taza.

¿Eh? ¿Qué acaba de hacer?

Albert me devolvió la taza y descubrí que ahora había hielo flotando en ella. Lo miré con sorpresa y él inclinó la cabeza, indicándome que bebiera.

¡Por supuesto que lo haré!

El agua helada de frutas era tan deliciosa como lo había imaginado. No pude evitar sonreír, lo que trajo otra sonrisa a los labios de Albert.

—Esplendido, —dije.

— ¿De verdad? Qué bueno.

— ¿Qué le hizo?

—Sólo un poco de magia.

Eso me tomó por sorpresa, aunque supuse que no debería. En este mundo sin refrigeradores, la única forma de obtener hielo era cortarlo en invierno y guardarlo en casas de hielo o, hacerlo con magia. Sin embargo, no muchas personas tenían magia de hielo lo suficientemente fuerte como para crear hielo, por lo que era increíblemente valioso.

Por alguna razón había olvidado que Albert podía usar este tipo magia. Para ser justos, ciertamente nunca pensé que realmente la usaría frente a mí.

—El hielo realmente hace maravillas con el sabor. ¡Muchas gracias!

Debe haber sido celestial porque en poco tiempo, había vaciado mi taza.

—Me alegro de que te gustara tanto, —Albert se rió entre dientes.

Era difícil imaginar que la gente lo llamara el inexpresivo caballero de hielo. Siempre parecía sonreír cuando lo veía y, de alguna manera parecía brillar, ¿saben? No es que alguien esparciera brillantina encima de él ni nada.

Incluso vestido sencillamente, difícilmente podría ser confundido con un plebeyo con esa aura radiante suya. Esta mañana, había pensado que se parecía a uno simplemente porque usaba esta ropa, pero ahora que estábamos entre los plebeyos reales, la disparidad era evidente. ¿Era la diferencia en educación? Lucía arrobador incluso mientras bebía agua. Tal vez podría hacerse pasar por el hijo de un rico comerciante, pero de ninguna manera podría engañar a nadie para que pensaran que era un plebeyo.

Debí habérmele quedado mirando porque me dio una mirada burlona. Rápidamente negué con la cabeza, pronuncié algunas palabras de negación y aparté la mirada deliberadamente de él.

Por favor, no me mire con tanta amabilidad, rogué en silencio. Ya estoy desbordando de emociones que apenas puedo soportar.

Después de nuestro refrigerio, dejamos el mercado y comenzamos a caminar por una calle mientras mirábamos los escaparates. Los productos en exhibición parecían ser de alta calidad con etiquetas de precios que así lo evidenciaban, por lo que no me atrevía a entrar en los locales.

Estaba examinando fijamente uno de los escaparates exteriores cuando Albert se detuvo frente a una determinada tienda.

—Lo siento, pero ¿te importaría si entramos en esta? —Me preguntó.

—Claro, no hay problema.

Me había estado siguiendo todo el día, así que no tenía ningún problema en dejarlo tomar la iniciativa. Lo seguí hasta la tienda. Si bien la clientela parecía ser en gran parte gente plebeya, la mercancía aparentemente eran accesorios de alta gama tanto para hombres como para mujeres.

Albert fue solo hasta la parte trasera de la tienda, así que me tomé mi tiempo para investigar la variedad de accesorios que ofrecían. Cerca de mí había horquillas y cintas para el cabello. Estos últimos estaban acomodados en una caja y agrupados en siete colores distintos.

Al principio había dejado que mi cabello creciera después de que me invocaran porque estaba demasiado ocupada con el trabajo como para cortarlo, pero ahora era tan largo que me llegaba hasta la mitad de la espalda. Las cintas para el cabello eran un poco caras, pero con la longitud actual de mi cabello, deseaba poder atarlo, especialmente dado el calor del verano. Tal vez me compraría una horquilla.

Al mirarlas, encontré una que me cautivó. Estaba hecha de plata y se veía bastante elegante, con piedras azules que encajaban en la celosía del diseño. Era delicada y bonita, pero su precio era, digamos, impresionante y me hacía dudar.

Quizás una sin piedras sería menos costosa, pensé mientras comenzaba a buscar por alternativas.

En ese momento, Albert regresó. —Lamento haberte hecho esperar. ¿Encontraste algo que te gustara?

—Oh no, en realidad no. —Me encantaba esa horquilla, pero estaba fuera de mi presupuesto. Me habría sentido mal haciéndolo esperar mientras trataba de decidirme por una diferente, así que decidí dejarlo pasar por hoy y volver en otra ocasión.

— ¿Nos vamos entonces? —Preguntó.

—Sí, vamos.

Una vez más lo seguí fuera de la tienda. Cuando estábamos afuera, tomó mi mano como si fuera la cosa más natural del mundo.

Después de nuestro tranquilo paseo por la ciudad, empezaba a hacerse tarde, así que detuvimos un carruaje y nos dirigimos de regreso al palacio. Debo haber estado exhausta tanto física como mentalmente porque el suave traqueteo del carruaje pronto me hizo dormir.

~❀❀❀~

Mis ojos se abrieron al oír la voz de alguien. El carruaje se había detenido. Miré distraídamente a Albert, quien me sonrió gentilmente.

— ¿Ya llegamos? —Le pregunté.

—Sí. Debes haber estado cansada; dormiste todo el camino.

Ups. ¿Dormí sobre él?

Lo miré con los ojos muy abiertos, lo que sólo hizo que su sonrisa se ampliara.

Oh, noooo. Definitivamente me dormí sobré él. ¡Y definitivamente, definitivamente pudo ver cómo me veo cuando duermo! Mis mejillas se encendieron y me di la vuelta, deseando poder salir corriendo.

Para empeorar las cosas, Albert se echó a reír.

Argh, creo que este es el peor golpe que he recibido en mi vida.

Gemí mientras Albert me observaba por el rabillo de sus ojos, divertido.

Al igual que esta mañana, salió primero del carruaje. Supuse que no podríamos quedarnos ahí para siempre, pero parecía un poco abatido cuando me ofreció su mano para ayudarme a bajar.

Caminamos desde la puerta hasta el instituto de investigación de plantas medicinales, charlando sobre lo que habíamos visto en el mercado y en las tiendas. Había sido un día completo y agotador, pero en general lo disfruté inmensamente.

No pasó mucho tiempo antes de que llegamos al instituto. Me volteé hacia Albert e incliné la cabeza.

—Gracias por acompañarme el día de hoy.

—Fue un placer. Me divertí mucho.

La gente lo llamaba el caballero de hielo, pero si me preguntabas a mí, había estado de muy buen humor todo el tiempo que estuvimos juntos. Siempre tenía esa sonrisa brillante en su rostro e, incluso ahora seguía sonriendo. Sentía que lo había arrastrado todo el día, pero me acompañó en cada paso sin una sola queja. Qué chico tan amable.

—Yo también me divertí, —le dije. —Lo veré más tarde entonces. —Me volteé para entrar, pero él me detuvo.

—Espera, quería darte esto. —Me mostró una caja que cabía en la palma de su mano.

¿Me pregunto qué podría ser? La tomé con ambas manos, simplemente sorprendida.

— ¿Qué es esto?

—Ábrelo cuando estés en tu habitación. Siéntete libre de usarlo si te gusta. Buenas noches.

— ¿Eh? ¡Espere, joven Hawke! —Traté de detenerlo, pero ya se había ido a paso raudo.

Consideré correr detrás de él, pero me di cuenta de que seguía completamente cansada y no tenía las energías para hacerlo.

Supongo que tendré que ir a mi habitación y abrirla. Si resulta ser problemático, puedo devolvérselo mañana, ¿verdad? Me recompuse, subí a mi habitación y me armé de valor para abrir la caja.

Dentro había una horquilla de celosía, la misma que me había cautivado en esa tienda de accesorios.

Anterior Indice Siguiente


Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.