La Dama Retornada y el Emperador Dragón

1°Arco Capítulo 3

Si realmente había regresado seis años en el tiempo, eso significaba que el reino de Kratos aún no había empezado la guerra contra el imperio Rave.

Se podía decir que por ahora, esta persona no era su enemigo.

Aunque era consciente de esto, Gilles no podía evitar actuar cautelosamente porque poseía un vívido recuerdo del abrumador poder del emperador en el campo de batalla.

Ya fuera que supiera o no de las circunstancias de Gilles, Hadhiz se acercó y se arrodilló frente a ella.

El silencio se extendió por toda la habitación mientras resonaba el tictac de un reloj.

Frente suya se encontraba una belleza extraordinaria. Tenía que mantener la mente enfocada para que no se le enrojecieran las mejillas.

—Quiero que te me propongas otra vez.

— ¿Eh…?

—Quiero asegurarme de que no estoy soñando.

Al instante olvidó su cautela, ya que había quedado atónita.

Sin embargo, Hadhiz no desvió la mirada de Gilles y siguió esperando por su respuesta.

En estos momentos, Hadhiz le recordaba al perro pastor que tenían en casa de sus padres.

¡Es-Es realmente diferente de su yo dentro de seis años!

Hadhiz comenzó a lucir dubitativo ya que no estaba seguro de lo que estaba sucediendo.

— ¿Por qué no respondes? ¿Podría ser que te sientes enferma?

—Eh… Um… ¿Por qué me encuentro en este lugar? Mis recuerdos están difusos…

—Te desmayaste. Lo siento, fue grosero de mi parte. No debí ser tan agresivo contigo, tú tampoco deberías esforzarte demasiado.

— ¡¿Eh?!

De repente, fue levantada. Fue llevada a una cama sin su permiso.

—Quizás no seas capaz de dormir, pero es mejor que descanses.

Mientras Hadhiz colocaba a Gilles en la cama, sus movimientos estaban llenos de afección.

— O, ¿debería prepararte algo ligero para comer? Ah, ya que estás despierta, toma. Tus pies deben estar helándose.

Hadhiz se arrodilló y recogió los zapatos para interior que había justo al lado de la cama.

Seguidamente y con cuidado, puso los zapatos en los pies descalzos de Gilles. Bastaba decir que esta se estaba aguantando las ganas de gritar.

¡Este hombre era un emperador! Incluso si ahora soy una niña, ¡esto era demasiado!

— ¡Pu-Puedo hacerlo yo misma! ¡Esta es una tarea impropia para alguien con un estatus como el suyo, emperador!

—No seas tímida. Ya te dije que estaba dispuesto a inclinarme ante ti. Quédate quieta… Ahora estás lista.

Desde arriba, podía verlo sonriendo con satisfacción. El impacto de dicha vista fue similar al impacto de un rayo.

Que un hombre poseedor de una tan extraordinaria sonriera así, convertía esta situación en una batalla perdida para ella. Gilles apretó los dientes mientras trataba desesperadamente de calmar su desbocado corazón.

Pa-Para ser honesta, ¡no es sólo que sea guapo, sino también que su rostro es exactamente mi tipo!

¡No tengo oportunidad!

Además, no sólo es su rostro, ¡su cuerpo también es impresionante!

Se ve delgado, sin embargo, también es esbelto. Su postura es maravillosa. En general, ¡luce poderoso…!

¡Que un hombre así se arrodille ante mí es…!

Pero, rápidamente volvió a sus sentidos…

Espera un momento, le propuse matrimonio a este hombre, pero… ¿Qué pasó después de eso?

—Disculpe…

Sin embargo, el ruido de la puerta abriéndose de golpe aplacó la pregunta de Gilles.

El ruido de las armaduras, unos pocos soldados alineados, como si estuvieran enmarcando la puerta doble.

Hadhiz, se puso de pie con un aura amenazante.

—Parece que estaban esperando a que despertaras.

—Eh…

— ¡Gilles Savel! ¡Explica tu actuar reciente!

Gerald entró en la habitación sin siquiera saludar. Como si no hubiera visto a Hadhiz, caminó hacia ella con paso impetuoso.

— ¿Qué podría estar corriendo en tu cabeza, para que salieras corriendo sin dejarme terminar mi frase…?

—Príncipe Gerald, ella acaba de abrir los ojos. Hacer acusaciones ahora sería una muestra de extrema descortesía, —dijo Hadhiz a un lado.

Gerald respondió con frialdad.

—Perdóneme. Sin embargo, esto no tiene nada que ver con el imperio Rave. Además, se supone que deberían haber preparado una habitación para usted. Eso deja la pregunta: ¿por qué está aquí?

— ¿No es natural que me preocupe que mi prometida se haya desmayado súbitamente?

—Usted y ella no están comprometidos. Ni Su Majestad ni sus padres consentirían eso. El que se comprometerá con ella, no será otro que yo mismo. Esto ya ha sido decidido desde hace mucho tiempo, en secreto.

Gilles levantó el rostro completamente sorprendida. No recordaba alguna vez haber escuchado de tal cosa, pero entonces recordó los rostros de sus padres…

Madre, padre, nunca olvidaré esto…

Sus pasivos padres carecían de poder político. Y los marqueses de Savel carecían de logros.

Más importante aún, si lo que Gerald había dicho era cierto, que ya se había decidido en secreto… A Gilles le resultaría difícil rechazar a Gerald.

Ya no se trataría simplemente de influencia política…

Esto estaría a la par con manchar la reputación del príncipe Gerald.

—Si aún valora su reputación, me gustaría que dejara de entrometerse en los asuntos de nuestro reino. Podría ser considerado como que interfiere en asuntos oficiales, ¿entiende?

Interferir en asuntos oficiales, ¿dice? Por favor, ahora está siendo hipersensible.

Gerald levantó las cejas ante la leve sonrisa de Hadhiz.

Gilles tembló debido a lo pesado del ambiente.

En este momento de sus vidas, Gerald ya era conocido por su destreza en el combate. Ya estaba inscrito como soldado y tenía sus propias tropas. Hadhiz, por otro lado, se encontraba solo. Cualquier cosa sería mejor que tener una batalla de uno contra muchos.

Ella ya podía concebir muchas formas en que las cosas pudieran terminar mal.

Pero Hadhiz mantuvo la calma.

— ¿No tiene mejores cosas que priorizar? Después de todo, eventualmente se convertirá en el gobernante de este reino.

—Tendré muy presente su consejo. Sobre todo, tomando en cuenta que viene del emperador maldito.

Gerald respondió con un tono frustrado pero también condescendiente.

Hadhiz, por otro lado, seguía sonriendo sin miedo.

—Está bien si lo entiende. No tiene sentido luchar contra alguien cuando no tienes oportunidad de ganar. Usted y yo somos diferentes.

— ¿No se lo dije ya? Insultarme sería lo mismo que…

Hadhiz abrió sus ojos dorados, era como si se estuviera recién despertando.

El ambiente cambió por completo.

Abajo.

En un instante, la gravedad la habitación pareció aumentar.

Se escucharon ruidos metálicos, las armas de los soldados cayeron una tras otra. Ninguno de ellos podía seguir de pie. Algunos parecían a punto de desmayarse, mientras que otros habían perdido el conocimiento al instante.

¡Él, ni siquiera ha comenzado a usar su magia! ¡Sólo está usando su aura de intimidación!

Un majestuoso, dominio absoluto, contra el que nadie podría resistirse. Incluso Gilles, a quien no le afectaba, sentía la sensación de opresión.

Esta miró fijamente el perfil de Hadhiz, reprimiendo el impulso de querer salir corriendo. Hadhiz extendió su mano hacia Gerald, quien se encontraba petrificado en el lugar y lo miraba furiosamente mientras sudaba profusamente.

—Le encargaré la limpieza.

Hadhiz le dio unas palmaditas en el hombro a Gerald y este último cayó sobre su trasero casi de inmediato.

—Los rumores son ciertos… ¡Vaya monstruo…!

Hadhiz sólo sonreía gentilmente ante las insultantes palabras de Gerald.

Seguidamente, la sofocante presión desapareció sin dejar rastro.

Hadhiz tomó en brazos a Gilles, mientras esta dejaba escapar un suspiro de alivio.

—Perdóname. Debes estar sorprendida. Será mejor que cambiemos de ubicación.

Gilles asintió, reprimiendo su agitación. Una vez más quería gritar, pero por una razón completamente diferente…

¡Es verdad que este hombre es verdaderamente fuerte!

Hadhiz sonrió ante la mirada de Gilles.

—No pareces confundida. Como pensaba, eres diferente.

—Ya lo he experimentado muchas…

Gilles se dio cuenta a tiempo. Todavía no era la doncella de la batalla.

Sin embargo, a Hadhiz no pareció preocuparse por esto y comenzó a caminar entre los soldados caídos para salir de la habitación.

—Parece que no podremos tomarnos nuestro tiempo para hablar. El príncipe Gerald no parece ser una persona que se rinda tan fácilmente. Bueno, ¿qué debería hacer? Me han dicho que el amor se supone que es complicado.

— ¿A-Amor…?

—Está bien. No dejaré que nadie te ponga las manos encima.

Gilles asintió inconscientemente ante las palabras del atractivo hombre.

Pero, no pudo evitar pensar…

A la fecha, tengo diez años, ¿verdad?

Y se supone que este tipo ronda los veinte…

Era imposible que un hombre adulto considerara seriamente comprometerse con una niña de diez años sin que hubiera alguna razón política detrás. A menos que…

A menos que le gustaran las niñas pequeñas.

En ese momento, la vista que tenía delante cambió por completo.

—Tu poder mágico no parece estable y, por eso viajaremos en barco. Me alegro de haber traído uno en caso de cualquier eventualidad.

— ¿Ah? ¿Eh?

Comenzó a mirar sus alrededores sorprendida. El alto techo había sido reemplazado por uno bajo.

Había una cama, una pequeña mesa y sillas. No era estrecho, pero tampoco espacioso. Tenía pequeñas ventanas redondas, mientras que el piso era apretado y crujía, no, se estaba balanceando.

Esto era un secuestro.

Hadhiz se volteó hacia Gilles con una sonrisa deslumbrante.

—Muy bien, llegaremos al territorio del Imperio Rave en unas pocas horas.

— ¡¿Eeeeeehh?!

En el momento en que Gilles dejó escapar su grito, el barco ya había comenzado a avanzar sobre la superficie del mar.

El puerto de su tierra natal, visible a través de las redondas ventanas, se hacía cada vez más pequeño.

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Fairelle: En este capítulo Gilles exterioriza las dudas que yo y, seguramente muchos de ustedes, comenzamos a tener en esta parte de la historia, pero les aseguro que no, a Hadhiz no le gustan niñitas (incluso hay un evento en el que se enfurece por las declaraciones de las personas xp), que todo tiene una razón de ser y estas se desvelarán eventualmente.

2 comentarios en “1°Arco Capítulo 3”

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