Espada y Vestido, Hetero

Capítulo 4: Parfait de chocolate. Parte 1

Fulmine con la mirada a la sirvienta que se encontraba delante de mí. No es que la odiara o algo. Es sólo que me encontraba realmente cansada después de una larga noche de tortura por parte de Sofía. Y ahora, lo más molesto era que me habían despertado cuando apenas había logrado dormir un par de horas.

— ¿Para qué me mandó a llamar mi maldita madrastra? ¡Si me necesita para algo, debería ser ella quien viniera a verme!

La sirvienta tragó saliva al verme tan irritada. Sin embargo, no desistió ya que era consciente del trato que le daban a Silla en esta mansión. Generalmente, cuando la hija de una familia aristócrata se enfadaba, los sirvientes sólo podían bajar la cabeza y quedarse en silencio. No obstante, la sirvienta delante de mí ni siquiera hacía lo primero. ¿Así que se negaba a respetarme como a una de las amas de la casa sólo porque creía estar bajo la protección de la condesa?

—Joven ama, ¿cómo pretende que su madre, la condesa, venga hasta usted? Es de esperarse que sea usted la que vaya a verla a ella.

—Y si me niego, ¿qué harás? ¿Me llevarás a la fuerza?

—Si la joven ama insiste en su terquedad, no me quedará más opción que hacerlo.

Tsk, ¿ven eso? Es sólo una sirvienta pero tiene agallas hablarme despectivamente. Sería exagerado sacar la espada, pero podía usar el puño de acero. No debería pasar nada si la golpeaba sólo un poco. Se me venían varias ideas a la mente, pero no podía realizar ninguna debido a la presencia de la bella durmiente, Sofía. Estaba segura de que yo estaría bien sin importar lo que pasara, pero no sería igual con Sofía. No quería arrastrarla a mis problemas.

Debería asegurarme de ponerla a salvo antes de que la situación empeorara.

Otra cosa que debía tener en consideración es que Sofía era huérfana, así que no sabía a dónde debería enviarla. Si lograba encontrarme con la suma sacerdotisa y probar mi identidad, podría arreglar que Sofía se quedará a vivir en la iglesia. Por lo que no debería actuar precipitadamente antes de eso.

Mientras me encontraba sumida en mis pensamientos, la sirvienta se volvió más atrevida. Comenzó a hablarme con un tono que indicaba su superioridad ante mí.

—No haga esperar a la condesa.

Oh, vaya… Era como si me estuviera dando una orden. Estiré la mano para agarrarla del hombro e hice que se agachara para que me mirara al rostro.

—Iré, no obstante…

Acerqué mi rostro al de ella, sus ojos abiertos por la sorpresa y le di una advertencia amistosa.

—Matar a un ratón que insiste en aferrarse al zorro es pan comido para mí. Así que es mejor que te comportes. No importa si se aferra a un zorro o a un lobo, un ratón sigue nunca dejará de ser un ratón.

No podía entender cómo se había atrevido a asumir la autoridad de su ama como suya propia. En este mundo sólo podías depender de tus propias habilidades para sobrevivir. La sirvienta dio un paso atrás mientras sus hombros aún temblaban por mi voz amenazadora. Su mirada arrogante había desaparecido completamente. Sonreí ligeramente mientras la veía allí, parada tranquilamente.

—Llévame hasta allí.

—Entendido…

La sirvienta guió el camino obedientemente.

Aunque seguía siendo de día, ya era bastante tarde. Tenía curiosidad por saber para qué me mandaría a llamar la condesa, así que decidí atender a su llamado. La condesa, cuya elegante belleza se comparaba a la de una flor, se encontraba descansando rodeada de cinco sirvientes, como si fuera una reina en un campo de rosas. Al darse cuenta de mi presencia, sonrió en mi dirección.

—Bienvenida.

La miré con una expresión sombría. No era del todo su culpa. El sol brillaba con intensidad y era demasiado deslumbrante para alguien como yo que acababa de despertar. Me sentía como un murciélago que había sido despertado en pleno día. De haberlo sabido, habría traído mi parasol.

— ¿Qué es lo que quiere?

¡Dilo rápido! Quiero seguir durmiendo. La condesa frunció un poco el ceño por mi actitud arisca y porque ni siquiera me había sentado en el asiento que había preparado para mí. Los sirvientes que la rodeaban me dirigían miradas desdeñosas. ¡Vaya panda de sirvientes tan incompetentes! Deberían saber que la verdadera ama de esta mansión era Silla, en otras palabras, ¡yo!

El conde era sólo un yerno político y todos los hijos que tuviera con la actual condesa no tendrían ningún tipo de lazo sanguíneo con la casa Epheria. Yo era la única descendiente legítima. Pero míralos no más. ¡¿Cómo se atrevían a mirarme así?!

Bueno, aunque el alma que residía actualmente de este cuerpo también era una don nadie sin relación con los Epheria.

—Últimamente te has vuelto impaciente.

—Pasé por dos experiencias cercanas a la muerte. Sería extraño que no cambiara.

Estuve en coma por una semana y casi fui sentenciada a muerte al ser acusada de asesinato. También estuve a punto de ser violada. Si todas esas cosas le hubiesen pasado a una dama normal, esta no se encontraría tan tranquila como yo debido al daño psicológico que le significaría. Mmm, no. Para ser exactos, una dama normal sin duda sería fácilmente violada o sentenciada a muerte.

—No obstante, ¿cómo puedes echarle la culpa a tu inocente madre? Relájate y toma asiento.

—No hay nada que me impresione más que ver a mi madrastra actuar tan desvergonzadamente. Es realmente impresionante.

Sacudí la cabeza y me senté. Mi broma hizo que el ambiente se estancara, pero el que se encontraran disgustados no tenía nada que ver conmigo. ¡Son libres de venir  a por mí si mi actitud les molesta! Estaría más que feliz de lidiar con ustedes.

— ¡Ya dígalo de una vez! ¿Para qué me llamó?

Después de que volví a apurar a la condesa, esta finalmente comenzó a hablar.

— ¿Una madre necesita de una razón para ver a su hija?

— ¿Así que me llamó sin razón, como si estuviera entrenando a un cachorro?

—Niña, tu forma de hablar es muy incivilizada.

—Aunque me vea delicada, eso no significa que no osaré insultarla.

Además, también podía usar mis puños y mi espada. Después de mis repetidos insultos, la sirvienta que se encontraba parada detrás de la condesa, dio un paso adelante con una mirada severa.

—Joven ama, ¿no cree que está siendo demasiado grosera con la condesa?

A juzgar por su uniforme y edad, probablemente se trataba del ama de llaves. Parecía que nadie en de la mansión, a excepción de Sofía, tenían respeto alguno por Silla… En realidad, Sofía también me trataba como le daba la gana. Pero al menos ella lo hacía por mi propio bien.

—Y, ¿qué me harás por ello? ¿Quieres darme de azotes?

—N-No, pero…

— ¡Si sólo vas a tartamudear, será mejor que mantengas la boca cerrada!

— ¡Joven ama, eso ya es demasiado!

—Si eso crees, ¿por qué no me azotas? Madrastra, esa sirvienta está siendo grosera conmigo, ¿debería azotarla?

Mis palabras hicieron que la sirvienta se callara de inmediato y mirara nerviosamente a la condesa.

Con una sonrisa amistosa, la condesa dijo,

—Por favor, ¿no podrías dejarlo pasar?

—Entonces, usted debería entrenarla para que no diga tonterías. Si una mera sirvienta se niega a reconocer su lugar y a hablar imprudentemente, sólo avergonzará a su amo en público.

—Espero que lo recuerdes, Cherlan.

—Sí, condesa.

El ama de llaves hizo una reverencia tan profunda que su frente casi tocaba la mesita de té.

—Ten más cuidado en el futuro.

—Lo siento. ¡Por favor perdóneme, condesa!

La diferencia en su comportamiento con la condesa y conmigo era tan diferente como el día y la noche. La sirvienta se retiró con el rostro extremadamente pálido.

La condesa giró la cabeza para mirarme mientras mantenía su cálida sonrisa.

— ¿Estás satisfecha?

—Mmm… Bueno, me conformaré con esto.

Tenía curiosidad en cómo es que se comportaba la condesa con los sirvientes para que el ama de llaves se inclinara tan profundamente ante ella. Esta mujer no era tan sencilla como parecía. Darme cuenta de esto me hizo sentir incómoda.

—Afortunadamente tu enfado no dura mucho tiempo.

—En realidad, mi furia no ha disminuido por completo.

La condesa mostró una expresión triste al escuchar mis palabras.

—Ya hice lo que querías, ¿aún tienes más quejas? Parece que todavía estás molesta porque me convirtiera en tu madrastra.

Aquellos que escucharan sus palabras pensarían que la trataba mal. Ja, ja… Era jodidamente molesta.

—Si no tiene nada más que decirme, me retiraré.

—Ya le he informado al conde sobre tu compromiso.

Me paré en seco cuando estaba a punto de abandonar mi asiento. Parecía que ese maldito conde sí existía.

—No lucía muy contento al escuchar que tu nuevo prometido era el capitán de la unidad de fuerzas especiales.

— ¿Así que se opone al compromiso?

—No lo dijo directamente, pero es probable que sí. ¿Por qué no reconsideras tu decisión? Además, Silla, eres la única descendiente legítima de la familia Epheria. No puedes tomar una decisión tan importante a la ligera.

— ¿Eso quiere decir que, a sus ojos, el vizconde Schwartz sería un esposo aceptable?

—Por lo menos sus orígenes son claros.

¡Vaya broma! No te agrada el capitán Julius porque temes perder tu autoridad sobre la casa Epheria si un hombre competente se convierte en mi futuro esposo. Aunque su linaje no era claro, fue investido por el propio emperador y su guardián era el general Herva, el antiguo capitán de la unidad de fuerzas especiales. No le sería difícil apoderarse de la posición de conde Epheria después de casarse conmigo. Por lo tanto, la condesa y el actual conde, tendrían que impedir nuestro casamiento si querían mantener sus posiciones.

—Si sus orígenes son el único problema, podría encontrar un patrocinador.

Después de probar mi identidad, sería capaz de encontrar a un poderoso patrocinador. Podría pedirle ayuda a la suma sacerdotisa o a la emperatriz, el príncipe heredero no rechazaría mi petición después de haberlo salvado, también podría recurrir a la benevolencia del emperador. Además del duque Ilhas, cuyo hijo menor era el vice capitán de los paladines y, aunque no éramos cercanos, también estaba mi valedor, el primer ministro Mord.

Je, no subestimes las conexiones del paladín más fuerte.

—Este no es un problema que se pueda resolver sólo con encontrar un patrocinador.

El rostro de la condesa se tornó sombrío.

—El capitán de la unidad de fuerzas especiales ni siquiera es un ciudadano del imperio. No sabemos de qué reino proviene o qué sangre corre por sus venas. ¿Cómo podríamos aceptarlo en nuestra familia? Esto podría manchar el linaje de la casa Epheria.

No éramos la familia imperial, ¿por qué hablaba sobre linajes? Esta era sólo una familia aristócrata como cualquier otra, que poseía unas cuantas estarías de terreno. Sabía que no lo aceptaría fácilmente, pero nunca pensé que recurriría a algo tan absurdo.

— ¿Así que seguirán oponiéndose?

—Todo esto es por tu propio bien. También deberías saber lo importante que es una boda para una mujer. Te arrepentirás toda tu vida si te casas por un encaprichamiento.

Por enésima vez, intentaba persuadirme mientras sonreía ligeramente.

—Te lo aseguro.

Al escuchar sus palabras, parecía que realmente haría que me arrepintiera. Bueno, tampoco es que me sorprendiera. Lo mejor para ellos sería lidiar conmigo antes de que las cosas se complicaran. Quizás pensaban que no podían deshacerse de Silla antes de que el contrato fuera efectuado. Por lo tanto, tal vez estuvieran realmente nerviosos porque Silla estaba perfectamente sana en estos momentos. Sin mencionar que había declarado que me casaría con un hombre que podría poner en peligro sus posiciones. Ahora mismo, Silla no era simplemente como una espinilla en sus traseros, sino que más bien como una bestia que desgarraba su carne.

Supongo que mandaría a alguien para que viniera a cuidarme durante la noche.

Miré a la condesa y le mostré una sonrisa.

—Estoy dispuesta a asumir las consecuencias.

— ¿Podrás lidiar con ello siendo tan joven?

—Ya tengo dieciocho años, eso me convierte en una adulta.

—Eres sumamente terca.

—Sólo quiero tomar las riendas de mi vida.

Si no te gusta, atácame de frente. No necesitas andarte con rodeos.

Mientras la tensión entre la condesa y yo crecía, se acercó corriendo un sirviente.

—Llegó el capitán de la unidad de fuerzas especiales. Dijo que quiere ver a la joven ama.

—Encuentra una excusa para que se vaya.

El sirviente parecía confundido después de escuchar la orden de la condesa e hizo una expresión horrorizada.

— ¿Hacer que se vaya…?

—Sí. ¿Es que no tiene modales? Debería de habernos informado de su visita.

—Pe-Pero, condesa… Eso no será tan fácil…

— ¿Significa eso que no sabes cómo hacer tu trabajo?

Las palabras de la condesa eran realmente despiadadas. Su reprimenda hizo que el sirviente dudara por un momento antes de darse la vuelta para irse con los hombros caídos. Aah… Detener al capitán Julius requiere de bastante esfuerzo y coraje. Si fuera capaz de hacerlo, ¿por qué trabajaría como un simple sirviente? Estaría mejor como caballero o militar.

Después de que el sirviente se fuera, la condesa me miró en silencio.

— ¿No iras a recibirlo?

—No hay necesidad.

Estaba segura de que encontraría la forma de hacerse camino. Este lugar no era una fortaleza amurallada, ¿por qué se retiraría sólo porque no lo dejaban entrar?

Después de no mucho rato, fui capaz de escuchar gritos y exclamaciones haciéndose cada vez más cercanas. Algunos de los guardias de la familia corrían hacia el jardín.

— ¡Co-Condesa! ¡Huya!

— ¡No pudimos retenerlo!

Esto había ido demasiado lejos… Parecía como si se hubiera iniciado una guerra. Los exagerados gritos y acciones de los guardias hicieron que la condesa se levantara de su asiento con el ceño fruncido.

— ¿Dónde está Daren, el capitán de los guardias? ¡Denme un informe claro!

—Mmm… ¡El-El capitán fue noqueado por el capitán de la unidad de fuerzas especiales!

Bueno, eso era normal. El capitán de los guardias obviamente no era rival para él. Si fuera yo, tal vez las cosas estarían un poco más igualadas. La condesa se mordió el labio y habló en un tono más grave.

— ¿Mató al capitán de los guardias?

—No… El capitán de los guardias sólo quedó inconsciente, nadie resultó herido o muerto.

— ¡Entonces atáquenlo poniendo sus vidas en juego! ¡Si alguien termina malherido, le daré veinte veces su salario como compensación y si alguien fallece, le daré a su familia una parte de nuestras tierras!

¿Una parte de nuestras tierras? ¡Qué oferta tan inesperada! Quería forzar al capitán Julius a cometer un asesinato para aprovecharse de ello. Las habilidades de los guardias estaban muy por debajo de las del capitán Julius, así que enfrentarse a él no era una tarea fácil para ellos. Pero, era posible que resultaran lastimados y que culparan al capitán. No podía permitir que eso ocurriera. Tenía que hacer algo. Tan pronto como me levanté, todos los guardias y sirvientes en el lugar se dispersaron rápidamente, como un grupo de ratones que corrían por sus vidas al encontrarse con un gato. Vi como un hombre de negra cabellera entraba en el jardín. Ese hombre no era otro que el capitán Julius y su sombrío rostro. Detrás de él iba Negrito caminando a paso ligero, como si no fuera un robusto caballo sino que un delicado ciervo.

—Caballero Julius Rizar…

Los guardias y sirvientes restantes trataban de apartarse de su camino, pero entonces, la condesa se puso de pie.

—Está siendo demasiado presuntuoso.

El capitán Julius se volteó hacia la condesa en cuanto escuchó su crítica hacia él. Ni siquiera la condesa podría soportar su feroz mirada. Aunque tuviera una voluntad de fierro, no se podía negar el hecho de que era una dama que había vivido toda su vida dentro de una jaula de oro. La condesa evitó su mirada mientras apretaba los puños.

—Nunca pensé que se atrevería a entrar a la fuerza. Esto es una ofensa hacia la familia Epheria.

—Sólo quiero llevarme a la señorita Silla.

El capitán Julius habló con un tono cansado. ¿Eh? ¿Estaba cansado? Era imposible que se cansara sólo por haber lidiado con unos guardias y sirvientes que ni siquiera sabían cómo usar un arma. Además, aparte del capitán de los guardias, no había luchado con nadie más. ¿Sería por alguna otra razón…? Murmuré en voz baja antes de que recordara al ayudante Ortzen.

El capitán Julius había pasado por la misma tortura que yo.

El asistente Ortzen era definitivamente más estricto que Sofía. Había venido hasta aquí sin descansar. Eso significaba que…

¡Había escapado!

Me había usado como una excusa para escapar. Eso debía ser. Lo sabía con seguridad porque yo había hecho lo mismo en el pasado. Si daba la excusa de que le gustaría conocer mejor a su prometida o salir para reunir información, el asistente Ortzen definitivamente lo dejaría ir.

La expresión de la condesa se volvió seria en cuanto oyó que el capitán Julius quería invitarme a salir. No obstante, ni aun así podía mirar directamente al capitán Julius.

—Si está realmente interesado en mi hija, no debería comportarse de esta manera. Debería notificarnos de su visita con mínimo un día de antela…

—En realidad, ya habíamos planeado encontrarnos hoy.

Me apresuré en tomar la palabra. Era verdad que nos habíamos dicho hasta la próxima.

—El malentendido surgió porque se me olvido informarlo.

—Silla…

—Ya nos vamos, madrastra.

La mirada de la condesa se volvió aterradora, pero no era como si pudiera hacernos algo. Ya le había dicho que había prometido verme con el capitán Julius. No podría evitar que nos fuéramos usando las palabras o la fuerza. Hice una respetuosa reverencia hacia mi querida madrastra, tomé al capitán del brazo y me lo llevé conmigo.

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