Hetero, Santa Omnipotente

3°acto: Cocina. Parte 1

Cuatro meses después de mi invocación, escuché que, como resultado de salvar a todos esos caballeros de la Tercera Orden, el instituto de investigación recibiría una recompensa especial de palacio. También nos presentaron un regalo de gratitud de la familia del comandante de los caballeros de la Tercera Orden, ya que resultaba que era el amado tercer hijo de un noble de las tierras fronterizas. Además, la Tercera Orden compró todas esas pociones adicionales que había hecho y que no podíamos vender en el mercado.

Gracias a todo eso, nuestro instituto ahora disponía de un gran presupuesto.

—Entonces, ¿hay algo que le gustaría? —Johan me preguntó un día cuando entré en su oficina para llevarle un poco de té.

Me sorprendió y me tomó un momento pensarlo.

—Mmm… Un baño y una cocina.

—Un baño lo puedo entender. Pero, ¿por qué una cocina?

—Uh, porque me gusta cocinar. —Esto era cierto, pero había algo más.

Básicamente, las artes culinarias de este mundo eran pésimas. Era como si la mayoría de las comidas dependieran enteramente de los sabores de los ingredientes y apenas usaban condimentos. Usaban sal y vinagre en algunas comidas, pero eso no ayudaba en nada. Comía en el comedor para empleados en el palacio real como todos los demás, pero era simplemente horrible. Tipo me puse a dieta sin siquiera quererlo.

Nunca antes me había considerado una quisquillosa con la comida, pero después de ser invocada, me di cuenta de que era una persona japonesa que se preocupaba por sus alimentos.

Así que, aunque cocinar nunca había sido mi fuerte, siendo que me encantaba la comida, pensaba que cualquier cosa que hiciera sabría mejor que la basura que servían aquí. Pero para solucionar este problema, primero necesitaba una cocina.

— ¿Sabes cocinar? —Preguntó Johan.

—Lo suficiente.

Johan inclinó la cabeza en lo que parecía una sorpresa real. No creía que esto fuera una revelación tan grande.

¿No parezco alguien que sepa cómo cocinar?

Le di una mirada inquisitiva y él se recompuso para explicarse. Resultaba que los nobles y los comerciantes acaudalados de este reino tenían a sus propios chefs personales, por lo que las mujeres nobles nunca cocinaban. Por supuesto, las esposas de familias plebeyas sí lo hacían.

—Bueno, yo soy una plebeya, —le dije.

—Ah, eso es correcto. —Sonrió con ironía, aparentemente habiendo olvidado este hecho.

Como investigador en jefe del instituto, Johan sabía que me habían invocado. Lo había aprendido de ese funcionario de cabello azul cuando se acordó mi empleo en el instituto. Muy de vez en cuando, a Johan le gustaba preguntarme sobre mi vida en Japón, como cuál había sido mi trabajo y qué tipo de vida había llevado. Siempre le decía que era una plebeya común y corriente que trabajaba en una empresa común y corriente.

—No pareces una plebeya, si me preguntas.

—Sin embargo, creo que me comporto exactamente como una.

—Eso no podría estar más lejos de la realidad. Pocos plebeyos en el reino tienen una educación tan avanzada.

Según Johan, los plebeyos no iban a la escuela. La academia real a la que asistió Jude era para los hijos de la nobleza. Las únicas excepciones eran los niños de familias plebeyas que poseían habilidades en magia; a los cuales se les permitía asistir con una beca.

Johan no sabía qué pensar de la educación obligatoria de Japón que describía, un sistema en el que incluso los plebeyos recibían una educación completa.

Una vez que hube respondido a sus preguntas sobre el tema, tomamos caminos separados. Sin embargo, dos días después, llegó un artesano al instituto.

En el momento en que Johan me preguntó qué quería, le respondí honestamente, pero iba medio en broma. Nunca se me ocurrió que en realidad haría construir un baño y una cocina. Había sido un poco ingenua, a decir verdad.

La construcción avanzó a una velocidad tan aterradora que comencé a preguntarme si no lo tenía ya planeado para cuando me preguntó. Parecía que se habían completado en nada de tiempo. Ni siquiera en Japón podrían haberlo hecho tan rápido.

Con eso, se amplió el instituto de investigación de plantas medicinales.

La cocina era grande y al lado había un comedor lo suficientemente amplio como para que todos los investigadores comieran a la vez. Incluso contrataron a una chef. Todos estaban contentos de tener estas nuevas instalaciones para el instituto de investigación, ya que significaba que ya no tendríamos que caminar hasta el comedor de empleados del palacio real. Mis colegas hogareños estaban especialmente felices.

~❀❀❀~

— ¿Qué vas a hacer hoy? —Preguntó Johan detrás de mí.

—Pollo asado con hierbas y ensalada, —le dije mientras cortaba lechuga en pequeños trozos en un rincón de nuestra nueva cocina.

Puede que tuviéramos una chef, pero me gustaba cocinar en mi tiempo libre. Quiero decir, la razón por la que pedí una cocina fue porque no podía soportar la comida del reino.

Tenía miedo de que la chef se molestara cuando le pedí preparar mis propias comidas, pero afortunadamente, me ofreció amablemente un rincón de la cocina para trabajar. Sin embargo, me miraba como un halcón cada vez que entraba. Sospechaba que era una persona ambiciosa.

La primera vez que me pidió un bocado de mi comida, se quedó atónita por un momento, luego terminó comiendo una porción entera en total silencio. Después, me pidió que le enseñara la receta. Desde entonces, la había dejado observarme cada vez que hacía algo nuevo.

Había sido bueno que lo hiciera, porque pronto la comida en el comedor del instituto de investigación se volvió tan deliciosa que nadie consideraba siquiera ir al comedor de palacio. Con la calidad de la cocción ahora tan alta, tampoco sentía la necesidad de cocinar para mí. Sin embargo, la chef seguía rogándome por nuevas recetas, así que ahora cocinaba una vez a la semana sólo para satisfacerla.

— ¿Pasa algo? —Le pregunté a Johan mientras preparaba el pollo.

Tanto él como la chef habían estado holgazaneando, estudiando mis acciones, desde que comencé a cocinar.

Sigan mirando y ustedes mismos van a hacer un agujero en el pollo, pensé.

Ahora que lo pensaba, Johan siempre venía a verme cocinar si estaba en el instituto.

—Estaba pensando en lo delicioso que se veía, —dijo.

—Ah, gracias.

— ¿Qué sabores estás usando esta vez?

—Para condimentar, sólo sal y pimienta. Les dejaré el resto a las hierbas.

—Ya veo.

Levanté la vista y lo encontré concentrado únicamente en el pollo. Justo como pensaba.

—  ¿Quiere un poco? —Le pregunté. —Oh… aunque creo que lo vi almorzando.

—Mm… Eso es cierto, ya almorcé, pero…

Miré de nuevo; tenía una expresión un poco embarazosa en su rostro. A pesar de eso, no se movió para irse, así que realmente debía querer probarlo.

¿Era el olor de las hierbas? Había espolvoreado albahaca recién cortada y romero del jardín sobre el pollo para terminar, así que olía increíble. Incluso las había usado en la ensalada.

Coloqué el pollo asado con una ensalada y un aderezo casero a un lado. Originalmente, había sacado dos platos, uno para mí y otro para la chef, pero agarré un tercero para servir otra porción. La chef llevó alegremente los platos al comedor y los puso sobre la mesa más cercana a la cocina. Yo la seguí con una cesta de pan.

—También hay uno para usted, si quiere, —señalé el asiento con el plato más pequeño a Johan, quien me seguía.

Este tomó asiento felizmente.

—Tus comidas son deliciosas como siempre. —Sonrió cálidamente, realzando sus ya finas facciones.

Me alegraba que le gustaran. Él ya había almorzado, así que no le di una porción tan grande, pero parecía más que feliz de comer un poco más. Se lo terminó todo, incluso absorbiendo el jugo y hierbas sobrantes con un trozo de pan.

—Todavía me sigue sorprendiendo que las hierbas se puedan usar así en la cocina, —dijo Johan.

— ¿De verdad? De donde vengo, las usamos todo el tiempo.

Mientras que en mi mundo, la albahaca, el romero y otras hierbas se empleaban con frecuencia como condimentos, aquí, las hierbas se recetaban principalmente para uso medicinal y rara vez aparecían en los alimentos.

—También se supone que ayudan a prevenir la intoxicación alimentaria y la indigestión, —agregué.

— ¿En serio?

—Oh, sí. Incluso existe un tipo tradicional de cocina medicinal destinada a prevenir enfermedades. —Esa cocina era en realidad de China, pero hablé de ella como si viniera de mi país para que la chef no se diera cuenta de que estaba hablando de otro mundo. Aunque por lo que sabía, la chef ya se había dado cuenta de que no era oriunda de aquí. Pero sólo por si acaso.

Johan estaba extremadamente interesado en escuchar más sobre la relación entre los alimentos y las hierbas, por lo que siguió haciendo preguntas. Normalmente, se quedaba encerrado en su oficina manejando asuntos administrativos, pero en momentos como estos me daba cuenta de que realmente era un investigador de corazón.

De vez en cuando me preguntaba cosas para las que no sabía la respuesta, pero formulaba hipótesis y él también añadía sus propias observaciones. Era agradable y todo hablar de esta manera, pero como se trataba principalmente de hierbas, me sentía un poco mal porque la chef terminaba siendo excluida.

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