Hetero, Santa Omnipotente

3°acto: Cocina. Parte 2

— Sei. —Jude se me acercó un día mientras preparaba sándwiches para la nueva receta que le estaba enseñando a la chef.

— ¿Qué pasa?

—Johan envió un mensaje: necesita que le lleves este documento al cuartel de los caballeros de la Tercera Orden.

—Estoy un poco ocupada en este momento. ¿No puedes hacerlo tú?

—No, por alguna razón preguntó específicamente por ti.

—Eh, me pregunto por qué. ¿Me necesita ahora mismo o puede esperar? Casi termino.

—Creo que tienes algo de tiempo.

—Está bien, iré después. Los cuarteles de la Tercera Orden, ¿verdad?

—Correcto. Quiere que lo lleves a la oficina del comandante.

— ¡Entendido!

Cuando llegué a la oficina del comandante, el guardia apostado fuera de la puerta me dejó entrar de inmediato. Johan debió de decirle que me esperaban. En el interior, la habitación estaba amueblada con un juego de salón de estar y un elegante escritorio. Encontré a Johan y otro hombre, el cual supuse que era el comandante, sentados en sillas ornamentadas.

—Disculpen. Lamento haberlo hecho esperar, —dije.

—No hay problema. Gracias por traérmelo, —Johan sonrió mientras le entregaba el documento.

—Bueno, entonces volveré al instituto. —Esperaba que eso fuera todo lo que necesitaba, así que me volteé para irme.

Sin embargo, Johan me detuvo.

—Espera.

Lo miré con curiosidad. Me instó a sentarme a su lado. ¿Pero por qué? Miré al comandante y él también me animó a hacerlo.

Al no tener otra opción, me senté junto a Johan.

—Esta es la chica de la que estaba hablando, —dijo Johan.

—Ya veo, entonces eres tú, —dijo el hombre. —Mi nombre es Albert Hawke. Soy el comandante de los caballeros de la Tercera Orden.

—Es un placer conocerlo. Soy Sei. —No le di mi apellido, ya que sólo los nobles tenían uno en este mundo. Aprendí esto la primera vez que me presenté a Johan. Takanashi era un apellido desconocido para los residentes de este reino y, sin duda, causaría dolores de cabeza si comenzaran a hacer preguntas sobre su origen, por lo que generalmente optaba por no decírselo a la gente.

El comandante se sentó en diagonal a mí cuando lo miré. Tenía el cabello rubio ligeramente ondulado y sus ojos gris azulado tenían un tente frío y severo.

Parecía tener más o menos la misma edad que Johan, aunque era más fornido, como era de esperarse de un caballero. Sin embargo… Johan también era bastante alto y también parecía robusto. Pero era algo así como que, ¿el grosor de sus músculos era diferente?

El caso es que este comandante era probablemente el hombre más hermoso que había conocido desde mi llegada.

— ¿Recuerdas lo que sucedió durante la última expedición de la Tercera Orden? —Me preguntó Johan mientras yo me preguntaba por qué se había molestado en presentarme a esta persona.

— ¿Qué expedición?

—La que sufrió un ataque de salamandra.

—Oh, esa. —Si hubiera mencionado la parte de la salamandra en lugar de llamarla una expedición, ¡habría sabido inmediatamente a cuál se refería!

Era el incidente en el que un gran número de caballeros resultaron terriblemente heridos en el bosque Ghoshe, al oeste de la capital. Nadie que yo conociera ya hablaba de ello, así que casi me había olvidado. No recordaba que los caballeros fueran de la Tercera Orden.

— ¿Recuerdas que le diste una poción de HP de alta calidad a alguien?

—Ah, sí.

—Él es esa persona.

Ah. Otra cosa que había olvidado: el hombre gravemente herido al cual había salvado con una poción de HP de alta calidad. Sus terribles quemaduras eran tan dolorosas de ver que no me había fijado mucho en su rostro. Pero ahora que estaba tratando de recordar el incidente, recordaba que un caballero cercano lo había llamado comandante.

Así que él es quien casi murió ese día.

Segundos después de que Albert bebiera mi poción, su piel carbonizada comenzó a descascararse; La piel nueva había vuelto a crecer debajo de ella. No me quedé para verlo completamente curado, ya que me apresuré en seguir repartiendo pociones.

Ahora que por fin podía verlo de nuevo, noté que su piel era suave y sin manchas; no había indicios de cicatrices de quemaduras.

Las pociones de este mundo son realmente asombrosas, lo curaron completamente, pensé.

Sus otras heridas también debieron sanar bien. La investigadora en mi interior realmente quería documentar la eficacia de mi poción de alta calidad, pero no podía pedirle que se quitara la ropa y me mostrara o algo.

—Gracias, —dijo Albert. —Es por ti que todavía sigo aquí.

¡Ups! Debo haber estado mirando su rostro mientras pensaba sobre cómo podría convencerlo de que me dejara estudiar su recuperación, porque ahora estaba levemente sonrojado. Los chicos lindos ruborizados tenían un efecto destructivo en mí. Mi corazón dio un vuelco.

—No fue nada… —Mi respuesta evasiva hizo que Johan resoplara a mi lado. Cuando lo miré, se tapó la boca y contuvo la risa. — ¿Qué es tan gracioso?

—Oh, nada.

No me parecía que fuera nada, especialmente mientras seguía tratando de reprimir la risa. Albert también miró con sospecha el extraño comportamiento de Johan. ¿O tal vez no era sospecha sino que ofensa? ¿O vergüenza?

Espera, ¿vergüenza?

Albert frunció el ceño; su disgusto era sutil, pero creo que estaba a punto de decirle a Johan que parara.

Antes de que pudiera, Johan se recuperó y hábilmente cambió de tema.

—Oh, eso me recuerda. Buscabas ingredientes para pociones de HP de alta calidad, ¿no es así, Sei?

—Sí, pero ¿esos no se encuentran en el bosque? —Me sentía aliviada de que hubiera logrado esquivar la ira de Albert.

A principios de mes, había molestado a Johan por esos exactos ingredientes. Cultivamos una cantidad modesta de las hierbas necesarias, pero nos estábamos quedando sin ellas debido a la excesiva cosecha reciente de cierta persona.

Todavía quería hacer grandes cantidades de pociones para aumentar mi habilidad farmacéutica, pero desafortunadamente, estas hierbas eran difíciles de cultivar, por lo que Johan me prohibió usar más. Traté de preguntarle sobre comprarlas de otro lugar, pero como eran tan difíciles de cultivar, eran inconcebiblemente caras. Tanto así que, de hecho, nos era imposible comprarlas al por mayor, incluso con nuestro amplio presupuesto actual.

En particular, estas hierbas también crecían en el bosque afuera de palacio, pero si bien cosechar esas plantas silvestres no costaría recursos financieros, se necesitarían toneladas de humanos. Sin mencionar que vivían monstruos en el bosque y era extremadamente peligroso que un investigador se aventurara allí por su cuenta.

—Así es, —respondió Johan. —Las hierbas que necesitas crecen en el bosque del sur. ¿Qué tal si vas y escoges algunas para nosotros?

—Sin embargo, realmente prefiero no ser atacada por monstruos.

—Los caballeros de la Tercera Orden están dispuestos a protegerte.

— ¿Eh?

—Como agradecimiento por todas tus pociones.

Me quedé mirando a Albert, sólo para asegurarme de que Johan no me estaba tomando el pelo. La expresión huraña del comandante se había convertido en una mucho más gentil. Parecía ser cierto que estaba dispuesto a actuar como mi escolta para que pudiera ir a recolectar más hierbas. Sin embargo…

—Pero ya hemos recibido algo en agradecimiento de ellos, —protesté. No sólo nos habían dado una recompensa especial de palacio, también nos habían obsequiado regalos de la familia del comandante. No podía permitir que se tomara la molestia de darme más cosas.

—Bueno, verás, el comandante quería hacer algo por ti personalmente, —sonrió Johan.

— ¡Oye! —Albert trató de interrumpirlo presa del pánico.

Sin embargo, era demasiado tarde. Johan ya lo había dicho. Aun así, ¿estaba bien emplear a los caballeros para un favor personal?

— ¿Qué quiere decir con personalmente? —Incliné mi cabeza hacia el comandante.

Albert tosió como si hubiera captado alguna implicación en las palabras de Johan. Parecía sentirse un poco incómodo mientras explicaba.

—Estamos planeando otra expedición para derrotar a los monstruos en el bosque del sur. Quería preguntarte si querías unirte a nosotros.

—Ya veo. —Bueno, si ya estaban planeando ir, no veía ningún problema en aceptar. Y era cierto que quería esas hierbas. Me incliné. —Si cree que no supondrá ningún problema, me encantaría acompañarlos.

Albert asintió con la cabeza, visiblemente complacido.

Con eso, nos pusimos manos a la obra discutiendo todos los detalles prácticos, como cuándo iba a ser esta expedición y así sucesivamente. Antes de que me diera cuenta, habíamos estado hablando hasta bien entrada la noche.

~❀❀❀~

Así fue como me uní a los caballeros de la Tercera Orden en su viaje al bosque Saul.

La Tercera Orden solía realizar expediciones para matar monstruos en las áreas circundantes a la capital. Mientras que el bosque Ghoshe se encontraba al oeste, el bosque de Saúl estaba en el sur.

Hace tiempo, tales expediciones eran más esporádicas, pero en los últimos años, la matanza de monstruos se había vuelto casi una rutina. La capital se vería rápidamente abrumada si los caballeros no se esforzaban por derrotar a los monstruos y hacer retroceder el miasma con la mayor frecuencia posible. Ahora que la Santa había sido convocada, esperaban que la situación mejorara gradualmente con el tiempo.

¡Todos cuentan contigo, Aira!

Esta expedición era un poco inusual ya que investigadores del instituto de investigación de plantas medicinales acompañaban a los caballeros. Aunque el objetivo principal del viaje era matar monstruos, una vez que mis colegas se enteraron de que iba, insistieron en unirse también. No estaban dispuestos a dejar pasar la oportunidad de recolectar las hierbas que crecían en el bosque, especialmente porque podría haber algunas que todavía no teníamos en el jardín. Esta iba a ser la primera vez para todos.

Algunos investigadores también querían tiempo para inspeccionar la vegetación salvaje, pero Johan rechazó su propuesta de plano, ya que proteger a los investigadores que exploraban distraería a los caballeros de su objetivo principal. Ya era bastante absurdo hacer que investigadores, prácticamente inútiles en una pelea, acompañaran a los caballeros en esta expedición mortal. Este viaje sólo era posible gracias a la generosidad de la Orden.

Dado que tantos investigadores querían ir a recolectar, en realidad consideré saltarme el viaje para quedarme en el instituto; me encantaba la idea de pasar un día tranquilo produciendo pociones. Pero Johan me dijo que estaba obligada a ir, ya que yo era la que más quería las hierbas.

—Oye, no te alejes demasiado, —me advirtió Jude cuando me dispuse a cosechar algunas hierbas que vi un poco alejadas del sendero. Las recogí rápidamente y me apresuré a regresar con él, pero Jude sólo me sermoneó más. —Este lugar es más pacífico que el bosque del oeste, pero eso no significa que no haya monstruos. Asegúrate de avisarme antes de irte a algún lado.

—Lo siento. Lo haré.

Se suponía que los monstruos en Saul eran más débiles, pero eso no significaba que no hubiera o que no pudiera considerárseles como monstruos. Sabía que tenía que tener cuidado, pero después de crecer en Japón, donde nunca tuve que desconfiar de lo que me rodeaba, era difícil pensármelo dos veces antes de alejarme para agarrar algo.

Escuché a Albert reírse detrás de nosotros.

—Tengo mis ojos puestos en ella. Estará bien mientras se mantenga dentro de mi rango de alcance.

Nos habíamos dividido en tres equipos diferentes de caballeros e investigadores. Los caballeros habían determinado que era la estrategia más eficaz y el propio comandante era parte de nuestro equipo.

Aparentemente, dado que los monstruos del bosque del sur eran comparativamente débiles, Albert no solía unirse a las expediciones. Sin embargo, escuché chismes de otro caballero de que vino esta vez específicamente por nosotros. Sabía que se suponía que esta era su forma de darnos las gracias, pero aun así no pude evitar sentir que sólo estábamos siendo una molestia para él.

—Gracias, —le dije. —Ahora debemos estar bastante adentrados en el bosque. Supongo que tenemos suerte de no haber visto ningún monstruo. —Estaba bastante segura de que debían de haber pasado al menos dos horas desde que entramos, pero no había aparecido ni un sólo monstruo. ¿Era esto normal?

Cuando le pregunté a Albert, este admitió que no.

—No… Normalmente, ya nos habríamos encontrado con varios.

— ¿De verdad?

—Sí. De hecho, esto es bastante inusual. —Frunció el ceño mientras pensaba en ello, luego fue a consultar con sus caballeros.

Eh, me pregunto a dónde se fueron. No se siente como la calma antes de la tormenta… Pero definitivamente espero que un poderoso monstruo como una salamandra no nos ataque súbitamente, pensé mientras recolectaba hierbas en el camino hacia el punto de encuentro.

No me preocupé mucho por esos pensamientos. Una vez que nos reunimos con los otros grupos en el claro, nos preparamos para almorzar.

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