Hetero, Santa Omnipotente

2°acto: Cosas problemáticas. Parte 2

Mi vida tranquila se volvió bastante ocupada con la adición de las expediciones diarias. Había mucho que hacer en el poco tiempo que tenía. Aunque probablemente solo pensaba que no era tan malo porque había trabajado antes en una empresa explotadora.

Definitivamente no quería pensar que estaba bien con eso porque en realidad era una adicta al trabajo.

Partíamos de expedición por la mañana, así que preparaba pociones para que la orden las usara una vez que volvíamos al castillo después de cenar. Revolver un caldero en una habitación oscura a la luz de las velas me hacía sentir como una verdadera bruja.

Una vez, Corinna me atrapó en la destilería y sonaba realmente exasperada cuando me regañó por trabajar hasta tan tarde en la noche.

Después de terminar mis pociones, me bañaba y me iba a dormir. Entonces, me levantaba temprano en la mañana, me preparaba para la expedición y me dirigía a los campos de hierbas para revisar las macetas para mi experimento de bendición antes de partir.

— ¡Oh! —Un día, noté un cambio en una de las macetas. La tierra plana se había abultado un poco.

— ¿Cómo están? —Preguntó Corinna, acercándose desde mis espaldas. Ella también había adquirido el hábito de revisar diariamente los experimentos.

— ¡Mire! ¡Está germinando!

— ¡¿Qué?! —Corinna miró emocionada dentro de la maceta. —Es verdad.

— ¡Sí!

Nos miramos y sonreímos al mismo tiempo. Incapaces de contener nuestra emoción, ambas dejamos escapar un grito de alegría.

Quería quedarme para examinar mis hierbas más a fondo. Aunque había brotado una, aún no sabíamos si crecería bien. Desafortunadamente, era hora de partir. Corinna prometió que seguiría revisándola durante el día. Hablaríamos de lo que haríamos a continuación después de que regresara. Con eso, nos fuimos cada una por su camino. Juro que vi como Corinna daba pequeños saltitos al caminar mientras regresaba a la destilería.

—Parece que hoy estás de buen humor. ¿Paso algo? —Me preguntó Albert durante nuestro descanso para almorzar.

Resultaba que estaba de tan buen humor que había comenzado a tararear. Supongo que realmente no podía maravillarme por la emoción de Corinna. Sonreí. —Las hierbas que plantamos están empezando a brotar.

— ¿Son especiales?

— ¡Sí! No sabíamos si germinarían, así que es maravilloso que consiguiéramos que brotaran.

—Ya veo. —Sonrió Albert.

Probablemente debería haberle dado más detalles, pero eso habría incluido información que solo el señor Klausner y Corinna conocían, así que me limité a lo básico.

— ¿También cultivabas estas hierbas en el instituto? —Preguntó.

—Uh, no creo que las tengamos en la capital. —Cultivábamos diversas variedades en el instituto, pero no estas. De hecho, no hubiéramos podido hacerlo en absoluto, ya que su cultivo requería bendiciones. Sin embargo, no podía decirle esto a Albert, así que de nuevo mantuve vaga la explicación.

Sin embargo, lo siguiente que dijo me tomó por sorpresa. — ¿Significa eso que comenzarás a cultivar nuevas hierbas cuando vuelvas?

¿Cultivarlas en el instituto? Ahora que lo menciona, si bendigo nuestros campos, también podríamos cultivar estas semillas raras. Aunque todavía están en la fase de experimentación. Pero si tengo éxito, supongo que le preguntaré a Corinna qué piensa al respecto.

—Buena pregunta. No estoy segura, ya que todavía no sabemos si crecerán.

—Deberías pedirle ayuda a Johan.

— ¿Por qué?

—Él es bueno cuidando plantas.

—Oh, tienes razón.

Había olvidado que Johan podía usar magia de tierra. La magia de tierra incluía hechizos que eran útiles para cultivar hierbas y, Johan los aprovechaba al máximo para cultivar los jardines del instituto, especialmente las plantas que se decía que eran difíciles de cultivar. Incluso si las hierbas que habían brotado no pudieran seguir creciendo, podríamos lograrlo con la ayuda de Johan.

Ya sea que esto funcionara o no, me aseguraría de preguntarle a Corinna si podía continuar con estos experimentos en el instituto. Mientras hacía planes para el futuro, la hora del almuerzo llegó a su fin.

¿Eh? ¿Ya? Pero no había forma de evitarlo.

Habíamos decidido comenzar nuestra expedición cerca de la ciudad y alejarnos gradualmente. Cuanto más nos alejábamos, más fuertes se volvían los monstruos y más difícil se volvía tomar descansos. Como resultado, comenzamos a tomar descansos cortos más frecuentes en lugar de uno largo.

He estado preparando el almuerzo en el bosque, pero eso podría volverse difícil en poco tiempo. ¿Tal vez tengamos que empezar a traer loncheras? Me pregunté distraídamente mientras terminaba de limpiar y, luego reanudamos nuestra marcha.

—Hay otro, —dijo Albert en voz baja a mi lado cuando uno de los caballeros que caminaba al frente dio la señal.

Los caballeros se mantenían en alerta máxima mientras caminábamos, pero en el momento en que nos encontrábamos con un monstruo, la tensión en el aire siempre se agudizaba. Fijé mi atención en el monstruo para poder brindar apoyo.

Este monstruo vegetal parecía una planta de jarra tropical. Tenía tentáculos, de los que carecían las plantas de jarra reales y, los movía de un lado a otro. Probablemente habría sido malo si alguien fuera atrapado por esos tentáculos, pero los caballeros los esquivaban hábilmente mientras realizaban sus propios ataques.

Pronto eliminaron al monstruo gracias a su hábil trabajo en equipo. Me sentí aliviada de que nadie resultara herido. Su entrenamiento diario realmente hablaba por sí solo.

—Buen trabajo. Ustedes hicieron que eso pareciera fácil, —dije.

—No lo suficientemente fácil. Los monstruos solo se vuelven más difíciles a medida que avanzamos. Debemos permanecer vigilantes, —dijo Albert con una mirada seria. Asentí.

Los caballeros tenían la ventaja en este momento, pero no teníamos idea de cuándo la balanza podría inclinarse a favor de los monstruos. Como se decía, el exceso de confianza es un enemigo poderoso. No podíamos bajar la guardia. Las peleas también comenzaban a alargarse.

—Siento que los monstruos son más frecuentes ahora, —dije.

—Sí. Podría ser que nuestra presa esté en esta dirección. —Albert entrecerró los ojos mientras miraba hacia adelante.

Asentí de nuevo. No lo dijo directamente, pero podía adivinar a qué se refería. Habíamos experimentado este mismo fenómeno en el bosque Ghoshe: monstruos que crecían en fuerza y ​​frecuencia.

El pantano de miasma tenía que estar cerca.

Sin embargo, no me sentía tan nerviosa como en Ghoshe. Quizás porque sabíamos lo que nos encontraríamos o, quizás porque sabía cómo actuar si realmente sucedía.

Los que me rodeaban parecían sentir lo mismo. Como los monstruos aparecían con más frecuencia, los caballeros tenían que ser más cuidadosos que nunca, pero no sentí ningún malestar especial en ellos.

Además, si había un pantano, todo lo que tenía que hacer era usar mi magia santa. Pensamientos sobre lo que sucedería si no funcionaba todavía revoloteaban por mi mente, pero los descarté.

Si tenía algo de qué preocuparme, era de los monstruos que inevitablemente encontraríamos en el pantano. Debido al hecho de que los monstruos aparecían desde sus turbias profundidades, anticipábamos que habría una gran cantidad en sus cercanías.

Por la alta densidad de monstruos en un espacio reducido casi se sentía como si estuviéramos en una mazmorra de los juegos, del tipo que estaba repleta de enemigos. Al menos ya que estábamos en medio de un bosque, no estábamos en un espacio cerrado, pero aun así sería terriblemente peligroso enfrentar una aglomeración como esa.

Incluso el gran mago Yuri Drewes, amante de la batalla, tendría problemas para enfrentarse a tantos monstruos a la vez. Aunque, una de las razones por las que tendría problemas era porque en un bosque, no podría usar sus hechizos grandes y de gran alcance sin fuego amigo. Estaba bastante segura de que una vez lo escuché quejarse de que solo quería quemar todo hasta las cenizas.

No fue hasta justo después de esto que nos dimos cuenta de que la situación era mucho peor de lo que habíamos anticipado.

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