Hetero, Santa Omnipotente

6°acto: El descubrimiento. Parte 1

Me derrumbé sobre el escritorio de mi habitación y suspiré exageradamente. Había estado encerrada en mi habitación toda la mañana haciendo experimentos, pero los resultados eran los que ya esperaba. Y con eso, quería decir que mis expectativas habían sido muy bajas. A decir verdad, desearía no haber tenido razón.

El día anterior, había usado mis poderes santos en las dependencias de la orden. Me había quedado absolutamente conmocionada, ya que todo había sucedido tan repentinamente, pero al menos me las había arreglado para curarlos a todos, así que no podía decirle buh a eso. También estaba feliz, finalmente consciente de lo que necesitaba para activar mis poderes.

Esto era un alivio en muchos sentidos. Por un lado, ahora podría hacer que cierto gran mago dejara de ejercer toda esa presión que había estado poniendo sobre mí. Eso era motivo de celebración.

Solo había un pequeño problema, es decir, lo que tenía que hacer para que mi poder se activara. ¡Argh! ¡¿Por qué tenía que estar vinculado al comandante Albert?!

Había estado experimentando como loca toda la mañana. ¡Mis dudas habían estado justificadas! Quiero decir, Albert no era la única persona en la que había pensado cuando invoqué magia esas otras veces. La primera vez, también había estado pensando en Jude, Johan, los otros investigadores y los caballeros y, bueno, bastaba decir que pensar en ellos había hecho un pepino esta vez.

Temía hacerlo, pero finalmente me obligué a concentrarme en Albert y… en el momento en que supere mi vergüenza y lo visualicé claramente, el poder de la santa emergió en mi interior. Fue pan comido. Para empeorarlo, en el segundo en que deseé que se detuviera la agitación en mi interior, esta se detuvo. ¡Genial! Ahora me estaba acostumbrando.

A decir verdad, si hubiera sido la única en mi habitación, habría comenzado a llorar y a golpear el escritorio con los puños. Quiero decir, esto significaba que cada vez que quisiera usar mis poderes santos, tenía que pensar en el hermoso, considerado, dulce, cálido y maravilloso Albert. ¡¿Qué clase de tortura absolutamente impía, injusta y totalmente injustificada era esta?!

Sin embargo, Mary y varias otras sirvientas estaban conmigo. No podía simplemente rodar por el suelo con ambas manos cubriendo mi cara roja, sin importar cuánto quisiera hacerlo. Lo mejor que podía hacer era dejar escapar ese profundo suspiro.

—Dama Sei, ¿quizás debería considerar tomarse un descanso? —La voz ansiosa de Mary vino desde mis espaldas mientras mantenía la cara aplastada contra el escritorio.

—Gracias. Creo que haré eso. —Levanté la cabeza del escritorio y miré hacia atrás sólo para encontrármela sonriéndome. Ya había colocado una taza de té perfectamente preparada sobre la mesa junto a los sofás.

Bueno, ¿cómo podría decirle que no? También había preparado algunos bocadillos que combinaban bien con el té de hierbas local, además de algunos sándwiches y frutas. De hecho, ya había visto un festín como este antes, era como lo que solía prepararme en el instituto.

Volví a mirar a Mary, quien sonrió y dijo: —Por favor, coma también un bocado.

Mi estómago gruñó. Entonces se me vino a la mente que había comenzado con mis experimentos inmediatamente después de vestirme y que, en realidad no había comido nada después de eso. Cuando lo pensé un poco mejor, me di cuenta de que tampoco había comido nada para cenar la noche anterior, debido a que el segundo en que regresé de los aposentos de la orden, me había confinado en mi dormitorio.

Normalmente, consumía tres comidas al día. Pero heme aquí, habiéndome saltado la cena y haciendo muecas en mi escritorio desde el amanecer. Debo haber preocupado a Mary. Al menos, esa fue la sensación que tuve cuando vi toda esa comida en la mesa. Probablemente pensó que si veía este festín tan familiar, finalmente se me abriría el apetito.

La culpa me invadía mientras tomaba uno de los sándwiches, pero al hacerlo, de repente sentí las terribles puñaladas del hambre. El sándwich desapareció en un abrir y cerrar de ojos.

Cuando, a continuación, tomé uno de los pastelillos, noté que las sirvientas se inclinaban con alivio. No solo había preocupado a Mary. Les pido perdón, chicas…

Después de que terminara de devorarlo casi todo y lo pasarlo con un poco de té, Mary me dijo que algunas personas habían venido a visitarme mientras estaba experimentando. Había una lista completa de visitantes a los que había rechazado y, cuanto más leía, más avergonzada me sentía; los había asustado, ¿no?

Como nunca había regresado a la destilería, incluso Corinna se había pasado a ver cómo estaba. Albert, el considerado Albert, también había venido.

Sin embargo, Mary los había recibido con mucho tacto en mi lugar, habiendo determinado por mi comportamiento que no estaba lista para ver a nadie en absoluto. Estaba eternamente agradecida con ella, especialmente porque Corinna y Albert eran las últimas personas que hubiera querido que me vieran en ese estado.

Después de usar la magia santa, prácticamente había huido del cuartel de la orden. Había escuchado a Albert llamarme mientras lo hacía, pero lo había ignorado.

Conociéndolo, probablemente habría estado claramente preocupado por mí. Pero yo… yo simplemente no sabía cómo enfrentarlo.

La primera vez que nos vimos, reconocí instantáneamente que él era mi tipo, en cuanto a apariencia. ¡Y uf, sé que eso es un poco superficial! El verdadero problema era que cada vez que nos encontrábamos después de eso, él había sido siempre cortes y extremadamente amable. Pero lo que sea que estaba sintiendo en este momento era nuevo, nunca antes me había sentido tan abrumada.

¿Seguiría siendo capaz de actuar normal la próxima vez que nos viéramos? No me gustaban mis perspectivas. Pero no era como si pudiera evitarlo para siempre. Teníamos un trabajo que hacer y teníamos que hacerlo juntos o, los monstruos en el feudo Klausner no desaparecerían.

Así es. Sí. Mi trabajo. No puedo simplemente descuidarlo. Solo voy a mantenerme profesional y, tal vez no me sienta tan devastadoramente incómoda cuando tenga que pensar en él para usar la magia santa. ¡Si! Quizás no estoy cien por ciento segura de que pueda hacerlo, pero tendré que intentarlo.

—Gracias por la comida, —dije, poniéndome de pie y haciendo un gesto con la cabeza a las sirvientas.

— ¿Tiene planes para el resto del día? —Preguntó María.

—Creo que voy a ir a la destilería.

—Muy bien.

Corinna también había venido a visitarme el día anterior, así que me sentía obligada a hacerle saber que estaba bien.

Además, aún quedaba por discutir el asunto de las bendiciones. No tenía del todo claro cuál era, pero ahora podía ejercer mis poderes a voluntad. Podría comenzar con los experimentos y tenía todo tipo de cosas en mente. Si iban bien, por fin podría adquirir la hierba especial que estaba buscando. Me estaba emocionando solo de pensarlo.

Primero, necesito averiguar cómo es una bendición… y luego necesito obtener el permiso de Corinna para experimentar en algunos cultivos.

— ¿Te sientes mejor ahora? —Me preguntó Corinna cuando llegué a la destilería.

—Sí. Lamento mucho haberla preocupado. —Me incliné.

—Bien. Me alegro de que estés bien.

Terminadas las cortesías y las disculpas, me sumergí en las cosas importantes. Nos dirigimos a la habitación trasera para mantener la discreción y, ella pareció captar mi indirecta de inmediato, tal vez porque comencé a hablar en voz baja. Había asumido que se trataba de información bastante confidencial y, por lo tanto, queríamos evitar tratar el tema en una habitación llena de personas.

— ¿Dices que quieres hacer experimentos?

—Sí. Aunque primero me gustaría repasar de nuevo las notas de la gran alquimista.

— ¿Cuál es tu primer paso después de eso?

—Creo que elegiré un tipo específico de hierba para experimentar. Si está dispuesta a entregármelas, me gustaría tomar prestadas algunas macetas o algo similar.

— ¿Por qué macetas?

—Bueno, sería bastante malo si me equivocara, ¿verdad? No quiero arriesgarme a dañar todo un cultivo.

—Ah, tienes razón. Muy bien, te traeré algunas.

—Gracias, Corinna.

Dado que una vez había encantado, bendecido, em, hecho algo con todo un huerto de hierbas en el instituto de investigación de plantas medicinales, me sentía bastante optimista, pero era mejor prevenir que curar, ¿verdad?

Corinna me dijo que tendría todo listo en unas cuantas horas, así que hasta entonces, me instalé de nuevo con los registros de la gran alquimista.

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