Hetero, La Princesa Maldita y el Caballero Afortunado

Capítulo 6: Tú eres el único en quien creo. Parte 4

Chris dio unas palmaditas en la espada envuelta en una tela apoyada a su lado. Le había contado a Sonia cómo su abuelo hizo que la iglesia la hiciera específicamente para luchar contra el sacerdote. Sus hermanos habían intentado obtenerla, pero nunca regresaron vivos a casa.

Sentarse frente a Chris y la espada llenó a Sonia de una extraña sensación. Si fallo, no solo moriré, sino también el señor Chris y Pamela… Se estaba enfrentando a una situación de vida o muerte. No obstante, no había una sensación de urgencia cargada de determinación, ni ninguna tensión flotando en el aire entre ellos.

Solo fijándose en el aspecto de Chris, este estaba tan tranquilo como si estuvieran saliendo de picnic. Sonia estaba preocupada por Pamela, pero ella misma se sentía extrañamente segura. Al ver a Chris tararear una melodía tranquila, no pudo evitar reír de alegría.

—Esto es tan extraño, —confesó Sonia.

— ¿Qué cosa?

—Mirarlo hace que incluso los momentos más difíciles no parezcan tan malos. Siento que todo estará bien si lo tengo a mi lado.

—Me halaga demasiado, Prin… quiero decir, duquesa Sonia, —se corrigió rápidamente Chris bajo su mirada penetrante.

— ¡Enserio! —Sonia suspiró y frunció los labios en un puchero. Le preguntó de nuevo: —Entonces, ¿por qué me llama princesa? Antes dijo que se estaba dando el gusto.

—Bueno… —En un abrir y cerrar de ojos, su rostro se puso rojo. Se pasó las palmas de sus grandes manos por la cara varias veces. Mientras lo hacía, se puso cada vez más rojo, su piel se enrojeció hasta las puntas de los dedos frotándose la cara.

— ¿Está dispuesta a mantenerlo en secreto? Nunca le he dicho esto a nadie… —Dejó de frotarse la cara y dejó caer la cabeza entre los hombros caídos, como si intentara ocultar su vergüenza.

Sonia batió sus pestañas, sus ojos abiertos de par en par por la sorpresa. —Cla-Claro…

Después de una larga pausa, con el rostro todavía rojo como un tomate, Chris finalmente admitió: —Era mi sueño… servir a una princesa

—E-Entiendo, ¿y…?

—Decidí convertirme en caballero por las historias que leía cuando niño… Admiraba la imagen del caballero protegiendo a la princesa de cualquier daño que pueda surgir en su camino. Juré en mi corazón que algún día sería un gran caballero y protegería a una noble princesa de todo daño. Pasaron los años y, de hecho, me convertí en un caballero hecho y derecho.

En este punto, Chris dio un gran suspiro.

—Me encargaron de servir al rey Patrice. Luego, a la reina Cordelia… No es que no estuviera contento con eso. Todo lo contrario; Considero mi puesto un gran honor. Me olvidé de mi sueño incumplido con el paso del tiempo. Pero luego me asignaron para hacerme pasar por su prometido como tapadera para servir como su guardia. Cuando la vi… me hizo recordar mi viejo sueño…

Después de otra larga pausa, Chris murmuró, —lo siento… Me dejé llevar.

Sonia se quedó con la boca abierta. Nunca soñó que se dirigiera a ella de esa manera por algo como esto.

— ¡No quise darle señales contradictorias por mi egoísmo…! No tenía idea de que odiaba tanto que la llamaran princesa… ¡Dios mío, de verdad lo siento!

—Pensé que todavía me veía como una niña… Me preocupaba que por eso me llamara princesa todo el tiempo… —Admitió Sonia.

— ¡Imposible! La he visto de niña, ¿recuerda? Ha madurado considerablemente desde entonces, convirtiéndose en una dama encantadora… Me alegré mucho cuando vi cómo… se parece a como imaginaba que se vería una princesa cuando era joven… —Respondió Chris.

Cayeron en otro largo silencio.

Sonia se rió, finalmente rompiendo el silencio.

—Sabía que se reiría… Esto es lo que obtengo por traer a colación el sueño de mi infancia… —Murmuró Chris.

Al ver al gran hombre bajar los hombros decepcionado, por primera vez, Sonia pensó que se veía adorable. — ¡Oh, señor Chris, es adorable!

—Por favor, no me tome el pelo… Y este es nuestro pequeño secreto, ¿recuerda? No se lo diga a nadie, ni siquiera al rey o la reina, ¿de acuerdo?

—Muy bien, lo mantendré en secreto. ¡Pero creo que es una pena que no comparta esa adorable historia!

— ¡No lo haga! ¡Por favor, no se lo diga a nadie! —Protestó Chris. Sonia se olvidó por completo del horrible enemigo al que estaban a punto de enfrentar cuando se rió al ver a Chris medio levantándose en el estrecho carruaje para protestar frenéticamente, con la cara roja como un tomate.

~❀❀❀~

A pesar de su diversión, las tensiones aumentaron instantáneamente en el momento en que el carruaje se detuvo y se les informó que habían llegado. Cuando Sonia bajó del carruaje con la ayuda de Chris, miró hacia su lugar de nacimiento, el castillo Clare.

Amplificado por la oscuridad de la noche, el castillo lucía sumamente inquietante. Los muros que habían quedado sin reparar debido a los fenómenos paranormales ahora parecían pertenecer a un castillo que había estado abandonado durante años.

Sonia se había detenido en el reposapiés, pero apretando sus labios en una línea sombría, ahora bajó, llena de determinación.

— ¡Duquesa Sonia! ¡Caballero Crisford!

Sonia temía que Matthew y el mayordomo se sorprendieran terriblemente por su repentino regreso, pero pudo ver que ese no era el caso por la mirada de alivio en el rostro de Matthew cuando salió para darles la bienvenida.

— ¿Ha cambiado algo en el castillo? —Preguntó Sonia. —Tiene algo diferente a los acontecimientos habituales…

— ¡Absolutamente! —Asombrado de que Sonia ya parecía saber lo que quería discutir, Matthew saltó directamente al grano, — ¡voces humanas y golpes vienen de la capilla clausurada! No podemos entrar para investigar, ¡aunque hayamos movido la barra de hierro!

Sonia le dio a Chris una mirada intensa y ambos asintieron al unísono.

Están aquí. Esperándonos.

—Entiendo. El señor Chris y yo lo afrontaremos. Matthew, te quiero a ti y a los demás… sí, me gustaría que todos estuvieran listos para evacuar el castillo si fuera necesario.

— ¡¿Qué está diciendo?! ¡Vamos con usted! ¡La guardia del castillo ya está en espera! —Protestó Matthew.

Pero Sonia negó con la cabeza. —No se trata de un humano vivo. No podemos permitirnos el lujo de atacar a ciegas solo para sacrificar más vidas a este villano… Por favor, déjennos esto al señor Chris y a mí.

—Duquesa Sonia…

Cuando Sonia curvó sus labios en una hermosa sonrisa, Matthew se dio cuenta de que había escuchado la verdad. También reconoció que era una sonrisa de total determinación…

—Yo… ¡la acompañaré! ¡He dedicado mi vida a la familia Clare! Incluso si perezco, ¡lo haré luchando a su lado! —Matthew le suplicó a Sonia con lágrimas en los ojos.

— ¡Igual yo…!

— ¡Y yo!

El mayordomo y el ama de llaves intervinieron. Parecía como si no les importara morir por Sonia.

Sorprendida por sus súplicas desesperadas, las lágrimas brotaron de los ojos muy abiertos de Sonia. Ella les dijo: —Gracias a todos. Me hace feliz… saber que no… estoy sola…

— ¡¿Qué está diciendo?! ¡La hemos criado con amor desde que era una bebé! ¡Esperamos ansiosos el día en que encuentre la felicidad! Su día especial está tan cerca… ¡No permitiremos que nadie se lo quite!

Envuelta en un abrazo grupal por los tres empleados del castillo de mediana edad, Sonia comenzó a llorar.

— ¡Les juro que romperé esta maldición! —Sonia se lo prometió a ellos y a sí misma con la convicción reforzada por el familiar calor de su apoyo. Luego les dijo: —Han expresado su punto, pero solo el señor Chris y yo entraremos en la capilla.

— ¡Duquesa Sonia! —Los tres exclamaron en protesta, pero Sonia se negó rotundamente.

—El adversario está tratando de hacerme caer en la desesperación y de aplastar mi voluntad de vivir quitándome a todos y todo lo que aprecio… Si van con nosotros, no tengo ninguna duda de que irá directamente a por ustedes. Así que esperen afuera. Déjenme llevar el deseo de seguir viviendo con ustedes a la batalla.

—Duquesa Sonia…

La determinación de su dama era total. Se evidenciaba en sus gestos y manera de hablar. Por mucho que les doliera, los tres miembros del personal se apartaron de Sonia.

—Por favor tenga cuidado.

—Estaremos esperando por usted.

El mayordomo y el ama de llaves hablaron uno tras otro. Finalmente, el chambelán, Matthew, se acercó a Chris.

Con lágrimas en los ojos, tomó las manos del caballero y dijo: —Por favor, cuide de la duquesa Sonia.

— ¡Tiene mi palabra de que romperé esta maldición! —Chris juró en serio.

— ¡Vamos, señor Chris! —Lo instó Sonia.

— ¡Bien! —Chris respondió y, luego susurró en voz baja al oído de Matthew: —Haga que varios hombres esperen afuera de la puerta, listos para irrumpir y rescatar a la duquesa Sonia si las cosas salen mal.

Matthew asintió con seriedad en respuesta a las instrucciones de Chris. Su tono severo y su expresión no permitían nada más.

Está dispuesto a morir por la duquesa Sonia, pensó Matthew mientras veía al caballero alejarse. Y luego ofreció una oración a Dios por su seguridad.

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