Hetero, Santa Omnipotente

Tras bastidores. 3

Las nubes cubrían el cielo del feudo Klausner, dejando que solo un rastro de luz entrara en la oficina del señor Daniel Klausner, la cual estaba bastante oscura, a pesar de que aún faltaban horas para la puesta del sol. En esta penumbra, solo se oía el sonido de la pluma del señor contra el papel hasta que fue interrumpido por un golpeteo en la puerta.

El sirviente de guardia se dirigió a la puerta mientras Daniel continuaba trabajando. Escuchó a Corinna anunciarse y asintió con la cabeza al sirviente para que la dejara entrar.

—Perdón por la interrupción, —dijo Corinna mientras entraba en la habitación y hacía una reverencia.

Daniel la instó a tomar asiento en uno de los sofás frente a su escritorio. Ya había trabajado bastante, por lo que dejó el bolígrafo y se trasladó al sofá frente a Corinna.

Los dos se sentaron en silencio.

Unos momentos después, el sirviente trajo un poco de té. Después de colocar una taza frente a cada uno de ellos, Daniel ordenó al sirviente que se fuera. Este no dijo nada al salir de la habitación; este tipo de orden no era infrecuente durante las visitas de Corinna. Los otros sirvientes y oficiales también despejaron la habitación.

Una vez que Daniel y Corinna estuvieron solos, Corinna habló. —Hoy le entregué a la santa el diario de la gran alquimista.

—Ya veo. ¿Y lograste algo con eso?

—Aún no. Ella pareció recordar algo, aunque no quiso decirme qué.

Daniel se llevó una mano a la barbilla mientras reflexionaba sobre esto.

Corinna conocía esa mirada. Daniel no estaba perdiendo el tiempo fantaseando con lo que esperaba que sucediera; estaba contemplando cuál sería su próximo movimiento. Ella esperó en silencio a que él hablara de nuevo.

El diario que Corinna le había mostrado a Sei guardaba el mayor secreto del feudo Klausner. Revelaba que las habilidades de la santa se extendían mucho más allá de la subyugación de monstruos.

Un rey de muchas generaciones pasadas había ordenado que se eliminaran todos los registros de las habilidades especiales de la santa para protegerla. Sin embargo, la gran alquimista había vivido en los días previos a ese decreto.

Por decreto, ese diario debería haber sido destruido. Sin embargo, el señor del feudo Klausner de esa época lo había ocultado. Había permitido que se quemaran muchos otros registros de sus logros, pero como el cultivo de hierbas medicinales era la principal industria de su pueblo, este documento era precioso, incluso vital y, el señor feudal optó por preservarlo, incluso si eso significaba desafiar la orden del rey.

Si bien la parte más condenatoria del texto describía las bendiciones necesarias para cultivar hierbas raras específicas, el diario también profundizaba en las diversas técnicas que la gran alquimista había desarrollado para establecer la industria local. Era un recurso invaluable a la hora de determinar la mejor manera de cultivar nuevos productos. En otras palabras, el señor Klausner de esa época había guardado el diario por el bien de las generaciones futuras.

Además, como el diario no describía en detalle los poderes de la santa, sobre todo si se comparaba con otros documentos contemporáneos, el señor Klausner se sintió más justificado en su decisión. Sin embargo, había sabido que no debía desobedecer públicamente al rey, de ahí el secretismo con el que se guardaba el diario. Hasta el día de hoy, solo los señores feudales y los alquimistas en jefe de la destilería del castillo eran informados de la existencia del diario.

Todo esto es para decir que Daniel había elegido mostrarle este precioso y peligroso documento a Sei con un motivo oculto, uno de importancia crítica.

—Dices que le recordó algo. ¿Quiere decir que crees que ella también es capaz de bendecir los cultivos?

—Pido disculpas, mi señor. Hasta ahora no ha dicho nada específico.

—Entonces es posible que no podamos revivir los campos, después de todo. —Daniel se cruzó de brazos y las arugas de su frente se hicieron más profundas.

En verdad, había dos razones para la actual escasez de hierbas en el feudo Klausner.

Primero, debido al aumento de monstruos, la gente se había vuelto incapaz de recolectar hierbas medicinales que crecían en el bosque y, tampoco podían cosechar adecuadamente los cultivos cercanos.

En segundo lugar, la cantidad de hierbas que podían cultivar en los campos una vez bendecidos había disminuido significativamente.

Las hierbas cultivadas en los campos bendecidos se podían dividir en dos tipos: hierbas que simplemente crecían más fácilmente en suelo bendecido y hierbas que requerían de la bendición.

Entre este primer grupo había ingredientes básicos para pociones de vida de calidad media y similares. En el pasado crecían sin ningún problema, pero desde hace unos años, la cosecha había comenzado a disminuir gradualmente. Ahora, la gente del feudo podía asegurar que sólo cosecharían alrededor del sesenta por ciento de lo que cosechaban en su época dorada.

En cuanto a las hierbas que requerían bendiciones, el feudo no había podido cultivarlas desde hacía mucho tiempo y, habían llegado a depender de la recolección de estas hierbas en el bosque para satisfacer la demanda.

La bendición en los cultivos había durado desde los días de la conjuración original de la gran alquimista. Nunca habían sido bendecidos por ninguna otra santa desde entonces, a pesar de que esa bendición original había sucedido hace bastantes generaciones y, a pesar de que la amenaza del miasma había seguido creciendo.

Sin embargo, era evidente para Daniel y Corinna que los efectos de la bendición se habían debilitado.

Cuando comenzó el declive, Corinna y sus alquimistas habían realizado todo tipo de experimentos para ver si podían discernir la causa. Sus resultados fueron claros: nada en el mundo había cambiado lo suficientemente dramáticamente como para reflejar los problemas que estaban viendo.

A medida que continuaban sus investigaciones, el miasma en Salutania se hacía más y más denso y, durante todo ese tiempo, el reino no podía encontrar a la santa, la única que podía purificar el miasma. Justo cuando el reino estaba decidiendo realizar el ritual de invocación, Daniel y Corinna concluyeron que los efectos de la bendición de la gran alquimista en el feudo Klausner podrían finalmente haberse agotado.

Con esta conclusión, Daniel había llegado al límite. ¿Quién sino la gran alquimista podría bendecir los campos? Nunca se había mencionado a nadie con dotes similares. Específicamente, el diario mencionaba que la magia de la bendición era de color dorado y, Daniel nunca antes había visto ni oído hablar de tal poder.

Incapaz de encontrar una solución al problema real, hizo un amplio uso de sus mercenarios y se concentró en recolectar la mayor cantidad posible de hierbas del bosque para compensar el déficit en los campos. Pero esto solo podría ser una solución provisional y, no podían simplemente rezar para que surgiera una alternativa de comercio de la noche a la mañana.

Justo cuando Daniel estaba a punto de perder la esperanza en el futuro de su tierra, escuchó un rumor de la capital: la santa había participado en una expedición al bosque Ghoshe y, había conjurado una ola purificadora de magia dorada.

Cuando Daniel escuchó esto, se dio cuenta de que aún podía haber esperanza para su pueblo.

Podrían pensar que debió de haber pensado en esto mucho antes, pero el hecho es que, aunque algunas personas recordaban que una vez había nacido una santa en el feudo Klausner, como saben, gran parte de la información sobre su vida había sido destruida. Además, pocos podrían conectarla con los relatos de la gran alquimista. Incluso Daniel olvidaba con frecuencia que las dos estaban conectadas, ya que él y su gente recordaban a esta notable mujer más por su brillantez agrícola que por su santidad.

Entonces, ¿esta magia dorada era un poder que pertenecía a la santa? Se preguntó Daniel. Tras consultar con Corinna, decidió solicitarle a la santa que visitara sus tierras. Oficialmente, la pediría que matara monstruos, pero su verdadero objetivo sería suplicarle que volviera a bendecir los campos. Todavía no sabía con certeza si tal cosa era posible, pero esta era su última esperanza.

Aunque hizo que su gente intentara recopilar información sobre la santa actual, había aprendido muy poco sobre ella como persona, aunque su gente le informó que había estado trabajando en el instituto de investigación de plantas medicinales en el palacio debido a un interés personal. Su trabajo allí le dio la esperanza de que se interesaría más en el feudo Klausner, lo que podría abrir la vía para pedirle que bendijera los campos.

El corazón de Daniel se había aliviado al pensarlo.

Cuando Daniel escribió la carta solicitando que las órdenes caballerescas fueran enviadas a su feudo, todavía no estaba seguro de si pedir específicamente a la santa. Al final, desistió de la idea, ya que temía que cualquier pregunta específica pudiera llevar a la revelación de que él y su gente tenían un conocimiento ilícito de las habilidades de la santa. Por lo tanto, lanzó los dados y rezó para que la enviaran por cuenta propia.

Poco tiempo después de enviar la carta, llegó la respuesta. La apuesta de Daniel había dado sus frutos: el palacio escribió que la santa también sería enviada. Ahora todo lo que Daniel tenía que hacer era, de alguna manera, convencer a la santa de que bendijera los campos, algo que ella no tenía ni idea de que él esperaba que hiciera.

Primero, Corinna trató de determinar indirectamente la naturaleza de los poderes de la santa, pero esta no hizo mención de ninguna otra habilidad aparte de la purificación del miasma. Daniel no perdió la esperanza. Comprendía que el palacio podría haberle dicho a la santa que salvaguardara el verdadero alcance de su poder y, que tal vez ni siquiera ella misma conociera la verdadera amplitud de sus habilidades. Sin embargo, a juzgar por su falta de precaución al preparar sus pociones inusualmente potentes, Daniel supuso que era más probable que fuera lo último.

Después de mucha consideración, decidió mostrarle a la santa el diario de la gran alquimista. Le dejó la decisión de cuándo a Corinna, sólo indicándole que le informara después de hecho.

Corinna estaba ahora en su oficina para cumplir con esa orden.

—Ella pareció reconocer la parte de la magia dorada, —dijo Corinna.

— ¡¿De verdad?! —La expresión de Daniel se iluminó.

—Escuché que la magia que usó en el bosque oeste también era dorada.

—Igual yo. Sabes, el color de la magia es típicamente una indicación de la afinidad elemental. Eso debe significar que este color dorado es propio de la magia de la santa, tal como lo predijimos.

—También lo creo. He visto muchas coloraciones elementales en mi vida, pero nunca un tono dorado.

Desde la llegada de la santa al feudo Klausner, Daniel había escuchado rumores de la gente del castillo, especialmente de los alquimistas que trabajaban en la destilería, de que la santa estaba tan obsesionada con las hierbas medicinales como lo había estado la gran alquimista. Incluso si no sabía nada sobre bendiciones, había motivos para esperar que se interesara por ellas después de leer el diario.

Después de todo, es posible que seamos capaces de lograr nuestro objetivo original, pensó Daniel.

—Bien. Creo que podemos atrevernos a tener esperanza, —dijo Daniel.

—Mmm. Necesitará bendecir los campos para poder cultivar esa hierba que ha estado buscando. Estoy segura de que pronto intentará realizar bendiciones por su cuenta.

—Eso sería más que bienvenido.

Daniel sonrió y esa persistente sensación de angustia en su interior comenzó a disminuir. Pero lo que Daniel no sabía era que la santa aún no podía usar sus poderes por voluntad propia. Tanto Daniel como Corinna asumían que Sei estaba en pleno dominio de sus habilidades, sobre todo después de lo que habían oído de su viaje al bosque oeste.

Solo unas pocas personas sabían la verdad. Y estas, naturalmente, lo mantenían en secreto, con la esperanza de mantener alejada a la gente de Salutania de un miedo innecesario.

Sin embargo, la estrella de la fortuna brillaba sobre Daniel, unos días después de esta conversación, Sei logró invocar su magia santa nuevamente. Se podría decir que era una gran suerte o, podría decirse que tenía algo que ver con la bendición de la gran alquimista sobre el feudo Klausner y un destello final de ese poder que se desvanecía.

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