Hetero, La Princesa Maldita y el Caballero Afortunado

Capítulo 6: Tú eres el único en quien creo. Parte 3

No puedo creerlo, Pamela. ¿Solo estabas feliz con mi matrimonio porque estabas emocionada de alejarte de mí? ¿No te agradaba? ¿Me odiabas? ¿Mi posición solo justifica tus celos? Solíamos reír, llorar, discutir y consolarnos. ¿Fue todo eso una mentira?

Los pensamientos de Sonia se dispararon. Todas eran preguntas para Pamela, pero, incapaz de expresarlas, Sonia simplemente la miró aturdida. Grandes lágrimas cayeron una tras otra de sus ojos.

No, no también Pamela. Incluso no me ve por lo que soy. Realmente sería mejor si muriera. Soy responsable de enfadar tanto a Pamela que terminó así. Si nunca hubiera nacido, el príncipe Severin probablemente no habría intentado convertirse en un cazafortunas. Y el rey Patrice no se habría pasado todos esos años preocupándose por mí…

—Princesa, no deje que la engañe.

La fuerza de los brazos que la abrazaron firmemente hizo que Sonia volviera a sus sentidos.

—Señor Chris…

La barba que le había parecido aterradora estaba cerca de ella, extremadamente cerca, entonces, ¿por qué? Encontraba reconfortante su sonrisa, llenando su corazón con una calidez que parecía extenderse por todo su cuerpo. ¿Por qué su sonrisa le daba la confianza de que estaría bien y superarían la adversidad?

Siempre me ha dado coraje con su sonrisa alentadora. Chris le estaba ofreciendo una leve sonrisa, así que Sonia trató de devolverle la sonrisa en un intento desesperado por dejar de llorar. Luego se voltearon hacia Pamela, sus miradas fijas con determinación.

—A pesar de haber dicho que matarías a Su Excelencia, no la perseguirás. ¿Por qué es eso? —Preguntó Chris.

El hombre que poseía a Pamela contrajo el rostro de frustración.

— ¿Debo responder por ti, padre Ferns? —La voz de Chris se parecía a un rugido mientras reverberaba por la habitación. — ¡Le tienes miedo a las barbas! Ya que estoy al lado de Su Excelencia, ¡no puedes acercarte a ella!

— ¡Ugh…! ¡G-GGH…! NO, te equivocas… —Exclamó el padre Ferns, pero estaba rechinando los dientes de Pamela lo suficientemente fuerte como para que ellos lo oyeran.

— ¿Eres consciente de… por qué le temes a las barbas? Si lo fueras, ¡no seguirías llamándote mensajero de Dios!

— ¡Cómo… cómo te atreves…! ¡Fui elegido por Dios! ¡Elegido para imponer castigo en su santo nombre!

— ¡Entonces te reto a que te acerques a mí! Dios me ha bendecido con magia protectora. Si estás actuando bajo la palabra del Señor en la muerte, ¡entonces deberías poder acercarte a mí! —Lo desafió Chris.

— ¡Grrr…! ¡Maldición! ¡Maldición!

El rostro ya deformado de Pamela se retorció aún más, su cuerpo se contorsionó de frustración. Los rasgos de un hombre se superponían con su figura femenina.

Al ver su oportunidad, Chris se puso en acción. Como un toro a la embestida, saltó hacia Pamela. — ¡Deja a esa mujer! —gritó mientras envolvía sus brazos alrededor de ella o, eso pensaba. El cuerpo de Pamela se desvaneció como una bocanada de humo ante sus ojos.

Tras deslizarse entre los brazos de Chris, Pamela se deslizó hacia el balcón.

— ¡JA, JA, JA, JA, JA, JA! —Ferns se rió con la boca de Pamela abierta de par en par, su cabeza girando en círculos. Sonia casi se desmaya ante la espantosa vista. Desde donde había estado observando la escena desde una distancia segura, Cordelia ya se había desmayado.

En el momento en que la cabeza se detuvo, torcida hacia atrás, el cuerpo también dejó de moverse. Chris corrió hacia Sonia y la abrazó con fuerza.

Ferns le siseó a Sonia, la cual temblaba de miedo. —Cambiaré a esta chica por ti, la última del linaje de los Clare. Te estaré esperando en la capilla del castillo Clare. —Con eso, desaparecieron en la oscuridad.

La cabeza de Sonia se balanceó pesadamente.

— ¡Duquesa Sonia! —Chris exclamó sorprendido, levantando la cabeza de Sonia, lo que la sacó del borde de la inconsciencia.

—Estoy bien… —Sonia dijo dócilmente. Lentamente levantó la cabeza y miró a Chris. —Finalmente me llamó por mi nombre…

—Lo lamento. Me estaba dando el gusto.

— ¿Cómo es eso? —Sonia le preguntó a un sonrojado Chris.

Primero se aseguró de que ella estuviera firme sobre sus pies antes de alejarse. —Hay tantos malentendidos entre nosotros, no sé por dónde empezar… De todos modos, podemos discutirlo en el carruaje. ¡Debemos apresurarnos tras el padre Ferns, el sacerdote que robó el cuerpo de su amiga!

—Pamela… me odia, ¿no es así…? —Preguntó Sonia, con una expresión de suma tristeza en su rostro. —No puedo creer que fuera tan tonta. No solo no me di cuenta de su tristeza y angustia, la estaba lastimando directamente… Soy la única que pensó que éramos mejores amigas… —Dijo en voz baja. No tenía idea de que Pamela guardara tanto odio detrás de su dulce sonrisa. Parece que… podría haber herido a mucha gente sin darme cuenta…

Chris puso una mano sobre los hombros de Sonia, los cuales se encogían de tristeza. Ella miró su expresión seria.

— ¿Está insegura sobre rescatar a la dama Pamela? —Preguntó.

— ¡No! Pamela puede haber tenido otras razones para ser amable conmigo, ¡pero pude superar tantas dificultades gracias a ella! Si es así porque está sufriendo, ¡quiero salvarla esta vez!

—Realmente es optimista, —dijo Chris con una sonrisa por la determinación de Sonia.

—No soy optimista. A decir verdad, casi pierdo ante la tentación de la muerte…

Pero luego, cuando el señor Chris se acercó a mí… la fuerza de sus brazos…

—Recordé lo que usted y el rey Patrice me dijeron… Por favor recuerde que hay quienes desean salvarla. Pude sentir que realmente quería salvarme, señor Chris…

El señor Chris es fuerte en cuerpo, mente, espíritu y suerte. No es simplemente por la magia protectora legada por Dios. Su sola presencia llena de luz a quienes lo rodean. Me esforzaré por llegar a ser como él. Apuntaré a ser fuerte y resistente. Sus fuertes brazos me ayudaron a recordar la resolución que había tomado.

—Salvaré a Pamela. ¡Y derrotaré mi destino! —Declaró Sonia.

Chris esbozó una sonrisa ante su mirada decidida. — ¡Entonces vayamos al castillo Clare!

—Pero primero, debemos ayudar a la reina Cordelia…

Chris corrió hacia Cordelia y la levantó antes de pedir ayuda.

~❀❀❀~

Después de atender a la reina, Sonia y Chris se apresuraron a ir al castillo Clare. Patrice se ofreció a organizar refuerzos, pero lo rechazaron. Su oponente no era humano. Ni siquiera estaba vivo. No importaba qué tan bien entrenados estuvieran los soldados, dudaban que alguien pudiera tener una oportunidad ante tal oponente.

—Supongo que podría enviar un mensaje a la catedral y pedirle al Papa que ore por nosotros, —le dijo Chris a Patrice y acompañó a Sonia, quien se había puesto ropa informal, hasta el carruaje. Chris subió al carruaje con la espada envuelta en tela en la mano.

~❀❀❀~

—Princesa, ¿por qué trae eso? —Preguntó Chris, señalando la botella que Sonia sostenía con cuidado.

La reconoció. Mientras ella descansaba en la abadía real, la catedral le encomendó que se la pasara a la dama Sonia. Se la había entregado él mismo. Según recordaba, la abadesa había encargado a la catedral que santificara el aceite corporal que contenía, el cual Pamela había perfumado.

—Bueno, —comenzó Sonia, —pensé que podría resultar útil. Ya me cubrí con él.

Por sugerencia de ella, Chris decidió dejar que le frotara un poco las manos. Sus dedos estaban ásperos por el manejo de la espada y un tupido vello cubría el dorso de sus manos y dedos. Pero Sonia no tenía el menor miedo de tocarlo ahora.

—Tenía miedo de su barba y vello corporal porque estaba poseída por ese hombre al que llamó padre Ferns, ¿no es así? —Preguntó ella.

—Sí, —respondió Chris asintiendo.

—Este Ferns es el sacerdote que está maldiciendo el linaje Clare, ¿no es así?

—Así es.

Sonia le pellizcó el dorso de la mano, haciendo que Chris gritara: — ¡Ay! —mientras se apartaba.

—Debería habérmelo dicho cuando nos conocimos… —Sonia hizo un puchero con las mejillas hinchadas. Chris no pudo evitar encontrarla adorable, a pesar de la gravedad de la situación. Sonrió con ironía.

—Lo lamento. Siendo honesto, Su Majestad no me contó la historia completa. Simplemente dijo: quiero que salves a la última heredera viva del apellido Clare de las garras de un demonio. No sabía cuál de los innumerables demonios estaba prestando su fuerza a ese sacerdote, que ahora es él mismo un demonio. ¿Por qué Dios me envió un mensaje para que me dejara crecer la barba? Como ni el rey ni el Papa lo sabían, tuve que buscar pistas antes de poder hacer algo. No quería decirle algo erróneo y angustiarla…

— ¿Es por eso que actuó como mi prometido…?

—Así es, —respondió Chris. —Pensé que solo aparecía en la revelación divina porque recibí magia protectora como caballero diamante, el caballero de más alto rango en la orden de las piedras de nacimiento.

—Entonces, ¿lo resolvió? ¿Sabe por qué tuvo que dejarse crecer la barba?

— ¡Ciertamente lo hice! ¡Encontré la pista en un cuadro colgado en el castillo Clare!

—Una pintura… Sé que hay una gran cantidad de pinturas colgadas por todo el castillo… pero debe ser una pintura religiosa para que sea relevante, —dijo Sonia, con los engranajes girando en su cabeza.

Su abuelo, William, era un coleccionista de arte, por lo que innumerables pinturas en el castillo se conservaban lejos del ojo público. Pero Chris acababa de decir que colgaba de las paredes del castillo. Eso significaba que tenía que ser una de las pinturas religiosas que se exhibían actualmente en algún lugar del castillo. Además, tenía algo que ver con la barba…

— ¡Ah! ¡Creo que lo tengo! —Exclamó Sonia. Había una pintura que se ajustaba a todos los criterios. —Hace mucho tiempo, el abuelo le encargó a un artista que pintara una escena de un sueño que, según dijo, ¡era muy recurrente!

Antes de que pudiera decir más, Chris se llevó el dedo índice a los labios y la hizo callar con un — ¡Shh!

Se inclinó y susurró: —Nunca se sabe cuándo o dónde podría estar escuchando. No queremos que él diseñe una estrategia para contrarrestarnos.

Chris tenía razón. Se enfrentaban a un ser de otro mundo capaz de lo sobrenatural. Si eso no fuera lo suficientemente malo, estaba recibiendo ayuda del peor adversario posible: un demonio. Esto solo se veía agravado por el hecho de que el sacerdote no sabía que estaba usando los poderes del mal contra el que había luchado en vida.

— ¿Está seguro de que él, el padre Ferns, no se da cuenta de que su alma ha caído en la oscuridad? Si le hacemos darse cuenta de la verdad, quizás el terror de sus pecados lo haga retroceder. Entonces, ¿no podríamos salvarlo también? —Sonia preguntó con voz igualmente baja.

Probablemente sería difícil para él darse cuenta de esto por sí mismo, ya que su personalidad parecía tan arraigada en sus ideas. Además, la reacción de los demás solo lo había hecho empecinarse más.

—Por lo que escuché, sonaba como si mi abuelo y el sacerdote siguieran escarbando en sus heridas para convertirlas en insultos. Llegó al punto en que ninguno de los dos pudo retroceder, —señaló Sonia.

—Realmente es amable, princesa, —susurró Chris asombrado.

— ¡Le dije que dejara de llamarme princesa! —Espetó Sonia, trayendo una sonrisa a la cara de Chris mientras se frotaba la cabeza con torpeza.

— ¡Lo siento por eso! Aunque haría las cosas mucho más fáciles si llegara a arrepentirse de sus pecados, será difícil que se dé cuenta de que ha estado equivocado todo este tiempo. Su odio no ha disminuido con el paso del tiempo… sino más bien, me temo que el deseo de aniquilar al linaje Clare se ha grabado en su alma. El cuerpo puede curarse con el tiempo, pero el alma… está fuera de nuestro dominio…

—Ya veo… —Respondió Sonia, sosteniendo el rosario que descansaba sobre su pecho.

—Por ahora, concentrémonos en idear un plan para rescatar a la dama Pamela y romper su maldición.

Asintiendo con la cabeza en respuesta, Sonia dijo con una sonrisa en su rostro: — ¡Bien!

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