Hetero, Santa Omnipotente

5°acto: La magia santa. Parte 3

Durante los siguientes días después de conocer la impactante verdad, me encerré en la habitación trasera de la destilería para leer el diario de la gran alquimista con absoluto cuidado, asegurándome de asimilar cada palabra.

Todavía me sentía un poco mal por leer el diario de alguien más, pero bueno, no se puede hacer una tortilla sin romper algunos huevos. Y de todos modos, solo estaba haciendo esto porque necesitaba saber cómo usar mis poderes. O eso me había dicho a mí misma.

Por las descripciones del diario, estas bendiciones definitivamente sonaban como obra de la magia de la santa. Después de todo, si la gran alquimista podía usar la magia dorada, ella había sido una santa. Ya había predicho esto.

Corinna me lo confirmó cuando se lo pregunté. Desafortunadamente, no sabían si las bendiciones eran específicamente un poder que poseía la santa, ya que esa era información confidencial en poder del palacio real. Además, las únicas personas que conocían detalles sobre las bendiciones de la gran alquimista eran las generaciones de señores feudales del feudo Klausner y las personas a cargo de la destilería del castillo. Esta era también la razón por la que el diario se mantenía en absoluto secreto.

Me preocupaba que el señor Klausner pudiera objetar a que yo lo leyera, pero esto resultó ser un miedo infundado. Corinna me aseguró que había solicitado su permiso con anticipación y me sentí aliviada al escuchar esto. Cuando me detuve a pensar en ello, me di cuenta de que, como persona a cargo de la destilería, no había forma de que Corinna le hubiera mostrado a un tercero documentos tan confidenciales sin antes consultar a su señor.

Ahora que entendía que las bendiciones de la gran alquimista habían sido producto de su santidad, deseaba poder pasar al siguiente paso, pero había otro problema: todavía no sabía cómo usar la magia santa.

La razón por la que estaba leyendo el diario sin parar durante varios días seguidos era porque esperaba que algo en él me permitiera al fin encontrar la respuesta a todo. Aceptaría cualquier cosa, incluso la más mínima insinuación. Sin embargo, no lograba ningún progreso. Ni siquiera encontraba alguna descripción particularmente digna de mención que me intrigara.

En el momento en que terminé de leer el diario, me estiré en mi silla. La gran alquimista tenía una letra hermosa y ordenada, pero leer su trabajo durante tanto tiempo me cansaba la vista. Me froté los ojos con las manos y suspiré.

La luz del sol entraba a raudales por una ventana en la parte trasera de la habitación. Basándome en la longitud de las sombras, supuse que eran alrededor de las tres de la tarde. Tenía un vago recuerdo de escuchar las campanadas sonar no hace mucho tiempo.

He estado leyendo, leyendo y leyendo desde esta mañana. ¿Quizás debería salir a tomar un poco de aire fresco? Bueno, no hay mejor momento que el presente. Me levanté de mi silla.

— ¿Oh? ¿Vas de salida? —Preguntó Corinna cuando salí de la habitación trasera.

—Estaba pensando que necesitaba un paseo para aclarar mi mente.

—Eso podría ser una buena idea. —Ella sonrió con simpatía. Debía lucir exhausta. Me dio unas palmaditas en la espalda de manera alentadora cuando me fui.

Me dirigí al área detrás del castillo, donde sabía que tenían un pequeño huerto que los alquimistas usaban para experimentar con métodos de cultivo. No olía tan fuerte a hierbas como la destilería, pero estar cerca me refrescaba por alguna razón y, en cualquier caso, era un buen cambio de ambiente.

Cuando llegué al huerto, dejé escapar un suspiro. Me agaché a un lado y apoyé la barbilla en ambas manos mientras miraba distraídamente el paisaje. Como estaba tan cerca del suelo, lo único que podía ver con claridad eran las hierbas que se mecían con la brisa.

Durante un rato, mi cabeza estuvo vacía y la melancolía se apoderó de mi interior.

En general, esta investigación era mucho más difícil de lo que había imaginado. La gran alquimista había escrito con gran detalle sobre sus experimentos, por lo que esperaba que fuera igualmente meticulosa con su descripción de las bendiciones y cómo funcionaban, pero no era así. Para nada. Más bien, las únicas cosas sobre las que escribió con un detalle similar eran las otras condiciones de crecimiento necesarias y las vidas de su gente.

Mmm. Tal vez hay algo que estoy pasando por alto, pensé mientras miraba las hierbas mientras repasaba mis recuerdos del diario.

De hecho, pasó mucho tiempo escribiendo sobre las personas que vivían en el feudo de su padre, hasta las minucias de su vida diaria.

Ahora que lo pienso, había algunas personas sobre las que escribía con especial frecuencia. Ese chico en particular aparecía un montón, ¿parecía como si fuera su hermano pequeño?

En realidad, había escrito sobre él bastante detalladamente. De hecho, ¿no había sido él la primera persona para la que ella había usado la bendición?

Específicamente, originalmente se había centrado en el cultivo de hierbas para combatir una enfermedad que se estaba extendiendo en el feudo Klausner. Los síntomas progresaban lentamente, pero la persona afectada se iba debilitando cada vez más hasta que finalmente fallecía. Mientras la gran alquimista se esforzaba por cultivar hierbas cada vez más potentes, su gente seguía cayendo presa de la enfermedad hasta que esta también atacó a su hermano. Esto solo la había inspirado a trabajar más duro.

Como la hierba que necesitaba para salvar a su gente era difícil de obtener, había invertido sus recursos en cultivarla en lugar de buscarla. Su apuesta había valido la pena y pudo usar las hierbas que cultivó para hacer pociones que salvaron la vida de su hermano y la salud de su gente.

En el registro del día en que la condición de su hermano comenzó a mejorar, la tinta de sus palabras estaba corrida y salpicada con signos de lágrimas de alivio.

Sin embargo, nada de esto realmente me llamaba la atención, al menos no con respecto a sus poderes. —Mmm, qué misterio.

¿Quizás la pista estaba en una parte que accidentalmente me había saltado? No era como si pudiera recordar cada palabra del diario, así que era posible. ¿Pero sería un evento tan trivial como para no recordarlo?

Sin importar en lo que pensara, no se me ocurría una respuesta. Además, mis piernas comenzaban a sentirse entumecidas, así que me puse de pie. Al estirar mis brazos y mi espalda, estos tronaron. Dios, había pasado mucho tiempo leyendo ese diario.

No estaba segura de sentirme más despabilada, pero había estado fuera durante algún tiempo, así que me sentía obligada a regresar.

Me levanté y, mientras me encaminaba, escuché a algunas personas hablar en voz alta. Me volteé en dirección de las voces y vi a la compañía de mercenarios que se acercaba al castillo. Hoy había algo diferente en ellos, algo que me preocupaba. Me esforcé por ver qué estaba pasando, de repente me preocupé de que algo grave hubiera sucedido.

En el momento en que vi a alguien que conocía entre la multitud, lo tomé como una excusa para correr hacia ellos. A medida que me acercaba, me di cuenta de lo que estaba mal. Venían hacia el castillo desde la dirección del bosque y, la mayoría de ellos tenían algún tipo de herida. Algunos incluso tenían que apoyarse en otros para caminar.

— ¡¿Están bien?! —Jadeé cuando me acerqué a Leonhardt, o Leo, como había comenzado a llamarlo en mi mente.

Su expresión dura se suavizó al verme. — ¡Oh! Pero si es la damita.

La mayoría de los mercenarios parpadearon confundidos, inseguros de quién era yo, pero una pareja sonrió débilmente cuando me reconocieron, eran los que siempre venían a recoger pociones a la destilería. Escuché a uno de los que me reconocieron explicándoles eso a los demás.

— ¿Acaban de regresar de una expedición? —Les pregunté.

—Me temo que sí. Nos encontramos con algunas bestias inusuales cerca del borde exterior del bosque. Acabamos de matarlos a todos. Dimos una buena pelea, pero había bastantes. Casi acaban con nosotros.

— ¡Oh, no! ¿Estarán bien?

—Sí, sí. Estamos en mejor estado de lo que se esperaría, todo gracias a tus pociones.

Los otros hombres intervinieron en concordancia.

— ¿Entonces fue usted quien hizo esas pociones? —Preguntó uno.

— ¡Es mi salvadora! —Dijo otro.

—Sin esa poción, no estaría aquí ahora mismo.

— ¡Los efectos de esa poción fueron increíbles!

Bueno, al menos esa maldición de bonificación del cincuenta por ciento era buena para algo.

Una vez que Leo me delató, los mercenarios me rodearon mientras me colmaban de agradecimientos. Aunque estaba acostumbrada a estar cerca de los caballeros de la tercera orden, estar rodeada de estos hombres, que eran aún más musculosos y corpulentos, era un poco intimidante.

Me preocupaba que mi sonrisa pareciera forzada, esperaba que la pasaran por alto. ¡Vamos, ya tendrían que saber lo abrumadores que eran!

—Por favor, dime que se van a curar en el castillo, —le dije a Leo.

—Eso haremos. Pero te lo digo, salimos bien parados gracias a ti. Por supuesto, algunos todavía necesitamos un poco más de tratamiento, pero estaremos bien.

—Escucha, ven a la destilería y les prepararé algunas pociones más.

—No, no estamos tan mal. Danos unas vendas y estaremos listos para partir.

— ¿En serio? Algunos se ven un poco adoloridos.

—Ah, supongo que no te lo esconderé. Mmm, bueno, ¿estás seguro de que no crees que podamos hacer…?

Leo rechazó mi idea de plano y, al principio no entendía por qué, su gente obviamente necesitaba las pociones, incluso si él estaba siendo extrañamente evasivo al respecto. Se rascó la cabeza, con una expresión de desconcierto en su rostro.

Fruncí el ceño. Él ya sabía que las pociones curaban los cuerpos más rápido que los procesos naturales. Él y sus hombres eran profesionales.

Oh, no, ¿están dudando por la escasez de hierbas? Oh, cielos, apuesto a que se imponen una cuota estricta de cuántas pociones pueden usar todos los días. Siempre preparo la misma cantidad de pociones para ellos. Bueno… entonces, ¿por qué no los curo usando mi magia en su lugar?

Leo y sus hombres eran responsables de las patrullas que mantenían a salvo todo el feudo y, eso significaba luchar contra los monstruos todos los días. Sería mejor para todos si pudieran hacer su trabajo con perfecta salud.

Antes había preguntado si el castillo Klausner tenía a alguien que pudiera usar magia curativa, pero no. Me sorprendió escuchar esto, considerando que esta era la ciudad principal del feudo, pero esta escasez de habilidades parecía ser normal en todas las regiones.

Supuse que habían pocas personas que pudieran usar magia en primer lugar y, aún menos que pudieran usar magia curativa y, la mayoría se mudaban a la capital para unirse a la corte de magos. Además, había escuchado que los miembros de la corte de magos ganaban mucho más dinero que los que trabajaban en las ciudades principales de los feudos.

Entonces, esto dependía de mí.

— ¿Qué tal si yo los curo? —Pregunté.

— ¿Mmm? Ah, Sei, me temo que tus pociones…

—Um, no, me refiero a con magia.

— ¿Eh? —Leo y los mercenarios me miraron atónitos. Bueno, ya lo había visto venir. Tenía que ser difícil imaginar que alguien con magia curativa anduviera por estos lares.

Leo recuperó la compostura y me miró con sospecha. —Pensé que eras una alquimista.

—Uh… — ¿Cómo podría responder a eso? Era cierto que era una investigadora en el instituto de investigación de plantas medicinales y tenía habilidades farmacéuticas. Estaría bien llamarme alquimista, ¿verdad? —Sí, soy una alquimista.

Continuaron mirándome con silenciosa incredulidad. Traté de encogerme de hombros. Tenía la sensación de que perdería si seguía con el tema.

—Bueno, ¿quieren que los cure o no? —Les pregunté.

Leo pareció darse por vencido y solo dijo: —Sí.

Una vez que obtuve su permiso, comencé a conjurar curar en los que estaban cerca. Algunos mercenarios tenían heridas bastante graves, pero nada que amenazara su vida, así que no necesitaba darle prioridad a nadie.

Debido a que la magia de curación era tan rara o, tal vez debería decir ya que había tantos a quienes les estaban aplicando curación por primera vez, todos vieron el hechizo hacer su magia (literal) con destellos en sus ojos.

Teniendo en cuenta el número de heridos, la curación de mi hechizo en área habría sido más rápida, pero en su lugar opté por el hechizo normal, ya que destacaba menos. Los hechizos de efecto en área requerían un nivel de habilidad bastante alto. Tenía la sensación de que si usaba algo tan llamativo en un lugar donde la magia curativa ya era rara, provocaría todo tipo de problemas. Por lo tanto, traté de lograr mi cometido de la manera más sutil posible.

Sin embargo, toda mi confianza se derrumbó con un breve comentario de Leo: —Eres buena en esto.

— ¿De verdad?

—Sí. He visto a un mago de palacio curar a otros antes, pero tu hechizo parece más, no sé, más poderoso.

—Gra-Gracias.

—Si puedes hacer esto, apuesto a que los caballeros también te llamarán más tarde.

— ¿Eh?

—También tenían algunas heridas.

Oh, no, ¿estaba bien la tercera orden?

—Ajá, viajábamos juntos en el camino de regreso, —prosiguió Leo. —Ellos estaban en peor estado que nosotros.

—Se adentraron más en el bosque de lo habitual, así que probablemente es por eso, —dijo uno de los mercenarios.

—En estos momentos es bastante salvaje allí adentro, hay demasiados monstruos. Tienes que estar completamente preparado antes de poner un pie en el bosque.

—Um, por caballeros, ¿están hablando de los que vinieron de la capital? —Pregunté, temblando, era una pregunta tonta. Ya sabía la respuesta. Y, sin embargo, aún mantenía la esperanza…

—Por supuesto. ¿Quiénes más?

La confirmación del mercenario disparó un escalofrío por mi espalda.

Y luego, como siempre pasaba cuando pensaba en los caballeros, me imaginé el rostro sonriente de Albert.

Seguido de una escena lúgubre que solo había visto una vez antes.

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