Hetero, La Princesa Maldita y el Caballero Afortunado

Capítulo 6: Tú eres el único en quien creo. Parte 1

Patrice se paseaba frente a su trono, lanzando un sinfín de suspiros. Casi la única vez que se detuvo fue para tomar un sorbo de vino. En el lujoso sillón colocado a su derecha, Severin estaba sentado abatido con los hombros encorvados. Chris estaba junto a la puerta, mirando al rey y al príncipe. Pero no era como si los estuviera cuidando con calma.

¿Su Excelencia estará bien sola? Su mente estaba llena de pensamientos sobre Sonia.

No habría sido una sorpresa que cualquier chica normal se deprimiera o perdiera la cabeza mucho antes. A veces, cuando Sonia se enfrentaba a un fenómeno sobrenatural, su estado de ánimo decaía, pero incluso entonces, seguía sonriendo con valentía. Era natural que sus sentimientos cambiaran del simple deseo de protegerla como caballero al deseo de protegerla como hombre.

Al principio, había planeado salvar su casa maldita y luego anular su matrimonio arreglado. ¡Él romperá la maldición! La sola idea hizo que su sangre como caballero diamante se agitara de emoción, razón por la cual aceptó la solicitud del rey. Una vez liberada de la maldición, innumerables jóvenes nobles de familias distinguidas sin duda vendrían haciendo cola para proponerle matrimonio a Sonia.

Aunque Chris también provenía de una familia noble, era de una categoría intrascendente. Como tercer hijo, no tenía derecho al título familiar ni a la fortuna. No ayudaba que fuera un hombre en sus treintas. Dudaba que una jovencita se interesara por él. Por eso aceptó el papel.

Pero… Los sentimientos que florecieron en él no habían sido anticipados.

Fulminó con la mirada desde la distancia a Severin, quien comenzó a jugar con los dedos por aburrimiento.

¡Clic! La puerta se abrió y la reina entró corriendo, su cabello dorado ondeando detrás de ella. La princesa heredera entró tras ella.

La reina Cordelia se dirigió directamente hacia Severin. Antes de que este pudiera levantarse, gritó: — ¡Maldito imbécil! —y lo golpeó con tanta fuerza que lo envió a él y a su silla al suelo con un gran estruendo. Ella lo levantó y estaba a punto de darle otro puñetazo cuando la princesa heredera gritó ante la escena que se desarrollaba ante ella y pidió ayuda.

— ¡Por favor, deténgase, Su Majestad! ¡Chris, detenla!

— ¡De inmediato, Su Alteza! —Respondió Chris. Aunque quería que Cordelia siguiera, no podía desafiar las órdenes de la princesa heredera. Deslizándose detrás de Cordelia, la tomó de los brazos para sujetarla.

— ¡Aah! ¡Suéltame! ¡Estoy harta de este mocoso mimado! ¡Necesito sacarle a golpes la maldad que lo obligó a usar a su vieja amiga en desgracia para sus propios deseos egoístas! —Gritó Cordelia.

—Si pudiera, me encantaría soltarla para que haga con él lo que quiera, ¡pero esta es la última noche de la celebración de cumpleaños! ¡Sería un mal augurio terminar con una disputa familiar! —Dijo Chris en un intento de razonar con ella.

Al mismo tiempo, la princesa heredera le suplicó al rey Patrice: — ¡Por favor, controle la situación!

—No lo lleve más allá de unas magulladuras, mi reina. Pensándolo bien, podría dejar de atraer mujeres desagradables si lo deforma por completo.

Cordelia podía decir exactamente cómo se sentía Patrice por la irritación que goteaba de sus palabras. — ¡Patrice piensa igual que yo! ¡Así que suéltame, Chris! —Espetó.

— ¿Puedo soltarla? —Chris le preguntó a Patrice.

— ¡N-no! Te lo ruego, ¡no la sueltes! —Suplicó Severin mientras se protegía la mejilla que Cordelia le había golpeado.

Cordelia era del tipo que golpeaba primero y hacía preguntas después. Además, rápidamente perdía los estribos. Aunque era difícil imaginarla haciéndolo con su cuerpo esbelto, era capaz de patear con tacones de aguja o lanzar un puñetazo sin prestar atención al dolor en sus nudillos. Si bien su fuerza dominaba el miedo de su esposo e hijos por igual, siempre había mimado a Severin con ternura y cuidado como su favorito.

Naturalmente, su madre nunca antes le había dado una probada de su castigo corporal. Ni siquiera cuando su romance con Catherine había sido descubierto. Ni cuando sus padres descubrieron la deuda que había contraído por las apuestas. Pero esta vez, había administrado su puñetazo castigador en el momento en que abrió la puerta.

— ¡Estás siendo cruel! ¡Mamá! ¡Nunca me habías golpeado por nada antes! —Gritó Severin. Estaba terriblemente agitado al recibir puñetazos y regaños de su madre, la única persona que pensó que estaría de su lado. Las lágrimas le resbalaron lentamente por las mejillas.

Al ver eso, Cordelia respondió histéricamente, —soy responsable por criarte para que te convirtieras en una vergüenza, ¡así que elegí no defenderte! ¡Por eso estaba permitiendo que Patrice tomara las decisiones…! ¡Pero esta vez te has pasado de la raya! ¡Cómo te atreves a jugar con la prima de Patrice, la hija de mi querida amiga…! Debo admitir que, cuando ustedes dos eran pequeños, pensé que sería bueno que se enamoraran algún día. ¡Pero ciertamente no era mi intención que profesaras sentimientos de amor falsos y le propusieras matrimonio para tu propio beneficio…!

La ira debe haber incrementado su fuerza, porque el alboroto de Cordelia hizo que incluso el poderoso caballero, Chris, temblara de miedo mientras la retenía.

—Estoy más preocupada por Sonia que por tu cara… Solo puedo imaginar lo estupefacta que debe estar… —Se lamentó Cordelia. Al ver a Patrice con la cabeza caída entre los hombros, Cordelia finalmente bajó los puños.

—Sabiendo lo mal que se lo tomaría, he estado tratando de descubrir cómo decírselo a Sonia de la forma más gentil posible, —admitió Patrice. —Pero luego recibí un mensaje del Papa de que Dios me ha mostrado el camino en un sueño con respecto a la maldición de los Clare. Al escuchar eso, creció en mí la esperanza de que pudiéramos usar esto para salvar a Sonia. Pensé… quizás podríamos acabar con eso antes de contarle todo a Sonia. De esa forma, tal vez ella no renunciaría a ser feliz…

— ¿Dónde está Sonia…? —Le preguntó Cordelia a Patrice, dándose cuenta de que la chica no estaba por ninguna parte una vez que recuperó la compostura. — ¿Está sola en este momento? ¡Necesito ir con ella ahora mismo…!

—Estaba terriblemente conmocionada y nos gritó que la dejáramos sola…

—Iré a consolarla. Chris, llévame con ella, —ordenó Cordelia. Mientras frotaba tranquilizadoramente los hombros de Patrice con los aires únicos de una esposa, le dijo: —Deberías regresar al salón de baile.

Entonces Cordelia le lanzó un guiño a la princesa heredera, la cual la había acompañado, como si le dijera a la joven que le dejaba el resto a ella.

—Yo… —Severin susurró de repente. Sentado en el suelo mientras se frotaba donde Cordelia lo había golpeado, Severin parecía enfurruñado después de una reprimenda. —Yo también soy una víctima… Simplemente tuve mala suerte… No hice nada malo…

¡Pop! Chris estaba tan furioso que podría jurar que escuchó estallar sus vasos sanguíneos. — ¡Su Majestad Real! ¡Su Majestad! ¡Permiso para regañarlo!

—Claro, no me importa, —consintió Patrice.

— ¡Has lo que quieras con él! —Lo instó Cordelia.

En el momento en que recibió sus permisos, Chris irrumpió ruidosamente hacia Severin y golpeó su pie contra la espalda del príncipe.

— ¡Aaaah! —Severin gritó sin ceremonias mientras su cuerpo volaba unos cuantos metros.

Chris le rugió al príncipe que gemía de dolor en el suelo. — ¡Te espera una dura disciplina una vez que se haya resuelto el problema con Su Excelencia! No importa a dónde corras, ¡te perseguiré! ¡Haré de ti un buen hombre, incluso si tengo que encerrarte en el calabozo! ¡Te juro que te haré rectificar tu camino! —Después de enfatizar el punto de tres formas diferentes, escoltó a Cordelia fuera de la habitación.

Cordelia lo siguió y dijo en voz baja: —Chris, lamento que siempre te demos las tareas más desagradables…

— ¿De qué está hablando? Ni una sola vez lo he considerado desagradable. Incluso ahora, la idea de que pueda ayudar a Su Excelencia me llena de alegría, —respondió Chris.

Cordelia miró fijamente a Chris desde atrás mientras el caballero sonreía gentilmente. Sentía un cambio en él. —Pero sé que no tienes la intención de casarte de verdad…

— ¡Su Majestad! —Intervino Chris. Presionó su dedo índice contra sus labios y dijo — ¡Shh! —como si estuviera tratando de decir que algunas cosas que era mejor no decirlas. Cordelia se dio cuenta de su error y rápidamente se tapó la boca.

— ¿Quién sabe si él está escuchando a escondidas? Es cierto que parece odiarme, así que no se aferra a mí como un cachorro enamorado. Debe temer a mi barba. De hecho, creo que debería seguir dejándomela crecer cuando todo esto termine… —Comentó Chris.

—Sé que el Papa te ordenó que te dejaras barba, pero ¿por qué crees que dijo eso? Mensaje de Dios o no, no tiene ningún sentido…

—Lo descubrí cuando visité el castillo Clare. No fue un sin sentido.

—Ya veo, —dijo Cordelia asintiendo con la cabeza, luchando por seguir a Chris. No solo había una diferencia en sus pasos, sino que una mujer con tacones y falda larga tenía que prácticamente correr para igualar el ritmo que mantenía Chris. Cordelia se cansó y estalló.

— ¡Oye…Chris! ¡Muestra algo de consideración! ¡Es horrible intentar seguirte!

Finalmente, dándose cuenta de que había estado caminando demasiado rápido, se disculpó, —lo siento, —y redujo el paso.

—Nunca antes habías tenido este problema… ¿Qué te ha pasado esta noche? ¿Olvidaste tus modales mientras estabas en el castillo Clare?

—No… estoy preocupado por Su Excelencia. Algo no se siente bien, —respondió Chris. La expresión de su rostro cuando se volteó era severa. Cordelia arqueó las cejas con sorpresa al verlo tan diferente de su confiado yo habitual.

Hablaba apresuradamente, sin detenerse a respirar, su ritmo se aceleraba con cada palabra que salía de su boca. —El impacto podría llevarla a quitarse la vida. E incluso si no es así, podría estar aterrorizada después de que la golpeé la realidad del cruel destino que debe soportar. En cualquier caso, debo apresurarme para ir con ella…

¡Necesitaba llegar donde Sonia lo más rápido posible! Aunque por lo general trataba a Cordelia con el mayor respeto, su impaciencia lo hacía parecer grosero.

—Ajá, —dijo Cordelia con una sonrisa, dándose cuenta de la verdadera razón de su comportamiento. —Estás enamorado de Sonia, ¿no? La amas como mujer, quiero decir.

— ¡Ack! —Chris hizo un sonido extraño y gutural y se detuvo. Muy lentamente, se volteó hacia Cordelia.

— ¡Vaya, vaya! —Cordelia se rió alegremente ante la expresión de su rostro. —Me alegro de que el amor naciera antes de que se casaran.

—La princesa es más importante que mis sentimientos, —respondió Chris. Cuando reanudó su camino frente a Cordelia, su rostro estaba tan rojo que se destacaba incluso en la escasa iluminación del pasillo iluminado por velas.

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Cordelia, reina de mi corazón~❤

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