Hetero, La Princesa Maldita y el Caballero Afortunado

Capítulo 5: La cruel verdad… Parte 2

— ¡Dama de Chalier! —Llamó una voz severa. —Si desea socializar con Su Excelencia, consulte primero el asunto con su esposo y el rey Patrice.

La voz hizo que Catherine se enderezara. Sus hombros se movieron bruscamente, el disgusto irradiaba de ella cuando se volteó para mirar al dueño de la voz.

—Señor Chris. —La que dijo su nombre fue Sonia.

Chris pasó a grandes zancadas junto a Catherine y Severin silenciosamente boquiabierto. Al llegar a Sonia, se plantó frente a ella como si la protegiera de los otros dos.

—Veo que las advertencias de su esposo fueron insuficientes. ¿Preferiría que Su Majestad la regañara personalmente? ¡Usted y su esposo serán severamente castigados si no queda de otra! —Espetó Chris.

— ¿Q-Qué he hecho para merecer esto…? Simplemente me estaba ofreciendo para enseñarle a la duquesa Sonia la etiqueta de la corte y los juegos actuales que están de…

—Ella no necesita que le enseñe nada. Además, según recuerdo, ¿no se le prohibió temporalmente la entrada al palacio…? —Siseó con una mirada más áspera que su voz mordaz, haciendo que Catherine se pusiera rígida.

En cambio, Severin respondió a su pregunta. —Yo la invité… Los guardias me miran como halcones fuera del palacio… pero pensé que podríamos escabullirnos juntos durante un gran evento.

—Veo que el rey Patrice tampoco se lo ha dejado lo suficientemente claro, —gruñó Chris.

—Si él no lo aprueba porque Catherine está casada, ¡puede irse al infierno! La amo. ¡Quiero estar con ella! —Severin apeló a Chris en serio, luego su voz se fue apagando, —Sin embargo… ella dijo que todo era solo un juego…

Los ojos de Severin se posaron en Catherine mientras le rogaba: —No lo dijiste en serio, ¿verdad? Fue una mentira salir de este lío, ¿verdad?

Con Chris delante de ella, Catherine aparentemente se estaba devanando los sesos para descubrir cómo responder. Incapaz de recobrar la compostura, su boca se abría y cerraba continuamente.

Al ver su reacción conflictiva, Chris le reprochó severamente: —Si realmente ama al príncipe Severin, devuelva el dinero que el rey Patrice le dio para pagar la deuda en la que usted y el príncipe incurrieron por las apuestas. Entonces ustedes dos pueden pagar la deuda juntos. Pero no puede hacer eso, ¿verdad? Es la misma razón por la que usted y su esposo vinieron pidiendo ayuda, ¿recuerda? Por lo tanto, el rey Patrice proporcionó ese dinero de consolación con la condición de que nunca volviera a ver al príncipe Severin, ¿o lo olvidó?

Chris se volteó hacia Severin. —También tengo algunas palabras para usted, príncipe Severin. Ya no se le permite gastar su tiempo libremente debido a la deuda que ha contraído por el juego. ¡Intentó arrastrar a Su Excelencia a un problema en el que se metió usted solo! Además, ¡fue tras su fortuna! ¿Ha caído tan bajo que no tiene ningún remordimiento por aprovecharse de su amiga de la infancia?

Al ver a los dos quedarse en silencio, Chris escupió: —Dama de Chalier, márchese, por favor. Le enviaré un mensaje de esto a su esposo más tarde. Espere una severa reprimenda. Puede que no la deje salir de la mansión después de esta artimaña.

Luego dijo en voz baja: —Príncipe Severin, venga conmigo… —Miró a Sonia y le hizo señas: —Usted también necesita escuchar esto.

Sonia estaba inmóvil, aturdida, con la cabeza gacha.

— ¿Cuánto de la conversación del príncipe Severin y la dama de Chalier escuchó…? —Preguntó Chris.

Sonia palideció al recordar a Severin jactándose ante Catherine como un cachorro enamorado.

—Por favor dígame… todo… lo que sabe… —dijo ella, mientras miraba sus propias manos.

~❀❀❀~

Demasiadas cosas impactantes habían sucedido a la vez. No obstante, tenía que saberlo. Esto era algo que Sonia tenía que escuchar. La había estado molestando durante mucho tiempo.

El rey Patrice se sentó frente a Sonia en una lujosa silla bien acolchada. Ver a Sonia frente a él tan deprimida llenó de preocupación a Patrice. Él había recomendado que esperaran a conversar hasta que ella hubiera tenido unos días para calmarse, pero Sonia no quiso.

Patrice se había ido a mitad de la celebración al recibir las noticias de Chris. Como era el último día, las festividades estaban en su cenit. Hasta que llegó el momento del final, era dudoso que alguien se diera cuenta en medio de todo el alboroto si la estrella de la fiesta se escapaba. Con el caballero diamante, Chris, a su lado, cualquiera que lo viera irse respiraría tranquilo sabiendo que estaba a salvo.

¡Sigo asombrado por la estupidez de mi hijo! Patrice miró a Severin, habiendo escuchado todo de Chris. No podía creer que Severin le propusiera matrimonio a Sonia por su dinero. Y había tenido la audacia de colar en el castillo a Catherine, a quien se le prohibió siquiera mirarlo. Y para colmo, había abierto la boca con una extraña sobre la maldición de los Clare. Si estuvieran solos, a Patrice le hubiera encantado darle una buena bofetada al chico.

La vida había abandonado los ojos de Severin al enterarse de cómo se sentía realmente la mujer que él pensaba que correspondía a su amor, pero él mismo se había traído la desgracia sobre sí con su ingenuidad.

Bendecido con una apariencia extraordinaria, Severin era popular entre todas las mujeres, incluida su madre, desde que era un niño. Había crecido lleno de tierno amor y afecto, constantemente rodeado por una multitud de mujeres idolatradoras. No era sorprendente que algunos de sus admiradores, hombres y mujeres por igual, albergaran intenciones impuras.

Severin había aprendido los placeres de las relaciones sexuales a una edad temprana. Patrice se dio cuenta y lo apartó de la gentuza, pero Severin se negó a tomar en serio el entrenamiento de Chris. Así que terminó huyendo de él y enamorándose de Catherine, quien era una famosa apostadora, seductora y callejera.

Severin había aprendido algunas lecciones sobre las mujeres, basadas en sus propias experiencias. Estas incluían:

#Las mujeres son suaves y amables.

#Todas las mujeres me adoran y me alaban.

#No existe tal cosa como una mujer que no me ama.

Por un lado, sus sentimientos hacia las mujeres y el amor eran puros. Sin embargo, por el otro, nunca los cuestionó ni dudó. Si se trataba de una mujer, creería incluso las mentiras más superficiales.

No estoy seguro de si es demasiado confiado o simplemente tonto… Me ocuparé de él más tarde. Patrice suspiró para sí mismo y miró a Sonia.

Su sonrisa que podría iluminar toda una habitación había desaparecido y, sus ojos se posaban en sus manos cerradas en puños, como si estuviera luchando por mantenerse firme. Sus ojos aguamarina, una vez claros, parecían nublados, ya no reflejaban nada.

—Sonia, me temo que esto será demasiado para ti en este momento, —confesó Patrice.

Manteniendo la cabeza gacha, Sonia negó con la cabeza en señal de protesta. —No, por favor dígamelo. ¡Tengo que saber…! Como duquesa de Clare, es mi obligación. Si está directamente relacionado con la muerte de mis padres y hermanos, así como con las cosas extrañas que ocurren a mí alrededor, ¡tanto más! —Sollozó Sonia, su súplica salió como un lamento desesperado que solo hizo que Patrice vacilara aún más.

De pie al lado del rey, Chris señaló: —Su Majestad, Su Excelencia sabe que están surgiendo rumores a su alrededor. Creo que sería mejor para ella escuchar la verdad de usted que dejarse llevar por los pedazos sueltos que circulan por ahí.

Después de un breve silencio, el rey tomó un sorbo de su té tibio. Al tomar rápidamente la taza, una mirada de determinación cubrió su rostro mientras miraba a Sonia de frente.

—Sonia, estoy seguro de que te enfadarás muchísimo cuando escuches la verdad. Pero anímate sabiendo que hay personas que ponen sus corazones y almas en encontrar una manera de salvarte, —dijo Patrice.

—Lo haré, —le aseguró Sonia.

La preocupación que pintó el rostro de Sonia una vez que finalmente levantó la cabeza llenó de tristeza a Patrice cuando dijo: —La casa Clare se enorgullece de ser el poder financiero más prominente de nuestro reino. Alcanzó su punto máximo durante la generación de tu abuelo, William.

La voz de Patrice era solemne mientras contaba la historia que lo inició todo…

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