Hetero, Mi marido con Cabeza de Bestia

Capítulo 2: Un matrimonio ahogado en objeciones. Parte 4

Rosemary sintió la potente mirada de Claudio caer sobre ella, haciendo que sus hombros se sobresaltaran. Decir que estaba acostumbrada a que la miraran fijamente los ojos de las bestias sería quedarse corta. Sin embargo, ser mirada con el ceño fruncido por un par de ojos humanos era una experiencia completamente nueva.

—Después de que me robaron mi maná, gradualmente comencé a tomar la forma del león plateado. Primero, mi cabello se volvió plateado durante la noche. Al día siguiente, mi piel se cubrió de un pelaje blanco. Al día siguiente, siguieron los cuernos.

Ese parecía ser el mismo proceso por el cual las cabezas de las personas se convertían en las de bestias ante los ojos de Rosemary. La única diferencia era que fue una transformación lenta con el tiempo en lugar de cambiar ante la mirada de alguien. Tenía que preguntarse qué era más aterrador: presenciar cómo sucedía o que te sucediera a ti mismo.

No estaba claro si estaba reprimiendo su ira, pero la forma indiferente en que hablaba indicaba cuán inmensa era su ira.

—Todo culminó en un brote destructivo después de que la semilla de sellado de maná dentro de mí ansiara maná.

— ¿Un brote…? —Rosemary de repente recordó una flor que había cultivado hidropónicamente una vez antes. Podía sentir la energía y la vitalidad de la flor mientras observaba crecer las raíces blancas todos los días detrás del cristal del cuenco. Al mismo tiempo, también podía sentir algo inquietante en el lío de raíces enredadas e invasoras. Le dio escalofríos pensar que posiblemente lo mismo estaba pasando dentro de Claudio. Se frotó los brazos, un escalofrío recorrió su cuerpo.

—Esa misma semilla de sellado de mana es la razón por la cual la vida de Su Alteza está en peligro.

Rosemary saltó sorprendida y se volteó hacia la puerta al escuchar a Fritz, quien había regresado sin previo aviso.

—Si ya has regresado, entonces deberías ser más rápido al ingresar.

—Bueno, pensé que no era correcto irrumpir cuando finalmente está de humor para explicar las cosas. Esto servirá, ¿verdad? —Sin prestar atención a Claudio y su mirada de disgusto, Fritz sonrió cautivadoramente y levantó una escoba.

—Sí, eso servirá, —dijo Claudio asintiendo, volviendo su mirada hacia Rosemary. Ella se encogió ante su mirada fría y su expresión malhumorada.

—Pudiste robarme mi maná porque tienes un rasgo físico que te permite hacerlo. Te lo demostraré ahora.

— ¿Eh? ¿Qué, um, yo… eh? ¿Un rasgo físico? —Lo que le decía no tenía sentido. De hecho, nunca le habían dicho eso en los dieciséis años que llevaba de vida. Rosemary se puso de pie en estado de shock, dando palmadas nerviosamente. Fritz se paró frente a ella, sosteniendo la escoba en posición vertical.

—Le estoy transfiriendo maná. ¿Sería tan amable de tocarla? —Incluso frente a una Rosemary nerviosa y un Claudio sombrío y de labios apretados, Fritz no se inmutó. Apretó el mango de la escoba y luego la soltó.

Justo cuando pensó que la escoba caería, de repente se levantó de nuevo. Se balanceaba un poco y parecía estar lista para caer en cualquier momento, pero ciertamente estaba parada sobre el suelo por sí sola.

Era un clérigo sorprendentemente apto físicamente, un espía con maná y un sujeto aún más turbio que Claudio. Rosemary le lanzó a Fritz una mirada sorprendida y desconcertada. Este solo se encogió de hombros.

—Sí, esto es lo mejor que puedo hacer con mi maná de nivel caca.

—Oh, no. Creo que es increíble. Siento que esto haría maravillas a la hora de la limpieza.

—ja, ja, ja Vamos a dejarlo suelta en el castillo, entonces.

—No harás tal cosa, —dijo Claudio en un tono molesto. — ¿Qué clase de imbécil eres? Estás poniendo a prueba mi paciencia. Date prisa y acaba con esto.

Fritz respondió con unos cuantos —sí, señor —desganados, se aclaró la garganta y acomodó su postura. Rosemary también se enderezó inconscientemente por el ambiente de seriedad que se formó en la habitación.

—Está bien. Solo dele un pequeño toque. Esta escoba actualmente está imbuida de maná, por lo que si se cae una vez que la toca, le habrá robado el maná. Eso debería ser suficiente para convencerla.

Rosemary tragó saliva y tocó nerviosamente la escoba. Nunca había oído hablar de alguien con un rasgo físico que le hiciera robar maná o, lo que sea. Si ese fuera realmente el caso con ella, se sentiría como una mutante, un pensamiento aterrador, de hecho.

Sus dedos tocaron el mango. Mientras lo hacían, una extraña sensación la recorrió, como si hubiera tocado agua tibia. Apartó la mano. La escoba se tambaleó peligrosamente en el aire y luego cayó directamente al suelo.

El sonido sólido que resonó en los oídos de Rosemary la hizo agarrar su mano en un aturdimiento atónito. Sus hombros se contrajeron cuando se quedó sin palabras. La escoba permaneció inmóvil en el suelo. No volvió a subir.

—Eso… no puede ser.

— ¿Ahora lo ves? Hay un rasgo en ti que extrae maná de los demás. ¿Me crees ahora?

Rosemary observó a Claudio sentado, con la mano apoyada en la cara. Sintió como su cuerpo perdía fuerzas y cayó hasta sentarse en el suelo.

—Pe-Pero Su Alteza, usaste magia en la boda. —Rosemary se aferró a esta última contradicción.

—Tenía un hechicero a mi lado, ¿recuerdas? Era su magia. —La contradicción fue derribada de inmediato. Todo lo que podía hacer ahora era agachar la cabeza con incredulidad.

Todo lo que dijo Claudio era cierto. Si bien no podía sentir el maná que le robó en su cuerpo, lo que acababa de ver explicaba todo.

—Un requisito previo para convertirse en príncipe heredero es tener maná. No importa lo pequeña que sea en cantidad. En mi condición actual, corro el riesgo de ser destituido. ¿Ahora lo entiendes? ¿Entiendes la gravedad de lo que has hecho?

Los ojos de Rosemary se agrandaron y apretó sus manos cruzadas con fuerza. — ¿Q-Quién sabe de esto…?

—Mi padre, el rey Baltzar. Fritz aquí presente. Alto Clausen, vice capitán de la guardia imperial y mi ayudante personal. Y el archimago Edeltraud. Hay algunos vasallos que también lo saben, pero esas son todas las personas que te conciernen conocer.

Rosemary podía leer entre líneas. Esas son todas las personas a las que has molestado. Ella había robado el maná del príncipe heredero Claudio y había causado su desfiguración. Aparentemente también estaba poniendo su vida en peligro. No era de extrañar qué la odiara.

—Lo siento mucho. He sido un gran inconveniente sin siquiera saberlo. ¡Te devolveré su maná de inmediato, Su Alteza! —Rosemary se puso de pie de un salto y apretó la mano de Claudio con las suyas.

La expresión gélida de Claudio se tensó, como si hubiera descubierto una mentira. — ¿Qué estás haciendo?

— ¿Eh? Bueno, estoy tratando de devolverte el maná, así que…

—Si todo lo que tuvieras que hacer fuera tomar mi mano, mi cabeza habría vuelto a la normalidad hace mucho tiempo. Eso haría que casarse contigo fuera inútil. —Claudio la miró fijamente; prácticamente podía oírlo chasqueándole la lengua, malhumorado. Bajó las cejas cuando un sentimiento de culpa se apoderó de ella.

Tenía un punto. Si todo lo que quisiera fuera una disculpa y una devolución rápida de su maná, difícilmente tendría que tomarse la molestia de casarse con alguien a quien odiaba. En ese caso…

—Um, podría ser la forma de hacerlo, por casualidad… —Levantó la mirada lentamente hasta Claudio, sus ojos muy abiertos e inocentes como los de un cachorro.

Solo había una razón por la que tendría que casarse con ella. Una vez que se dio cuenta, su cara se sonrojó.

Una vena se hinchó en la frente de Claudio mientras escupía en tono grave, —No, las relaciones conyugales no son la forma.

— ¡Oh, por supuesto que no lo es! —El mero pensamiento pareció molestar a Claudio. Mientras tanto, Rosemary se cubrió la cara con las manos, incapaz de ocultar su vergüenza. Estaba avergonzada de sí misma. ¿Cómo podía un pensamiento tan indecente cruzar por su mente?

—Bueno, es obvio que se haría una idea equivocada. Mire la situación en la que se encuentra, —bromeó Fritz con una sonrisa irónica. Rosemary asintió levemente, aun ocultando su rostro. Luego escuchó a Claudio dejar escapar un suspiro de exasperación.

—Todavía no sé cómo recuperar mi maná. Sin embargo, hay un límite de cuánto tiempo me sería posible tenerte como invitada. Y hacer que te hicieran prisionera requeriría inventar cargos, lo cual es más problemático de lo que vale. Entonces, casarme contigo fue la forma más rápida y fácil de mantenerte aquí en Baltzar sin incitar ninguna protesta pública. Una esposa es propiedad de su marido. Sin mencionar que no importa cómo te trate, divorciarte de mí te será bastante difícil.

Rosemary miró a Claudio sin comprender, con el rostro tenso. Le dijeron que tenía que devolver algo y había pensado con bastante optimismo que eso significaba que podía hacerlo de inmediato. Sin embargo, parecía que las cosas serían un poco más complicadas que eso.

—Una vez que recupere mi maná, tu visión también volverá a la normalidad. Te guste o no, hasta que llegue ese momento, permanecerás aquí como mi esposa. Por otra parte, cuándo podré encontrar una manera de que las cosas vuelvan a la normalidad, es incierto. —Le dedicó una sonrisa cruel a Rosemary, haciéndola estremecerse. Si él no conocía la forma, eso significaba que podría buscar por una, convirtiéndola en su propio sujeto de pruebas humano.

—Me quedaré aquí, pero… n-no me harás daño, ¿verdad…? Te lo ruego, por favor no me hagas nada malo. —Las lágrimas se formaron en sus ojos por el miedo. El dolor mental de ver la cabeza de alguien convertirse en la de una bestia era algo contra lo que tenía cierta resistencia, pero el dolor físico era un territorio desconocido.

Mientras estaba allí sentada, mirando el rostro silencioso y sin emociones de Claudio, Fritz, quien estaba a su lado, comenzó a sonreír.

— ¿No está esto empezando a sonar, bueno, ya saben, más que un poco indecente?

— ¡Lo único indecente aquí es tu mente sucia! —Con una voz tan grave que prácticamente era de ultratumba, Claudio arrojó su tercer cuchillo al clérigo. Sin embargo, Fritz lo evadió alegre y casualmente, seguido de su salida de la habitación.

—Bueno, te lo prometí en la ceremonia de bodas, ¿no? Juro que cada momento de vigilia lo dedicaré a ti, sin mirar hacia otro lado. Por supuesto, ya que eres mi depósito de maná. Voy a dedicarte todo el tiempo que pueda. —Con una sonrisa sarcástica cubriendo su rostro, Claudio se puso de pie y con calma pasó junto a la asustada Rosemary. Con su túnica ondeando detrás de él, se dirigió hacia la puerta.

—Ah, sí. No le digas a nadie una palabra de lo que te he dicho. A menos que sea uno de los tres que mencioné antes, no hablarás de mi falta de maná bajo ninguna circunstancia. —Le lanzó una mirada aterradora a Rosemary y, ella asintió frenéticamente con la cabeza.

¡Por supuesto, mis labios están sellados! ¡Pero quiero irme a casa pronto…!

—Bueno, entonces, esposa mía, espero que tengas una noche agradable. —Claudio sonrió cariñosamente, tal como lo había hecho más temprano ese mismo día y, salió de la habitación.

~❀❀❀~

Una vez que estuvo fuera del dormitorio de Rosemary, Claudio se llevó una mano a la frente con cansancio y soltó un largo suspiro.

—Nunca hubiera imaginado que Su Alteza hablara tanto. ¿No se suponía que iba a interpretar el papel del marido amable?

Oyó la voz de Fritz, quien había salido antes que él. Y cuando miró en la dirección de la voz, vio al clérigo sonriendo ampliamente, con el mango de la escoba de su experimento anterior en equilibrio sobre su frente.

— ¿Crees que puedo hacer el papel de un esposo amable cuando trato con alguien que no es más que un almacén de maná viviente? Absurdo, —respondió con indiferencia, procediendo a caminar por el pasillo.

—Aparte de todo eso, ¿quién o qué estaba en el techo? —Ni siquiera Fritz carecía del suficiente sentido común como para irrumpir en el dormitorio de una pareja casada sin una razón adecuada.

Fritz tiró la escoba sobre su hombro y lo siguió, tarareando como si estuviera pensando.

—Un espía, creo. Pude atraparlo, así que no era un asesino entrenado.

—Concuerdo, de vez en cuando te encuentras con asesinos lo suficientemente tontos como para ser atrapados por ti. Entonces, ¿qué pasó con dicho espía?

—Se lo entregué a Alto y él se lo llevó.

—Ah. Por eso volviste. —Eso explicaba por qué su ayudante de caballero estaba ausente de su puesto fuera de la puerta. Fritz debió haberle entregado el cautivo a su ayudante y luego regresó al techo. No había ninguna garantía de que el espía viniera solo. Había regresado para hacer guardia solo para estar más seguro.

—Lo juro, esa gente nunca aprende.

—Probablemente no se detendrán ante nada para descubrir mi debilidad. —Suspiró, murmurando su molestia por lo bajo.

Durante mucho tiempo, hubo algunos desesperados por sacarlo de su puesto como príncipe heredero de Baltzar. No había indicios de lo que les desagradara de él, pero eran persistentes.

—Intentan matarme tanto por fuera como por dentro, pero no me iré de este mundo tan pronto. Tengo esta vida mía gracias a mis padres y tantas otras personas que se han unido para salvarla. No seré asesinado sin lograr nada. —Desde adentro, la semilla de sellado de mana; desde afuera, los deseos retorcidos de los humanos. Su vida estaba en juego en dos frentes, pero de ninguna manera estaba preparado para dejarla sin luchar.

—Firme como de costumbre, ya veo, Su Alteza. Esa es la cualidad que me hace querer prestarle mi ayuda. —Fritz palmeó a Claudio en el hombro con una sonrisa irónica. —Bueno, parece que por fin nos encargaremos de esta semilla de sellado de maná. Recopilé información en varias galas nocturnas diferentes, pero nunca hubiera esperado que la princesa enclaustrada fuera la que tenía su maná. Aunque, dadas sus circunstancias, puedo ver por qué no se la puede dejar salir. Si su miedo anterior es un indicio, será difícil seguir adelante.

—Tienes razón. He perdido la cuenta de cuántas veces me ha sacado de quicio. —De repente, la expresión complacida de Rosemary de la boda apareció en su mente. A pesar de que algo había estado amenazando su vida en ese momento, su actitud demasiado despreocupada lo había disgustado. Hizo todo lo que pudo para reprimir su rabia. Lo mismo sucedió con los tres meses anteriores, mientras la trataba con cuidado hasta el día de su boda. La experiencia había sido prácticamente una tortura.

—Oh, nuestro chico Alto ha regresado, así que yo me voy a dar un paseo. Seguiré intentando recopilar la información que me pidió. —Al ver a un caballero acercándose a ellos, Fritz se despidió con la mano y salió por una ventana cercana.

Claudio no se detuvo para despedirlo mientras se desvanecía en la sombra de la noche y, en cambio, continuó caminando para encontrarse con su caballero.

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