Hetero, Santa Omnipotente

3°acto: Los mercenarios. Parte 3

Había avanzado bastante en mi trabajo como para terminar por el día, me despedí de todos en la destilería y me fui. Mientras me dirigía de regreso a mis habitaciones, divisé a Albert acercándose a mí desde la dirección opuesta.

—Joven Hawke.

—Sei. Me alegro de haberte encontrado. Te busqué por todas partes.

— ¿De verdad?

Había venido a la destilería específicamente para reunirse conmigo.

— ¿Paso algo? —Le pregunté.

—No como tal, pero quería contarte un poco sobre nuestra exploración inicial.

—Bien, ¿nos vamos?

—Sí. Vayamos a los cuarteles reservados para la tercera orden.

Nos pusimos al día con nuestros días y charlamos sobre otras cosas mientras nos dirigíamos a nuestro destino. Le conté todo lo que estaba aprendiendo en la destilería con Corinna y los otros alquimistas, cosas que no podría aprender en ningún otro lugar.

Debido a que el señor Klausner me había presentado como la santa, todos habían mantenido a una distancia respetuosa al principio, pero comenzaron a relajarse después de que me escucharan hacerle a Corinna una serie de preguntas sin parar. O tal vez sería más exacto decir que estaban tan interesados ​​en mí como yo en ellos debido a mi trabajo en el instituto de investigación de plantas medicinales. La primera vez que uno de ellos me habló, la chica me recordó a Yuri cuando entraba en uno de sus arranques obsesivos con la magia.

Y tampoco era solo ella. Como era de esperar de un lugar conocido como la tierra santa de los alquimistas, todos en la destilería sentían pasión por la herbología y, todos tenían esa luz en sus ojos cada vez que profundizábamos en el tema.

Eso fue solo el comienzo: mientras hablábamos, gradualmente más y más personas se unieron a nuestro círculo.

Tenían todo tipo de preguntas, principalmente sobre qué hierbas estaba estudiando actualmente el instituto o si estábamos trabajando en alguna receta nueva. Solo pude responder con información de nuestras publicaciones oficiales, las investigaciones en curso se mantenían privadas, pero cualquier nueva información tardaba tanto en llegar al feudo Klausner desde la capital que había muchas cosas de las que aún no habían escuchado. Me agradecieron de todo corazón por las actualizaciones y, yo estaba feliz de poder ayudar.

Las cosas se pusieron realmente emocionantes cuando mencioné el uso de hierbas en la cocina; mis nuevos amigos estaban encantados, tal como lo había estado Johan cuando le hablé por primera vez sobre la cocina medicinal.

Corinna estaba especialmente interesada en estos platos medicinales y me hizo un montón de preguntas. Ella estaba interesada en probar algunos, pero desafortunadamente, yo no conocía ninguna receta. Por lo tanto, solo podía hablar sobre las comidas que hacía en la capital y los efectos de las hierbas que usaba. Por supuesto, eso por sí solo fue suficiente para atraer la atención de todos.

Durante estos intercambios, me familiaricé bastante con todos los que trabajaban en la destilería. Y, por supuesto, yo también hice un montón de preguntas. Algunas personas incluso estuvieron dispuestas a compartir sus recetas secretas conmigo y, en general, aprendí un montón de cosas que parecían útiles para mis investigaciones futuras. Estaba realmente agradecida con todos ellos.

—Parece que trabajar en la destilería ha sido una buena experiencia para ti, —dijo Albert.

— ¡Realmente lo es!

—Me alegro de que te estés divirtiendo.

—Oh, eh, um…

Él se rió y yo levanté la vista sólo para encontrármelo mirándome con una expresión gentil. Supuse que me había emocionado demás, a pesar de que estaba hablando de cosas tan aburridas y técnicas como hierbas y pociones de las que Albert no sabía nada.

Me sentí un poco, cómo se dice, mortificada y, mis mejillas comenzaron a calentarse. Bajé la mirada involuntariamente y lo escuché reír de nuevo.

Cuando llegamos a los cuarteles de la tercera orden, descubrí que cuarteles en realidad significaba edificio completo de dos pisos en los terrenos del castillo. Albert me explicó que las órdenes caballerescas siempre se quedaban en este edificio mientras visitaban el feudo Klausner.

El primer piso era una sala de estar, por lo que el edificio llevaba a una amplia habitación tan pronto como entrabamos. Un grupo de caballeros estaban reunidos alrededor de una larga mesa, donde estaban discutiendo un mapa colocado sobre ella.

Los conocía a todos, así que cuando se dieron cuenta de que Albert y yo entramos en la habitación, nos saludaron con la mano con indiferencia. Seguí a Albert a través del gran salón y subí las escaleras en la parte de atrás. El segundo piso estaba dividido en varias habitaciones y, Albert estaba usando una de ellas como su oficina. Dentro había un escritorio y dos sofás, como en su oficina en el cuartel del palacio. A su indicación, nos sentamos uno frente al otro.

—Vayamos directo al punto, entonces, —dijo.

—Por supuesto.

Albert comenzó sin más preámbulos. Los caballeros se habían dividido en varios escuadrones para la exploración. Habían examinado las cuatro direcciones cardinales en rotación mientras exploraban la periferia. Los caballeros que pasamos abajo acababan de regresar de su propia salida.

Mientras exploraban, mataban a los monstruos que se encontraban. Según los informes, había tantos monstruos como en la capital antes de la purificación del pantano. Una vez que los caballeros completaran la exploración, comenzarían a emprender expediciones de matanza de monstruos a gran escala, pero creían que las cosas tardarían algún tiempo en estabilizarse.

Albert estuvo concordaba con esta evaluación. —Realmente desearía poder llevarte de regreso al palacio más temprano que tarde, pero desafortunadamente… creó que tomará algo de tiempo.

—No te preocupes por mí. He estado aprendiendo mucho.

—Ya veo. —Su mirada de disculpa se convirtió en una de alivio. Luego sonrió, tal vez recordando lo entusiasmado que había estado hace unos minutos.

Ack. Lo siento, Yo y mi obsesión con las pociones. Pensar eso me recordó algo. —Si se han encontrado con monstruos durante sus exploraciones, eso significa que han estado usando pociones, ¿verdad?

—Así es.

— ¿Cómo están sus suministros?

—Todavía nos quedan de las que trajimos desde la capital, pero si nos quedamos sin, planeamos comprar algunas en la ciudad.

—Um. ¿No les gustaría que yo las hiciera?

— ¿Tú?

—Sí. Por supuesto, necesitaré que me consigan los ingredientes, pero creo que será más barato comprar las hierbas que las pociones ya hechas.

— ¿Pero no necesitas tu equipo de trabajo?

—Bueno… estaba pensando en preguntarle al señor Klausner si podía usar la destilería para esto.

—Ya veo. Me adelantaré y pediré el permiso en tu lugar.

— ¡Por favor! Y, gracias.

Mientras los caballeros continuaran con las exploraciones, no necesitarían tantas pociones, con suerte. Pero una vez que comenzáramos a realizar expediciones en toda regla, la tasa de consumo aumentaría sustancialmente. Teniendo en cuenta la cantidad de caballeros que iban con nosotros, imaginaba que tendría bastante trabajo.

Afortunadamente, ahora conocía la receta secreta de Corinna, por lo que podría reducir la cantidad de ingredientes que necesitaba para satisfacer la demanda. Después de todo, incluso el feudo sufría un poco por la escasez general de hierbas. Además, tenía más sentido en cuanto a lo económico que yo las hiciera…

Y, lo admito, solo quería una excusa para practicar. Aunque tenía el permiso de Corinna, había estado tratando de no exagerar. Seguía teniendo pesadillas con las interminables hileras de pociones que había dejado en el instituto.

Sin embargo, si iba a suministrar tanto a la compañía de mercenarios como a la tercera orden, seguramente estaría bien ser diligente y hacer algunas más.

—En realidad, una cosa, sobre las expediciones, —comenté.

— ¿Qué sucede con ellas?

— ¿Los acompañarán los mercenarios?

Albert me miró con extrañeza.

¿Qué le pasa?

Reflexionó un poco sobre su respuesta antes de dar una respuesta evasiva.

El día que llegamos al feudo Klausner, Albert y sus caballeros habían recibido el informe sobre la situación con los monstruos mientras yo holgazaneaba en mi habitación. En ese momento, Albert había conocido al líder de la compañía de mercenarios, pero parecía que no se habían llevado bien.

La compañía mercenaria que protegía el feudo Klausner era bien conocida por su fuerza y ​​bravuconería, por lo que rara vez pedían ayuda a las órdenes. Sin embargo, los caballeros eran necesarios esta vez, dada la gravedad del problema y su impacto de gran alcance.

Sin embargo, la compañía probablemente se enorgullecía de su trabajo, incluso si defendían la tierra por una paga y no por una vocación honorable. Podía ver por qué podrían ser reacios a trabajar con los caballeros; había escuchado que solo asistieron a la reunión inicial porque el señor Klausner se los ordenó.

En cualquier caso, aunque los caballeros y los mercenarios trabajaban en conjunto, no actuaban juntos. En cambio, dividían sus grupos y exploraban diferentes zonas para matar monstruos.

Ahora que lo pensaba, el tipo que Albert conoció en su reunión con el señor Klausner pude que fuera Leonhardt. ¿No había mencionado que estaba a cargo de la compañía cuando nos conocimos?

En ese momento, no parecía del tipo de persona que le daba la espalda a la gente solo porque fueran de la capital o algo así. Por otra parte, ¿qué sabía él realmente de mí? Sólo le di mi nombre.

Albert interrumpió mis pensamientos. — ¿Sucede algo?

— ¿Leonhardt fue el mercenario que conociste?

—Sí… ¿Lo conoces?

—Lo conocí esta mañana, en la destilería. Vino a recoger algunas pociones.

—Ya veo. ¿Te dijo algo sobre todo esto?

—No, en absoluto.

Leonhardt pensaba que yo era la aprendiz de Corinna, por lo que Albert no tenía nada de qué preocuparse. Pero siempre existía la posibilidad de que se enterara de que había llegado con la tercera orden.

Sin embargo, no estaba demasiado preocupada por eso. Había conocido a los mercenarios en los cultivos hacía unas horas y, habían sido muy amistosos. A pesar de que al principio tenía mis reservas sobre ellos, me di cuenta de que estaba empezando a aceptarlos. ¿Quizás eso era demasiado optimista de mi parte?

—No te preocupes por Leonhardt, me agrada, —le dije. —De todos modos, ¿cuándo crees que comenzarán las expediciones?

—Mañana seguiremos con las exploraciones, pero me aseguraré de avisarte cuando cambiemos de táctica.

—Suena bien.

Supongo que todavía no necesitarán de mis servicios. En ese caso, estudiaré un poco más antes de comenzar las preparaciones, oh y, probablemente debería decirle a Corinna que puede que comencemos a venderle pociones a la orden.

Mientras comenzaba a armar mentalmente mis planes para los próximos días, me despedí de Albert y finalmente regresé a mis habitaciones.

Anterior Índice Siguiente


Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.