Hetero, Santa Omnipotente

3°acto: Los mercenarios. Parte 2

Esa tarde, Corinna me llevó a uno de los vastos cultivos de hierbas que crecían en la zona.

Habíamos pasado por un campo de trigo cuando llegamos al feudo Klausner, pero en la dirección opuesta estaban los campos de hierbas medicinales. El palacio tenía un enorme jardín de hierbas, pero estos cultivos eran mucho más grandes; no hubiera esperado menos de este feudo.

También había un bosque en la frontera, por lo que no podría decir que se extendieran hasta donde alcanzaba la vista, pero llegaban hasta el borde del bosque.

Los campos estaban fuera de la protección de las murallas de la ciudad, pero, según Corinna, era seguro. Los monstruos rara vez se acercaban a las paredes y los que lo hacían eran bastante débiles. Corinna me aseguró que si algo se atrevía a mostrarse, sería capaz de manejarlo ella misma.

En un rincón de los grandes cultivos, Corinna me estaba dando otra lección de herbología. En resumen, estábamos haciendo trabajo de campo. Estaba en cuclillas en medio de un cultivo, escuchando su explicación mientras estudiaba las plantas que crecían a nuestro alrededor.

De hecho, no sabía nada sobre la planta que estaba viendo en estos momentos. Bien podría ser exclusiva de este mundo. O, al menos, era una de la que no había oído hablar cuando me estaba iniciando en la aromaterapia y demás en Japón.

Mientras examinaba el espécimen, Corinna me enseñaba las características de identificación de su apariencia, sus beneficios medicinales y las cosas a tener en cuenta al recolectar una muestra.

—No tiene ningún efecto especial por sí sola, pero cuando se mezcla con otras hierbas, puede aumentar la potencia de la restauración de vida.

—Así que es por eso que puede usar menos ingredientes cuando lo usa en recetas normales.

—Correcto.

Esta era la hierba que Corinna usaba en su receta personal. No la había reconocido al principio, ya que las que había usado en las pociones estaban secas. Según ella, dado que su único efecto era catalítico, por lo general no se la reconocía como una hierba medicinal per se.

Ya veo. Entonces, en realidad, también podría ser una planta que existe en mi mundo, simplemente no estaría en mis diccionarios de aromaterapia. Tuve la sensación de que tampoco estaría catalogada como hierba.

Corinna terminó su explicación y nos pusimos de pie para pasar a la siguiente área.

Estaba estirando el cuerpo cuando escuché un grito desde atrás. — ¡Así que aquí es donde estaban!

Me volteé en la dirección de la voz desconocida para encontrarme a un hombre musculoso trotando hacia nosotros por el camino entre los cultivos. Era Leonhardt, el hombre que había conocido esta misma mañana.

Fijé mi vista en el paisaje detrás de Leonhardt mientras este corría hacia nosotras, repentinamente atrapada en el recuerdo de una vieja amiga mía, a ella realmente le encantaban los músculos. Como si estuviera obsesionada. Mi querida amiga, nunca he deseado más que estuvieras aquí que este momento. Apuesto a que pensarías que has llegado al cielo.

Esperaba que me perdonaran por mi mirada distante y distraída.

Leonhardt parecía haber regresado de una expedición, porque había una tonelada de hombres detrás de él, su compañía mercenaria, supuse. Leonhardt poseía un físico digno de elogio, pero los demás que lo acompañaban también debían ser elogiados. ¿Cómo podrías llamarlos? ¿Fisicoculturistas? Todos y cada uno de ellos tenían el mismo tipo de cuerpo impresionante.

Si mi amiga estuviera aquí, seguramente haría una pose de victoria. Mientras pensaba en esas cosas inútiles, Leonhardt finalmente llegó a nuestro lado.

En el momento en que se acercó lo suficiente, comenzó a hablar con bastante emoción. — ¡Oye, abuela! ¿Las pociones que nos diste esta mañana eran nuevas?

— ¿Eh? ¿Por qué lo dices?

— ¡Eran mucho más efectivas de lo habitual!

—Ya veo. Qué bueno.

—Sí, pero… ¿eso significa que no eran nuevas, entonces? ¿Nos diste unas de alta calidad por accidente?

—No seas tonto. No hay forma de que podamos hacer tantas pociones de alta calidad en los tiempos que corren.

Los hombros de Leonhardt cayeron ante la actitud cortante de Corinna.

Con nuevas, ¿se refiere a un nuevo tipo de poción?

Estaba bastante segura de que las pociones que les habíamos dado esta mañana eran las que había hecho mientras practicaba con la receta secreta. A juzgar por lo que estaba describiendo, sonaba como si mi maldición de bonificación del cincuenta por ciento hubiera hecho efecto otra vez.

—Pero no hay forma de que las pociones de calidad media fueran sido tan efectivas.

—Sí, sí.

Los otros mercenarios salieron de detrás de Leonhardt y nos rodearon, todos ellos reflexionando sobre la increíble potencia de las nuevas pociones.

—Incluso los de baja calidad eran más potentes hoy, —dijo uno.

—No creo que fueran mejores que las de calidad media, pero ¿tal vez eran más o menos iguales? —Dijo otro.

Bueno, ¿no sonaba esto a deja vu?

— ¿No te dije que podía dar fe de su efectividad? —Dijo Corinna.

—Oh, sí, no fuiste tú quien las hizo. —Leonhardt se volteó de repente hacia mí. Todos los demás también siguieron su mirada.

¡Ay! ¡¿De nuevo?! Realmente odiaba ser acorralada.

Como me había quedado congelada, Corinna llegó en mi rescate. —Supongo que se podría decir que son nuevas. Sí eran pociones de vida de calidad media las que te dimos esta mañana, pero fueron hechas con la receta secreta de Sei.

— ¡¿De verdad?! ¡Eso es increíble! ¡No puedo creer que pueda hacer algo así a su edad! —Leonhardt se animó y empezó a darme palmadas en el hombro de nuevo.

— ¡Ay! —Me quejé.

— ¡León! —Espetó Corinna.

Realmente desearía que aprendiera un poco de moderación.

Sonreí torpemente cuando Leonhardt se disculpó una vez más, luciendo desanimado. —Lo siento.

¿Mi receta secreta? Solo había incluido los ingredientes que me indicó Corinna en las pociones que Leonhardt y su compañía habían usado; la única diferencia había sido mi magia, a la que recurrí para imbuir las pociones a medida que las preparaba.

Mi magia era… inusual. Diferente de la de los demás, por decir lo menos. Y supongo que se podría decir que era un ingrediente, lo que significaba que, en cierto modo, constituía mi propia receta secreta.

Sin embargo, diseñar una verdadera receta secreta requería de un gran esfuerzo, especialmente en aquellas que eran excepcionalmente potentes. Llamar a lo que yo hacía una receta secreta solo por mis poderes innatos me hacía sentir un poco patética. Quiero decir, definitivamente había hecho las pociones usando la receta de Corinna como base.

Disimuladamente miré en dirección a Corinna. Ella simplemente levantó una ceja y me asintió levemente. Probablemente me estaba diciendo que no me preocupara.

Sin embargo, todavía me sentía mal, así que le hice una leve reverencia de una manera sutil para que Leonhardt y sus hombres no se dieran cuenta. Ella simplemente me devolvió una sonrisa.

Los hombres no notaron este intercambio, gracias a Dios. Después de una discusión animada, regresaron al castillo.

—Aun así, eres increíble. Es genial que tengamos más alquimistas hábiles. ¡Espero que sigas haciendo esas pociones para nosotros! —Declaró Leonhardt.

—Uh, lo haré.

Estuvo a punto de golpearme en el hombro de nuevo con su adiós, pero pareció recordar lo que había sucedido antes y se detuvo en el último segundo. Pareció avergonzado por un momento antes de poner su mano levantada sobre su cabeza para rascarse.

Con esa despedida, el animado grupo de Leonhardt regresó al castillo.

Suspiré. Corinna me dio unas palmaditas en la espalda. La miré para encontrarme con una expresión exasperada en su rostro mientras se reía entre dientes. —Vayamos al siguiente lugar.

—Bien.

Alentada por ella, nos dirigimos al siguiente cultivo de hierbas inusuales.

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