Espada y Vestido, Hetero

Capítulo 5: El banquete de la princesa Aranea. Parte 5

Cuando el príncipe heredero fue maldecido, todas las fiestas fueron paralizadas. Aunque no habían sido prohibidas oficialmente, nadie se atrevía a organizar alguna. Sosteniendo un plato vacío en una mano y un tenedor en la otra, levanté la mirada para observar al capitán Julius. A diferencia de mí, que había desechado la advertencia de Sofía y estaba lista para servirme algo capara comer, el lucía algo preocupado.

— ¿Ortzen le prohibió comer?

El capitán Julius se sorprendió y volteó su mirada de un tiramisú cubierto con crema de chocolate en lugar de cacao en polvo para mirarme.

— ¿Cómo lo supo?

—Porque a mí también me lo prohibieron.

Sofía y, mi asistente en el pasado. No entendía por qué insistían en hacer que la gente se muriera de hambre. Le pasé el plato y tenedor que sostenía en mis manos al capitán Julius y le pedí que no los soltara.

—Está bien. Podemos comer aunque sea un poco, ¿sabe?

—Pero me han advertido muchas veces que preste atención a mi actuar porque este es el banquete de la princesa. Y… —El capitán Julius vaciló un poco antes de continuar con la oración. —Me dijeron que también le impidiera comer a la dama.

¡Maldita sea, Ortzen! ¿Qué hay de malo con que coma algo? ¡Se supone que debe ser comida! ¿Es que las preparan solo como decoración? ¿¡Eh…!? Bueno, sabía que la comida era solo para fines decorativos, pero… me mordí el labio mientras miraba a mí alrededor. Pocas personas parecían interesadas en nosotros, pero la condesa Canaly nos echaba miradas de vez en cuando mientras conversaba con otras damas. Si comíamos, indudablemente, la noticia llegaría a los oídos de Ortzen a través de la condesa de Canaly. Entonces, Ortzen definitivamente volvería a regañar al pobre capitán Julius. Ya me sentía culpable por haber hecho que el capitán la pasara mal por el banquete, así que me negaba a dejar que sufriera los regaños de Ortzen…

Sólo podía disfrutar con mis ojos del atractivo festín que me invitaba a comer.

Di un suspiro. — ¿Realmente no puedo comer ni siquiera un poco?

Incluso Sofía me había dicho que estaba bien si era solo un poco. Para responder a mi pregunta, el capitán Julius asintió con la cabeza en señal de confirmación. —Él dijo que estaba bien que yo comiera algo, pero que la dama no sería capaz de resistir la gula una vez que probara bocado…

¿Qué? ¿El asistente Ortzen conoce mi verdadera identidad? ¿O tal vez podía leer las mentes de otras personas? ¿Podría ser que la persona que pertenecía al clan demoniaco no era Clauen sino que Ortzen? Hay muchas posibilidades si solo nos basamos en su historial. Nah… No me importa la verdadera identidad de Ortzen. ¡Por qué! ¡¿Por qué no puedo comer estos apetitosos bocadillos frente a mis ojos?! Siento ganas de llorar…

Quizás mis deseos internos eran demasiado evidentes porque el capitán Julius lucía confundido y dijo en voz baja: —Quizás solo un poco esté bien.

—No. Debido a la orden de Ortzen no puedo comer, ni aunque tenga hambre.

¡Cómo se atreve a verme como una mujer con poco autocontrol! ¡Me enfurece! A pesar de que hago lo que quiero, pasé una larga época llevando una vida similar a la de los clérigos. Antes de que me convirtiera en una paladina, ¡tuve que soportar de todo! E, incluso después de mi investidura de caballera, ¡nunca rompí ni una regla! Bueno, puede que rompiera dos o tres reglas al año, pero errar es humano, ¿no?

El capitán Julius se quedó pensando por un rato antes de volver a abrir la boca. —Está bien siempre y cuando nadie nos vea, ¿verdad?

— ¿Qué…?

¿Qué nadie nos vea? ¿Tenía la intención de deshacerse de todos los invitados en el salón…? No, eso suena un poco excesivo.

— ¿Qué va a hacer?

En lugar de responder, el capitán Julius lanzó una mirada a la condesa Canaly y a nuestro entorno y, rápidamente recogió un mondadientes de madera. Luego, utilizando una gran fuente de vidrio con frutas congeladas para esconderse de la mirada de los demás, lo rompió en pequeños pedazos. ¿Qué quiere hacer con eso? Los muchos pedacitos de madera estaban listos y el capitán Julius levantó la cabeza para mirar hacia el techo del salón de banquetes. En el medio del alto techo, unas cuantas cadenas gruesas colgaban por unos metros y al final de estas, un gran candelabro brillaba como el sol. Ah, ¿acaso querrá…?

Antes de que terminara de adivinar sus acciones, el capitán Julius colocó los pedazos de madera entre las yemas de sus dedos. Miró alrededor de una vez más para asegurarse de que nadie lo estaba mirando, luego sus manos se movieron en un instante. Los pedazos de madera que parecían agujas, volaron hacia el candelabro uno tras otro a una velocidad increíble. Las llamas de las velas que brillaban entre los cristales del candelabro se desvanecieron en un abrir y cerrar de ojos.

— ¡Ah!

— ¿Qué sucedió?

El salón de banquetes se oscureció instantáneamente como si el sol hubiera entallado y los invitados dirigieron sus miradas hacia el candelabro en el techo mientras murmuraban en confusión. Algunas luces en el salón de banquetes todavía estaban encendidas, pero no eran lo suficientemente brillantes como para iluminar toda la habitación con la misma intensidad que el candelabro. En este momento, la condesa Canaly y las otras damas que la acompañaban también levantaron la mirada al techo, dejando de prestarnos atención a nosotros.

— ¿Fue el viento?

— ¿Quién abrió las ventanas del segundo piso?

En medio de la conmoción, la princesa Aranea les instruyó a los sirvientes que encendieran el candelabro nuevamente. Tan pronto como se apagaron las luces, el capitán Julius tomó rápidamente el tenedor y llenó su plato. Y, por supuesto, yo también apilé rápidamente una montaña de postres de chocolate en mi plato. Ja… ya sabía sus intenciones. Antes de que el candelabro volviera a encenderse, le indiqué con la mirada al capitán Julius que me siguiera.

Vayamos por aquí.

Teníamos que ser rápidos si no queríamos ser atrapados. Nos deslizamos a un sector oscuro de la habitación y escapamos rápidamente al balcón. Esta vez, no olvidé quitar la decoración de la cortina. Desde el balcón, el jardín se veía completamente oscuro. Las luces de las linternas decorativas brillaban como un grupo de estrellas caídas en el suelo. Me senté en la barandilla mientras sostenía un plato y un tenedor.

—La condesa Canaly no podrá encontrarnos aquí.

No podía simplemente ir abriendo cortinas cuando no sabía quién estaba al otro lado. Podría encontrarse con reuniones secretas si buscaba descaradamente en todos los balcones. Abrir las cortinas a pesar de que había un cartel que indicaba que el lugar estaba ocupado era un comportamiento grosero, a menos que haya alguna urgencia que lo ameritara. Por eso, finalmente podríamos descansar.

Mientras tanto, las luces desde dentro del salón de banquetes se filtraron en el balcón a través de las cortinas, por lo que sabíamos que el candelabro había sido prendido. Después de comer una bola de chocolate, tomé otra bola de chocolate con el tenedor y se la ofrecí al capitán Julius. Él recibió la bola de chocolate con su boca y la comió como siempre lo hacía. En realidad, ya nos habían advertido de que no debíamos usar los mismos cubiertos, pero nadie nos estaba viendo ahora, así que no había problema.

— ¿Cuándo debe reunirse con la suma sacerdotisa?

Nunca le había preguntado la fecha exacta. Incluso si necesitaba esperar, debería ser solo un mes como máximo. El capitán Julius respondió mientras me ofrecía un pedazo de tiramisú de su plato. —En una semana.

—No queda mucho tiempo.

—Si no podemos comprometernos hasta entonces, tendrá que esperar hasta el próximo mes.

—Mmm, ya veo.

Ahh, nos quedaba poco tiempo. Tal vez debería hacerle una visita al conde mientras llevo una espada y amenazarlo para que me deje comprometerme. Bueno, o tal vez, ¿debería simplemente chantajear la condesa en lugar de al conde cuyo rostro ni siquiera conozco? Aunque no sería fácil chantajear a esa mujer, pero… amenazar al conde lucía mejor para mí. Soy perfectamente capaz de torturar a un hombre, pero me siento reacia a tocar a una mujer.

—Hoy hemos dejado que el público sepa de nuestra relación, por lo que lo próximo que tenemos que hacer es comprometernos. Según la ley imperial, personas menores de veintidós años no pueden comprometerse o casarse sin el permiso de sus padres. ¿Estoy en lo cierto?

El capitán Julius asintió como respuesta. —Eso es lo que he escuchado.

Si no hay padre, entonces se necesita obtener el permiso de la madre. Era una manera anticuada que tenían los nobles para evitar que sus hijos se escaparan para comprometerse o casarse con personas de clase baja. Aunque recientemente, ese tipo de casos se han reducido mucho, pero en el pasado, los nobles ponían una mayor importancia a preservar su, así llamada, sangre azul.

No importa qué, necesito reunirme con el conde, pero… me resultará casi imposible obtener su permiso fácilmente.

—Si podemos obtener el permiso, entonces podríamos tener una ceremonia de compromiso informal… ¿Ortzen no dijo nada sobre este asunto?

—Él… —El capitán Julius vaciló por un momento antes de decir: —tiene algunas dudas sobre el propósito de la dama para reunirse con la suma sacerdotisa.

— ¿Qué? —Muestro una expresión desconcertada bajo el tono de mi voz que se ha elevado debido a la sorpresa. —Solo quiero ver a la suma sacerdotisa como aspirante a clériga. Duda de mis motivos cuando ni siquiera tuvo la decencia de preguntarme primero.

—Dijo que la dama es sospechosa porque eventualmente podría reunirse con la suma sacerdotisa después de que se convierta en clériga, pero insiste en que nos comprometamos rápidamente para poder reunirse rápidamente con ella.

Ahh… Tiene razón en eso. No importa qué excusa diera, seguiría siendo sospechoso a menos que revele la historia real. Lamentablemente mi cabeza no podía pensar en ninguna razón convincente. Ortzen era muy molesto, pero podía entender su razonamiento. Sin mencionar que también soy parte de la familia del conde Epheria, quien estaba relacionado con el rey demonio, por lo que es normal que no confíe en mí completamente, a pesar de mi poder sagrado.

Suspiré y levanté la mirada al capitán.

—Pero, ¿se le permite decirme a todo esto? De esta manera, es inútil que Ortzen oculte sus dudas sobre mí.

¿O tal vez le dijo que me lo informara? Después de escuchar mis palabras, el capitán Julius permaneció en silencio por un rato mientras mordía su tenedor antes de que finalmente dijera algo.

—Yo… quería decirle… —Murmuró. En ese mismo momento, sentí como mi corazón se aceleraba. ¡Capitán Julius! ¡Resulta que el capitán cree en mí!

—Y tampoco me dijo que no podía decírselo.

—Emm, pero ya debería saber que esas cosas no se le dicen a la persona en cuestión.

— ¿De verdad…?

Si me reunía con mi asistente de nuevo en el futuro, debía decirle que no era la capitana más despistada de todos los escuadrones existentes. ¡El capitán Julius es mucho peor que yo! Tiré el plato vacío y el tenedor al jardín abajo nuestro. Luego, me subí a la barandilla y abrasé a la cabeza del capitán Julius.

—Aun así, el capitán Julius me dijo porque la persona en cuestión soy yo, ¿verdad?

—Sí… —Dijo en voz baja el capitán, cuya cabeza todavía se encontraba entre mis brazos.

—Solo existen unas pocas personas con la que puedo hablar.

—Yo tampoco tengo muchas personas con las que hablar…

Solo tenía a mis compañeros paladines, la suma sacerdotisa, y unos cuantos sacerdotes con los que podía hablar. Aunque a menudo me reunía con damas que me admiraban, tenía dificultades para entender sus conversaciones y tampoco es que me interesara entender. Era suficiente con que mantuviera una sonrisa mientras mi mente vagaba durante nuestras conversaciones. Y ellas eran felices incluso solo por tenerme allí para acompañarlas. Ocasionalmente, las damas solicitaban mi opinión y en ese momento simplemente respondía con un o un bueno, no lo sé con seguridad, entonces, ellas dirían ah, el caballero Roel es un paladín, así que es lo que se espera de él. Y gracias a eso, desarrollé el hábito de pretender escuchar mientras que, de hecho, estaba pensando en otra cosa. Mi asistente realmente odia ese hábito mío.

Acaricio su fino cabello negro por un rato. Entonces, coloco mi barbilla sobre su cabeza y digo: —No quiero esperar otro mes. Aah… que problemático.

Sería difícil que nos comprometiéramos sin la ayuda de Ortzen. No, no recibir su ayuda es mejor a que se convierta en un obstáculo.

—Necesito hablar con él después del banquete.

Debería tratar de resolver este asunto con él. Si no funcionaba, ehh, ¿qué debo hacer? Bueno, lo pensaré cuando llegue el momento.

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