Hetero, Santa Omnipotente

3°acto: Los mercenarios. Parte 1

Una mañana, me disponía a hacer pociones al amanecer. Me dirigí a la destilería tan pronto como me vestí. Allí, a menudo me encontraba a Corinna ya ocupada, se levantaba increíblemente temprano.

En este mundo, era típico empezar a trabajar al amanecer. Yo también trataba de seguir esa norma, pero Corinna siempre parecía estar ya trabajando cuando la llegaba.

Una vez intenté llegar a la misma hora que ella, pero me dijo que no viniera antes de las horas de trabajo. Resulta que trabajaba en proyectos privados antes de que la destilería se abriera a todos los demás. No me dio ningún detalle, pero tenía la impresión de que estaba relacionado con esas recetas secretas de las que seguía escuchando.

Cuando llegué a la destilería, Corinna estaba una vez más trabajando duro.

—Buenos días, —canturreé.

—Oh, buenos días, Sei. ¿Puedo pedirte que prepares algunas pociones de vida de calidad media? La cantidad está escrita en ese bloc de notas de allí.

—Entendido.

Usando el bloc de notas como referencia, reuní los ingredientes necesarios. Las hierbas que reuní en mi escritorio de trabajo eran un poco diferentes de las que usaba en el instituto; por un lado, esta receta requería algunas hierbas que no usábamos normalmente, pero en general, tenía menos ingredientes totales. Al final resultaba que, esta era la receta personal de Corinna.

Mientras revolvía los ingredientes en una olla, la puerta de la habitación se abrió con un estruendo. Aunque habían pasado unas horas desde que empezamos, todavía era bastante temprano. Miré la puerta con sorpresa, preguntándome quién diablos había entrado.

El hombre de la puerta era tan alto que solo podía describirse como un gigante y tenía una expresión aterradora en su rostro mientras entraba en la habitación.

Su altura no era lo único impresionante. También estaba, eh, ¿cómo debería decirlo? Marcado.

Los caballeros de la tercera orden eran musculosos, claro, pero este tipo los superaba en todos los aspectos anatómicos. Sus brazos y pecho estaban completamente marcados. Era tan enorme que su mera presencia hacía que la habitación se sintiera abarrotada.

Su cabello era corto y castaño, un color similar al de Johan, en realidad, aunque el suyo parecía un poco más seco. Nunca lo había notado antes, pero parecía que Johan cuidaba bien de su cabello.

Más importante aún, los ojos ámbar de este hombre eran terriblemente agudos. Mientras inspeccionaba la habitación, me vio y murmuró: — ¿Mmm? ¿Eres una de las aprendices de la abuela?

Con abuela, ¿se refería a Corinna? Ella me había estado enseñando mucho y, sentía que había un acuerdo tácito de que yo era algo así como una de sus aprendices, pero no estaba segura de poder reclamar realmente el título.

Mientras me debatía en qué responder, Corinna salió de la habitación trasera. — ¿Qué es todo este alboroto a primera hora de la mañana? ¿No puedes entrar más silenciosamente?

—Oye, lo intenté.

— ¿A eso lo llamas intentar? —Suspiró Corinna. — ¿Qué quieres?

—Oh, cierto, vine aquí a recoger las pociones que pedimos ayer.

— ¿De verdad crees que terminaríamos con un pedido que hiciste anoche?

—Oh, eh, no, por supuesto que no y, lo siento, pero es solo que, de repente nos han llamado… a… —Bajo la mirada penetrante de Corinna, la voz del hombre se debilitó hasta apagarse. La forma en que empezó a vacilar le hizo parecer un perro abatido al que acababan de regañar. Casi podía ver sus orejas caídas de perro.

Si bien Corinna era pequeña, era un terror cuando se enojaba. Este tipo grande estaba retrocediendo ante su mirada.

Sin embargo, entendía su irritabilidad. Habíamos recibido el pedido al que se  refería la noche anterior, justo cuando terminamos con el trabajo del día. Había venido un mercenario, aunque no este hombre. Además, el mercenario no había mencionado una fecha límite, por lo que habíamos planeado terminar el pedido para  esta tarde. De hecho, estaba trabajando en un ello en ese mismo momento.

Sin embargo, no era un problema.

—Supongo que entonces no nos dejas otra opción. Sei?

Asentí con la cabeza a Corinna. —Estoy en ello.

Y así, fui a la habitación trasera para traer un montón de pociones extra del estante de almacenamiento. Habían pedido un buen número, por lo que el hombre puso una mirada de sorpresa cuando vio que, de hecho, podíamos completar la orden antes de tiempo. No debía esperarse que realmente pudiéramos terminar el pedido de inmediato.

Y, bueno, normalmente no habría forma de tener un exceso de pociones durante una escasez de hierbas, pero… Síp. Eso iba por mi cuenta.

Terminamos acumulándolas sin darnos cuenta mientras practicaba la receta secreta de Corinna para pociones de calidad media y alta. Por supuesto, había obtenido su permiso para esto. Según Corinna, —de todos modos, serán necesarias en poco tiempo.

Por lo tanto, teníamos un gran tesoro de pociones almacenadas en la destilería en caso de emergencias, al igual que el tesoro que teníamos en el instituto de investigación de plantas medicinales.

—Sabía que podíamos contar contigo, abuela, —dijo el hombre.

—Hmph. Sei es a quien deberías agradecerle, no a mí.

— ¿Sei?

—Ella es quien hizo todas estas, pero puedo dar fe de su efectividad.

El hombre me miró de nuevo.

Me presenté con una reverencia y un, —Soy Sei.

El hombre se acercó a mí. —Mi nombre es Leonhardt. Estoy a cargo de la compañía de mercenarios de este castillo.

Me tendió la mano derecha. Supuse que estaba pidiendo un apretón de manos, así que extendí la mía y él la agarró firmemente entre las suyas. Él sonrió y me dio una palmada en el hombro. —Encantado de conocerte.

No pude evitar tambalearme.

— ¡León! ¡No deberías ser tan rudo con las mujeres!

— ¡Guau! ¡Lo siento!

—Está bien…

Me puse derecha de nuevo y miré a Leonhardt para encontrármelo con una expresión de pánico mezclado con pesar. Dado que se disculpó tan rápido, estaba segura de que no era un mal tipo.

—Lo lamento mucho, —dijo de nuevo. — ¿Estás bien?

—Sí, estoy bien. —Sonreí.

Su expresión se transformó en alivio. —Gracias por las pociones.

No esperó a escuchar mi respuesta cuando recogió la caja de pociones y salió por la puerta.

La destilería se quedó en silencio una vez más.

Ese tipo sí que es enérgico. La habitación pareció incluso más silenciosa de lo habitual una vez que se fue.

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