Hetero, Mi marido con Cabeza de Bestia

Capítulo 1: La princesa enclaustrada participa en un baile nocturno. Parte 1

Ding, dong. El repiqueteo de las campanadas del mediodía resonando en la distancia hizo que Rosemary abriera los ojos. Sin embargo, todo lo que la rodeaba era oscuridad. Estaba tan oscuro que no habría diferencia incluso si cerrara los ojos.

Me quedé dormida…

Mientras contaba las campanadas aún resonando, se levantó aturdida de los arbustos donde estaba acostada, el aroma dulce pero amargo de la vegetación le picaba la nariz. El aroma era relajante, así que dio un hondo respiro. A la novena campanada, sintió que alguien se acercaba. Se tensó por completo.

¿Quién podría ser? Aparte de ella, sólo su familia y unas contadas personas podían ingresar al jardín de esta villa real.

— ¡Salga de donde esté, princesa! Princesa Rosemary, ¿dónde se encuentra? —La voz familiar de su sirvienta llegó a los oídos de Rosemary. Sacó la mano de su escondite arbustivo y saludó lentamente.

—Heidi, por aquí. —Los pasos sobre la hierba se acercaban; al mismo tiempo, la oscuridad que cubría el campo de visión de Rosemary se dispersó en un instante. La deslumbrante luz del sol la hizo cerrar los ojos involuntariamente. La cálida y suave brisa primaveral rosó sus mejillas.

— ¡Ah! Me arden los ojos…

—no exagere, ama. Allí va de nuevo, volviendo a ponerse ese cubo en la cabeza… Le imploro que al menos se cubra con un velo, por favor. Cielos, mire las marcas que le dejó. —Rosemary miró con insatisfacción mientras la sirvienta de ojos verdes acariciaba la mejilla de la chica con las yemas de sus dedos, frunciendo el ceño.

—No es un cubo cualquiera. Transporta agua, tierra y pasto, además de ser lo suficientemente resistente como para usarlo como reposapiés. No sólo eso, sino que si me lo pongo sobre la cabeza, me protege de la luz del sol y de las miradas indiscretas de los extraños. Así que es una herramienta multiusos.

—Bueno, nunca antes había visto a otra persona utilizarlo como accesorio para la cabeza… Pero eso no viene al caso. ¿Ha estado trabajando en el jardín? Tiene tierra por todo su vestido. ¿Ocurrió algo lo suficientemente malo como para requerir colocar un balde sobre su cabeza? —Dijo Heidi, suspirando decepcionada. Rosemary volvió a coger el cubo decorado con una cinta verde en sus brazos y lo apretó con cuidado contra su pecho. Sus hombros se movieron hacia arriba y hacia abajo en un tic nervioso. Miró a su alrededor apresuradamente, sus ojos finalmente se posaron en la espléndida violeta que crecía justo a su lado.

—N-No, no es eso. ¿Verdad, Therese?

—Si bien entiendo que le guste la jardinería, le agradecería que no les pusiera nombre a sus violetas y les pidiera que estén de acuerdo con usted, ama… Entonces, si no es mucha molestia, ¿me diría qué sucedió?

—…

— ¿Princesa…?

—Um, bueno, verás, yo no diría que sucedió algo malo… ¿Quizás sucederá…?

Basándose sólo en las apariencias, se veía dulce como un caramelo, con su suelto cabello rubio. Pero la expresión de Heidi y sus ojos penetrantes fijos en Rosemary, le dejaban en claro que no podría escabullirse de esto con excusas. Rosemary hundió los hombros en señal de derrota.

—Es mi padre, ¿sabes…?

—Su Majestad ha requerido de su presencia, ¿verdad? Desde ayer, si debo añadir. —Le quitó las palabras de la boca, lo que la hizo mirar con asombro mientras asentía con la cabeza.

— ¿Pero cómo lo supiste? La menina me entregó la carta cuando ni siquiera estabas presente. —Ayer, mientras Heidi estaba en otro lado, una menina le entregó una carta, diciendo que era de su padre en el castillo principal. Si bien la carta indicaba que fuera a su oficina real, no se especificaba hora ni fecha. Rosemary se había aprovechado de esto, ya que no tenía deseos de ir, eligiendo en cambio angustiarse más y más por el asunto.

Era raro que su padre, el rey de Volland, le enviara una carta.

Eso por sí sólo era suficiente para preocuparla de que pudiera haber algún tipo de problema. Pero viendo que no estaba enviando una avalancha de solicitudes, pensó que probablemente no fuera ninguna emergencia.

Si bien Volland no era de ninguna manera un reino pobre, tampoco poseía industrias importantes de las que presumir. Era una nación pequeña centrada principalmente en la ganadería y la agricultura. Al parecer, incluso los aristócratas llevaban un estilo de vida más reservado que los de otras naciones.

En parte debido a la devoción religiosa de los ciudadanos y la aversión por los forasteros, la interacción con otras naciones se mantenía al mínimo. Y los hechiceros, aceptados en otras naciones, eran despreciados aquí; no lo suficiente como para ser perseguidos, pero de todos modos despreciados.

No es que no quisiera ver a su padre. No lo veía a menudo, ya que este estaba muy ocupado con sus deberes oficiales. Lo que odiaba era el camino hasta allí.

—Me crucé con la menina de su majestad mientras la buscaba. Oh, ella estaba bastante enojada, preguntando cuánto tiempo pensaba hacer esperar a Su Majestad, así que puede que esto tenga repercusiones en mi salario, —dijo Heidi con franqueza, sonriendo. El rostro de Rosemary se tornó pálido y se puso de pie de inmediato.

— ¡Iré! ¡Iré ahora mismo, lo juro! —No ayudaba en nada que siempre estuviera causándole problemas a Heidi debido a su problemática condición. Sabía que no debería hacerle las cosas más difíciles.

—En ese caso, déjeme ayudarla a cambiarse de ropa. —La instó Heidi mientras regresaban a la habitación de Rosemary.

—Me pregunto si mi padre estará enojado conmigo. —La menina había expresado su enojo, pero Rosemary no creía que su padre sintiera lo mismo. Aun así, murmuró este pensamiento nerviosamente. Heidi le sonrió suavemente mientras ajustaba el vestido de Rosemary.

—Estoy completamente segura de que está esperando pacientemente por su visita. Todo estará bien. Conozco a Su Majestad, a su familia y a usted, princesa, demasiado bien.

—Tienes razón. Hasta yo misma soy consciente de eso… pero…

—Oh, ¿no me cree? Las mentiras y yo no nos llevamos bien, ama. Míreme bien, ¿le parece que este sea el rostro de una mentirosa? —Rosemary miró fijamente a Heidi, la cual le mostraba una sonrisa. Su rostro encantador con pecas desde las mejillas hasta la nariz no se veía ni un ápice fuera de lo común. Rosemary suspiró de alivio.

—No, no lo es. Lo siento por haber dudado de ti.

—Dios no lo quiera, adoro totalmente ese lado franco de usted, ama. Dicho esto, no puede llevar el cubo como accesorio.

Rosemary estaba a punto de recoger el balde del suelo, pero terminó alzando las cejas con preocupación.

— ¿N-No?

—Por ningún motivo. No se le pidió que asistiera a un baile nocturno ni a una ceremonia oficial. Llegaremos a la oficina real en un abrir y cerrar de ojos. —Heidi confiscó rápidamente el balde, haciendo que Rosemary mostrara una expresión de decepción.

—Espero que no nos encontremos con nadie en el camino… Tal vez si voy después del atardecer o más tarde… —Los murmullos de Rosemary, sin embargo, cayeron en oídos sordos. Fue sacada a rastras de sus aposentos sin esperar a que se preparara mentalmente.

~❀❀❀~

Quería volver a su habitación.

No habían pasado ni un par de minutos desde que dejó la villa y Rosemary ya estaba lloriqueando.

Se podía llegar a la corte real atravesando un jardín. Estos eran zonas de socialización para los aristócratas, pero cuando no había eventos públicos programados, sólo era usado por unas cuantas personas para dar pequeño paseo al aire libre.

O ese debería haber sido el caso. Así que Rosemary se preguntaba por qué había una dama bloqueando su camino con una sonrisa triunfante dibujada en su rostro.

Su modesto deseo de completar su misión sin encontrarse con nadie había sido denegado.

Nerviosa por la mirada altiva y confiada de la chica, típica  de un aristócrata de alto rango, los ojos de Rosemary se posaron en los labios pintados de carmesí de la joven.

Oh, cuánto anhelaba su cubo en estos momentos.

—Buenos días, princesa Rosemary. Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que nos encontramos.

—Ba-Bastante, sí. —Rosemary no la recordaba, así que tal vez había pasado demasiado tiempo. Tomando en cuenta que muy rara vez se presentaba en alguno de esos bailes nocturnos, no tenía idea quién era ni de dónde provenía esta dama.

—Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que la vi, así que me preocupaba que no se encontrara bien. —Dijo la dama, mostrando consideración por su bienestar. Sin embargo, la mirada en sus ojos tenía una pizca de desprecio.

Ah, se está transformando. Sucedió justo cuando una sensación de malestar hizo que sus hombros se sacudieran. Esos labios carmesí comenzaban a deformarse.

Rosemary se quedó sin aliento mientras, justo ante sus ojos, las comisuras de los labios de la dama comenzaron a agrietarse. De su tersa piel comenzó a crecer un pelaje negro y amarillo.

Su abundancia de cuidado cabello desapareció de su cuero cabelludo y sus orejas subieron hasta una altura inhumana sobre su cabeza. El conjunto de dientes de color blanco perlado en su boca se transformaron en colmillos tan afilados que podrían desgarrar la carne con facilidad. Su una vez hermosa cara humana estaba cambiando de forma lenta pero segura a algo más grotesco, lo cual hizo temblar incontrolablemente a Rosemary.

—Es la hora perfecta para observar las rosas en el jardín este. ¿Le gustaría acompañarme, princesa Rosemary? Su salud se verá afectada si permanece encerrada en la villa real todo el tiempo. —A pesar de estar usando esa ancha lengua asomándose por su enorme hocico, su voz seguía sonando como el trinar de un ave, igual que hace momentos atrás. Esta surrealista disparidad le daba escalofríos a Rosemary.

La sirvienta de la dama estaba justo detrás de ella, pero no se veía sorprendida en absoluto por lo que estaba sucediendo. Ni siquiera Heidi se veía alarmada, siendo que debería tomar acción en caso de emergencia. Lo mismo con los caballeros que custodiaban el jardín desde la lejanía. Ninguno se había puesto en guardia ante los anormales acontecimientos en el brillante y alegre jardín.

Aah… Entonces realmente soy la única que puede verlo. Le costaba respirar. Rosemary se agarró la falda y bajó la cabeza, tratando de evitar que le temblaran las manos. La dama bajó la cabeza hasta la línea de visión de Rosemary, probablemente sospechando de su anormal comportamiento.

— ¿Princesa Rosemary?

— ¡Aah…! —Lo que apareció frente a sus ojos fue el rostro de una bestia felina carnívora. Rosemary reprimió su chillido y retrocedió al ver el grotesco aspecto: el rostro de un leopardo en el vivaz cuerpo de una chica humana.

— ¿Qué sucede, princesa? Se ve pálida…

— ¡No te me acerques! ¡No tengo buen sabor, así que no me comas! —Paralizada por el miedo de ser mordida por esos afilados colmillos, Rosemary dejó que esas palabras se le escaparan involuntariamente. No fue hasta después de empujar a la nerviosa dama que volvió a sus sentidos. La joven cayó sobre su retaguardia y levantó la mirada completamente desconcertada. Su rostro había vuelto a la normalidad, con piel tan suave como la seda.

Realmente lo había arruinado. Los colores desaparecieron del rostro de Rosemary.

—Eh, oh, lo siento… —Rosemary se disculpó con un tono quejumbroso, dejando atrás a la todavía atónita dama y escapando en dirección a la corte real.

Lo hice de nuevo… Aah, se van a esparcir aún más rumores…

La princesa heredera era una excéntrica enclaustrada; a veces aparecía en eventos, pero era una pésima conversadora, después de todo, sabía que había todo tipo de rumores sobre ella.

Una vez que llegó al edificio principal del castillo y la dama estaba completamente fuera de su campo de visión, Rosemary se acuclilló en el lugar, como si sus piernas le hubieran fallado.

— ¡Princesa! ¿Se encuentra bien?

—Sí, me las arreglé para sobrevivir… —Se llevó una mano al pecho para calmar su todavía acelerado corazón. Heidi se arrodilló y le sobó la espalda, lo que logró que Rosemary recuperara gradualmente la compostura.

—Hoy lucían como leopardos…

—Supuse que había pasado algo por el estilo. Mm, bueno, es bastante común que la gente disfrace su hostilidad con halagos vacíos. No hay nada que se pueda hacer al respecto. Aunque sigue siendo extraño que aquellos que albergan emociones negativas se le aparezcan con cabezas de bestias. —Dijo Heidi con una sonrisa preocupada. Rosemary se volteó para mirarla con lágrimas en los ojos ahora que estaba a salvo de lo que tanto temía.

—Es por eso que no quería salir… —La cabeza de cualquier persona que albergara celos, ira o cualquier otra emoción negativa se transformaría en la de una bestia. Independientemente de quién fuera, incluso si era un miembro de su amada familia o su sirvienta de confianza.

No recordaba exactamente cuándo había empezado todo esto.

Sin embargo, en su infancia había sido mucho peor.

Créanlo o no, las cosas habían mejorado desde antaño. En su juventud, le aterraba incluso estar en presencia de otras personas. Cuando la obligaban, lloraba intensamente. Era una condición tan grave que sus padres, preocupados por el bienestar de su hija, le permitieron vivir en la villa real y limitaron el acceso a unas cuantas personas.

Sus padres tenían la sospecha de que tal vez estaba bajo la influencia de algún tipo de hechizo. Incluso llamaron a un hechicero para que la examinara, a pesar de la postura del reino de Volland con respecto a ellos. No obstante, no pudieron identificar la causa.

Dependiendo de a quién le preguntaras, era posible que las personas pensaran que poder saber si alguien estaba albergando alguna hostilidad hacia ti era en realidad una habilidad bastante útil.

Sin embargo, no importaba cuántas veces viera la grotesca apariencia de una persona transformándose, seguía causándole un miedo paralizante. En pocas palabras, podría interpretarse como que la hostilidad en el corazón de estas personas se manifestaba externamente. Sus rostros eran todo sonrisas, sin embargo, se burlaban de ti en su mente. Esa disparidad era aterradora.

—Heidi…

—No.

—Aún no he dicho nada.

—Sé lo que quiere incluso sin que lo diga. Va a decir que desea volver a su habitación, ¿correcto? Eso merece un firme no. Además, tampoco puede ponerse su balde. ¿Lo ve? La oficina real está a sólo un paso, así que trate de mantenerse firme, ama. Una vez que termine su reunión con Su Majestad, prepararé un poco de su té Kaola favorito.

Al escuchar la palabra Kaola, la desanimada Rosemary comenzó a reanimarse. Incluso ella tenía que admitir que era bastante infantil de su parte, pero ¿cómo podría resistirse a disfrutar de una de sus cosas favoritas?

Rosemary finalmente se puso de pie y con su bebida favorita evocada en su mente, reanudó su caminata una vez más.

Anterior Índice Siguiente


Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.