Espada y Vestido, Hetero

Capítulo 5: El banquete de la princesa Aranea. Parte 4

El fuerte sonido de una cachetada se pudo escuchar claramente dentro del salón de banquetes. La princesa Aranea la golpeó sin piedad. En segundos, la blanca mejilla de Roanne se puso roja y lágrimas comenzaron a correr por su superficie. La princesa miró indiferentemente a la desconcertada muchacha frente a ella.

—Por favor, disculpen mi grosero comportamiento, pero como anfitriona de este banquete, es mi obligación salvaguardar a mis invitados. Además, la dama Roanne Epheria no es mi invitada, ¿verdad? No puedo tolerar más su comportamiento grosero con la dama Silla Epheria.

—Por favor, perdóneme…

—Lo diré una vez más, no soy yo con quien debería disculparse.

Roanne giró su cuerpo tembloroso hacia mí.

—Perdón… —Se disculpó a medias mientras intentaba contener las lágrimas con la cabeza gacha.

—Eh, está bien. No lo vuelvas a hacer.

Acepté sus disculpas mientras me mantenía pendiente a la reacción de la princesa Aranea. Siendo honesta, como no era Silla… podía perdonarla fácilmente si devolvía todas las cosas que le quitó, con intereses incluidos. Pero, teniendo en cuanta a la difunta Silla, ¿tal vez debería tomar represalias? Bueno, de todos modos, si la familia Epheria era destruida, esta chica quedaría en la calle.

Una vez finiquitado el asunto, la princesa le quitó el collar a Roanne del cuello.

—Enviaré una queja oficial al conde Epheria sobre este asunto.

Tan pronto como la princesa dijera aquello, Roanne se puso nerviosa y sacudió repetidamente la cabeza.

— ¡Mi-Mis padres no saben nada de esto! Vine por mi cuenta…

¿Qué…? ¿Entonces realmente robó mi invitación? Y la robó de la condesa. Ah… todavía es una mocosa inmadura. Bueno, en primer lugar, esa astuta condesa nunca dejaría que su inmadura hija asistiera al banquete de la princesa sin un escolta.

La princesa Aranea, aún con el ceño fruncido, llamó al mayordomo que estaba cerca de ella.

—Envía a la dama Roanne Epheria de regreso a su residencia.

—Acabo de recibir un informe de que alguien enviado por la familia del conde Epheria acaba de llegar.

—Muy bien. También preséntale mi queja.

—Sí, Su Alteza.

Los hombros de Roanne se encogieron mientras caminaba detrás del mayordomo para salir del salón de banquetes. A pesar de que la condesa realmente adoraba a sus hijos, eso no quitaba que la regañaría por el alboroto que había causado. Sin embargo, me sentía aliviada de que todo esto terminara bie…

—Dama Silla Epheria.

— ¡¿S-Sí?!

Respondí involuntariamente, mientras me escondía detrás del capitán Julius. Ugh… Me sorprendió tanto que mi viejo hábito salió a la luz. Moví la cabeza para echar un vistazo desde la espalda del capitán Julius. Vi a la princesa Aranea con sus grandes ojos redondos extendiendo la mano en la que sostenía el collar. Ugh… Emm… No quería acercármele. La princesa Aranea, sorprendida al ver mi comportamiento, endureció su expresión.

—Dama Silla Epheria…

— ¿Sí…?

— ¿Está asustada de mí?

—N-no…

—Entonces, acérquese.

Pensé que había logrado escapar, pero parece que también sería regañada. Estaba a punto de dar un paso adelante, ya que sentía que no tenía ninguna otra opción, pero de repente el capitán Julius extendió su mano para detenerme. Miró a la princesa Aranea y dijo: — ¿No está ya resuelto el problema?

—Mi intención no es molestarla. —Respondió la princesa Aranea mientras miraba fijamente al capitán Julius. La princesa, quien había sido educada estrictamente en el palacio real, era capaz de mirar directamente al aterrador capitán Julius. Ella también era aterradora.

—Si es así, entonces por favor déjela ser. Su Alteza misma puede ver que ella está asustada de usted.

— ¿Pero qué le hice…? Ah… olvídalo. —La princesa suspiró y le pasó el collar al capitán Julius. —Como la anfitriona de este banquete, me disculpo por hacerla sentirse incomoda. Disfruten el resto de la noche. —Me dio una última mirada y se marchó.

De alguna manera me sentía culpable… pero no lo había hecho intencionalmente. Cada vez que la princesa me hablaba, huía instintivamente. A medida que la princesa se alejaba de nosotros, la multitud también comenzaron a dispersarse. El capitán Julius se dio la vuelta para mirarme y preguntó con una voz gentil. — ¿Está bien?

—Oh, sí. Gracias.

Me detuvo cuando me sentía incómoda con la princesa. Él es verdaderamente amable. Después de que el capitán Julius me entregara el collar, la condesa Canaly se acercó a nosotros.

—El ambiente del banquete no es del todo ideal, pero la relación entre ustedes dos ciertamente ha ganado el interés del público.

¿En serio?

—Entonces, ¿hemos logrado nuestro objetivo?

—Se podría decir que sí. Además, aunque fuera involuntario, le hemos dado un golpe a la familia Epheria. —La condesa Canaly sonrió espléndidamente. —Disfruten del resto del banquete, pero traten de no meterse en problemas.

—Entendido.

¿Por qué buscaría problemas cuando tenía la importante tarea de abarrotarme de comida? Aunque Sofía me había prohibido comer durante el banquete, necesita robustecer este cuerpo con muchos postres. Agarré la muñeca del capitán Julius y me dirigí directamente hacia la gran mesa.

Los alimentos servidos en los banquetes debían cumplir tres requisitos. Debía ser del tamaño de un bocado y no dejar migas que pudieran manchar la ropa o la boca; no desprender ningún olor desagradable; Y, por último, debía ser agradable a la vista. Esos tres requisitos eran los más importantes y, lamentablemente, el sabor quedaba al último. Por esta razón, si el anfitrión del banquete no tenía la capacidad monetaria como para contratar a un chef lo suficientemente habilidoso, la comida sólo cumpliría con los tres requisitos más importantes y nada más. A lo máximo la espolvorearían con un poco de azúcar. Todo esto haría que los anfitriones entraran en mi lista negra y nunca más asistiría a sus fiestas. Después de todo, mi principal motivación para asistir era poder disfrutar de la comida.

Y, por supuesto, ¡la comida de un banquete celebrado por un miembro de la familia imperial debía ser deliciosa! ¡Muy deliciosa! Por eso, cada vez que recibía una invitación de la princesa Aranea, me sentía realmente desconsolada. Mi asistente me decía que no había nada de lo que preocuparse y que simplemente asistiera. Pero siendo que ya había sido regañada tres veces por no poder seguir el hilo de sus conversaciones y por no entender el significado de las palabras que utiliza, me sentía realmente reacia a asistir a una de los banquetes organizados por la princesa. ¡Ni en mil años me interesaría la política!

A diferencia de otros escuadrones de caballeros, solo hay un requisito para convertirse en el líder del escuadrón de los paladines y, eso es más poderoso que los demás. Y para ello, alguien solo necesita tener cantidades masivas de poder sagrado porque tener la bendición de la diosa se considera sumamente importante. Por supuesto, lo mismo ocurre con los sacerdotes.

Siempre hacía mi mayor esfuerzo en mi trabajo, así que ¿por qué la princesa siempre me regañaba con su mirada aterradora o me obligaba a aprender cosas que no me interesaban? Si le decía que odiaba algo, ella me lanzaba una de sus miradas asesinas. Y… ¿Qué era lo que siempre me decía? Ah, sí. Me decía que era un sacrilegio no aprovechar una oportunidad cuando se me presentaba siendo que en esta época en la que vivíamos aún se consideraba una desventaja nacer como mujer… Como sea, siempre se enojaba conmigo.

En nuestro primer encuentro, ella se enojó conmigo. En nuestro segundo encuentro, me obligó a organizar mi horario porque ella misma me enseñaría. Entonces, en nuestro tercer encuentro, volvió a enojarse conmigo porque había estado evitándola y me regañó con que todo esto lo hacía para mi propio bien y por el de todas las mujeres del imperio. Después de aquella ocasión, comencé a evadir desesperadamente todo posible encuentro con ella.

De todos modos, lo importante en este momento es que ha pasado mucho tiempo desde que asistí a un banquete.

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