Hetero, Santa Omnipotente

2°acto: El feudo Klausner. Parte 3

A la mañana siguiente, desayuné con el señor Klausner y su familia en un comedor diferente, uno que era considerablemente más pequeño.

Cuando le pregunté, prometió presentarme al alquimista jefe del castillo una vez que hubiéramos terminado. El alquimista trabajaba a tiempo completo en un lugar llamado la destilería, donde se hacían todas las pociones del castillo.

Después del desayuno, el señor Klausner me guió por el pasillo hasta la destilería, la cual estaba en el primer piso del castillo. Cuando llegamos, el señor Klausner llamó a la puerta antes de abrirla.

Cuando entramos, olí una variedad de hierbas. Contra las paredes había varios estantes llenos de botellas de hierbas secas y herramientas para hacer pociones. Una mesa en el centro de la habitación estaba cubierta con aún más aparatos. En el lado opuesto, parecía haber una entrada a una habitación trasera.

Varias personas estaban trabajando. Aunque notaron que el señor Klausner entraba, todo lo que hicieron fue hacerle una leve reverencia y continuar con lo que estaban haciendo. El señor Klausner no dijo nada al respecto y, esta actitud les pareció normal a todos.

Incliné la cabeza, preguntándome a cuál de estas personas estábamos buscando. El señor Klausner se dirigió a la habitación trasera y llamó: —Corinna.

—Oh, pero si no es el amo del castillo. ¿Qué puedo hacer por usted? —Respondió una anciana de cabello blanco al salir de la parte de atrás. Estaba un poco encorvada y era más baja que incluso el ama de llaves. Por eso, aunque no se veía gorda ni nada, daba la impresión de ser muy pequeña y regordeta. A pesar de eso, y de su edad, desprendía un aire de vigor y profesionalismo.

—Esta es la santa, la dama Takanashi, proveniente de la capital.

—Um, hola, mi nombre es Sei Takanashi.

—Es un placer conocerla. Yo soy Corinna, una alquimista de este castillo.

Tenía sentimientos encontrados acerca de ser presentada como la santa, pero sabía que no podía evitarlo. Accidentalmente terminé dejando que mi incomodidad se mostrara con una sonrisa rígida. Sin embargo, Corinna no le prestó atención.

Después de las presentaciones, Corinna miró al señor Klausner como si preguntara por qué había interrumpido su jornada laboral.

—La dama Takanashi también prepara pociones. Ella expresó interés en conocerte.

— ¿De verdad?

—Um, si le parece bien, ¿esperaba saber más sobre su experiencia? —Le pregunté.

—No me importa en absoluto. De hecho, estaba a punto de empezar a hacer el lote de hoy. ¿Qué tal si charlamos mientras trabajo?

— ¡Sí, por favor! —Agradecí a mi ángel guardián por esta oportunidad de ver trabajar a una gran alquimista. Estaba segura de que aprendería algo de ella.

El seor Klausner tenía otros asuntos que atender, así que nos dejó en la destilería. Después de eso, Corinna fue a recoger algunas hierbas de los estantes.

— ¿Va a hacer pociones de vida de calidad media? —Le pregunté.

—Sí, eso es correcto. Sabe bastante, ¿no?

—Oh, es sólo que recuerdo la receta, hago pociones de calidad media con bastante frecuencia.

Ante mi mención de con frecuencia, podría haber jurado que capté un destello en los ojos de Corinna. Quizás fuera solo mi imaginación.

La miré de cerca mientras se ponía a trabajar con una expresión seria en su rostro. Era bastante hábil, tal como esperaba.

Mientras trabajaba, Corinna me habló de cada una de las hierbas que estaba usando y las pociones en las que podrían usarse, sus hábiles manos nunca se detuvieron. Hizo una poción tras otra y, justo cuando terminó la quinta, suspiró. Parecía algo cansada.

Oh, es cierto. Los alquimistas normales solo pueden hacer unas diez pociones de calidad media al día. Siempre se me olvidaba. Después de todo, nunca había tenido que lidiar con la misma limitación. También se me ocurrió que Corinna realmente tenía que ser bastante hábil para hacer cinco seguidas.

— ¿Le gustaría hacer algunas también? —Ofreció Corinna.

— ¿Realmente puedo?

Yo era solo una invitada a la que había conocido unos minutos antes. ¿Estaba realmente cómoda dejándome usar su lugar de trabajo? ¿O tal vez se iba a ofrecer a enseñarme? Cuando le pregunté, respondió con una sonrisa y asintió.

Estaba emocionada con la perspectiva de su tutoría y me puse a trabajar haciendo pociones como solía hacer. Ahora era el turno de Corinna de ver cómo trabajaba.

Una, dos, tres pociones…

Corinna no dijo una palabra mientras preparaba una poción tras otra. ¿Estaría bien mi proceso de preparación? No es como si yo fuera a preguntarle si ella misma no iba a decir nada primero, pero comencé a sentirme un poco incómoda.

Seis, siete, ocho pociones…

Seguía sin detenerme, así que seguí adelante.

Justo cuando comencé la décima, su expresión cambió.

— ¿Todavía puedes seguir? —Preguntó Corinna mientras me miraba, visiblemente sorprendida.

—Sí, por lo general hago muchas más al día.

—Ajá. Bueno, supongo que no debería sorprenderme. —Corinna soltó una risa asombrada.

¿Quizás debería haberme detenido en la quinta? Me reí entre dientes torpemente.

Corinna mantuvo una sonrisa en su rostro cuando dijo: —Es solo que cuando escuché que a la santa le gustaba hacer pociones, asumí que era solo un pasatiempo. Pero ahora veo que es toda una experta.

—Eh… gracias.

—Creo que podremos tener discusiones mucho más interesantes, —dijo con una sonrisa más amplia. Mis ojos brillaron.

¿Quizás me enseñe esas recetas secretas?

Miré a Corinna con tanta esperanza, que debió haber adivinado lo que estaba pensando porque descartó rotundamente esa idea. —No se me adelante, señorita. Empezaremos por lo básico.

—Sí, señora.

Corinna sonrió de medio lado ante mi rostro ligeramente decepcionado. —En cualquier caso, dama Takanashi, comenzaré con una explicación sobre los usos prácticos de las pociones de vida de baja calidad.

— ¡Entendido! Pero… ¿puedo pedirle que no se refiera a mí como dama Takanashi? Sólo Sei está bien, especialmente porque yo soy la aprendiz.

— ¿Está segura? Muy bien entonces.

Corinna ya había dejado de fingir cortesía, por lo que se sentía un poco extraño escucharla seguir llamándome dama. Y sabía que era un poco tarde para empezar a actuar de manera educada con ella, pero iba a ser su estudiante, después de todo.

Cuando le pedí que me tratara como a cualquier otra persona, al menos entendió que esto era más cómodo para mí.

Realmente nos metimos en el meollo de la cuestión después de eso y, rápidamente decidí que en los días en que no tuviera que unirme a una expedición, aprendería sobre hierbas y pociones de Corinna mientras la ayudaba a cubrir su cuota.

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