Hetero, Santa Omnipotente

2°acto: El feudo Klausner. Parte 1

—Sei.

Escuché que alguien me llamaba desde fuera del carruaje. Cuando miré por la ventana, vi a Albert montado en un caballo.

Albert asintió con la cabeza y dijo: —Ya es visible.

Asomé un poco la cabeza por la ventana y descubrí que al final del camino boscoso podíamos ver un castillo en una colina. Al pie de la colina había una ciudad rodeada de altos muros. Esta era la ciudad principal del feudo Klausner.

Era temprano en la tarde y los rayos del sol se inclinaban hacia el oeste, haciendo que los techos de tejas anaranjadas de las casas brillaran intensamente. La piedra oscura del castillo y los muros protectores contrastaban con estos techos resplandecientes. Sin embargo, todo me parecía claramente europeo y, como tenía tantas ganas de visitar esa parte de mi viejo mundo, la mera visión me hizo soltar un alegre — ¡Guau!

Quizás estén pensando: Oye, ¿no se veía así la capital? Bueno, claro, algo así, pero esta ciudad se veía lo suficientemente diferente a la capital como para emocionarme otra vez.

El carruaje siguió avanzando mientras yo me deleitaba con las vistas. Salimos del bosque en línea recta y nos acercamos a un campo abierto de trigo cultivado.

Casi estábamos en nuestro destino.

Prácticamente habíamos viajado directamente hasta aquí. Tenía sentido apresurarse, considerando la crisis que se avecinaba. Sin embargo, viendo que nuestro grupo era, en una palabra, enorme, realmente no podíamos apresurarnos per se. Habíamos tardado varios días en llegar y también nos habíamos detenido en pueblos por el camino.

Esas paradas técnicas habían traído sus propios problemas. El feudo Klausner no era la única región que experimentaba problemas: todos los señores feudales de todos los territorios querían desesperadamente la ayuda de palacio. Por lo tanto, en cada pueblo que habíamos visitado, el señor de la tierra había venido a solicitar nuestra ayuda con todo tipo de cosas. Mi corazón se rompía un poco cada vez que teníamos que rechazarlos, pero teníamos prisa y la mayoría de las solicitudes estaban más allá de nuestra capacidad.

La mayoría de los señores entendieron la gravedad de nuestras responsabilidades, pero algunos se negaron a dar marcha atrás con gracia.

Era difícil. Con respecto a la complejidad de la jerarquía política, no era como si pudiera simplemente decidir ir a ayudarlos por mi cuenta, así que realmente no sabía qué hacer. Me sentía absolutamente desdichada cada vez que tenía que negarme y, tener que hacerlo una y otra vez me pesaba.

Traté de que no se notara en mi rostro, pero Albert vio a través de mí. No dijo nada al respecto, pero noté que se aseguró de que dejáramos de alojarnos en las ciudades principales y nos quedáramos en villas menos importantes.

Mientras reflexionaba sobre nuestro viaje, atravesamos los campos y finalmente llegamos a la puerta del castillo. El carruaje aminoró la marcha, adoptando un ritmo más apropiado para la ciudad.

Gracias a que la vanguardia anunció nuestra inminente llegada, no nos detuvieron y se nos permitió avanzar hasta el castillo del señor Klausner.

La ciudad parecía más compacta que la capital, pero era hermosa a su manera. Había asumido que la infestación de monstruos y la escasa cosecha de hierbas habrían dejado a la ciudad con un ambiente sombrío, pero no se sentía así en absoluto. De hecho, las personas con las que nos cruzábamos parecían bastante alegres.

¿Quizás la situación no es tan mala como pensamos? ¿O tal vez la gente de aquí está hecha de otro material? Mientras pensaba, llegamos a la entrada del castillo y el carruaje se detuvo.

Respiré hondo y reuní mi determinación. A partir de ahora, tenía que actuar como la santa. Me quedé dentro del carruaje como me habían indicado de antemano, esperando a que alguien me abriera la puerta. Me habían dicho que los verdaderos nobles no se bajaban solos de los carruajes.

Unos momentos después, la puerta se abrió y la luz entró a raudales. Me asomé por la puerta y vi a Albert parado afuera, con la mano extendida. Aunque había estado tomando cursos de etiqueta, todavía no estaba acostumbrada a que me escoltaran así, así que me sentí un poco cohibida. En un estado mental extrañamente indescriptible, sonreí torpemente.

Sí, lo mejor es sonreír y hacer que parezca que estoy totalmente bien con todo esto.

Hice lo mejor que pude para no hacer una mueca extraña mientras tomaba su mano y descendía.

Cuando levanté la vista de mis pies, vi a varios sirvientes alineados frente a la entrada del castillo. Directamente en medio de todos ellos se encontraba un hombre vestido con un atuendo elegante que parecía estar cerca de los cincuenta. Mechones grises adornaban su cabello y parecía un poco más alto que yo. ¿Él es el señor Klausner?

Albert me escoltó hasta que estuvimos frente al hombre.

—Les doy la bienvenida. Soy Daniel Klausner y gobierno esta tierra. —El señor Klausner hizo una elegante reverencia al presentarse. Los sirvientes detrás de él también se inclinaron a la vez.

Entre el señor feudal de una región salutana y la santa, la santa ganaba sin lugar a dudas en términos de estatus. Aunque sabía que era así, me sentía terriblemente incómoda al ver que la gente me respetaba tanto. Yo era una plebeya, de tomo y lomo y, todavía me consideraba como tal. Rezaba para que estas formalidades terminaran lo antes posible.

Sin embargo, me obligué a sonreír mientras lo saludaba. —Soy Sei Takanashi. Espero disfrutar de mi estancia en su feudo.

—Y yo soy Albert Hawke, comandante de los caballeros de la tercera orden. Es un placer conocerlo.

El señor Klausner levantó la cabeza solo después de que Albert se presentara. Presentó al mayordomo y al ama de llaves como representantes de sus sirvientes. Ambos parecían estar en sus cincuentas. El mayordomo era alto y delgado, mientras que la ama de llaves era regordeta y más baja que yo. Debíamos llamarlos a ellos si necesitábamos algo. Me sentí aliviada de que parecieran amables y amigables.

—Deben estar exhaustos después de un viaje tan largo. Primero, permítanos mostrarles sus habitaciones. Las discusiones sobre mi feudo pueden esperar hasta que hayan descansado.

—Gracias por su consideración.

Una vez terminadas las presentaciones, nos llevaron a nuestras habitaciones. Estaba realmente agradecida por esta amabilidad, ya que había estado encerrada en un carruaje todo el día, aunque hubiéramos tomado un par de descansos en el camino.

El ama de llaves me mostraría mis aposentos, así que la seguí. Me habían asignado a uno de los pisos superiores y, en un mundo sin ascensores, eso significaba tener que subir escaleras. Unas escaleras muy, muy largas. Y aun así…

Me sorprendía darme cuenta de lo acostumbrada que me había vuelto a subirlas durante este último año. El palacio era bastante alto y tenía un montón de escaleras largas. Gracias a eso, ahora subía escaleras sin esfuerzo, incluso con alturas para las que definitivamente habría dependido de un ascensor en Japón.

Por fin llegamos a mis aposentos. El ama de llaves abrió la puerta de una habitación espaciosa llena de luz solar. La mayoría de los muebles parecían antiguos y tenían un color tenue. ¿Estarían hechos de nogal? El papel mural y las cortinas eran de un verde esmeralda a juego. Era un escenario hermoso.

—Estos serán sus aposentos durante su estancia.

—Dios… Gracias.

El ama de llaves sin duda tendría un montón de cosas que hacer, porque se excusó de inmediato. Por mi parte, me dejé caer en el sofá, me recliné y me estiré.

Me daba cuenta de que mi comportamiento era un poco incivilizado, pero me disculparán. Estaba completamente muerta después de mi primer viaje largo en Salutania.

— ¿Le gustaría cambiarse a su atuendo habitual? —Preguntó Mary, la sirvienta que el palacio había asignado para atenderme.

—Mmm, voy a ver al señor Klausner pronto, ¿verdad?

—Eso creo.

—Entonces, ¿no debería quedarme con esta ropa?

—Tendrá que cambiarse para su reunión, pero tal vez le gustaría usar algo más cómodo mientras tanto.

—Ah, ¿de verdad? Bien entonces.

Mary había viajado conmigo porque era posible que nos quedáramos aquí por un tiempo. Podía manejar las necesidades de la vida diaria por mi cuenta, pero aún ignoraba unas cuantas reglas de la sociedad noble, incluso con todo mi entrenamiento. Por ejemplo, todos esos pequeños y complicados detalles sobre qué tipo de ropa era apropiada para una reunión con un aristócrata, estaban más allá de mi comprensión. Por lo tanto, Mary estaba aquí para ayudarme ese tipo de situaciones.

Después de todo, mi imagen pública también era importante. Habría sido un problema para el palacio si se corriera la voz de que la santa no estaba siendo atendida debidamente. En consecuencia, también habían enviado a otra sirvienta junto con Mary.

Mientras la otra sirvienta guardaba el equipaje que había traído, Mary sacó mi ropa habitual. Me quité la túnica que llevaba con una sensación de alivio. Era el mismo atuendo elegante que había usado para mi audiencia con el rey.

Durante la mayor parte del viaje, había usado mi ropa habitual y túnicas como las que vestían los magos de la corte real, pero hoy tuve que ponerme una elegante para la reunión inicial con el señor Klausner. Como no era un vestido, no era ajustada ni nada, pero no era tan cómoda como mi ropa de todos los días.

Espera un minuto…

— ¿Quieres decir que no voy a llevar esta túnica cuando vea al señor Klausner más tarde? —Pregunté, repentinamente acosada por imágenes de corsés.

—Tenemos otra túnica seleccionada para usted, pero si lo prefiere le prepararemos un vestido…

Entré en pánico como un niño que accidentalmente le recordaba a su profesor sobre una tarea. — ¡No, no gracias! ¡La túnica suena genial!

—Muy bien. —Mary y la otra sirvienta rieron.

Ambas eran muy conscientes de mi disgusto por los vestidos. Pero, ¿cómo se suponía que debía sentirme al respecto? No estaba acostumbrada a usarlos. Y, francamente, tampoco pensaba hacerlo en un futuro.

Mientras me cambiaba a mi ropa habitual, la otra sirvienta me mostró la túnica que usaría más tarde. Esta también era fabulosamente sofisticada. Era de un llamativo azul zafiro con intrincados bordados utilizando hilos de diferentes colores.

Según Mary, también habían traído varios vestidos. Ante eso, me puse un poco nerviosa, no solo ante la perspectiva de que me embutieran en ellos. ¿Estaba realmente bien que cargaran con toda esta ropa extravagante solo por mí?

—No se preocupe por eso. Esta extravagancia es de esperarse de la santa, —dijo la sirvienta al ver mi expresión preocupada.

— ¿En serio?

—Así es. Y entre usted y yo, —la sirvienta bajó la voz, —la dama Aira tiene varios vestidos como estos.

— ¿Eh?

—Los recibió como obsequio del príncipe Kyle.

¿De verdad? Pensé, en ese momento me di cuenta de que Mary se cernía detrás de la sirvienta con una mirada aterradora en su rostro.

— ¿De qué están hablando ustedes dos? —Preguntó ella.

— ¡Oh! —La sirvienta parecía haber sido sorprendida diciendo algo inapropiado. Tenía la intención de que no la escucharan, pero Mary se había dado cuenta de todos modos. La sirvienta sería reprendida más tarde.

Después de cambiarme, hablé con las dos, pero pronto, alguien llamó a la puerta. Mary la abrió para encontrarse con el ama de llaves que habíamos conocido antes. Esta había traído un poco de té para que lo disfrutamos.

—Gracias, —le dije mientras dejaba el té en la mesa frente al sofá.

Ella me sonrió alegremente antes de irse. —No es nada. Espero que todo sea de su agrado y que haya podido relajarse.

Mary se hizo cargo de servir el té, el cual tenía un tono tenue y encantador. Lo llevé a mis labios para tomar un sorbo. Tenía un perfume único, probablemente de alguna hierba naturalmente fragante. Francamente, eso tenía sentido dado que estábamos en el feudo Klausner.

Mm… esto es un poco nostálgico, en realidad. ¿Quizás de Japón? Sin embargo, ¿qué hierba es? Cogí una manzana que habían traído para acompañar el té. Era más pequeña que las que recordaba de casa y, cuando la mordí, me encontré con una textura crujiente y un sabor tan refrescantemente dulce como agrio.

Los alimentos dulces eran perfectos para recuperarse de la fatiga.

El tiempo pasó en un abrir y cerrar de ojos mientras me lo tomaba con calma, charlando con Mary y la otra sirvienta. Finalmente, me di cuenta de que el sol se había puesto y las sombras se alineaban en la ventana.

Espera, ¿qué hay de mi reunión con el señor Klausner?

Cuando le pregunté a Mary, ella dijo: —no escuché una hora específica. ¿Debo ir a preguntar?

—Sí, por favor.

En ese momento, hubo otro golpeteo en la puerta. Se trataba de una de las sirvientas del castillo. Capté fragmentos de su conversación con Mary, pero sonaba como si no fuera lo que esperaba. De hecho, Mary informó que no se trataba de ningún tipo de reunión oficial en absoluto.

— ¿Voy a cenar con la familia del señor Klausner? —Parpadeé sorprendida.

—Sí. Tampoco dijo nada sobre las discusiones.

—Ya veo.

Bueno, esto se sentía extraño. Pero tal vez discutiríamos el estado de las cosas después de cenar.

Por ahora era el momento de prepararse y, al menos tenía a Mary para ayudarme a lidiar con este cambio de planes.

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