Hetero, Santa Omnipotente

1°acto: El viaje. Parte 3

— ¿Eh?

Mientras caminaba por un pasillo del instituto, llevando una caja de pociones, miré por una ventana y vi el caballo del comandante Albert entrando en nuestro antejardín. Bueno, eso es extraño. ¿Necesita hablar con Johan?

Por lo general, era Johan quien iba al cuartel de los caballeros cuando él y Albert necesitaban hablar. Albert sólo venía al instituto cuando me acompañaba a casa.

Cuando llegué a la entrada, Albert acababa de entrar. —Sei, siempre es un placer verte. ¿Se encuentra Johan?

—Sí. Está en su oficina.

—Gracias.

Inmediatamente partió en la dirección correcta. Ni siquiera tuve que decirle dónde estaba.

Oh, no. Parece que esto llevará algo de tiempo. Y llegó hasta aquí a caballo; apuesto a que le vendría bien un refrigerio. Dejé mi caja de pociones junto a mi estación de trabajo y me dirigí al comedor para hacer un poco de té.

Una vez que acomodé todo en una bandeja, me dirigí a la oficina de Johan y llamé antes de entrar. —Permiso.

Johan y Albert levantaron la mirada cuando entré, sus expresiones eran algo sombrías. Independientemente de lo que estuvieran hablando, la repentina llegada de Albert significaba que requería atención inmediata. No tenía ninguna duda de que, en el mejor de los casos, era una noticia preocupante.

Sin embargo, dado que se trataba de una conversación entre el investigador en jefe del instituto de investigación de plantas medicinales y el comandante de los caballeros de la tercera orden, estaba por encima de mi categoría salarial, por así decirlo. Tenía la intención de dejar el té y las galletas y marcharme. Pero cuando intenté salir, Johan me detuvo.

— ¿Te gustaría unírtenos? —Johan había recuperado su sonrisa habitual cuando me preguntó esto.

— ¿No están hablando de algo importante?

—Ya terminamos.

¿Realmente estará bien? Parecía bastante urgente. Y yo también estoy en la hora. Además, si vamos a tomar té, a mí también me gustaría tomar una taza… Oh, bien, ¿por qué no?

Lo admito, incluso si lo que estaba pasando no era asunto mío, estaba un poco preocupada. ¿Cómo no podría estarlo después de ver esos rostros sombríos? ¡Especialmente considerando lo importantes que eran estos dos!

Me senté junto a Johan y miré a Albert justo cuando estaba tomando un sorbo de su té. Observé cómo su manzana de Adán se balanceaba mientras tragaba y la arruga de su frente se desvanecía. Después de darle un mordisco a una galleta, su expresión también se calmó.

Eso inicialmente me dio un poco de alivio, pero luego Albert me miró a los ojos.

¡Ack, me le quedé mirando de nuevo!

Peor aún, Albert tuvo el descaro de sonreír de esa íntima y acogedora forma suya y, eso me cohibió tanto que tuve que me vi obligada a apartar la mirada.

—Oigan, ¿Se olvidaron de que yo sigo aquí? —Dijo Johan con irritación.

— ¡Por supuesto que no! —Protesté, pero no creo que sonara tan convincente, a pesar de que era la verdad. ¿Cómo podría olvidar que mi jefe seguía en la habitación?

—Al va a salir de la capital por un tiempo, —dijo Johan de repente mirándome de soslayo.

— ¿Eh?

Miré a Albert y me lo encontré con una sonrisa inquieta. —Como sabes, la situación en la capital no es tan grave como antes. Por lo tanto, se ha decidido que la próxima expedición será a uno de los feudos.

— ¿Es porque el miasma se ha ido, así como los monstruos?

—Sí.

— ¿Van todos los del tercer orden?

—No todos, pero la mayoría vendrán conmigo.

Sólo un pensamiento cruzó por mi mente y, se quedó presente, ineludible: finalmente está sucediendo.

Ahora que la primavera estaba cerca, sería más fácil viajar que durante el invierno. Era la temporada ideal para viajes largos. Pero eso no era lo que había hecho inevitable este giro de los acontecimientos.

A pesar de esa inevitabilidad, todavía me sentía tensa, tal vez por la ansiedad. O tal vez me había permitido relajarme y fantasear con futuros que nunca podrían ser, ya que habían pasado unos meses desde nuestra excursión al bosque oeste.

Inmediatamente después de nuestro regreso, hubo rumores de que el número de monstruos cerca de la capital había disminuido drásticamente. Las órdenes caballerescas habían continuado llevando a cabo expediciones de subyugación y, también habían informado de una reducción en la población de monstruos, pero los superiores no habían querido hacer suposiciones, por lo que habíamos estado un poco a la espera.

Pero ahora habían pasado meses y, parecía que habían confirmado por sí mismos que no era probable que los monstruos regresaran. Como resultado, el palacio se había asegurado de que la capital estaba finalmente a salvo.

Al mismo tiempo, había llegado una avalancha de solicitudes de la nobleza de la campiña: solicitudes para que las órdenes caballerescas fueran enviadas a sus feudos.

A diferencia de la capital, el número de monstruos en los feudos seguía aumentando y la situación se tornaba desesperada.

No era como si estos nobles no estuvieran haciendo nada. Todos empleaban compañías mercenarias para defenderse de los monstruos en sus respectivos feudos y, a pesar del reciente aumento en la población de monstruos, se las habían arreglado para hacer frente a la amenaza enviando sus propias expediciones más frecuentes. Sin embargo, había un límite en cuanto a lo que podía hacer cualquier mercenario, compañía o noble.

En tiempos pasados, el palacio había enviado las órdenes caballerescas para proporcionar ayuda adicional cada vez que un señor feudal carecía del personal para hacer frente a las amenazas a su pueblo. Ahora que se había extendido la noticia de la nueva paz en la capital, todos esos nobles esperaban que el palacio enviara a sus caballeros, tal como lo habían hecho antes.

— ¿Adónde se dirigen? —Le pregunté a Albert tentativamente.

—Al feudo Klausner, por el momento. También comprobaremos otros feudos en el camino.

—Oh, ¿el feudo que exporta todas esas hierbas?

—Así es.

Oh. Ese nombre seguía apareciendo una y otra vez. En cualquier caso, esto ciertamente explicaba algunas cosas.

—El palacio debe estar preocupado por la escasez de hierbas, —dijo Johan, eso era exactamente lo que yo estaba pensando.

—Por supuesto. También ha sido un problema para tu instituto, ¿no, Johan? —Preguntó Albert.

—Sí y, estoy seguro de que también está afectando a los caballeros.

—No estás del todo equivocado. Aunque ahora no nos enfrentamos a tantos monstruos, seguimos saliendo en expediciones a exterminar a los que quedan.

Y siempre que hacían eso, las lesiones eran un hecho. Necesitaban pociones. Todos lo hacíamos. No era de extrañar que el palacio hubiera decidido que era sumamente importante despachar finalmente a sus caballeros.

— ¿Cuándo piensan partir? —Pregunté.

—Tenemos que hacer algunos preparativos, pero creo que en unas dos semanas.

— ¿Dos semanas? Bien. —Asentí. —Yo también me prepararé.

— ¿Te prepararas? —Preguntó Albert. Johan y él me miraron con sospecha.

— ¿Eh?

— ¿Para qué necesitas prepararte? Oh, espera, ¿te refieres a preparar pociones para las expediciones? —Preguntó Johan.

—Sí, por supuesto, pero también necesito preparar muchas otras cosas, ¿verdad? Como ropa y…

— ¿Ropa para quién?

Sus expresiones se mantuvieron sin cambios. Tenía la sensación de que todos estábamos en diferentes longitudes de onda. ¿Había llegado a la conclusión equivocada?

—Espera, ¿no me digas que también planeas ir? —Preguntó Johan como si hubiese tenido alguna especie de epifanía.

— ¿Oh, sí? ¿No habíamos hablado ya de esto?

Por la forma en que me miraban con tanta sorpresa, parecía que el hecho de que yo viajara con ellos ni se les había pasado por la mente.

Eso es extraño. ¿No tuvimos una discusión completa sobre esto hace sólo un par de meses?

—Supongo que puede que sí… —Johan se calló.

— ¿Sería mejor si me quedara esta vez, considerando mi… situación actual? Quiero decir, no diría que sería completamente inútil, ya que también puedo usar magia sagrada. —Hice mi pregunta con cautela, encogiéndome un poco.

Por situación actual, me refería al pequeño problema de que no podía conjurar la magia santa a voluntad. Johan pareció captar mi indirecta, su mirada se tornó seria. Era comprensible. ¿De qué ayuda podría ser para una expedición si no podía conjurar una magia tan importante?

Sin embargo, mi magia sagrada seguía siendo útil en un papel de apoyo, con todos los hechizos de curación que podría lanzar. Aunque no era como si fuera la única persona que podía hacer eso, otras personas también tenían magia sagrada, incluso si nadie estaba a mi nivel. Eso en sí mismo no era un argumento para justificar mi indispensabilidad.

Los ojos de Johan se volvieron distantes y calculadores. —Pareces emocionada con la idea.

—Oh…

—Estás escondiendo algo, ¿no es así? Escúpelo todo.

Bien, bien. Hasta ahora, había evitado como la peste cualquier tema que tuviera que ver con ser la santa, así que, por supuesto, mi repentino entusiasmo lo hizo desconfiar. De hecho, hace un tiempo, había estado todo lo contrario de entusiasmada con la perspectiva de unirme a futuras expediciones en regiones. Quizás, obviamente, preferiría pasar mi tiempo investigando en el instituto.

Pero, bueno… —yo, uh, escuché que al feudo Klausner se le conoce como la tierra santa de los alquimistas.

Y con eso, la expresión de Johan pasó de la sospecha a la exasperación.

¡Lo siento! Es sólo que tengo la sensación de que nunca podría ir si no fuera por esta oportunidad.

Albert parecía confundido, aparentemente aún no captaba la esencia de nuestra conversación. Johan suspiró y le explicó lo que significaba ese apodo y, mientras lo hacía, los labios de Albert se curvaron en una sonrisa.

—Vaya, así que eso es, —dijo. —Quieres ampliar tus conocimientos, ¿verdad, Sei?

—Así es. —Dejé caer la mirada por reflejo, sintiéndome incómoda, sin mencionar un poco preocupada de que mis razones fueran en realidad bastante frívolas, quiero decir, Albert y sus caballeros iban a arriesgar sus vidas.

Sin embargo, ni Albert ni Johan parecían molestos en lo más mínimo.

—Bueno, para decirte la verdad, hay un verdadero tesoro de conocimiento en herbología en el feudo Klausner, cosas de las que no tenemos registro aquí en la capital. De hecho, podría ser algo bueno que fueras y aprendieras de uno o dos alquimistas, —dijo Johan.

—Los caballeros también estarían apostados allí durante algún tiempo, —añadió Albert.

— ¿Eso significa que puedo ir? —intercalé mi mirada entre ambos, lo que me valió algunas sonrisas extrañamente tensas de ambos.

—En realidad, me gustaría pedírtelo, —dijo Johan.

—De hecho, el palacio ya ha solicitado su presencia, —agregó Albert.

— ¿De verdad?

—Me temo que sí. Sin embargo, inicialmente nos opusimos… y antes estábamos discutiendo la mejor manera de rechazarlos.

Explicaron que su reticencia se basaba en la naturaleza aún complicada de mi magia santa. Les preocupaba que si no podía volver a conjurar la magia, sería objeto de críticas no sólo del palacio, sino también de la gente de Salutania. Mi falta general de interés en la subyugación de monstruos era otra razón para su oposición.

— ¡Ah! Pido disculpas por causarles tanta angustia, —dije.

—No, no te preocupe. Nosotros fuimos los que te presionamos.

—Así es. No te preocupes por eso.

Los dos sonrieron e insistieron en que no debería preocuparme. Me sentía un poco mal, ya que de repente estaba segura de que habían estado teniendo reuniones como esta por un tiempo, especialmente porque, ahora que lo pensaba, no había experimentado ninguna molestia en el palacio desde que comencé a vivir en el instituto.

—Gracias por todo lo que han hecho por mí, —agregué con una pequeña reverencia.

— ¿Mmm? ¿Por qué dices eso?

—Por ninguna razón en particular…

Ambos me miraron con curiosidad.

Quizás para ellos esta consideración por mis sentimientos era natural y no valía la pena ser reconocida, pero de todos modos les estaba agradecida. Sin embargo, me sentía demasiado cohibida como para explicarme, así que simplemente me encogí de hombros con una sonrisa mientras les agradecía una vez más en mi mente.

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