Hetero, Santa Omnipotente

6°acto: La santa. Parte 2

—Terminemos aquí la lección de hoy.

—Gracias.

Mi clase de magia con Yuri llegó a su fin una vez más.

Continué con mis clases después de que regresamos de la expedición. Después de todo, no podía captar instantáneamente todo lo que había que aprender sobre la magia en este mundo. A pesar de mi interés, tenía un cerebro muy normal. Apuesto a que si fuera tan inteligente como Yuri, sería capaz de recordar todo desde la primera vez.

— ¿Se dirige ahora al cuartel de la tercera orden? —Preguntó Yuri.

—Ese era el plan.

— ¿Estaría bien que yo la acompañara?

— ¿Tiene tiempo con todo su trabajo?

—Eso puede esperar un poco.

Había algo inquietante en la forma en que Yuri sonreía, pero estaba bien, ¿verdad? Tenía la sensación de que Don Sabelotodo vendría a buscarlo en poco tiempo de todos modos, como lo había hecho algunas veces antes, cuando Yuri me seguía al cuartel de la tercera orden.

La primera vez, Yuri estaba tan absorto en mi práctica con curación que se saltó una reunión importante. Don Sabelotodo y algunos otros magos habían puesto el palacio patas arriba buscándolo.

No podría decir con certeza si eso volvería a suceder, pero probablemente era mejor enviar un mensaje a Don Sabelotodo y hacerle saber a dónde iba Yuri. Por lo menos, le haría las cosas más fáciles para poder discutir con el gran mago más tarde.

— ¿Nos ponemos en marcha? —Preguntó Yuri con una sonrisa.

—Sí. —Asentí y salimos de la habitación.

Le hice señas a una maga que pasaba por allí cuando nos íbamos y le pedí que transmitiera a dónde nos dirigíamos Yuri y yo. La maga parecía cansada cuando pilló mi indirecta y dijo: —Informaré al mago de inmediato.

Sólo podía asumir que esta maga había sido parte del grupo de búsqueda del gran mago.

En el camino, Yuri y yo hablamos de magia. Sin embargo, no hablamos de mis estudios actuales, sino del poder de la santa. Había demasiadas cosas que no sabíamos al respecto. Habíamos repasado el evento y todo lo que sabíamos varias veces desde que regresamos de la expedición.

Estábamos de acuerdo en que, basados en los efectos de la magia, era efectivamente el poder de la santa. Sin embargo, más allá de eso, no sabíamos casi nada, por ejemplo, cómo conjurarla, lo que tenía sentido, ya que ni siquiera yo podía explicar cómo lo hice.

Bien pudo haber sido suerte que me las arreglara para invocar la magia durante la expedición; No tenía idea de qué condiciones invocaron la ola dorada de poder que usé para hacer que el hechizo (o lo que fuera eso) tomara forma. La luz pareció fluir desde mi interior y, después todo lo que hice fue… ¿pedirle que hiciera cosas?

Por mucho que intentara recordar si había hecho algo especial para invocarla, no se me ocurría nada. Las cosas habían estado demasiado tensas y todo sucedió a la vez.

Mientras estábamos repasando todo de nuevo, notamos una especie de conmoción más adelante mientras atravesábamos un pasillo al aire libre que daba a los jardines del palacio. ¿Qué está pasando?

Miré a Yuri y descubrí que también tenía el ceño fruncido.

—Me pregunto qué pasó, —dije.

—No estoy seguro, pero detengámonos y echemos un vistazo; después de todo, está de camino.

Cuanto más nos acercábamos a la conmoción, más oficiales y sirvientas nos encontrábamos.

¿Están todos tratando de averiguar qué está pasando?

Este corredor era una de las principales vías del palacio, por lo que cualquier negocio que tuvieras en las cercanías inevitablemente atraía la atención. Las personas murmuraban entre ellos mientras nosotros nos veíamos arrastrados por el mar de gente, pero no alcanzaba a escuchar de lo que estaban hablando.

A medida que nos acercábamos, nos dimos cuenta de que nos dirigíamos a una discusión entre un hombre y una mujer. ¿Una pelea de amantes, tal vez?

Esto seguramente sería objeto de chismes para las sirvientas más tarde. Como no tenían formas de entretenimiento como la televisión o las revistas, las personas que trabajaban en palacio a menudo adoraban los chismes y, las peleas entre amantes eran su tema favorito.

— ¡Eres demasiado terca!

—Pero, Su Alteza…

Mientras nos deslizábamos entre la creciente multitud de personas, la voz de la mujer me sonó familiar. Aceleré mi paso hasta que finalmente pude ver quién estaba discutiendo.

Uf, lo sabía. La mujer era Liz.

—Continuar como hasta ahora solo será perjudicial para ella. Por favor, reconsidérelo, —suplicó.

—No me digas que eres seria con tu oferta de ayuda.

— ¿Qué se supone que significa eso?

—Escuché que eres tú quien les ha estado diciendo a todos que aíslen a Aira.

— ¿A qué se refiere?

Pero el tema de la discusión era de alguna manera inquietante.

A pesar de la cantidad de personas que se habían reunido, todos mantenían cierta distancia de los dos protagonistas del altercado. Los entiendo completamente, no me malinterpreten; la persona con la que Liz estaba discutiendo no era otra que Kyle, el príncipe heredero pelirrojo. Nadie se atrevía a interceder en una discusión entre dos personas de tan alto estatus, incluso si estaban muy preocupados.

En ese momento, me di cuenta de que Liz y el príncipe no estaban solos. Con ellos había varios chicos detrás del príncipe, presumiblemente el séquito de seguidores de los que había oído hablar antes. Reconocí a algunos de ellos del día de mi invocación.

Y junto al príncipe estaba la chica de mi mundo, a la que no había visto desde hace casi un año: Aira. Me sentía aliviada al ver que no se veía tan mal. Parece que la han estado alimentando correctamente. Gracias a Dios por eso.

Por el lindo vestido rosa que llevaba, me daba cuenta de que la estaban cuidando bien. Sin embargo, su expresión estaba llena de ansiedad mientras sus ojos se movían entre el príncipe y Liz.

La discusión continuó, pero yo estaba centrada en Aira. Ya podía adivinar de qué se trataba. El príncipe Kyle pensaba que Liz era la causa de todo lo que las otras chicas nobles le habían hecho a Aira, cosas que Liz me había contado antes.

Habían comenzado excluyendo a Aira o regañándola, pero además de todo eso, las damas habían comenzado a destruir sus posesiones personales, como sus libros de texto.

Sin embargo, estaba bastante segura de que Liz había tratado de poner fin a todo eso. Por eso estaba segura de que no eran sólo las mujeres las que necesitaban cambiar su comportamiento, también había que hacer algo con el tipo más directamente involucrado en la situación de Aira. Liz me había contado todo lo frustrada que estaba de que el príncipe se interpusiera en su camino y no pudiera hablar con Aira.

—Estabas celosa… —El príncipe Kyle se calló.

— ¿Celosa? —Preguntó Liz.

—Por supuesto. Eres mi prometida, después de todo. No te gusta ver que estoy con Aira todo el tiempo.

—Ah… Si cree que eso es motivo de preocupación, ¿por qué no está de acuerdo con mi propuesta? Esto también se aplica a ustedes. —Liz dirigió su mirada penetrante al séquito del príncipe. —Por supuesto, comprenderán que se considera poco caballeroso que un hombre que ya está comprometido dedique la mayor parte de su tiempo a una mujer que no sea su prometida.

—Sea como fuere, como el supervisor del ritual de invocación de la santa, soy responsable de Aira. Como el que la invocó sin previo aviso, debo protegerla de cualquier daño. Esto no es nada de lo que sentirse culpable.

Liz hizo una pausa por un momento. —Sin embargo, la dama Aira no fue la única a la que invocaron, ¿no se acuerda? No obstante, no ha hecho nada por la otra mujer.

— ¿La otra mujer? Oh, ¿te refieres a la de la cual todos han estado hablando? No hay forma de que ella pueda ser la santa.

— ¿Que acaba de decir?

—La gente sabe que el ritual fue un éxito y quieren ver resultados. Pero Aira todavía necesita acostumbrarse a las expediciones. Así que para apaciguarlos, los oficiales atribuyeron los logros recientes de los caballeros a la falsa santa para que pareciera que había avances, ¿verdad?

— Su Alteza, ¿comprende lo que acaba de decir?

Oh, no, Liz explotó. Incluso los chicos que estaban detrás del príncipe se sorprendieron ante el aura amenazante de Liz.

Gracias por enojarte por mí, Liz. Incluso yo quiero darle una paliza ahora mismo. Quiero decir, realmente no me importa si la gente me llama falsa, ya que de todos modos quería seguir siendo una persona común. Pero es el futuro rey al que están escuchando llamar propaganda populista a los logros de la santa. ¡Y frente a tanta gente! Si fuera verdad, habría arruinado todos esos esfuerzos. Y aunque no lo sea, quién sabe, tal vez mañana todos en el palacio hablarán sobre cómo la santa era en realidad una impostora.

Estupefacta por la insensateces del príncipe, en un momento hice contacto visual con Aira. Sus ojos se abrieron por la sorpresa.

¿Qué pasa con ella? Oh, ahora Liz también se fijó en mí. Y también el príncipe. Aunque ni siquiera estoy segura de que sepa quién soy.

—Sei, —dijo Liz, atrayendo la atención de todos hacia mí.

— ¿Uhhh, hola? —Respondí.

No creía que fueran imaginaciones mías lo pálidos que se pusieron de repente los oficiales que habían estado observando. Por supuesto que se habían quedado boquiabiertos. El príncipe de su nación acababa de llamarme falsa, básicamente directamente en mi cara.

La gente empezó a escabullirse, quizás en busca de alguien importante. Francamente, realmente esperaba que encontraran a alguien que pudiera controlar esta situación.

— ¿Quién eres tú? —Preguntó el príncipe Kyle.

Lo miré a los ojos y me resistí a girar los míos.

¿De verdad? ¿No me recuerda? Sabía que la cosa sólo empeoraría si no respondía, pero realmente no tenía ganas de honrarlo con una respuesta. Desafortunadamente, hubiera sido inmaduro ignorarlo, así que de mala gana di mi nombre con una reverencia adecuada, tal como lo había practicado en clase. —Mi nombre es Sei.

De todos modos, me limité a hacer lo mínimo.

El príncipe finalmente pareció reconocer el color de mi cabello. — ¿Eres la santa de la que todo el mundo ha estado hablando?

Ahora lo ignoré y me volteé hacia Liz. Me di cuenta de que estaba ofendido, pero seguí a lo mío. Seguramente podría salirme con la mía. —Dime, Liz, si los dos van a discutir, ¿no sería mejor hacerlo en otra habitación? Están haciendo una gran escena.

Liz le dio una sonrisa demasiado brillante y torcida como respuesta. Lo más probable es que le hubiera sugerido lo mismo al príncipe sólo para ser ignorada.

No sabía exactamente cómo había comenzado esta discusión, pero el príncipe realmente había perdido la calma. Si hubiera mantenido la compostura, podría haberse dado cuenta del daño que se hacía a sí mismo al tener lo que equivalía a una rabieta real en el medio de los jardines de palacio; incluso algunos de sus seguidores tenían que estar avergonzados por su comportamiento.

O espera, ¿quizás esa era la intención de Liz?

En ese momento, el príncipe Kyle se impacientó y quiso agarrarme del hombro mientras espetaba un, — ¡Oye!

Déjame pensar. Según lo que he aprendido en clases, ¿no es una violación de la etiqueta que un hombre toque casualmente a una mujer soltera? ¿Cree que por ser un príncipe está exento?

Consideré apartarlo, pero su mano nunca me alcanzó, porque Albert había llegado de quien sabe dónde y lo había bloqueado.

— ¡Comandante Hawke! —El príncipe Kyle le gritó a Albert por agarrarlo, pero este, impasible, simplemente dejó caer la mano del príncipe.

Me di cuenta de que a Albert le faltaba el aliento, lo que significaba que había corrido hacia aquí.

El príncipe miró molesto a Albert. Pero antes de que pudiera actuar, llegó otra persona.

— ¿De qué se trata todo este alboroto?

— ¡Padre!

Era el rey y, detrás de él venía el primer ministro. Los oficiales habían huido para convocar nada menos que a las dos personas garantizadas para arreglar esta situación.

—Esos… —El príncipe comenzó, pero el rey lo interrumpió.

—Soy consciente de lo que pasó. Tú y tu idiotez han provocado una escena y, nada menos que delante de tanta multitud.

— ¡Pero padre!

—Para colmo, has sido terriblemente grosero con la santa.

—Ese no fui yo. Ellos son los que…

— ¿Oh? ¿Pero no acabas de acusar a la santa de ser una impostora?

—Pero ¿no es cierto que es una impostora, una que tú mismo preparaste?

El rey guardó silencio un momento antes de responder, completamente compuesto. —Bueno, ¿por qué pensarías eso?

—Aira fue la única verdaderamente invocada durante el ritual.

—La dama Sei aquí presente también fue invocada.

— ¿Eh?

—Supongo que podría haber perdonado tal descuido si fuera temporal. ¿Pero no leíste todos los informes de que se había invocado a dos mujeres?

—Bueno, pero…

—Además, de acuerdo con los resultados de las evaluaciones del gran mago Drewes, la dama Sei es inconfundiblemente la santa.

¿Eh? ¿En serio? Miré a Yuri inmediatamente, pero todo lo que hizo fue inclinarse en dirección al rey. Ni siquiera miró en mi dirección. ¿Quizás eso fue lo que concluyó después de lo que hice durante la expedición?

El rey prosiguió. —Y esto no es sólo una cuestión de la evaluación del gran mago. El comandante Hawke informó que Sei cumplió brillantemente con su deber santo en la expedición más reciente. Por supuesto, los caballeros de la segunda orden también presentaron informes similares.

El príncipe se quedó en silencio.

—Tengo entendido que te sientes responsable del resultado del ritual y deseas mantener a la dama Aira a salvo, —dijo el rey. —Pero en ese caso, ¿no ves cómo no has podido hacer lo mismo por la dama Sei? Peor aún, la has tratado como a una impostora. Después de todos sus logros, todos han reconocido a la dama Sei como la santa. Pero, ¿qué ha hecho la dama Aira? Ella todavía no ha conseguido nada.

—Pero…

—Incluso dejando estos hechos a un lado, no tienes una base verdadera para tu acusación. En ese sentido, creo que deberíamos continuar esta conversación en otro lugar.

El príncipe permaneció en silencio.

El rey miró a su hijo con decepción por un momento antes de que su expresión volviera a la normalidad. Ordenó a los caballeros que esperaban su orden que escoltaran al príncipe y a su sequito a otra parte. El abatido príncipe y su séquito los siguieron en silencio.

Ante eso, la audiencia comenzó a regresar a sus funciones.

—También me gustaría conocer su versión de los hechos, dama Ashley. ¿Le importaría acompañarnos? —Dijo el rey a Liz.

—Como desee, Su Majestad.

—En cuanto a usted, dama Sei, hablaré con usted más tarde.

—S-Sí, Su Majestad. —Parecía que me dejaban ir.

El rey me dio un furtivo asentimiento de disculpa antes de ir en dirección a su hijo. Liz y el primer ministro lo siguieron.

Todo había terminado antes de que pudiera comprender realmente lo que había sucedido, pero… ¿parecía que los problemas escolares de los que me había hablado Liz finalmente se resolverían?

Al menos, cuando me fui con Albert y Yuri, esperaba que lo hicieran.

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