Hetero, La Villana y el Jefe Final

Capítulo 1: A la villana no podría importarle menos ser impopular. Parte 3

—Volviendo al asunto que nos ocupa, ¿qué la trae por aquí, dama Aileen? Me dijeron que el príncipe Cedric canceló su compromiso, pero si está aquí para pedir prestado el poder de los demonios para su venganza, ha venido al lugar equivocado. La política general de mi señor es pasar sus días en paz y tranquilidad.

—Entonces creo que nos llevaremos bien. También me gusta mucho estar a salvo.

—No creo que la gente que valora su seguridad vendría voluntariamente a ver al rey demonio y, mucho menos le propondría matrimonio.

—Pero si el príncipe Claude llega a amarme, yo también seré capaz de pasar mis días en un reconfortante reposo.

Aileen recibe varias miradas de desconcierto, pero no puede permitirse el lujo de preocuparse.

Lo único que le permitió a Claude seguir siendo humano y abstenerse de convertirse en el rey demonio fue su amor por Lilia.

Sin embargo, Lilia no puede enamorar a Claude. Claude era uno de esos personajes que solo podían ser conquistados en una segunda partida y, no se desbloqueaba hasta que el jugador veía el final una vez. A diferencia del juego, la realidad solo ocurre una vez. En otras palabras, si no se le puede enamorar aquí y ahora, es casi seguro que se convertirá en el jefe final.

En ese caso, Aileen simplemente tendrá que tomar el lugar de Lilia y convertirse en la persona que mantiene a Claude alejado del precipicio, convirtiéndose en la mujer que ama.

En las circunstancias actuales, decidió que ese es el plan más seguro y óptimo disponible para ella.

Aileen le sonríe a Claude.

—Como tal, por favor cásese conmigo. Yo lo haré feliz.

— ¿Esta humana está loca?

—Yo me preguntaba lo mismo…

—Beelzebuth, échala.

En respuesta a la orden cortante de Claude, Beelzebuth se mueve sin vacilar. En el momento en que ve eso, Aileen agarra la espada que está apoyada contra el extremo del sofá y la sostiene contra su propio cuello.

— ¡Bel, espera!

Antes de que la mano de Beelzebuth alcance a Aileen, este se detiene.

Al ver que los eventos avanzan exactamente como predijo, Aileen se ríe para sí misma. Si hubiera sido la heroína, habría permitido dócilmente que Beelzebuth la capturara y habría sido devuelta a casa por la fuerza, ganando la rara e invaluable experiencia de volar por el cielo en su camino. Sin embargo, no es como si tuviera muchas opciones en el asunto y, evitar el evento de regresar a casa volando no afectará su relación con Claude, por lo que no debería ser un problema.

Al contrario, necesito mejorarla. Si no soy yo a quien ama, no tiene sentido.

Una vez que ha detenido a Beelzebuth, Claude frunce un poco el ceño.

— ¿Cuál es el significado de esto?

—Si debo irme a casa, regresaré por mi cuenta. Me niego categóricamente a hacer algo tan descarado como volar por el cielo en brazos de un caballero que no es mi prometido.

— ¿Caballero?

Beelzebuth se señala a sí mismo, luciendo perplejo. Claude, quien había comenzado a levantarse de su silla, vuelve a sentarse.

—Solo te iba a enviar a casa de la forma habitual.

—No, príncipe Claude. Ser transportada por Beelzebuth y regresar a casa volando está muy lejos de lo común. Mi gente se desmayaría.

—Muy bien. Lo tomaré en consideración, así que baja la espada. Tengo pocas ganas de semejante teatro.

—Es muy amable.

Aileen baja su espada mientras le lanza una sonrisa a Claude, cuyo rostro sigue sin expresión. Keith se lleva la mano a la barbilla.

—Su reputación es… poco halagadora, pero la dama tiene valor. Los D’Autriche también son una gran casa noble. Esta oportunidad puede ser demasiado buena para desperdiciarla.

—Keith, basta de tonterías… En cualquier caso, rechazo tu petición. Vete a casa.

Aun sonriendo, Aileen aplaude ligeramente.

—Me iré si está de acuerdo con mi propuesta. Simple, ¿no es así?

—Como dije antes, no entiendo qué sentido tiene todo esto. Nos acabamos de conocer. ¿Por qué te quieres casar conmigo? ¿Es que tu…? —Aunque su expresión no cambia, Claude vacila. Aileen parpadea. Se siente como si una ligera brisa soplara dentro de la habitación. — ¿Me amas?

—Por supuesto que no.

Cuando responde tajantemente a su pregunta vacilante, se levanta una fuerte ráfaga de viento, también en el interior. Keith se apresura a calmar a Claude.

— ¡A-Amo, cálmese! ¡Sin torbellinos, por favor!

— ¡¿Entonces, qué diablos es todo esto…?!

—Mi rey, lo comprendo completamente.

—Quiero decir, acabamos de conocernos.

— ¡Sí, y ese fue el momento en que decidiste proponerme matrimonio! Además, Cedric acaba de terminar su compromiso. ¡¿Qué te poseyó para hacer algo tan descarado inmediatamente después?!

El viento amaina inmediatamente. Probablemente sea porque Aileen ha apuntado con la espada directamente a la nariz de Claude, lo que lo devolvió a sus sentidos.

Aunque hay una espada apuntada a su amo, tanto Beelzebuth como Keith parecen indiferentes. Eso es natural. Si Claude se ponía serio, podía convertir a Aileen en carbón en un instante.

Aun así, su orgullo la obliga a hablar.

—Sin duda, parte de la culpa es mía. Admito eso. Sin embargo, ¿está diciendo que simplemente debería aceptar mi suerte y pasar el resto de mi vida llorando? No me haga reír. No tengo ninguna intención de perder un segundo más con escoria como él.

— ¿Escoria? Eso es bastante duro.

—Sí. Las mujeres acumulan amor con el tiempo. He decidido que lo amaré a usted. Venga, fomentemos nuestro cariño.

— ¿A punta de espada?

Los ojos de Claude son fríos y Aileen le dirige su más hermosa sonrisa.

—Dicen que si sigues declarando que estás enamorado, eventualmente se convertirá en la verdad. ¿Probamos esa teoría?

—Ya veo.

Respondiendo con un tono completamente plano, Claude extiende una mano. A su pesar, Aileen abraza la espada contra su pecho. Suavemente, con sus largos dedos, Claude levanta un mechón de cabello que le cae sobre el hombro. Lo escudriña sospechosamente con sus ojos rojos.

—En otras palabras, ¿has venido a seducir al rey demonio?

— ¿Sedu…?

Sus mejillas se sonrojan. No está acostumbrada a asuntos amorosos ni a los hombres. En su vida anterior, los juegos otome eran sus únicos amigos y, en esta vida, aunque tenía un prometido, había sido criada como una doncella protegida y, trágicamente, habían pasado pocos momentos de romance entre ella y Cedric.

No obstante, no puede permitirse el lujo de mostrar debilidad al estar nerviosa ahora. Aun sintiéndose tímida, se obliga a hacer alarde de una sonrisa valiente ante ese rostro encantador e inexpresivo.

—S-Sí. Supongo que así es como podría llamarlo.

—Tu voz parece temblar. ¿Es mi imaginación?

—Ciertamente lo es.

—No pareces estar lo suficientemente familiarizada con los hombres para seducir a uno.

— ¿Quién cree que soy? ¡Soy una seductora veterana! ¡¡Podría seducir a un hombre antes del desayuno!!

Hizo esa declaración con firmeza, pero el rostro de Claude sigue inexpresivo. Solo la mira, examinándola desde la cabeza hasta los pies.

Su maquillaje y ropa deben ser impecables, como siempre. Como tenía la intención de aventurarse en el castillo del rey demonio, no hizo todo lo posible, pero se aseguró de que su apariencia no fuera nada de lo que la hija de un duque debiera avergonzarse. Aun así, por alguna razón, de repente se siente avergonzada y se mueve inquieta.

Tener a alguien así de hermoso justo frente a mí me pone nerviosa… ¡Oh, mi cabello! Está todo revuelto…

Tardíamente, se da cuenta: sus zapatos están embarrados. El encaje de su vestido aparentemente se enganchó en algo y se deshilachó. En general, está bastante desarreglada. Caminó directamente a través del bosque, por lo que es de esperar. Aun así, esta es una situación desesperada.

Después de todo, en esta época, estar impecablemente vestida es el atuendo de batalla de una mujer y su medio de defensa.

—Yo… me disculpo por mi apariencia indecorosa, especialmente cuando he venido a proponerle matrimonio. Lo visitaré de nuevo otro día.

—No hay necesidad.

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