Hetero, Santa Omnipotente

5°acto: La expedición. Parte 2

El otoño había llegado a Salutania y el sol se alzaba bastante tarde. No tenía reloj despertador, pero el hecho de que aún pudiera despertarme temprano y naturalmente sólo significaba que me había acostumbrado al ritmo de este mundo.

Sin embargo, esa no era la única razón por la que me levantaba antes del amanecer. Mi corazón corrió como loco toda la noche, dejándome sin poder dormir. Estaba nerviosa como una niña la noche anterior a una excursión. Sin embargo, a diferencia de una niña, parte de esa anticipación provenía de la ansiedad.

Hoy partíamos hacia el bosque oeste.

Me levanté de la cama y me lavé los dientes. Mientras me cepillaba, repasé los planes para el día y gradualmente divagué en mi mente.

Me lavé e hidraté mi rostro, como era mi rutina, aunque supuse que no podría tomarme tiempo para esas cosas durante la expedición. Guardé mis cosméticos en botellas pequeñas en mi bolsa de viaje, sólo por si acaso.

Finalmente, me vestí. Para la expedición, cambié mi ropa habitual por el tipo de túnica que usaban los magos de la corte de magos. A diferencia de los vestidos del día de damas, podría ponérmela yo misma. Era fácil moverse y no era en absoluto restrictiva, probablemente porque tenían que estar listos para la batalla. Tenía sentido.

Me dieron la túnica hace unos días y me sentía aliviada de que no fuera tan elegante como la que usé durante mi audiencia con el rey. Algo tan bonito sobresaliría como un faro en el bosque. Sin mencionar que vivía con el temor de ensuciar cosas tan hermosas y, eso me hubiera convertido en un estorbo en una expedición.

No podía olvidarme de peinarme. Por lo general, me dejaba el cabello suelto, pero lo ataba en la parte de atrás con una horquilla para que no se interpusiera en mi camino.

Una vez lista, recogí mis cosas para el viaje y bajé las escaleras. Era demasiado pronto para que alguien estuviera trabajando, pero escuchaba a la gente moverse en el primer piso, probablemente los investigadores entregando pociones a los caballeros de la tercera orden.

Me topé con un ambiente un poco caótico cerca de la puerta principal. Les había entregado las pociones que los caballeros habían pedido el día anterior, pero habían pedido aún más cuando supieron que me yo uniría a ellos. Cuando les dije que no creía que pudiera llevar tantas pociones adicionales yo misma, consiguieron una carreta para que trajera las extras.

—Buenos días, Sei, —dijo Jude cuando me encontré con él en la puerta.

—Buenas. ¿También te asignaron a cargar las pociones?

—Sí, algo así.

Nunca había visto a Jude despierto tan temprano antes, así que me preocupaba que pudiera estar agotado. Por lo general, los sirvientes entregaban nuestras pociones a los caballeros. De vez en cuando, un investigador llevaba un lote al cuartel por capricho. Yo solía entregar algunas ​​en mis días libres, pero últimamente mi horario no me lo permitía.

Había asumido que los sirvientes se encargarían una vez más de transportar las pociones de hoy, ya que tenía que hacerse antes del amanecer.

Pero si Jude está aquí, es él quien las trae, ¿verdad?

—No te están obligando a realizar entregas, ¿verdad? —Le pregunté.

—Síp.

—No fue fácil para ti arrastrarte hasta aquí, ¿eh? Realmente pensé que te dejarían dormir.

—Supongo que me sentí un poco así esta mañana, —dijo dubitativamente.

Le di una mirada burlona, ​​pero él no me dio una explicación más clara. Bueno, lo que sea.

No seguí insistiendo y, en cambio, lo ayudé a cargar la carreta. Cuando terminamos, era hora de irnos.

—Sei.

— ¿Johan? —Primero Jude, ahora Johan. Esto se estaba volviendo extraño. — ¿Qué pasa?

—Nada de qué pasa. Estoy aquí para despedirme.

— ¡¿Eh?! — ¿Por eso se había levantado tan temprano?

Mi expresión de sorpresa se encontró con una mirada increíblemente exasperada no sólo de Johan sino que también de Jude.

¿Eh? ¿Qué? ¿Hice algo mal?

—No importa. En cualquier caso, las expediciones pueden volverse un poco… caóticas. Así que cuídate y asegúrate de regresar sana y salva.

—Gracias.

—Y en el segundo en que creas que estás en el menor peligro, huye. ¿Entendido? —Dijo Johan con una expresión inusualmente seria.

Asentí automáticamente. —E-Está bien.

Luego me dio unas palmaditas en la cabeza. ¿Qué diablos le pasaba hoy? Sin embargo, era hora de irnos, así que no tuve la oportunidad de molestarlo antes de tener que subir la carreta.

—Regresaré antes de que te des cuenta, —dije mientras Jude ponía la carreta en movimiento.

Saludé en su dirección; Johan me devolvió el saludo de la misma manera, al igual que un sirviente que había salido para ayudarnos a cargar las últimas pociones.

—Está haciendo un gran escándalo por todo esto, —dije después de un momento.

Jude sonrió con ironía, recordándome que había compartido la mirada exasperada de Johan. —Bueno, por supuesto que sí.

— ¿Pero por qué?

—Vas a una expedición. Yo fui a una cuando estaba en la academia, pero era en el bosque del este y, tú vas al oeste, ¿verdad? Es un lugar peligroso.

Eso había escuchado, pero ¿podría realmente ser mucho más peligroso que los bosques del este y del sur? Recordaba que la salamandra había venido del oeste, y me daba cuenta de que otros monstruos también tenían que acechar en los alrededores. Pero bueno, nunca me había encontrado con ningún monstruo, así que tal vez simplemente no se sentía real para mí o, tal vez mi mente simplemente se negaba a considerar la posibilidad.

Si realmente era un lugar tan peligroso, supongo que podría entender el comportamiento de Johan.

—Ten cuidado, ¿de acuerdo? —Dijo Jude. Incluso él estaba preocupado por mí.

—Lo tendré.

—Lo digo en serio. No deambules sola sólo porque hayas visto algunas hierbas interesantes.

—Lo sé, lo sé. —Desafortunadamente, considerando lo fácilmente que me había distraído en mi última expedición, todo lo que pude hacer fue asentir dócilmente y tomar en serio su advertencia.

Cuando llegamos al cuartel de los caballeros un poco más tarde, comencé a ponerme rígida. La tensión era palpable mientras los caballeros se apresuraban a hacer sus preparativos finales.

Jude y yo bajamos de la carreta y él habló con uno de los sirvientes, quien comenzó a llevar las pociones a la caravana de los caballeros. Vi al sirviente irse mientras Jude se acercaba a mí. Tenía la misma expresión seria de Johan.

Realmente debe estar preocupado, pensé mientras él tomaba gentilmente mi mano izquierda y la sostenía.

—Vuelve sana y salva, —dijo como palabras de despedida. No era un discurso largo ni nada, pero ya habíamos hablado un poco en el camino.

—Lo haré.

Jude bajó la mirada al suelo por un segundo antes de mostrarme su habitual sonrisa despreocupada. Luego regresó al instituto. Lo vi irse y di media vuelta. Era hora de encontrarme con alguien.

Después de vagar un poco, vi que la persona que buscaba ya se acercaba a mí.

—Sei, —llamó el comandante Albert.

—Buenos días, —lo saludé.

—Buenas.

Durante mi última reunión con el oficial de palacio, este me confirmó que viajaría junto a los caballeros de la tercera orden. Me alegré, ya que había entrenado con la tercera orden y conocía personalmente a muchos de los caballeros. Habría quedado exhausta viajando con gente que no conocía muy bien. Teniendo en cuenta lo que nos esperaba, necesitábamos limitar al máximo la posibilidad de cualquier tipo de agotamiento.

Más tarde, escuché de los caballeros que la segunda y tercera órdenes se habían peleado un poco sobre con quién viajaría. No dudé de que esto fuera cierto, dado lo extrañamente devotos a mí que podían llegar a ser los caballeros de la segunda orden. Para ser honesta, su actitud, um, me inquietaba un poco, así que estaba realmente aliviada de que los caballeros de la tercera orden hubieran ganado.

Aparentemente, tenía que agradecerle al gran mago Yuri por ese giro de los acontecimientos. Además, Don Sabelotodo era el hermano mayor de Albert, así que ¿tal vez el respaldo fraternal también tuvo algo que ver con eso?

— ¿Viajarás en el carruaje hasta que lleguemos al bosque? —Preguntó Albert.

—Eso fue lo que oí.

—Ya veo…

El oficial había dicho lo mismo, ya que el bosque oeste quedaba a un paso del palacio. Temía que sería un poco aburrido estar encerrada dentro de un carruaje, pero pensé que no sería tan malo si tomaba una siesta. Sin embargo, la expresión de Albert se ensombreció. ¿Le molestaba la idea de mi solitario paseo en carruaje?

Obtuve la respuesta a esa pregunta cuando llegamos al carruaje en cuestión.

—Buenos días, dama Sei.

— ¿Eh? ¿Gran mago?

Para mi sorpresa, encontramos a Yuri de pie junto a él. Estaba bastante segura de haber oído que la corte de magos partiría desde sus propios cuarteles.

—Buenos días, —lo saludé cuando me recuperé. — ¿Qué lo trae por aquí?

—Pensé en acompañarla.

— ¿Acompañarme… en el carruaje?

—Así es. —Yuri asintió con una sonrisa, una expresión totalmente opuesta a la que tenía Albert. —Llevará algún tiempo llegar al bosque, así que pensé que podríamos discutir sobre magia en el camino.

— ¿Cómo… si fuera una clase?

—Exactamente. Escuché que viajaría sola y pensé que podría aburrirse.

Si bien esto arruinaba mi plan de tomar una siesta, era amable de parte de Yuri ofrecerme otra lección, especialmente porque estaba preocupada de que pudiera olvidar todo lo que había trabajado tan duro para aprender entre el estrés y el caos de la expedición.

—Eso es muy considerado de su parte, —dije.

—Ni lo mencione. Ya es hora de partir, ¿no? —La sonrisa de Yuri se curvó aún más.

—Eso parece.

Los preparativos estaban casi terminados. Varias personas estaban subiendo a sus caballos o preparadas en modo de espera. A petición de Albert y Yuri, nos dirigimos a la puerta del carruaje. Fui la primera en entrar… damas primero, supongo. La puerta estaba algo alta y, cuando me agarré al marco para subirme, alguien me tendió la mano… Albert. Le agradecí tímidamente mientras usaba su mano firme y segura como apoyo.

Supongo que me he acostumbrado a que me escolten. ¿Quizás sea gracias a mis lecciones de etiqueta?

Sí… seguro que me estaba volviendo buena inventando excusas.

El carruaje era mucho más grande de lo que había imaginado y mantas cubrían los asientos acolchados. Se habían tomado algunas precauciones para asegurar mi comodidad y, estaba agradecida por ello.

Me acomodé en el asiento que miraba hacia el frente y Yuri entró después de mí. Se sentó a mi lado, pero no me importó mucho, ya que este carruaje era mucho más grande que el que había compartido con Albert cuando fuimos a la capital esa vez. ¡Gracias a Dios por eso! Tenía muchas ganas de evitar tener que estar en contacto directo con un chico devastadoramente hermoso durante todo el camino.

La puerta del carruaje se cerró y, unos momentos después, partimos. Tardaríamos un día entero en llegar al bosque oeste. Mientras Yuri me enseñaba, me aseguré de preguntar también sobre el bosque.

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