Hetero, La Villana y el Jefe Final

Capítulo 1: A la villana no podría importarle menos ser impopular. Parte 1

El batir de las alas, cuervos tan oscuros como el ébano alzan el vuelo, elevándose hacia el cielo nocturno.

Mientras Aileen avanza, gatos negros se cruzan en su camino.

Es un verdadero desfile de malos augurios. Sin embargo, Aileen camina sin dudarlo por estos bosques, a altas horas de la noche con solo una linterna de mano como luz, con la barbilla alzada. En la otra mano, lleva una espada delgada.

Con un murmullo de hojas, una enorme rata sale disparada de la maleza y se detiene ante ella. Mira a Aileen con su único ojo. Sus orejas son anormalmente grandes y de su boca sobresalen colmillos afilados.

Un demonio. Casi nunca los ves en la primera capa, pero…

Cuando enciende la luz de la linterna, la rata demoníaca se sumerge entre los arbustos en el lado opuesto del camino, desapareciendo por completo. Con un suspiro de alivio, afianza el agarre sobre su espada, pero justo cuando está a punto de reanudar su camino, se da cuenta de algo.

— ¿Cuervos…? Me pregunto por qué están todos posados ​​sobre calaveras. No me digan que también son demonios.

No solo eso, sino que también hay decenas de ellos en las copas de los árboles secos, mirándola. Si todos la atacan a la vez, probablemente… No, definitivamente no escapará ilesa.

Sus graznidos casi suenan como si estuvieran discutiendo cuál es la mejor manera de deshacerse de ella.

Tratar con tantos sería demasiado… No, no debo desanimarme. Si vuelvo ahora, moriré.

Aunque, eso aún podría suceder incluso si sigue adelante.

—Técnicamente, la sangre de la Doncella de la Espada Sagrada corre por mis venas. ¿No calificaría eso como estar bajo su protección? En cualquier caso, dudo que muera hasta que llegue ese momento…

Que irónico. El hecho de que esté destinada a morir más adelante garantiza que no hay nada que temer ahora. Con una sonrisa de autocrítica, levanta la linterna. Al final del camino revelado por la luz, ve un edificio viejo y ruinoso.

Es una propiedad real que dejó de usarse hace mucho tiempo: un castillo abandonado.

Si los rumores son correctos y, si este es realmente el mismo mundo que ese juego, entonces la persona que busca vive en esas ruinas en lo profundo del denso bosque.

—Vuelve.

Cuando un cuervo pronuncia esa advertencia, Aileen retrocede. Al parecer, hablan. Resulta que realmente son demonios.

Aprovechando la oportunidad, los cuervos que la rodean gritan.

—Vuelve, humana.

—Más adelante está el castillo del rey demonio.

—El rey demonio está leyendo.

Aunque es ciertamente extraño que los cuervos mezclen trocitos de información extrañamente calmantes, Aileen no puede reírse en una situación así.

— ¿Por qué estás aquí, niña? ¿Tienes prisa por morir?

—Su compromiso fue cancelado ayer. ¿Viene en busca de venganza? Eso es inútil.

Aileen se estremece, frunciendo el ceño. Los cuervos graznan, burlándose de ella.

— ¿Cómo es que parece que no le importa incluso cuando todo el mundo la odia?

—Se comporta como la gran cosa, pero es patética. ¡Patética!

—Tu reputación está arruinada. Es un bien dañado y desechado.

— ¿Insultan a sus visitantes? ¿Así es como hacéis las cosas por aquí? —Aileen mira fijamente a los cuervos. Se mantiene erguida y luce una sonrisa calma y elegante. — ¿Reunieron esos rumores por órdenes del rey demonio? Debo admitir que estoy bastante sorprendida de que tenga un pasatiempo tan vulgar.

Cada cuervo la mira con enojo. Los demonios tienen al rey demonio en la más alta estima. Un desaire contra él es un desaire contra todos ellos. Y burlarse de ellos es un suicidio.

Sin embargo, comportándose como una heroína en su camino para desafiar al rey demonio, Aileen emite una declaración audaz. —Pido disculpas por mi descortesía al venir de visita a tan alta hora de la noche. Sin embargo, si don Claude Jean Ellmeyer demuestra ser lo suficientemente mezquino como para basar sus decisiones en meros rumores, me iré de inmediato. Ahora cálmense, ¿quieren?

Terminando su comentario con una sonrisa, Aileen camina con gracia. Por alguna razón, los cuervos guardan silencio. Alzando el vuelo, se quedan detrás de ella mientras sigue el sendero a través del bosque sombrío. Cuando mira, se escucha un ruido de entre los arbustos, algo parece estar siguiéndola.

El fracaso es inaceptable. Eso es lo que le han enseñado a Aileen, por lo que ignora todo lo que la acecha y sigue adelante.

En poco tiempo, el escenario se expande.

Bajo un cielo sin estrellas, aparece el castillo abandonado. La estructura en sí está a punto de desmoronarse en varios lugares. Los tapices que quedan colgados están manchados de hollín y hechos jirones y, muchos de sus pilares cubiertos por enredaderas yacen rotos. Los árboles circundantes están marchitos y sin vida, mientras que el pequeño estanque cercano está turbio y negro, transformándose en un pantano sin fondo. Los cuervos vuelan por delante de Aileen, creando una atmósfera de mala agüero que se siente terriblemente apropiada.

Este es el castillo del rey demonio.

La imponente silueta revelada por la luz del farol la hace tragar saliva de forma audible.

Todo está bien. Se supone que en realidad es una persona amable… Pero, ¿y si eso sólo es con la heroína? Eso es totalmente posible.

Esos pensamientos son el enemigo. Aileen no tiene más remedio que armarse de valor e ir. Respira hondo y levanta la cabeza.

A medida que avanza, pasa un tocón que está rodeado por lo que parecen ser huesos humanos. Después de llegar finalmente a la puerta de hierro oxidado, empuja con todas sus fuerzas, pero no da señales de moverse. Jadeando, lo intenta una y otra vez, pero se niega a moverse.

Aun así, no puede simplemente darse por vencida ahora. Cuando vuelve a levantar las manos, alguien habla detrás de ella.

—Deja que te ayude.

—Oh. Eso es muy amable…

Con una explosión, la puerta de hierro es destrozada. La cortés sonrisa que Aileen lucía instintivamente se congela. Se voltea para echar un vistazo al que ha destrozado la puerta con la punta de un dedo.

La luz de la linterna proyecta una sombra alargada.

El lustroso cabello negro de un tono más profundo que la oscuridad circundante ondea con el húmedo viento nocturno, revelando los rasgos del hombre. Aileen recuerda su apariencia o, al menos eso pensaba, pero cuando pone los ojos en su rostro, su belleza diabólica la deja sin aliento.

Nariz recta y delicada y labios finos. Todo, desde sus rasgos hasta su cuerpo, está tan perfectamente esculpido como una obra de arte de primera clase. Sin embargo, lo que más llama la atención son sus ojos rojo sangre.

¡Es mucho más impresionante en persona que en las ilustraciones del juego…!

Pero ya conoce esta cara. Ese solo hecho fortalece su determinación.

Aileen no tiene tiempo que gastar. Su compromiso roto es un evento importante en la ruta de Cedric. A este paso, a menos que haga algo drástico, morirá.

Sin tener la oportunidad de amar, soñar o incluso disfrutar de su vejez. Al igual que malgastó su vida pasada.

— ¿Qué negocios tiene una humana conmigo?

Claude Jean Ellmeyer, rey demonio y príncipe mayor del imperio Ellmeyer, habla sin ninguna emoción en sus ojos rojos. Solo sus labios se mueven.

No puedo perder los nervios después de llegar tan lejos. Aileen se endereza mientras se pasa los dedos por el cabello y muestra su sonrisa habitual.

—No es nada desagradable. Vengo a proponerle matrimonio.

Justo en el momento en que comienza a preguntarse por qué él no está reaccionando, un rayo cae del cielo, partiendo un gran árbol muerto limpiamente en dos y prendiéndolo en llamas. Es casi como si hubiera provocado la ira de los dioses.

— ¿Quién… le propone matrimonio… a quién?

La sonrisa de Aileen se ha congelado. Su pregunta acaba de ser devuelta cortésmente a ella. Detrás de él, las llamas crepitan, iluminando sus alrededores. Es más bien una reminiscencia de una escena infernal.

Sin embargo, a pesar de que ha vacilado, lo señala, decidida a no perder.

— ¡Co-Como dije, yo quiero proponerle matrimonio a usted…!

Cuando tres rayos más caen a su alrededor, el coraje que reunió da paso a sus instintos y, antes de que tenga la oportunidad de escuchar una respuesta, Aileen se desmaya.


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