Hetero, La Villana y el Jefe Final

Prólogo: Se levanta el telón sobre la villana.

Ahora que lo pienso, a menudo he tenido sueños curiosos desde que era pequeña. Sueños en los que me convierto en alguien que no conozco, alguien que pasa su tiempo sola, en una habitación blanca que huele a desinfectante, jugando con un dispositivo cuyo funcionamiento es un completo misterio.

Como son sueños, no recuerdo los detalles. Incluso mi propio nombre es incierto. Sin embargo…

—Vamos, mi niña. Siempre estás jugando.

Ese escenario se repite en mi mente a un ritmo frenético. Mi cuerpo se inclina vertiginosamente y, al segundo siguiente, me encuentro de rodillas en el frío y duro suelo.

Se siente como si de repente hubiera recordado el paradero exacto de algo que había olvidado. Una gran ola de información me golpea y la cabeza me palpita violentamente.

Por fin, mis ojos se enfocan en el suelo de mármol. Su superficie había sido pulida hasta brillar y, puedo ver mi reflejo en este o, al menos, eso es lo que me decían mis ojos.

Pero, ¿quién es esta espléndida belleza, con cabello como el oro y ojos de zafiro? Con mis pálidos dedos, trazo el delgado cuello hasta el contorno ovalado de la cara.

Este rostro… siento como si lo hubiera visto en el juego… ¿Qué? ¿Un Juego?

Cuando parpadeé, las largas pestañas subieron y bajaron. Alguien estaba parado frente a mí.

Era un joven de cabello dorado. Con sus labios estaban fruncidos y me miraba desde arriba.

—Tirarte al suelo y llorar no hará que te ganes la lastima de nadie. Todos aquí presente conocen la verdad. Constantemente hacías lo que querías, aprovechando al máximo tu posición como mi prometida. Nadie tiene ninguna razón para simpatizar contigo.

— ¿Príncipe…Cedric? ¿Es de verdad usted?

Mi voz era débil y temblorosa. La respuesta del principesco joven rubio sonaba irónica. —Supongo que estás tratando de decir que esto es extraño viniendo de mí. Sin embargo, así es como realmente soy. Fuiste mi prometida durante tantos años y nunca te diste cuenta.

Una punzada se clavó en mi pecho y lentamente me enfrento a la realidad.

Así es; esta es la realidad. La persona frente a mí es Cedric Jean Ellmeyer, el príncipe heredero del imperio Ellmeyer. Lo conozco desde que éramos muy pequeños. Es mi prometido y un interés amoroso en el juego que tanto me gustaba.

¿Juego? ¿Interés amoroso?

Desconcertada por mis propios recuerdos, miro a mi alrededor. Todo lo que veo son miradas frías y penetrantes.

Esta noche, la academia a la que asisto estaba celebrando una velada nocturna para conmemorar el final del trimestre de invierno. Todos los profesores se habían retirado ya y, ahora solo los estudiantes estaban presentes… Y sin embargo, todos y cada uno de ellos me miraban con frialdad desde la distancia.

La única cuyos ojos parecen sentir lástima por mí es la chica que está acurrucada cerca de Cedric. Su nombre es Lilia Reinoise. Aunque plebeya de nacimiento, ahora era hija de un barón y bastante popular aquí en la academia.

Cabello sedoso color caramelo, mejillas redondas, labios que lucían dulces. En este momento, sus grandes ojos estaban llenos de preocupación por mí.

No esperaría menos de una heroína, pensé, mirándola. Entonces, de repente, algo se me vino a la mente.

En ese caso, esto debe ser…

—Aileen Lauren D’Autriche. Disolveré nuestro compromiso.

— ¡Esperen, eso es…!

Ese es mi nombre. Y también el nombre de la villana del juego.

¡Esperen, esperen, esperen! Eso es verdad; El príncipe Cedric es mi prometido… lo que significa que yo soy…

Había estado viendo cómo se desarrollaba la situación actual como si no tuviera nada que ver conmigo, pero de repente, comencé a reflexionar en ello. Al ver a Aileen tan claramente ansiosa, Cedric se burló de ella.

—He decidido ser sincero con mis sentimientos y pasar el resto de mi vida con Lilia.

—Dama Aileen, lo siento.

¿Qué quieres decir con lo siento?

Las violentas emociones que surgían de las profundidades de mi ser eran, hablando con propiedad, las de Aileen.

Mi visión vuelve a nublarse, pero me muerdo los labios, tratando de mantener la compostura. Vuelvo a mirar mi reflejo.

Estoy patéticamente sentada en el suelo, con un magnífico vestido hecho de capa sobre capa de encaje. Es un estado poco refinado, completamente indigno de la hija de un duque. Sin embargo, nadie me ofrece una mano amiga.

Después de todo, este es el evento de la anulación del compromiso de la villana.

—Estoy harto de que te auto engañes creyendo que te amo.

Entonces, ¿por qué sonreías y decías que amabas mi forma de ser?

Me trago estas patéticas palabras. Se sienten tan pesadas ​​como el plomo, pero extrañamente, una vez que lo hago, mi corazón se calma.

¿Cómo debería ponerlo? Creo que mis recuerdos han elegido un momento terrible para volver… pero me ha ayudado a recuperarme, aunque fuero sólo un poco.

Lo suficiente para que pueda entender que me han usado y tirado, como a un pañuelo.

—Si tienes algo que decir en tu defensa, no me negaré a escuchar.

Si esto hubiera sucedido cuando todavía no sabía nada, estoy segura de que habría luchado con uñas y dientes. Habría estado peleando con la persona equivocada.

Ese pensamiento me da espacio para respirar. Sonriendo levemente, levanto la cabeza. —No, príncipe Cedric… Aunque, creo que si hubiera sido honesto conmigo en primer lugar, no habría habido necesidad de preparar un teatro tan exagerado, ni de provocar tal escena.

Cuando miro con frialdad a los que me rodean, algunos de los espectadores rápidamente desvían la mirada, posiblemente porque han entendido lo que quiero decir. Sin embargo, Cedric simplemente responde con un bufido. —Lilia y yo estamos demostrando nuestra resolución.

— ¿No es porque temía que, si hubiera elegido un lugar más público, le hubieran reprendido tanto la casa de D’Autriche como el emperador?

—Por supuesto que no. Simplemente sentí que sus crímenes deberían ser juzgados ante todos.

— ¿Mis crímenes? ¡¡¿Qué?!!

De repente, alguien a mi lado tira de mi brazo y me levanta. Girando mi cabeza, miro a mi oponente.

— ¿Podrías no maltratarme? ¿Es esa la forma de tratar a una dama?

— ¡¿Qué dama?! Ya es suficiente, Aileen. No hay forma de disfrazar lo que has hecho. —Este era otro amigo mío de la infancia, Marcus Cowell. Me da de malas formas un fajo de papeles. Es un joven delgado y taciturno que es visto como el probable futuro capitán de los caballeros. Tiene un fuerte sentido de la justicia y no tolerará la injusticia. Me mira con sus ojos intimidantes, como si yo fuera una criminal.

—Soy perfectamente capaz de levantarme sola. Suéltame, ¿quieres? —Miro a Marcus con frialdad, libero mi brazo y me pongo de pie sin ayuda. Luego hojeo los papeles que me ha entregado. Son acusaciones escritas. ¿Cuándo las recolectó?

Debido a que Lilia es de menor estatus social, la intimidé diciéndole que no me hablara primero. Ante mi insistencia, se cambió la obra para el festival de la academia y la pobre Lilia se vio obligada a aprender sus líneas de nuevo. La amenacé con que si no hacía lo que le decía, haría que sus padres burócratas fueran degradados… Y así sucesivamente, por páginas.

Todas las declaraciones eran anónimas y, naturalmente, ninguna estaba firmada. Acabándoseme la paciencia, arrojo los papeles a mis espaldas.

—Ridículo. ¿Llaman a esto una prueba? —En medio de una lluvia de papeles revoloteando en el aire, sonrío elegantemente. —Marcus. Déjame iluminarte. Fulano de tal dijo esto y lo otro no es una prueba. Es simplemente un rumor o, posiblemente una difamación.

— ¿Incluso con todos estos informes tienes el descaro de negarlo? ¡No creas que puedes salirte con la tuya solo porque eres la hija del duque D’Autriche!

—Vaya, creo que me han tomado por tonta. Si la hija del duque D’Autriche intentara en serio encubrir algo, ¿realmente creen que quedaría alguna prueba por encontrar? Además, ¿podría toda esta farsa ser más infantil? ¿Cuándo regresaron los estudiantes de esta academia a la niñez? —Mientras hablo, piso uno de los papeles que se ha caído a la alfombra de terciopelo con el tacón de mi zapato. Entonces sonrío. —Si insisten en que revise sus así llamadas pruebas, ¿por qué no las vuelven a reunir, esta vez con firmas? Si lo hacen, me aseguraré de recordar todos y cada uno de sus nombres. Estoy segura de que no me querrán decir que requieren del anonimato para acusar a una pobre muchachita como yo. Qué vergüenza sería eso.

Irritado por mi elección de palabras, Marcus escupe su respuesta. — ¿Cómo puedes hablar con tanto descaro y ni siquiera se te pasa por la cabeza la idea de disculparte?

— ¿Disculparme? Sí, en ese caso, lo haré. Dama Lilia. Debido a su crianza plebeya, me disculpo por intentar forzarla a cumplir la regla aristocrática de que no se debe hablar con los de rango superior a menos que ellos le dirijan la palabra primero. También lamento haber cambiado la obra de teatro porque me preocupaba que le resultaría difícil aprender líneas tan largas.

— ¡Cierra la boca, Aileen! ¿No has ridiculizado lo suficiente ya a Lilia?

Soy yo quien está siendo ridiculizada. El propio príncipe heredero me acaba de informar, frente a una audiencia, que está rompiendo nuestro compromiso. Incluso ha recopilado infantiles acusaciones escritas para demostrar más allá de toda duda que todo el mundo me odia. Si no tuvieran la intención de hacerme el hazmerreír colectivamente, no habría habido necesidad de nada de esto.

Sin embargo, era probable que Cedric, enrojecido y enojado como estaba y, Marcus, que temblaba con los puños cerrados, solo tuvieran en su campo de visión a Lilia, cuyos ojos están húmedos por las lágrimas. Tras una inspección más cercana, me doy cuenta de que los estudiantes que están al frente de la multitud son otros intereses amorosos y sus aduladores.

La asistencia no era obligatoria en esta velada. Deben haberse organizado deliberadamente para que este momento se convirtiera en realidad. Después de esperar a que los profesores se fueran, revelaron su jugada.

Qué astuto de su parte… No, sea como fuese, fui yo que se permitió ser derrotada.

No tiene sentido quedarse aquí más tiempo. Suspiro ante la inutilidad de todo esto, luego respiro hondo. —Esto ha ido demasiado lejos. Me retiraré por ahora. Lo único que lamento es no haber podido lanzarme a llorar y suplicar, como estoy segura de que muchos de los aquí reunidos esperaban que lo hiciera.

Aguanta las lágrimas. Solo muestra una sonrisa. Lo último que quiero es permitirles sentir incluso una pizca de superioridad por haberme atrapado en su pequeño plan.

Eso significa que tengo que ser yo quien baje el telón.

—Por último, buenas noches a todos. Príncipe Cedric, realmente lo admiraba.

Cedric luce como si ese comentario de despedida lo hubiera tomado por sorpresa.

Sin embargo, todo eso ya formaba parte de mi pasado. Con modales impecables, levanto el dobladillo de mi falda y hago una reverencia. Luego salgo con gracia del salón, dándole la espalda a sus candelabros relucientes.

~❀❀❀~

Posiblemente porque había apretado los dientes en una obstinada negativa a llorar, me dolían las sienes. Aun así, me obligué a pensar.

En el juego, después de este evento, sería expulsada de la academia a pedido de Cedric, porque ni siquiera soportaba verme. Si así es como se desarrollarían las cosas, simplemente me retiraría voluntariamente antes de que eso sucediera. El juego terminaba con la ceremonia de graduación de la academia. Todavía faltaban unos tres meses. Tendría que usar el tiempo restante de manera eficiente.

Si no recordaba mal, había varios eventos importantes que antes de eso. Mis recuerdos seguían siendo un revoltijo y, muchos eran vagos, pero estaba bastante segura de que la familia ducal desheredaba a Aileen. Se veía expulsada al distrito más sórdido de la ciudad y caía en actos autodestructivos.

Es verdad. Si este es realmente el mundo del juego, no tengo ni un segundo para gastarlo llorando.

Dentro de tres meses, durante el final, para cuando todos los demás se graduaran de la academia, Aileen, la villana, ya estaría muerta.

—Eso ni siquiera es divertido.

No les daría la satisfacción de verme llorar. No me rendiré. Me niego a morir por la felicidad de personas como ellos.

Piensa. Recuerda. ¿Qué puedo hacer en estas circunstancias…? Entonces, me viene de golpe. Jadeo, mis ojos se abren como platos.

—Dicen que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, ¿no es así?

Una sonrisa que no llega a mis ojos aparece lentamente en mis tensos labios pintados.

Esa sonrisa me hace parecer como toda una villana, pero al menos me las arreglé para no llorar.

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