Hetero, Santa Omnipotente

3°acto: Damas. Parte 4

—Fuiste invocada a este mundo, ¿no?

Mis ojos se abrieron por la sorpresa. Sólo un pequeño número de personas sabía que me habían invocado a este mundo. Por supuesto, yo no iba por ahí contándoselo a la gente, porque hablar de eso era igual que decirle a la gente que yo era la santa. Y, como probablemente ya habrán adivinado, no quería eso.

Entonces, las únicas personas que sabían eran aquellos informados por los oficiales de palacio. Aparte de Johan y Albert, sospechaba que los caballeros y magos lo sabían. Mis sirvientas probablemente también. Nunca se lo había dicho a nadie en el instituto de investigación, pero estaba bastante segura de que algunos tenían la sensación de que yo era la santa y otros ni siquiera lo sospechaban. Al menos, eso es lo que deduje de las reacciones de la gente.

Esta diferencia recaía probablemente en quienes los oficiales de palacio discernían que era necesario que supieran o no.

Las órdenes caballerescas y la corte de magos estaban a cargo de la defensa nacional, por lo que, por supuesto, tenían que ser informados. Las sirvientas habían sido encargadas con el cuidado de la santa después de que fuera invocada, por lo que también tenían que estar al tanto.

Por otro lado, sin embargo, no pensaba que Liz contara en ninguna de estas categorías. De ahí mi sorpresa.

— ¿Lo sabías? —Le pregunté.

—Sí.

— ¿Desde cuándo?

—Desde el principio.

— ¿Cuándo nos conocimos en la biblioteca?

—Sí, más o menos. Pero fue una coincidencia que nos encontráramos allí.

Aparentemente, Liz sabía sobre el ritual, pero sólo había adivinado que yo era una de las mujeres invocadas por el color negro de mis ojos y mi cabello. Después de todo, esa era una combinación rara en este lugar.

Estuvo segura después de hablar conmigo, especialmente porque yo estaba leyendo libros en diferentes idiomas y, sin embargo, no pode explicarle ninguno de los conceptos gramaticales.

Diablos, era inteligente.

—También pasó lo mismo con la otra chica, —me explicó.

— ¿En serio?

Estaba hablando de Aira. Casi lo había olvidado, pero Liz también asistía a la academia real. Incluso podrían estar en la misma clase.

—Escuché que también puede leer nuestro lenguaje antiguo y moderno, pero no pudo explicar nada sobre la gramática, —dijo Liz.

—Ya veo. Um, ¿tú y Aira son compañeras de clase?

—No, ella es de un curso superior al mío.

—Oh.

—Veo que la conoces.

—Sólo un poco.

En todo mi tiempo aquí, había escuchado un par de cosas sobre ella de las sirvientas y los oficiales de palacio. Como nos habían invocado juntas, estaba interesada en saber cómo estaba Aira. No nos habíamos visto desde ese día, pero de vez en cuando, me preocupaba un poco por ella.

— ¿Se encuentra bien?

—Supongo. No he oído que se haya enfermado ni nada por el estilo, —respondió Liz con cierta vacilación.

Le dirigí una mirada intrigada al ver su expresión perturbada.

— ¿Pasó algo? —Le pregunté.

—Bueno, eh, —Liz levantó la mano. Al hacerlo, las sirvientas se marcharon en hilera.

Oh, no. Fuera lo que fuera, debía ser… grave.

Liz se aseguró de que las sirvientas se hubieran ido antes de comenzar su relato. — ¿Recuerdas cuando te hablé de la alumna que estaba causando problemas en mi escuela?

—Um… —Recordaba vagamente que me dijo algo así hace un tiempo. Algo sobre una chica que era popular entre los chicos y los tenía comiendo de la palma de su mano. ¿Quizás era a eso a lo que se refería? —Espera, ¿no me digas que esa chica problemática de la que hablabas era Aira?

Liz asintió con tristeza. Mi mirada se elevó hacia el cielo. Oh, no.

—Me referí a ella de manera indirecta en ese momento, pero de hecho estaba hablando de Aira, —confirmó.

—Ya veo. —Bueno, no era como si hubiera necesitado entrar en muchos más detalles para que me hiciera una idea.

—Realmente he tratado de abordar la situación, pero no ha resultado nada, —dijo Liz.

— ¿Te refieres a lo cercana que es con todos esos chicos que ya tienen prometidas?

—En efecto.

—Vaya…

Este embrollo me forzó a desviar la mirada hacia la distancia.

En Japón, intimar con alguien que ya estaba comprometido seguramente provocaría una respuesta social negativa. Incluso con aquellos que sólo estaban saliendo. Pero en general, este tipo de comportamientos representaban un problema mucho menor en Japón que en este mundo. Ese era el caso de muchos comportamientos de los que no me preocupaba en el pasado. Por ejemplo, sacudir tu falda cuando hacía calor o una mujer mostrando sus pies descalzos a un hombre, Liz me había sermoneado antes sobre ambos.

¿Sería eso lo que le estaba pasando a Aira? Dado que no tenía idea de los estándares locales del decoro, era probable que se comportara con los chicos de la misma forma que lo haría con sus amigos en Japón.

Espera un minuto, ¿no había dicho Liz que sus amigas ya la habían advertido sobre ello?

—Ustedes ya le mencionaron todo esto a ella, ¿verdad? —Pedí confirmación.

—No yo, pero escuché que alguien más trató de aconsejarle que cambiara su comportamiento.

— ¿Y, sin embargo, ella hizo caso omiso?

— ¿Se te ha ocurrido algo, Sei?

Le dije que acababa de pensar en las diferentes reglas y estándares sociales en nuestras dos naciones y en cómo Japón era mucho más relajado con estas, que era posible que Aira no fuera consciente de sus supuestas transgresiones.

—Teniendo en cuenta la forma en que se socializa en nuestro mundo, es probable no entienda a lo que se refieran si sólo le dicen que no debería ser amiga de los chicos, —le dije.

—Ya veo.

—Yo aprendí sobre esto después de que tú me lo enseñaras. Aunque, nunca se sabe, cabe la posibilidad de que los chicos que pasan el rato con ella se lo digan un día de estos.

—Lo dudo, —dijo Liz firmemente con una sonrisa rígida. No tenía una expresión de miedo ni nada por el estilo, pero el aura que desprendía me asustó un poco y, un escalofrío recorrió mi espalda.

¿Liz? ¿Estás bien?

—Si realmente hubiera un caballero con ese nivel de conciencia social entre su círculo cercano, esto no se habría convertido en el problema tan grande que es ahora, —afirmó con un tono algo disgustado. Eso me asustaba un poco.

—E-Eso es cierto, —dije.

Pero, ¿por qué está tan enojada? Mientras me preguntaba eso, de repente recordé lo que me había dicho Mary: Liz tenía un prometido.

—Espera, ¿no me digas que tu prometido está entre sus admiradores? —Pregunté tentativamente.

—Así es. —El aire alrededor de Liz pareció ensombrecerse aún más. Tenía muchas ganas de creer que era sólo mi imaginación.

—Y tu prometido es él, ¿verdad?

—En efecto. El príncipe Kyle.

Todo lo que pude hacer fue soltar una risa vacía. ¿Cómo no me di cuenta antes?

—Escuché que también se comportó terriblemente contigo, —continuó Liz.

—Sí… Supongo que podrías decir eso. —Todo lo que pude hacer fue reír cuando recordé los eventos de mi invocación. Síp. Terriblemente, en verdad.

Mi risa sonó forzada. Liz enderezó su postura y me miró con una expresión mortalmente seria. —Pido disculpas en su nombre por lo ocurrido ese día.

— ¿Eh? No es necesario que te disculpes por eso.

—Pero…

—Está bien. Realmente no es culpa tuya.

Todavía parecía preocupada, así que sonreí mientras trataba de convencerla. Comprendía que se sentía obligada como su prometida, pero me sentiría fatal al aceptar cualquier disculpa por algo con lo que ella no tenía nada que ver.

— ¿Qué tal si dejamos eso a un lado y pensamos en una forma de resolver este problema con Aira? —Dije en un intento de cambiar de tema. No quería hablar del príncipe más de lo que ya lo habíamos hecho.

—Oh, Sei, —murmuró Liz en voz baja, comprendiendo claramente mis intenciones, pero no siguió con el tema. Agradecí su tacto.

A partir de ahí, discutimos las circunstancias de Aira y cómo podríamos mejorarlas. Se nos ocurrieron varias ideas tratando de encontrar la solución correcta. Antes de que nos diéramos cuenta, habían pasado horas. De alguna manera, finalmente se nos ocurrió una idea que parecía que podría dar sus frutos. Dejaría el resto de los detalles a Liz.

Con eso, mi primera fiesta de té llegó a su fin.

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