Hetero, Santa Omnipotente

3°acto: Damas. Parte 2

Ese día, estábamos solos mi profesor y yo en una amplia habitación. Comenzamos aprendiendo nuevos pasos y terminamos con un baile en pareja.

Mi maestro contó el tempo mientras me movía, hasta que alguien llamó a la puerta. Nadie había interrumpido nunca una de mis lecciones. Me detuve cuando mi profesor respondió. Para mi sorpresa, quien entró era el comandante Albert.

— ¿Pasó algo? —Pregunté preocupada.

Él sonrió de una manera algo tímida. —Lo siento, no me di cuenta de que estabas en medio de tu lección. No vine por alguna razón en particular, sólo quería ver cómo estabas. ¿Estaría bien que me quedara a mirar?

¿Eh? ¿Quiere mirar? Me las arreglaba para no pisar a mi profesor, pero no era nada que valiera la pena observar. La perspectiva de que él viera eso me avergonzaba, así que quise decirle que no, pero mi maestro se me adelantó.

—Oh, pero si no es el joven Hawke. Qué gentil de su parte el pasarse por aquí. ¿Le gustaría unírsenos?

Lo miré confundida. ¿Qué quiere decir con unírsenos?

Mi profesor me sonrió. —Le servirá practicar con nuevos compañeros.

—Si usted lo dice…

Entendía que mi maestro era el experto aquí, pero recién había empezado a bailar en pareja. Sin mencionar que sólo lo lograba porque mi maestro me guiaba. ¿Cómo me las arreglaría con Albert? Tenía mis dudas, por decir lo mínimo, pero mi maestro y Albert parecían entusiasmados.

Mmm. Albert ha estado haciendo este tipo de cosas desde que era un niño, así que tal vez todo resulte bien. Tampoco creo que haga el ridículo delante de mi maestro.

Todavía estaba indecisa, pero Albert me extendió su mano. Paseé mi vista entre su mano y la dulce sonrisa en su rostro.

Sentía el corazón en la garganta. Sería de mala educación rechazar su mano en este momento, ¿verdad? Inhalé profundamente, reuniendo mi determinación, enderecé mi postura y coloqué mi mano izquierda en su palma extendida. Él nos acercó elegantemente.

Con un movimiento fluido, Albert puso su mano derecha sobre mi hombro izquierdo. Yo coloqué mi mano izquierda en su brazo derecho y me quedé sin aliento al mirarlo.

N-No puedo creer lo cerca que estamos en este momento… Quiero decir, tenía claro que era por esto que estaba tomando esta clase. Lo tenía bien claro. Y habíamos montado juntos el mismo caballo una y otra vez e, incluso tuvimos que sentarnos muy cerca uno del otro en un carruaje estrecho cuando fuimos a la capital, así que pensaba que estaba acostumbrada a estar tan cerca de Albert, pero… pero era diferente cuando estábamos cara a cara así.

Antes, sólo me había sentado a su lado o, él estaba sentado directamente detrás de mí, como en el caballo. Pero ahora… Nada de eso se comparaba con lo cohibida que me sentía estando de pie frente a él.

Así que sólo me quedé allí, mirándolo, completamente congelada.

— ¿Hay algún problema? —Me preguntó con una sonrisa en su rostro.

—Oh, no, —me las arreglé para decir. Dejé caer mi mirada a su pecho. Me arden las orejas. Cálmate, Sei. Estamos en medio de una lección.

Respiré hondo otra vez, calmando mis nervios antes de levantar la vista de nuevo. Albert probablemente se dio cuenta de que estaba nerviosa, pero amablemente fingió ignorancia.

—Comiencen.

Por instrucción del profesor, dimos el primer paso. Me dejé llevar por Albert. Aunque estaba un poco rígida, el hecho de que lográramos bailar era gracias a su guía confiada y gentil.

Sin embargo, no podía dejarle todo el trabajo a él. Me obligué a pensar en todo lo que había aprendido para poder ponerlo en práctica.

Un poco después, escuché la voz de Albert por encima de mi cabeza. — ¿Te sientes más relajada ahora?

—Sí… —Dije. Es mentira. Sigo siendo una gran bola de nervios.

Mi mirada vagaba en todas direcciones, revelando la confusión en mi interior. ¡Y yo que me las había arreglado para finalmente olvidar con quién estaba bailando concentrándome en los pasos! Ahora mi corazón volvía a acelerarse.

Si Albert se dio cuenta, no hizo ningún comentario al respecto. —Escuché que nunca bailaste en Japón.

—Así es. No tenía tiempo para este tipo de cosas. Sin mencionar que los bailes de Japón son un poco diferentes.

Había participado en un par de eventos cuando era estudiante, pero habían sido bailes folclóricos para festivales deportivos y festivales regionales. Esos ni siquiera eran los mismos tipos de bailes que me enseñaron aquí.

—Así que recién comenzaste a aprender.

—Síp.

—Entonces debes tener talento para ello, considerando lo bien que te desenvuelves.

— ¿Eh? De ninguna manera, realmente lo dudo. —Me daba cuenta de que era un halago, pero no sabía cómo responder.

Albert se rió entre dientes.

Supongo que sólo me estaba tomando el pelo. ¡Hmph! Hice un puchero, un poco enojada, pero eso sólo lo hizo reír más.

—Comenzaste estas clases después de tu audiencia con el rey, ¿verdad? Yo no podía moverme ni la mitad de bien en mis primeros meses.

—Ah… Mi maestro dijo que mis clases van a un ritmo más acelerado de lo habitual porque tendré la oportunidad de unirme a algún evento próximo o algo así.

Sin embargo, no era una aristócrata, sólo una trabajadora del instituto de investigación del palacio, así que dudaba que realmente recibiera alguna invitación.

Eso era una ilusión, lo admito. Después de todo, las cosas no funcionaban a mi favor tan a menudo en el mundo real. Quiero decir, me vi obligada a forzar las cosas en esa audiencia con el rey.

Sólo estaba tomando estas lecciones porque estaba interesada en ello. Si hubieran estado preparándose para una presentación oficial en la corte o algo así, me habría negado rotundamente, independientemente de cualquier recomendación oficial.

—La temporada social comienza en los próximos meses, —dijo Albert.

— ¿Temporada social? ¿Tienen ese tipo de cosas aquí?

—En efecto. Hay varias fiestas en la capital durante la temporada. Estoy seguro de que te invitarán a algunas.

Argh, lo sabía. Era muy divertido bailar en relativa privacidad como ahora, pero me sentía desconfiada ante la idea de ir a una gala formal.

Inconscientemente, hice una mueca y Albert se echó a reír de nuevo. —Sólo hay uno o dos bailes a los que tendrás que asistir sin falta. Puedes rechazar todas las demás invitaciones.

— ¿Pero está diciendo que definitivamente tendré que asistir a uno?

—Sí, al baile organizado por el rey.

—Oh, bueno…

Bien, eso parecía lógico. No podía simplemente rechazar una invitación del soberano de nuestra nación. Aunque lo entendía, no estaba más feliz por ello. Si alguna fiesta iba a ser obligatoria, desearía que fuera un poco más pequeña.

—Yo no soy tan fanático de las fiestas, pero… —Albert se calló, lo que me incitó a mirarlo a la cara.

Uh, ¿por qué me mira así? Tenía una mirada tan tierna que mi corazón se aceleró.

—Me gustaría ser tu acompañante en cualquiera a la que asistas, —susurró, acercando su rostro un poco más al mío.

¡No es justo susurrar de manera tan seductora!

Le fruncí el ceño con reproche, pero no pareció tener ningún efecto; simplemente siguió esperando mi respuesta con una sonrisa en los labios.

Antes de que pudiera decir nada, mi maestro anunció que nuestro baile había llegado a su fin. Mi clase había terminado por hoy.

Me sentí aliviada al escuchar a mi profesor decir que lo había hecho relativamente bien en mi primer baile con otra persona; tenía miedo de que me regañara por tener la cabeza en las nubes. Me despedí y miré distraídamente mientras mi maestro y Albert intercambiaban despedidas.

Mi acompañante, ¿eh?

Había considerado la posibilidad de que me invitaran a fiestas, pero no había pensado en el asunto del acompañante. ¿Quizás no me permitirían asistir sola? Tampoco me gustaba la idea de ser la única persona sola entre todas las demás parejas cuando llegara. Me preocupaba que la gente me mirara raro.

Tal vez debería ir con Albert, ya que él se ofreció tan amablemente. Pero si es mi acompañante, ¿eso significa que tendré que volver a bailar con él? ¿Podré sobrevivir a eso?

— ¿Sei? —Albert interrumpió mis pensamientos, luciendo un poco preocupado.

Mi maestro ya había salido de la habitación, así que sólo estábamos nosotros dos.

—Lo siento, sólo estaba… pensando, —dije.

— ¿Estás bien?

—Sí, um… Sobre lo que dijo, sobre ser mi acompañante…

La palabra acompañante lo hizo lucir aún más preocupado. ¿Me veía demasiado desconcertada? Lo siento por eso.

—Bueno, si no le molesta, —dije, —me gustaría aceptar esa oferta.

Su rostro se iluminó. — ¡¿De verdad?! Por supuesto, no tengo ningún problema con ello.

Una calidez embargó mi interior al verlo tan complacido.

Y de todos modos, todavía no me habían invitado a ninguna fiesta, así que, ¿quién sabía si realmente iríamos a una como pareja? Pero hacer arreglos con anticipación probablemente era buena idea. Incluso si no hubiéramos hablado sobre el tema ahora, creía que probablemente habría terminado preguntándole a Albert a través de Johan. Sin mencionar que, dado que nunca había estado en una fiesta, me sentiría mucho mejor si fuera con alguien que supiera del tema. Entonces, en cierto modo, esto era una cosa menos de la que preocuparme.

De hecho, había tomado una excelente decisión.

Con eso, un resplandeciente Albert me acompañó hasta mi vestuario.

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