Hetero, Santa Omnipotente

3°acto: Damas. Parte 1

Una mañana, me desperté mucho más temprano de lo habitual, era el día de damas. O, al menos así lo llamaba yo. No era una fiesta especial ni nada de eso. En los días de damas, tomaba clases sobre el tipo de cosas que se esperaba que las chicas aristócratas supieran, como etiqueta y baile.

También tenía que despertarme más temprano esos días. Pensaba que podría usar mi ropa habitual para clases, porque no era como si asistiera a un baile nocturno o algo así, pero fui firmemente regañada por todos, especialmente por mi profesora de baile y las sirvientas.

Mi profesora también opinaba que debería acostumbrarme a llevar un atuendo adecuado, lo que me obligaba a vestirme elegante cada día de damas. Tenía la sensación de que las sirvientas disfrutaban vistiéndome. En realidad, tampoco podía discutir con mi profesora, así que pasaba esos días completamente engalanada.

No eran sólo vestidos sofisticados, ¿saben? Las sirvientas también me maquillaban y peinaban antes de emperifollarme meticulosamente de la cabeza a los pies. En general, tardaba bastante en alistarme. Por lo tanto, tenía que levantarme antes que saliera el sol.

Me levantaba de la cama, me lavaba y me dirigía al palacio con el sol todavía apareciendo en el horizonte. Las sirvientas me esperaban en la habitación reservada especialmente para esta difícil prueba, la cual se completaba con un mar multicolor de vestidos, zapatos y accesorios. El palacio proporcionaba todo el guardarropa y nunca dejaba de sorprenderme por lo perfectamente que me quedaban.

Tenía muchas ganas de creer que nada de eso había sido diseñado especialmente para mí. Una parte de mí quería preguntarle al oficial para asegurarme, pero tenía miedo de descubrir que ese no era el caso, ya que ya me sentía culpable cada vez que me ponía alguna de estas preciosidades. En general, me contentaba diciéndome a mí misma que sólo estaba tomando prestadas cosas que palacio tenía guardadas.

Las sirvientas siempre disfrutaban debatiendo qué vestido prestado me pondría.

—Todos parecen estar divirtiéndose, —le dije con una risita irónica a Mary, la jefa de las sirvientas, quien estaba a mi lado.

Ella respondió con una risa igualmente irónica: —Bueno, después de todo, pueden elegir entre muchísimos vestidos.

Las sirvientas que me atendían todos los días de damas eran, nuevamente, las mismas que me habían atendido después de mi invocación, así como las que me habían ayudado a prepararme para la audiencia. Me preocupaba un poco que hubieran sido asignadas especialmente para mí.

Mary era un poco mayor que yo y había trabajado en el palacio durante mucho tiempo. Podía ser estricta al guiar a las otras sirvientas en sus deberes, pero en general, era bastante sociable. Probablemente se debía a nuestra cercanía en edad, pero encontraba que ella era con quien se me hacía más fácil hablar.

Mientras las sirvientas seleccionaban mi vestido, discutían sobre todo tipo de cosas, como las últimas modas en palacio, dulces, hasta que una de ellas finalmente me acercaba el atuendo elegido.

— ¿Le gustaría usar este hoy?

Era un vestido color azafrán suave. Me gustaba la relativa simplicidad del diseño, pero el color era tan desgarradoramente encantador que me preocupaba que fuera demasiado llamativo.

— ¿No crees que es demasiado vibrante para mí? —Le pregunté a Mary.

—Por supuesto que no. ¿Ve? —Sostuvo el vestido frente a mí para que pudiera verme en el espejo. Ella tenía razón. No se veía tan mal como temía. Tal vez ni siquiera se veía mal en absoluto.

—Ustedes realmente saben cómo hacer su trabajo, —murmuré en agradecimiento.

Vestido decidido, luego venía el maquillaje y el peinado. Dejaba que las sirvientas hagan todo el trabajo con respecto a esto. Siempre me hacían lucir mucho más bonita de lo que podría lograr yo sola. Sólo les pedía que mi maquillaje se mantuviera natural.

Mientras coloreaban mis mejillas y labios, también elegían zapatos y accesorios para combinar con mi vestido. Como pasaba la mayor parte del tiempo de la aplicación del maquillaje con los ojos cerrados, no tenía idea de qué estaban debatiendo. Por sus voces, me daba cuenta de que se estaban divirtiendo tanto como al elegir mi vestido.

Sin embargo, lo entendía totalmente, tenía que ser divertido armar un atuendo con tantas opciones. En Japón, estaba tan ocupada con el trabajo que rara vez tenía tiempo para ir a comprar ropa o accesorios, pero cuando lo hacía, disfrutaba tomarme mi tiempo para comprobar todo lo disponible. Las sirvientas estaban disfrutando de una experiencia similar.

Pero bueno, era una historia diferente cuando eras tú quien usaba el atuendo. Todos los vestidos proporcionados por el palacio reflejaban mis gustos hasta cierto punto, por lo que tenían diseños en gran parte simples. Sin embargo, eso era simple para los estándares de Salutania; según estándares japoneses, incluso el más sobrio de estos vestidos seguía siendo lujoso.

La parte japonesa de mí quedó asombrada por la belleza de los vestidos que se me permitían usar. Siempre tenía la opción de rechazar un determinado vestido, pero me encontraba incapaz de hacerlo ante la emoción de las sirvientas. Por lo tanto, siempre me rendía y pretendía que las joyas que adornaban lo que terminaba usando no eran reales.

Sin embargo, el mayor problema no eran los vestidos ni los accesorios. Una vez que las sirvientas terminaban de maquillarme, llegaba el momento de ponerme el vestido, esa era la parte difícil.

—Aquí vamos, —advirtió Mary antes de tirar de los cordones.

Me las arreglé para reprimir un gemido involuntario.

Por cordones, me refería a que estaba apretando mi corsé. Las delgadas cinturas de avispa eran el ideal estético en Salutania y las damas nobles las conseguían apretando sus corsés hasta el extremo. Como venía de otro mundo y no estaba acostumbrada a los corsés, las cinturas de mis vestidos podían ser anchas según los estándares de este reino. Las sirvientas también tenían cuidado de no apretarlo a grados mortales.

A pesar de eso, no podía evitar gimotear cuando lo ajustaban. Era tan doloroso que entendía completamente por qué todas esas damas históricas se desmayaban todo el tiempo.

Y yo que pensaba que perdiendo peso podría hacer frente a esta prueba. Cuán equivocada estaba. Nunca imaginé que dolería tanto.

Después del primer minuto más o menos, me acostumbraba al dolor, pero mi respiración seguía siendo superficial. ¿Quizás dejará de doler por completo cuando me acostumbre?

Cuando Mary terminó de atar los cordones mi cuerpo se derrumbó.

— ¿Está bien? —Preguntó ella.

—Sí. —La verdad era que quería gritar y llorar, pero me contuve. Recé para que algún día superara este desafío.

Una vez que el corsé estuvo atado, luego vino el vestido. Las cosas se aceleraron en este punto y pronto estaba lista para ir a clases.

Mi clase matutina era sobre etiqueta. Aprendía la forma adecuada de caminar, saludar a alguien, rechazar y aceptar una invitación y, todo tipo de cosas para una conducta adecuada. Se necesitaba una sorprendente cantidad de resistencia para lograr todo esto.

Los modales elegantes requerían músculos que normalmente no usaba. Mis rodillas temblaban mientras mi postura se corregía sin cesar a la vez que aprendía a realizar una reverencia perfecta. Además, no hacía suficiente ejercicio, por lo que me resultaba un poco difícil. Y el corsé ajustado no ayudaba.

Mi instructora para esta materia era de primera; sus alumnos habituales eran hijos de nobles de alto rango. En consecuencia, su estilo de enseñanza era bastante estricto. Sin embargo, cuando lograba moverme como ella me había enseñado, mis movimientos eran asombrosamente elegantes y refinados, así que valía la pena.

—Ha mejorado bastante, —dijo mientras practicaba mi reverencia.

—Ah, ¡gracias!

Como solía ser tan exigente, cada pizca de elogio de su parte me deleitaba.

Al principio, me preguntaba si realmente necesitaba dominar la etiqueta tan a fondo, pero dado que soy del tipo de personas que intentan perfeccionar sus nuevas habilidades, me fue imposible contenerme.

Sin embargo, parecía difícil ser un noble que tenía que estar al tanto de todas estas pequeñas reglas en todo momento. Tal vez no era tan malo una vez que le pillabas el truco.

Por la tarde, tenía lecciones de baile. Primero, aprendía la forma correcta de comportarme en un baile y luego comenzamos con los pasos para principiantes. Recientemente, me había vuelto lo suficientemente buena como para realizar un movimiento completo con mi profesor de vez en cuando.

Según él, esta clase estaba destinada a ser rápida y ciertamente terminaba constantemente adolorida por eso. Los movimientos no eran especialmente acrobáticos ni nada por el estilo, así que no necesitaba tanta resistencia como había pensado en un principio, pero la postura era exigente. No tenía idea de si alguna vez podría llegar a ser buena en ello o, si simplemente sería pasable. Como tal, me dediqué a practicar en secreto en mi habitación todos los días. Creía que lo mejor era estudiar un poco más de vez en cuando.

Anterior Índice Siguiente


Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.