Hetero, La Princesa Maldita y el Caballero Afortunado

Capítulo 1: ¿Mi prometido es un viejo barbudo? Parte 3

Al final, decidieron que Sonia se quedaría en la abadía una noche más. La pareja partió oficialmente al día siguiente.

Incómodo… Esto es tan incómodo. Sonia estaba a solas en el carruaje con el vejestorio o, el caballero de mediana edad, que decía ser su prometido. Su nombre era Chrisford Cortot.

Chrisford era el caballero de treinta y cuatro años que les había enseñado al príncipe Enrique, el heredero al trono y, al príncipe Severin, esgrima y estrategia, sirviendo como su tutor de armas. O eso le habían dicho las personas junto a Sonia una vez que esta recuperó el conocimiento.

¿No se le concedió el rango más prestigioso como caballero, el Diamante?

Los títulos se otorgaban basándose en las piedras que representaban los doce meses según el Orden de las Piedras de Nacimiento. Un total de doce caballeros llevaban estos títulos, todos los cuales habían dominado la magia protectora. Bajo la protección de Dios, Chrisford Cortot servía a su rey, protegía su reino y salvaba al pueblo. Ocupaba el rango más alto de los doce caballeros reconocidos como héroes entre los héroes.

La palabra avergonzada no estaba ni cerca de describir cómo se sentía Sonia. No sólo había tenido una idea equivocada al escuchar a medias al rey Patrice, sino que también había gritado al poner los ojos en el rostro de Chrisford y se había desmayado. Esa no era forma de tratar a uno de los más nobles de los caballeros, mucho menos al hombre venerado como el ángel guardián de su nación. La sangre se había drenado de su rostro, estaba más allá de un blanco enfermizo, se había puesto azul. Incluso con la llegada de la mañana siguiente, todavía se veía pálida.

—Avíseme cuando se sienta mejor. Regresaré entonces, —había dicho Chrisford sin ofenderse en lo más mínimo. La vista había llenado el corazón de Sonia de culpa por su comportamiento.

Eso era precisamente lo que la había llevado a insistir: —No, estaré bien. Lamento mucho haberlo preocupado. —Y con eso, se habían propuesto partir una vez más y subieron al carruaje.

Por desgracia, sentarse en diagonal uno del otro sólo hizo que las cosas fueran aún más incómodas. Por alguna extraña razón, su cuerpo lo estaba rechazando. En realidad, sabía la razón: era por la densa barba que cubría su mandíbula. Encontraba su barba físicamente repulsiva.

Para empeorar las cosas, no era sólo su barba. Cuando echó un vistazo a sus manos que sobresalían de sus mangas, el bosque de cabello que crecía en el dorso de sus dedos y manos le dieron ganas de llorar: ¡Incluso está allí!

Este es un hombre peludo. Pero, pensó Sonia, el hecho de vivir en una abadía donde los hombres estaban prohibidos no significa que tenga una excusa para odiar las barbas o los hombres peludos hasta el punto de desmayarme al ver uno.

Había sido capaz de interactuar bien con hombres así hasta los ocho años. Lo mismo se aplicaba incluso a este caballero.

—Disculpe… caballero Cortot, —Sonia dio el primer paso y habló con él.

—Puede llamarme Chris, princesa. ¿No es así como solía llamarme hace mucho tiempo?

Cuando preguntó: — ¿No se acuerda? —La mente de Sonia recorrió en espiral los recuerdos de su juventud. Se encontraba en el jardín del palacio donde residían el rey y la familia real. Allí, cada una de las cuatro estaciones nunca dejaba de recibir a Sonia con flores y frutas.

Recordaba cómo siempre se sentaba con su vestido extendido sobre la hierba mientras recogía pequeñas flores para hacer un ramo. Cerca había una glorieta redonda hecha de mármol, donde su madre tomaba el té con la madre de Severin, la reina. Y también estaba él, parado unos pasos atrás.

Una vez que lo recordó, Sonia no pudo evitar observar fijamente a Chrisford.

— ¿Sucede algo, princesa? —Preguntó. Chris parpadeó sorprendido por lo repentinamente que Sonia olvidó que no podía soportar verlo y había comenzado a mirarlo fijamente.

—Su barba.

— ¿Mi barba? Ah, —dijo Chris mientras se pasaba los dedos por la barba.

Independientemente de lo bien cuidada que estuviera la barba corta que corría desde sus patillas hacia abajo a lo largo de los contornos de su rostro, no había manera de evitar el hecho de que hacía que un hombre con su físico pareciera un bien arreglado oso del bosque. Para colmo, su cabello corto y castaño claro estaba recortado a la misma longitud que su barba uniformemente cortada. Era bastante inusual en este reino ver hombres que lucieran como Chris.

En la tierra natal de Sonia, Pharrell, era común que los hombres se dejaran crecer el cabello hasta los hombros. Incluso aquellos que lo mantenían corto rara vez iban tan lejos como para mostrar la nuca.

—Cuando era pequeña no tenía barba, ¿verdad…? Y corríjame si me equivoco, pero ¿no tenía el cabello hasta los hombros, el cual recogía en una coleta?

—Sí, eso es correcto. Me impresiona que lo recuerde, —dijo Chris. La claridad de su memoria lo sorprendía e impresionaba a la vez.

—Um, ¿por qué se dejó crecer esa barba? ¿Y se cortó el cabello…? Toda su cabeza parece como un campo de trigo después de la cosecha…

— ¡Un campo de trigo después de la cosecha! ¡Qué comparación más divertida!

Sonia debió de hacerle cosquillas en el hueso de la risa, porque Chris se echó a reír con la boca bien abierta. Era una risa tan vigorosa que hizo lo imposible y resonó en las paredes del carruaje.

Chris se dio cuenta de que los ojos de Sonia se estremecían de dolor y tosió como para aclararse la garganta. —Verá, hay una razón para mi apariencia, —explicó.

— ¿Y cuál podría ser?

—Para ser honesto, tiene que ver con las últimas palabras de mi abuelo.

— ¿Sus últimas palabras?

—Correcto. Mi abuelo pasó toda su vida con barba y el cabello corto. Aunque también era un caballero, no tenía miedo de exponer su cuello al enemigo.

Sonia inclinó la cabeza hacia un lado, perpleja. — ¿No deben dejar que el enemigo vea sus cuellos? —Preguntó.

—Se considera de sentido común entre los caballeros dejarse crecer el cabello como un medio para proteger sus cuellos. Naturalmente, esto es adoptado por todos los que se lanzan a la batalla, no sólo por los caballeros.

— ¡¿De verdad?! ¡No me diga! —Exclamó Sonia. No tenía ni idea. Y pensar que había una razón tan significativa detrás de su cabello.

—En ese caso, ¿por qué se lo cortó su abuelo?

—Bueno, decía que le servía de motivación. Debe haber funcionado, porque fue nombrado caballero Diamante.

—Usted viene de una familia de caballeros, ¿verdad? —Recordó Sonia.

La caballería también era hereditaria en Pharrell. Pero al igual que la realeza, sólo el hijo mayor podía heredar el título.

— ¿Era el hijo mayor…? Podría haber jurado que era el tercero o cuarto…

— ¡Guauu! —Chris exclamó impresionado. —Soy el tercer hijo. Es impresionante que lo recuerde.

—Bueno… Me encontraba presente cuando se lo mencionó al príncipe Severin… —Admitió tímidamente.

Había sido en una de las múltiples ocasiones en las que la curiosidad de Severin lo había hecho colmar con preguntas a una persona al azar. Simplemente quería compartir la experiencia con el chico que amaba escuchando a quienquiera que hubiera captado su interés en ese momento. Y ahora había humillado a Severin pensando que se iba a casar con él.

— ¿Enserio? No obstante, su memoria es bastante impresionante. El propio príncipe Severin ha olvidado por completo dónde me ubico en el linaje de los Cortot, —dijo Chris.

— ¡Santo Cielo…!

Con su sonrisa preocupada, Sonia empezaba a visualizar a Chris cada vez más como un caballero afable. Mientras eso sucedía, sentía como el peso sobre sus hombros iba desapareciendo. El hecho de que se hubiera relajado un poco físicamente lo demostraba. Sin embargo, todavía tenía preguntas. Sin mencionar que seguía asustada de la barba.

—Dijo que esto es por respeto a las últimas palabras de su abuelo, pero ¿no debería esa responsabilidad recaer en el mayor? —Preguntó Sonia.

—Tenemos una larga tradición de elegir servir como guerreros en mi familia. Quizás sea una señal de los tiempos que corren, pero algunos de mis hermanos decidieron dedicarse a otros campos en lugar de seguir el camino del soldado. Actualmente, mi hermano mayor y yo somos los únicos caballeros. Esto no le cayó bien a mi abuelo, así que, justo antes de morir, me ordenó que yo también siguiera con la tradición familiar. De esa manera, si algo nos pasara a mi hermano o a mí, seguiría esta no desaparecería.

—Ajá…

Después de escuchar una explicación tan apasionada, los hombros de Sonia se hundieron por la decepción. Cada lema familiar era único y había escuchado que ocasionalmente había algunos extraños que no tenían ningún sentido. En lo que respectaba a Sonia, el lema de los Cortot caía en el grupo de los raros.

¡Pero aun así…!

Si era el hombre con el que se iba a casar, tendría que pasar el resto de su vida con él. En ese caso, urgentemente, encarnizadamente, ¡desesperadamente quería que se afeitara esa barba! Sonia hizo acopio de valor y preguntó: —Um… en ese caso, ¿eso significa que no estaría dispuesto a afeitarse la barba?

—No, es el lema de mi familia, —se negó, cortándola rápidamente.

— ¿No está dispuesto a negociar?

—No, —dijo, volviendo a rechazar sin rodeos la idea.

La miró a los ojos con una expresión severa mientras la rechazaba en ambas ocasiones, sin dejarle a Sonia otra opción que susurrar dócilmente en derrota un —ya veo… —a la vez que bajaba la mirada.

Mientras escuchaba el sonido que hacían los cascos del caballo al golpear contra el suelo, Sonia luchaba desesperadamente contra el impulso de romper a llorar.

¿Por qué? ¿Por qué odio tanto su barba como para querer llorar?

Chrisford simplemente se sentó con los brazos cruzados, preguntándose cómo lidiar con la joven que se había encerrado en su concha.

Esto también es parte de mi deber. Lo siento mucho, princesa, se disculpó en su mente.

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