Hetero, Santa Omnipotente

6°acto: Encantamientos. Parte 1

Una tarde, Jude dijo algo que me tomó por sorpresa.

— ¿Está encantado? —Le pregunté.

— ¿Quieres decir que no te diste cuenta?

Estaba hablando de mi horquilla. ¡Por supuesto que no me había dado cuenta! En Japón no teníamos nada, ni remotamente cercano, a un encantamiento. — ¿Sabes cuál es su efecto? —Pregunté.

—No, sólo sé que definitivamente está encantado. Reacciona a tu magia.

— ¿De verdad? ¿También puedes saber eso?

—Sí, aunque tienes que entrenar para hacerlo.

—Eh, ¿en serio…?

Parecía que se necesitaba magia de evaluación para discernir el tipo de un encantamiento. Sólo unas pocas personas eran capaces de utilizar tal magia y, en su mayor parte, eran empleados de grandes empresas de la capital, aunque algunos magos de la corte también podían hacerlo. Es más, la magia de evaluación podía evaluar a personas de nivel medianamente alto. Sin embargo, este tipo de magia no funcionaba en personas renuentes y mucho menos en alguien cuyo nivel era demasiado alto.

En cuanto a los encantamientos en sí mismos, podían aplicarse a armas, armaduras, accesorios e incluso herramientas. El encantamiento siempre se imbuía en un núcleo, como una joya incrustada en la empuñadura de una espada. En particular, el núcleo debía ser imbuido con magia antes de colocarlo en un objeto determinado.

Para manifestar sus efectos, los objetos encantados se reaccionaban con la magia de una persona y, todas las personas poseían magia, incluso si no tenían la suficiente como para usar habilidades mágicas. Esta interacción era la forma en que aquellos entrenados para sentir la actividad mágica podían saber si había un encantamiento presente. Jude había aprendido magia de evaluación en la academia real y todavía estaba perfeccionando dicha habilidad para poder usarla en su negocio familiar. Qué tipo tan diligente…

—Eso es bastante atrayente, —murmuré.

— ¿Qué cosa? —Preguntó Jude.

—Los encantamientos.

— ¿Eh? No me digas que quieres intentarlo. —Jude me miró preocupado.

— ¿Es tan obvio? —Le devolví una sonrisa.

¿Qué pasa con esa cara? Por supuesto que quiero, no es como si hubiera tenido la oportunidad en Japón.

—Encantar no es tan fácil, —dijo Jude.

—Ah, ¿en serio?

—En primer lugar, los materiales son bastante caros.

Según él, técnicamente se podían usar una tonelada de núcleos diferente, pero la mayoría de las gemas, minerales y cristales listos para encantar eran raros y bastante costosos, incluso cuando eran diminutos. Además, sólo unas pocas personas podían realizar encantamientos, ya que requería magia experta. Por lo tanto, la diferencia de precio entre los objetos encantados y los no encantados era… sustancial.

Síp. Tenían una enooooorme diferencia de precio. Y la horquilla que me dio Albert, con todas esas pequeñas joyas, estaba encantada. Ahhh…

— ¿De qué están hablando ustedes dos? —Preguntó Johan al pasar por nuestro puesto de trabajo.

—De encantamientos, —le dije.

— ¿Porque de eso?

—Parece que mi horquilla tiene uno y el tema despertó mi interés.

—Ya veo. —Johan actuó de manera casual, aunque ya debería saber lo de mi horquilla. Definitivamente noté una ligera vacilación en sus ojos cuando dije la palabra.

Ni Johan ni Liz habían mencionado nada sobre el costo. ¿Quizás un broche como este no les parecía tan extravagante a nobles como ellos? Por lo que sabía, la que había en la tienda también estaba encantada, aunque tenía mis dudas; su precio no debería diferir tanto del de los otros accesorios en exposición. Mientras reflexionaba sobre ello, me sentía cada vez más intimidada por la idea de cuánto debió costar mi nueva horquilla. Empecé a devanarme los sesos, preguntándome cómo podría pagarle a Albert por un regalo tan lujoso.

Las siguientes palabras de Johan me sorprendieron. — ¿Quieres intentarlo?

— ¿Eh?

—Encantar. Dijiste que estabas interesada, ¿no?

Jude y yo quedamos impactados por la sugerencia.

¿Eh? ¿Así como así? Miré a Jude en busca de confirmación. Pareció adivinar lo que estaba pensando, porque movía la cabeza de un lado a otro.

Pero Johan insistió. —Tengo mis métodos. ¿Entonces? ¿Quieres?

— ¡Sí!

Acepté sin dudarlo, creo que porque era un ofrecimiento de Johan. Además, tenía bastante curiosidad.

~❀❀❀~

Johan me llevó a los cuarteles de la corte de magos. Estaba bastante lejos, incluso más lejos que el cuartel de los caballeros de la Tercera Orden, así que viajamos en carruaje. Me alegraba que no hubiéramos tenido que caminar hasta allí, aunque no entendía muy bien a qué íbamos. ¿Qué necesitaríamos de ellos? ¿Algún tipo de herramienta mágica para encantar?

Jude se quedó por orden de Johan. Le dijo que se concentrara en su trabajo, lo que me hizo preguntarme si realmente estaba bien que me saltara mis propias responsabilidades. Realmente no entendía los estándares de quién tenía que hacer qué.

Una vez que llegamos, Johan y yo destacábamos entre un mar de personas en túnicas. No podía evitar pensar que iban vestidos como cabría esperar de un grupo llamado corte de magos. De repente recordé que las personas que me invocaron habían usado exactamente las mismas túnicas. ¿Eran estas las personas que habían realizado aquel ritual?

—Sei, por aquí. —Johan me instó a entrar, ya que me había quedado parada junto a la puerta, familiarizándome con mi nuevo entorno.

—Voy.

Había mesas de trabajo en abundancia, similar a nuestra disposición en el instituto de investigación. Johan se detuvo frente a uno en el centro de la habitación. Al otro lado de la mesa estaba uno de los magos con túnica, luciendo un poco nervioso.

—Ansió trabajar con usted. —Hice una reverencia. El mago inclinó la cabeza rápidamente en respuesta.

¿Eh? ¿Soy sólo yo o parece asustado?

—Le explicaré cómo funcionan los encantamientos, —comenzó el mago con una sonrisa forzada.

¿Qué le pasa? Bueno… No importa, supongo.

El mago tomó una caja organizadora del costado de la mesa y la colocó frente a mí. En el interior, las gemas y los minerales estaban cuidadosamente separados por tipo. Según el mago, para realizar un encantamiento primero necesitaba seleccionar uno de estos pequeños núcleos y luego debía recitar mentalmente el efecto que deseaba otorgar.

Los efectos diferían según la afinidad elemental del encantador. Por ejemplo, aquellos que poseían magia de fuego podían imbuir un encantamiento que invocaba llamas, mientras que aquellos que poseían magia de agua podían imbuir un encantamiento similar que invocaba agua. La magia sagrada como la mía otorgaba lo que se conocía como encantamientos de soporte, los cuales mejoraban las habilidades ofensivas o defensivas. Finalmente, algunos materiales eran más compatibles con tipos específicos de efectos mágicos.

—Para encantamientos de soporte, yo recomiendo estos. —El mago señaló una sección de la caja. — ¿Qué tipo de efecto le gustaría imbuir?

—Buena pregunta… —Murmuré, pensándolo bien. ¿Qué podría hacer? Encantamientos de soporte, encantamientos de soporte… De repente, me acordé de la salamandra, ese lagarto escupe fuego del bosque occidental. ¿Podría hacer algo para proteger a la gente contra su terrible llama? — ¿Es posible anular un tipo de magia?

— ¿Anular? —El mago lo pensó por un momento. —Es posible que no pueda negar un tipo por completo, pero posiblemente podría disminuir su poder.

Mm. Tal vez podría intentar pensar en una forma de reducir el daño mágico. —Está bien, intentaré lo de la reducción.

—Entonces creo que este tipo de gema sería la más adecuada.

El mago me entregó una gema y yo la presioné entre mis manos. El núcleo tenía solo unos tres milímetros de diámetro, así que mis palmas lo envolvían completamente. Mentalicé el tipo de efecto que quería otorgar e invoqué mi magia.

Si es posible, sería mejor tener una resistencia general a todo tipo de magia, no sólo al fuego, ¿verdad? Pensé mientras canalizaba mi magia en la piedra. Sí, algo como eso.

Y con eso, sentí un pequeño golpecito contra mis palmas.

¡¿Lo rompí?! Ohhhhh, sí. Lo hice. Lo rompí.

Abrí tímidamente mis manos. Tal como pensaba, el núcleo se había partido en dos. Comencé a entrar en pánico.

— ¿Funcionó? —Preguntó el mago.

—Uh, um, bueno, parece que lo rompí, —admití apenada. No podía quedarme en silencio, lo descubrirían tarde o temprano.

Cuando le mostré la piedra al mago, la sorpresa se apoderó de su rostro. — ¡¿Qué demonios…?!

Otros magos se apresuraron a ver de qué se trataba el alboroto.

¿Qué está pasando? Esto da algo de miedo. ¡No me miren así!

Pero todos a mi alrededor permanecieron congelados, incluido Johan.

—Realmente está roto, —murmuró mi instructor, estupefacto, parecía como si estuviera clavado en el suelo.

¡Por favor, que alguien haga algo sobre esta situación tan incómoda!

Una serena voz atravesó el silencio sepulcral. — ¿Intentaste encantarlo con una resistencia a algún tipo de magia elemental?

Se acercó un hombre; poseía un sedoso cabello plateado y, detrás de un par de anteojos, unos ojos de color gris azulado que de alguna manera me resultaban familiares. Exudaba este aire fresco, inteligente y señorial y, en este momento, era como un ángel venido del cielo que había llegado en mi rescate.

Don Sabelotodo no prestó atención a mi asombro y tomó la piedra de mis manos para examinarla. —En serio, ¿todo lo que trataste de hacer fue encantarlo con resistencia a un sólo tipo de magia elemental?

—Um, no… —Enderecé mi postura bajo su fría mirada. Me sentía como una estudiante regañada por su profesor.

—Entonces, ¿qué tipo de encantamiento intentaste?

—Um, eh… Pensé que sería mejor aumentar la resistencia a todos los elementos, y um…

—Este núcleo es inadecuado para ese nivel de encantamiento.

Don Sabelotodo dejó a un lado la gema agrietada y eligió otra de la caja. Era una piedra negra de unos cinco a seis milímetros de diámetro. Bastante más grande que la anterior. ¿Estaría realmente bien que la usara? Debía costar una tonelada.

Miré al mago que se suponía que me guiaría y descubrí que también lucía sorprendido, al igual que Johan.

— ¿Está realmente bien que use esta piedra? —Pregunté, intercalando mi mirada entre Don Sabelotodo y la gema.

Don Sabelotodo asintió y me entregó la piedra. Yo la tomé con cautela y la sostuve delicadamente entre mis manos, al igual que antes. Y, justo como antes, mentalicé un encantamiento que resistiera todos los tipos de magia mientras imbuía mi magia en el núcleo.

Por un momento, la piedra ardió en mis palmas, pero inmediatamente el calor se esfumó.

¿Lo logré?

No sentía ningún cambio prolongado, así que tenía mis dudas. Cuando abrí mis manos para echar un vistazo, el mago de aspecto inteligente tomó el núcleo.

—Evaluación, —recitó en voz baja.

Ah, entonces él era uno de los pocos magos de la corte que podía realizar magia de evaluación. Realmente no podría decir que me sorprendió. Lo observé de cerca mientras trabajaba. Su rostro era imposible de leer, una perfecta expresión inexpresiva y luego, las comisuras de sus labios se curvaron un poco. Como el calor de la piedra, la pequeña sonrisa estuvo presente por un instante antes de desvanecerse.

—Lo lograste, —me dijo.

Los otros magos expresaron su admiración, pero yo sólo sentía alivio.

¡Sí, lo logré!

Pero luego sostuvieron una tercera gema frente a mí. Era otro núcleo seleccionado por Don Sabelotodo. Yo fruncí el ceño en confusión.

¿Eh? ¿Quiere que lo vuelva a hacer? No obstante, tomé el núcleo; era aproximadamente del mismo tamaño que el primero que me habían dado.

—A continuación, debes hacer uno que mitigue el efecto del veneno.

—Bueno. —Asentí sin pensar. De todos modos, dudaba que pudiera rechazarlo.

Esta vez, traté de imbuir el efecto preciso que pedía. Una vez más había identificado la piedra adecuada para el trabajo porque tampoco rompí esta. Cuando abrí las palmas de mis manos, el hombre la recogió y volvió a recitar su magia de evaluación. Debo haber hecho algo bien porque asintió con satisfacción y me entregó otra gema. También la recibí y me dijo de nuevo qué efecto quería que imbuyera. Después de que la encanté tal como me pidió, pareció complacido y me entregó otra del mismo tipo de piedra.

Hicimos esto una y otra vez, con Don Sabelotodo dándome un núcleo y yo encantándolo con el efecto que me pedía. Evaluó cada uno y confirmó que todos poseían los encantamientos correctos. Una y otra y otra y otra vez.

Tampoco era fácil encantar todas esas gemas; se necesitaba una tonelada cósmica de MP. Y quiero decir, ¿qué planeaban hacer con todas ellas?

Al principio, Don Sabelotodo quería encantamientos para contrarrestar venenos, luego resistencia a la magia elemental, cosas así, pero finalmente comenzó a pedir encantamientos para anular el veneno y la parálisis. Cerca del final, incluso me pidió que encantara núcleos con dos tipos diferentes de efectos de protección.

A mitad de trabajo, increíblemente me estaba quedando sin MP, pero entonces uno de los magos presentes soltó casualmente algunas pociones de MP de calidad media frente a mí. Cinco, además. Parecían muchas, pero terminé bebiéndomelas todas en los descansos que me daban. No era gran problema ya que por alguna razón las pociones no parecían interactuar con tu tracto digestivo, así que podía seguir tomándolas sin enfermarme.

Sin embargo, objetivamente, seguían siendo bastantes pociones. Y mientras yo resoplaba, cierto alguien acechaba por encima de mi hombro con el siguiente núcleo para encantar.

— ¿Cuánto más vamos a hacer esto? —Pregunté mientras terminaba otro encantamiento. La novedad había desaparecido y ahora sólo quería regresar al instituto.

Las gemas encantadas que había producido como una especie de cinta transportadora humana estaban perfectamente alineadas frente a Don Sabelotodo. Este las miró, asintió con la cabeza y caminó hasta un estante cerrado con llave en la pared. De allí, extrajo una piedra clara notablemente grande. Debía ser de más de un centímetro. Y eso no era un diamante real, ¿verdad?

Algunos de los magos cercanos tragaron saliva. Incluso Johan se quedó boquiabierto.

—Esta será la última, —dijo Don Sabelotodo. —Haz que anule todos los estados negativos, ataques mágicos y físicos.

¿Ehhh? ¿Tres efectos? ¿Y todos son de anulación? No era la única sorprendida por la orden. Los ojos de los otros magos estaban tan abiertos que creía que se les caerían.

Por mi parte, ni siquiera estaba segura de que esta solicitud fuera posible. —Mmm, no estoy segura de poder anular ataques mágicos y físicos al mismo tiempo. Sin embargo, creo que tal vez podría aumentar la resistencia mágica y la defensa física.

— ¿De verdad? Muy bien, que sean esos.

Escuché atentamente sus instrucciones, luego imaginé un encantamiento que anulara los estados negativos, aumentara la resistencia mágica y la defensa física. Esta vez, el calor en mis palmas era mayor que en los intentos anteriores. También tomó más tiempo, pero cuando se lo entregué a Don Sabelotodo para que lo evaluara, sus labios una vez más se curvaron ligeramente hacia arriba. ¡Eso es lo que yo llamo un completo éxito!

Los magos que habían estado conteniendo la respiración, estallaron en vítores. Yo dejé escapar mi mayor suspiro de alivio hasta ahora.

—Buen trabajo, —dijo Johan.

Simultáneamente estaba vibrando de los nervios y me sentía más cansada de lo que nunca había estado. Quería volver al instituto lo antes posible y tomar té.

Cuando Johan y yo estábamos a punto de dejar el ruidoso cuartel de magos, Don Sabelotodo me tendió una piedra negra. —Tu compensación por hoy.

Era el primer núcleo que había encantado con éxito, el de gran resistencia mágica.

¿Compensación? ¿Pero no vale mucho por sí solo? ¿De verdad se me permite quedármelo?

— ¿Está seguro? —Le pregunté.

—Bastante. Ciertamente te lo has ganado.

—Oh. —Lo tomé con gratitud.

La piedra pareció brillar en mis manos.

Anterior Índice Siguiente


Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.