Hetero, Santa Omnipotente

5°acto: La capital real. Parte 1

Cuando ya habían pasado seis meses desde mi invocación, llamé a la puerta de la oficina de Johan.

— ¿Puedo pasar?

Entré una vez que recibí el permiso, trayendo conmigo un carrito con té, sándwiches y dulces. Johan y el comandante Albert estaban sentados uno frente al otro en los sofás, esperándome.

—Eso se ve delicioso, —dijo Johan mientras yo servía los alimentos alegremente.

Ambos hombres miraban fijamente los platillos que había traído. No estaba programado que trabajase este día, pero cuando me enteré de que Albert vendría al instituto de investigación de plantas medicinales, decidí prepararles algunas cosas para picar. No teníamos ninguna bandeja de tres niveles, así que dispuse la comida en platos normales. Liz me había dicho que usaban platos plegables para las fiestas de té en el palacio.

Serví el té en tazas y las coloqué frente a Johan y Albert. Finalmente, serví una para mí y me senté junto a Johan.

Sentía que Albert parecía un poco angustiado, pero traté de no pensar demasiado en ello. Quiero decir, la perspectiva de sentarme a su lado me hacía sentir demasiado nerviosa.

—Gracias por prepararnos esto a pesar de que es tu día libre, —dijo Albert en tono de disculpa.

—Oh, no se preocupe por eso. Realmente disfruto cocinar, así que no me molesta en absoluto.

Puede que fuera mi día libre, pero en esos días por lo general terminaba haciendo lo mismo que siempre. Además, dado que Albert había traído dulces, estaba feliz de convertir su regalo en una verdadera fiesta de té.

Los postres de Albert eran de todos colores y muy delicados. Creo que eran de fruta. Con azúcar espolvoreada en la parte superior y se veían extremadamente dulces, y apenas había comido nada que pudiera ser considerado como postre desde que llegué al reino, así que estaba entusiasmada.

Johan y Albert habían terminado de hablar sobre lo que sea que Albert había venido a discutir, así que los tres pudimos charlar mientras comíamos.

—Aun así, parece que trabajas bastante, —dijo Albert.

— ¿Eso cree? —Le pregunté.

—Es tu día libre, pero estás en el instituto cuando podrías estar en cualquier otro lugar.

—Bueno, aquí vivo. Y me gusta limpiar cuando tengo tiempo libre.

Hacía exactamente lo mismo en mis días libres en Japón. Realizaba bastante trabajo del hogar, como lavar la ropa y limpiar mi apartamento. Sin embargo, había terminado todo eso por la mañana y, afortunadamente había un sirviente que se encargaba de la lavandería, la tarea que me habría llevado más tiempo.

Resultaba que la mayoría de los investigadores que vivían en el instituto tenían antecedentes aristócratas y nunca antes habían lavado su propia ropa, por lo que contrataron a alguien para que les hiciera las tareas del hogar. Sin embargo, a mí no me gustaba la idea de que alguien entrara en mi habitación, así que la limpiaba yo misma. No obstante, estaba bastante segura de que mis colegas tenían sirvientes haciendo eso por ellos. Si no fuera así, el instituto de investigación se habría convertido en una jungla tóxica.

—Además de las tareas del hogar, ¿no sueles seguir investigando o ir a la biblioteca? Eso es casi lo mismo que trabajar, —continuó Albert.

—En realidad trabajo menos que cuando vivía en Japón.

Debido a sus posiciones en la corte, tanto Johan como Albert sabían que había sido traída hasta aquí por el ritual de invocación de la Santa. No sabía si era porque no querían que la extrañara o algo, pero tendían a no preguntar tanto sobre mi vida en mi viejo mundo. Sin embargo, de vez en cuando lo mencionaba yo misma y por eso sabían que solía vivir en un país llamado Japón.

—Trabajaba todos los días desde la tercera campanada de la mañana hasta la campanada de medianoche, —les dije.

— ¿Qué? —Los ojos de Johan se abrieron de par en par mientras alzaba la voz. No creo que lo hubiera visto nunca con este aspecto.

Albert no dijo nada, pero la taza de té que se llevó a los labios permaneció sin beber y sus ojos también estaban muy abiertos.

Por supuesto que se sorprendieron. La tercera campanada de la mañana se refería a las 9 a.m., mientras que la campanada de medianoche era la medianoche, tal como lo implicaba su nombre. Calculando el tiempo que me llevaba vestirme y viajar, tenía que despertarme a las 6 a.m. todos los días y llegar a casa a las 2 a.m. todas las noches. Se suponía que tenía los fines de semana libres, pero de todos modos iba a trabajar los sábados. Los domingos me quedaba en casa para poder poner mi apartamento en orden. Sin mencionar que probablemente comenzaría a tener algunos graves problemas de salud si no lo hiciera.

En este mundo, por otro lado, la gente vivía típicamente desde la salida hasta la puesta del sol. Variaba según tu ocupación, pero nuestro horario de trabajo en el instituto de investigación también reflejaba ese estilo de vida. Trabajaba desde las 7 a.m. hasta las 5 p.m. prácticamente todos los días. Eso era todo. Sin mencionar que durante los descansos podía sentarme y disfrutar del té con mis colegas del instituto o con los caballeros de la Tercera Orden y nadie se enojaba conmigo por ello.

Quizás la vida de otras personas era diferente, pero mi vida actual era mucho más relajada. Realmente podía tomármelo con calma.

Desde la perspectiva de Johan y Albert, supuse que sonaba como si trabajara demasiado.

—Por trabajo, ¿te refieres a que… tenías que asistir a fiestas nocturnas o algo así? —Preguntó Albert.

—Nop. Después de todo, era una plebeya.

Sabía que asistir ocasionalmente a fiestas era un requisito para nobles como ellos. Tal vez algunas personas en Japón también tenían ese tipo de responsabilidades, pero imaginaba que era el tipo de cosas por las que sólo las celebridades y similares tenían que preocuparse.

—Una plebeya que suena casi tan ocupada como nuestro primer ministro, —reflexionó Johan.

—Oh, todas las personas que conocía vivían de la misma manera.

—Realmente parece que te matabas trabajando, justo como nuestros funcionarios.

— ¿De verdad?

Los funcionarios gubernamentales trabajaban como esclavos en este mundo. Sin embargo, la mayoría de ellos eran nobles.

—Oh, ahora todo tiene sentido, —dijo Johan como si comprendiera algo. Estiró una mano hacia mi rostro.

—Hey, ¿qué estás haciendo?

—Estaba pensando en lo mucho más bonita que te has vuelto desde que llegaste a nuestro mundo.

— ¿Eh? ¿A qué se refiere?

—La condición de tu rostro la primera vez que viniste al instituto de investigación era exactamente igual a la de uno de esos funcionarios cuando están especialmente atareados. —Johan me tocó la mejilla con los dedos y pasó el pulgar por la piel debajo de mi ojo. —Pero ahora incluso esas ojeras se han ido.

Era la primera vez que alguien que no era de mi familia me tocaba la cara de esa manera. Mi corazón comenzó a latir salvajemente. Estaba segura de que también me estaba sonrojando.

Johan parecía bastante divertido con mi reacción. Su expresión no cambió, pero capté un brillo de deleite en sus ojos. Se había dado cuenta de que no estaba acostumbrada a que los demás me tocaran y últimamente había comenzado a burlarse de mí de esta manera.

Nngh. Quería alejarme, pero debido a lo estrecho del sofá que compartíamos, no podía moverme mucho y, por lo tanto, no podía poner distancia entre nosotros. Mientras maldecía internamente la situación, escuché a alguien toser.

Miré hacia un lado y me encontré con Albert fulminando con la mirada a Johan.

¡Por favor, mírelo más! Supliqué en mi mente. ¡Conviértalo en una estatua de hielo como si fuera una Medusa!

Johan también notó la ira de su amigo y rápidamente retiró su mano. Entonces, en su lugar, dirigió su broma hacia Albert.

— ¿Qué, también quieres tocarla?

— ¡No es eso!

Por el momento, me límite a tomar un sorbo de mi té y soltar un suspiro de alivio.

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