Hetero, Santa Omnipotente

Tras bastidores. 1 Parte 2

Una noche, un mes después del ritual de invocación de la santa, el sol se había puesto y todo estaba oculto en la oscuridad. Dos hombres se relajaban con una botella de vino en la villa de la capital del conde Valdec. Uno de ellos era el segundo hijo de la familia Valdec y el propietario de la mansión, Johan, quien también era el investigador en jefe del instituto de investigación de plantas medicinales. El otro era el mejor amigo de la infancia de Johan, el tercer hijo de la familia Hawke y el comandante de los caballeros de la Tercera Orden del palacio, Albert.

Los dos se reunían a menudo en la mansión de Valdec para beber, aunque no habían tenido mucho tiempo para ello últimamente, ya que Albert salía a menudo a cazar monstruos. La última vez que pudieron disfrutar de una noche juntos fue hace más de un mes.

—Escuché que recientemente trajiste a alguien nuevo a tu instituto, —dijo Albert mientras se actualizaban mutuamente sobre las hazañas del mes pasado.

— ¿Mm? Oh, sí, así es. —Johan sonrió.

Albert había tratado de sacar a relucir el tema de manera casual, pero Johan sospechaba que esa era la verdadera razón por la que Albert se había esforzado por hacer tiempo para reunirse con él.

— ¿Cómo es ella? —Preguntó Albert.

—Extremadamente normal.

— ¿Normal?

—No es diferente de los otros investigadores.

Aunque Johan respondió de una manera indirecta, Albert tenía demasiada curiosidad como para dejar morir el tema. Johan siempre esquivaba las preguntas de Albert de esta manera, incluso cuando sabía las respuestas. Era su forma de burlarse de su ultra serio amigo. Albert sabía lo que estaba haciendo Johan, por lo que estaba más jovial que molesto, aunque le dio a Johan una mirada exasperada para incitarlo a continuar.

Satisfecho con dicha expresión, Johan finalmente le dio a su amigo la respuesta que buscaba.

—Por ahora, no ha expresado ninguna queja sobre palacio y se toma su trabajo muy en serio.

—Ya veo… escuché que estaba enfurecida por su invocación y que le dio a un mago una mirada tan amenazante que casi se orina encima.

—Escuché algo similar. Esos tipos siempre tratan de darse aires, pero ahora se inclinan y se arrastran para volver a caerle bien.

— ¿Eso crees?

—Por supuesto.

El día que se llevó a cabo el ritual de invocación de la santa, Albert estaba en otra expedición para matar monstruos, por lo que sólo conocía fragmentos de la historia por rumores. Entre dichos pedazos, escuchó que una de las santas ahora estaba empleada en el instituto de investigación de plantas medicinales donde Johan era el investigador en jefe. Pensó que preguntarle a Johan directamente sobre ella le daría respuestas más rápidamente, así que buscó a su viejo amigo.

Johan le contó a Albert la historia de cómo Sei, la potencial santa, había llegado al instituto. Cómo por primera vez, hace unas dos semanas, una mujer de cabello y ojos negros comenzó a visitarlos todos los días. La primera persona con la que habló fue Jude, pero los otros investigadores, que eran todos hombres, pronto se interesaron por esta mujer que estaba igualmente interesada en las hierbas.

Al principio, Johan se sintió aprensivo al ver a Sei, con su cabello y ojos de tonos inusuales. Unos días antes, se había encontrado con su hermano mayor en los pasillos de palacio y se enteró de que no se innvocó a una, sino que a dos santas. Una era una chica de cabello castaño y ojos negros y la otra era una mujer de cabello y ojos negros. Dado eso, Johan inmediatamente se puso en contacto con su hermano después de su primer encuentro con Sei.

Al enterarse de que una mujer de cabello y ojos negros frecuentaba el instituto, el hermano de Johan lo llamó de inmediato a palacio. Johan fue dirigido a una habitación donde se encontró no sólo con su hermano, sino que también con un oficial de alto rango.

Mientras se encontraban sentados uno frente al otro en sofás dorados, el hermano de Johan confirmó que la mujer que visitaba el instituto era una de las que habían sido invocadas. Luego le suplicó cortésmente a Johan que la llevara al instituto de investigación de plantas medicinales.

¿Por qué me piden esto? Se preguntó Johan. Aunque esta mujer todavía era sólo una de las posibles santas, la verdadera santa tenía el mismo rango que el rey. En verdad, ella podría ser incluso más invaluable que el rey, considerando que el destino del mundo descansaba sobre sus hombros. ¿Por qué, oh, por qué querrían dejar a alguien tan críticamente importante en un pequeño instituto de investigación ubicado en el rincón más alejado de los terrenos de palacio?

Cuando Johan preguntó esto, el funcionario sacó un pañuelo para secarse el sudor de la frente y respondió con los dientes apretados: como resultado del comportamiento del príncipe heredero, Sei tenía una impresión absolutamente terrible de su reino. De hecho, después de que el príncipe la dejara abandonada, ella había tratado de irse, no sólo de la habitación, sino que del reino mismo. Aunque se las habían arreglado para evitar que saliera de palacio y el funcionario la persuadió de que permaneciera en el reino, la situación seguía siendo complicada, por decir lo menos.

No había precedentes de dos santas que aparecieran simultáneamente y mucho menos de dos invocadas por un ritual. En la actualidad, los que estaban en el palacio eran de la opinión de que sólo una podía ser la santa. Sin embargo, debido a que viajaban por aguas desconocidas, aún podría ser que ambas doncellas fueran santas y, por lo tanto, sería peligroso dejar ir a cualquiera de ellas. Por ahora, estaban decididos a quedarse con ambas mujeres.

Afortunadamente, Sei estaba demostrando interés en el jardín de hierbas de palacio y había decidido ir allí todos los días. El funcionario esperaba que al establecer una amistad más profunda con los otros investigadores, pudiera desarrollar mejores impresiones en torno al reino.

—En otras palabras, me estás ordenando que limpie el desastre del príncipe Kyle, —dijo Johan.

—Nuestro plan original era darle un tutor que le enseñara sobre el reino. Eso es más o menos lo que ha pasado con la otra potencial santa, la cual el príncipe Kyle ha enviado a la academia real, —respondió el funcionario.

—Entonces, dado que ya han perdido su favor, están planeando dejarla hacer lo que quiera para ganarse su buena voluntad.

—Eso es correcto. Aunque no estamos en condiciones de tomarnos las cosas con calma… Aun así, conociéndote, ya has enviado una lista de demandas a asuntos internos.

—Ah, me conoces bien. —Johan sonrió y levantó su copa hacia el funcionario.

Parecía que la suposición del funcionario era que, como noble, Johan entendía la posición de palacio y no tendría ningún problema en tomar a Sei bajo su cuidado. Sin embargo, a Johan no le importaba la actitud del funcionario o el descuido que lo había llevado a intentar cargar con nuevas responsabilidades a Johan y a sus investigadores. Así que puso una expresión preocupada, fingió pensar y luego comenzó a enumerar las numerosas razones por las que tendría que declinar.

¿No sería difícil para Sei viajar todos los días desde palacio hasta el instituto de investigación? Había algunas personas que vivían en el instituto por ese mismo motivo y, ¿qué harían si ella dijera que quería hacer lo mismo? Incluso si aceptara vivir en tales condiciones, ¿no sería problemático obligarla a residir en la inmundicia de un instituto? Quizás podrían remodelar uno de los pisos, pero el instituto simplemente no tenía espacio en su escaso presupuesto para pagar algo así.

A Johan se le ocurrió un problema tras otro y finalmente consiguió que el funcionario le diera todas las autorizaciones que deseaba.

Mientras el hermano de Johan lo observaba forzar casualmente al funcionario a aceptar remodelar todo el instituto de investigación por el bien de la santa, su expresión se puso rígida. Johan lo ignoró.

Una vez que se completaron las negociaciones, la reconstrucción de la futura vivienda de Sei se convirtió en la máxima prioridad y se completó a la velocidad inaudita de una sola semana. Afortunadamente, las habitaciones se completaron antes de que ella se mudara.

—Pero es extraño. Si estaban tan desesperados por mejorar su estado de ánimo, ¿por qué todos esos funcionarios la abandonaron en sus habitaciones? —Reflexionó Johan.

— ¿Qué quieres decir con que la abandonaron? —Preguntó Albert.

—Ella se quejó de eso con los otros investigadores. Aunque le dieron sus propias habitaciones en el palacio, la dejaron completamente sola, por lo que estaba aburrida.

— ¿Qué quieres decir? Eso no es lo que yo escuché.

Johan enarcó una ceja ante la protesta de Albert.

Según Albert, los rumores eran que después de invocar a las posibles santas, una se sintió mal y se fue a la cama. Aunque Sei estaba realmente agotada después de la invocación, la verdadera razón era la diferencia horaria entre Japón y el reino de Salutania. En el momento del ritual, era de mañana en Salutania pero medianoche en Japón. En consecuencia, después de ser llevada a sus habitaciones, Sei se derrumbó inmediatamente en el sofá y se quedó profundamente dormida.

Al encontrar a Sei desmayada en el sofá en lo que parecía un coma, la dama de compañía rápidamente hizo entrar a un funcionario. Dada la diferencia entre el estado inconsciente de Sei y su furia de unas horas antes, se convencieron más de que la condición de Sei estaba empeorando. Su piel pálida enfermiza de los interminables días de trabajo agotador y las ojeras bajo sus ojos de años de falta de sueño la hacían lucir más frágil.

El funcionario llamó al médico de la corte y le pidió que examinara a Sei, pero afortunadamente el diagnóstico del médico fue que estaba exhausta. No había señales de que estuviera afectada por algún tipo de enfermedad. Por lo tanto, el funcionario dispuso que Sei descansara un poco, lo que incluía una moratoria sobre los visitantes.

Esta serie de eventos había contribuido al descubrimiento tardío por parte del rey de las dos posibles santas. Aunque, Albert todavía sospechaba que algunas luchas internas y el pánico podrían haber estado involucrados en la renuencia de los funcionarios a darle al rey un informe completo.

—Ya veo. Ahora que lo mencionas, su cutis era terrible cuando empezó a venir al instituto.

— ¿Cómo está ahora?

— ¿Ahora? Mmm… Mucho mejor, diría yo.

Pensando en ello, Johan se dio cuenta de que la apariencia de Sei podría fácilmente haber sido interpretada como la de alguien propensa a una mala salud. Había pasado algún tiempo desde entonces y su piel aún estaba pálida, probablemente como resultado de estar encerrada en el instituto todo el día, pero las bolsas debajo de sus ojos eran más claras y parecía mucho más robusta.

—Ya veo… ¿Está comiendo bien?

— ¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Quién eres, su padre?

—Cá-Cállate. Me acabo de enterar de que la chica que cuida el príncipe Kyle no ha comido mucho últimamente y eso se ha convertido en un problema.

— ¿De verdad?

—La chef ha probado todo cuanto se le ha ocurrido, pero apenas toca su comida. Su Alteza está cada vez más preocupado de que se desmaye por desnutrición.

—Ahora que lo mencionas, Sei tampoco come mucho.

— ¿Quizás llevar una dieta estricta es normal de dónde vienen?

—Buena pregunta. Tal vez se lo pregunte.

Como Sei y Aira habían sido invocados desde Japón, ambas mujeres encontraban bastante precario el sabor de la cocina Salutana. Los insignificantes condimentos significaban que la mayoría de los sabores provenían directamente de los ingredientes de un platillo, lo cual a ninguna le importaba particularmente. Era por esa razón que ninguna de las dos tenía mucho interés en la comida, pero el príncipe heredero estaba dando órdenes a diestra y siniestra por su preocupación por Aira, la otra potencial santa. Todavía no habían encontrado la respuesta.

—El príncipe Kyle seguramente está entusiasmado con esto, —reflexionó Johan.

—Bueno, ya sabes cómo es… —Albert se calló, pero Johan sabía a lo que se refería.

En la actualidad había tres príncipes en el reino de Salutania. Durante generaciones, el príncipe mayor siempre se había convertido en rey, por lo que el príncipe primogénito era tratado como el príncipe heredero. Sin embargo, el actual segundo príncipe era un joven excepcionalmente talentoso el cual había atraído el apoyo de varias facciones, las que preferirían verlo coronado como rey.

En verdad, el segundo príncipe no esperaba nada de eso y el rey había negado cualquier intención de oponerse a la tradición, por lo que aún no se había convertido en un gran problema. Sin embargo, el príncipe heredero sabía desde hacía mucho tiempo que, en muchos aspectos, era inferior a su hermano y no podía evitar preocuparse por la existencia de intereses que conspiraban contra él.

Johan era consciente de que el príncipe Kyle había solicitado ser el encargado de supervisar el ritual de invocación de la santa porque esperaba ganarse el favor de otros nobles. Desafortunadamente para él, al enfurecer a Sei, se las arregló para hacer todo lo contrario y, ahora sentía aún más presión de lo habitual.

— ¿Su Alteza todavía se ocupa de los asuntos relacionados con ambas santas?

—Sí. Su Majestad está preocupado por el error de su hijo, pero ha decidido observar cómo maneja las cosas, especialmente porque hacer que alguien más se haga cargo ahora podría conducir a conflictos futuros. Fue una suerte para ambos que tú lograras apaciguar a la otra potencial santa. Debe estar anhelando que Su Alteza aún pueda recuperarse.

—Sobre todo porque una lucha por la sucesión podría sumir al reino en el caos. —Johan suspiró; predecía que dicho caos sería inevitable si estallaba alguna lucha interna además de los problemas que ya sufrían por el miasma.

El príncipe Kyle era trágicamente apto para dar una impresión indecorosa y podía ser un poco impulsivo y directo, pero muchos pensaban bien de él por su compasión. Además, contaba con el apoyo del segundo príncipe y sus colaboradores más cercanos, por lo que no había problemas reales en cuanto a su ascensión. Sin duda, el rey pensaba que perder algunos puntos de popularidad entre los nobles no significaba nada comparado con perder a una de las posibles santas, así que si el príncipe Kyle podía ganarse el favor de Sei, todavía había esperanzas.

—Sigue siendo extraño que fueran dos… quiero decir, ¿el ritual realmente fue exitoso? Nunca antes habíamos tenido más de una santa a la vez, —se preguntó Johan en voz alta.

—Sin lugar a dudas fue un éxito, —dijo Albert.

— ¿Dónde están tus pruebas?

—La cantidad de monstruos ha comenzado a disminuir.

Desde el ritual, los caballeros habían visto el efecto en sus expediciones regulares para matar monstruos. Los monstruos que ya existían no habían desaparecido, pero la velocidad a la que aparecían nuevos se había ralentizado y, por lo tanto, había menos en general. Como resultado, los caballeros creían que el ritual había sido un éxito y que la santa seguramente debía estar en el palacio. Informaron de esto a sus líderes.

Todavía no tenían idea de cuál de las mujeres era la santa o, si ambas lo eran, ya que el gran mago de la corte de magos, la única persona que podía determinar la identidad de la santa, aún estaba inconsciente, pero el sentimiento de la inminente tragedia que había inundado el palacio finalmente se había disipado.

—Ya veo. Sería bueno ver que las cosas también comienzan a mejorar por su parte, —dijo Johan.

—Sí… —Dijo Albert. —Mis caballeros están agotados, como estoy seguro de que te podrás imaginar.

— ¿Tu próxima expedición será en el bosque del oeste?

—No, primero haremos una ronda por el bosque de este. Una vez que hayamos terminado con el oeste, planeo tomarme un largo descanso, más largo de lo habitual. El bosque del oeste puede ser más peligroso que el del este y el del sur, pero tal como van las cosas, espero que no tengamos ningún problema.

—Bueno, dudo que te pase algo alguna vez, pero ten cuidado.

—Lo tendré.

No tenían forma de saber que, en un videojuego, básicamente habían gatillado un siniestro evento con esta conversación.

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