Hetero, Santa Omnipotente

3°acto: Cocina. Parte 3

— ¡Delicioso! —Escuchaba declarar aquí y allá.

Estaba complacida; había ayudado a cocinar.

Originalmente, los caballeros planeaban preparar nuestras comidas, pero considerando el lamentable estado de las artes culinarias de este mundo, no había forma de que pudiera sentarme y no ayudar. La sopa que condimenté con hierbas fue un gran éxito.

—Escucho grandes elogios de las comidas en el instituto de investigación. ¿Eres tú la encargada de cocinar? —Preguntó Albert mientras examinaba la sopa en su cuchara.

Albert me había regado con preguntas incluso mientras cocinaba, como cuál era el nombre de cada hierba y por qué las estaba agregando a la olla. Me recordaba a Johan, quien siempre rondaba detrás de mí haciendo exactamente lo mismo.

Uno de los investigadores me dijo que Johan y Albert habían sido mejores amigos desde que eran pequeños. Quizás eso explicaba por qué se comportaban de manera tan similar.

—No, yo sólo los proveo con recetas, la chef está a cargo de toda la preparación, —le respondí.

—No puedo creer que disfruten de comidas tan deliciosas todo el tiempo. Me hace desear poder también. —Sonrió mientras tomaba otro bocado. La expresión de su rostro también me hizo feliz.

Sin embargo, me sentía un poco nerviosa. Después de la expedición de esta mañana, los caballeros e investigadores habían desarrollado un sentido de camaradería. Todos se sentaban donde querían y hablaban con quienes querían y, el comandante se sentó a mi lado. A mi otro lado estaba uno de los otros capitanes de equipo. Incluso con la mezcla intergrupal, yo era la única investigadora agrupada junto con estos hombres de alto rango militar; Jude se había escapado a pesar de mis esfuerzos por atraparlo.

¡Será mejor que Jude cuide su espalda! Recordaré esto…

Otro caballero intervino en ese momento.

—Escuché que pusiste algunas hierbas en la sopa y no puedo evitar notar que mi cuerpo se siente más cálido de lo normal. ¿Alguna de las hierbas tiene ese tipo de efecto?

—Ah, sí, eso es correcto. Añadí…

Después de responderle, recibí más y más preguntas sobre cocinar con hierbas. De particular interés para los caballeros eran las hierbas que podrían mejorar los bocadillos como las salchichas, que comían mientras bebían alcohol.

Las animadas conversaciones sobre cocina continuaron durante todo el almuerzo. Por la tarde, salimos para otra ronda de exploración y cuando llegó la noche, regresamos a palacio.

Como tanta gente participó en la expedición esta vez, decidimos reunirnos en el campo de práctica de la Tercera Orden cuando regresáramos. Todos estábamos exhaustos, pero como no hubo heridos, los investigadores se apiñaron en pequeños grupos, charlando como si acabaran de regresar de un viaje de campo.

Para mi sorpresa, no estaban hablando de las raras hierbas que lograron conseguir, sino de los monstruos que encontraron en el camino, así como de los caballeros que los mataron. Sin embargo, incluso después del almuerzo, ni un sólo monstruo había aparecido ante mi grupo.

—Tal vez sólo estuvieran escondidos entre los arbustos, temblando de miedo ante el poder del comandante, —bromeó uno de los caballeros.

Albert era considerado lo suficientemente fuerte como para derrotar a uno o dos monstruos él solo, tal como era de esperar del líder de una orden de caballeros. Aun así, era inaudito no encontrarse con ningún monstruo en absoluto.

A diferencia de nosotros, los otros grupos se habían topado con varios monstruos. Algunos de los investigadores tuvieron la oportunidad de luchar junto a los caballeros como soporte, atacando a los monstruos con magia ofensiva. Los investigadores incluso afirmaron que se habían divertido, ya que no habían podido matar a ningún monstruo desde su época en la academia real.

—Cuando escuché que nos uniríamos a una expedición para matar monstruos, me preparé para lo peor. Sin embargo, los derrotamos fácilmente. Qué decepción, —dijo un investigador.

—Sé lo que quieres decir, —dijo otro. —Fue sorprendentemente fácil, dado el tiempo que había pasado desde la última vez que tuve que enfrentarme a monstruos.

— ¿Tú también? Sentía que era incluso más fácil que cuando estaba en la academia.

—Yo no iría tan lejos.

Uno de los caballeros cercanos se unió a su animada conversación.

— ¿Ustedes también pensaron que era fácil?

— ¿Eh?

—Sólo decíamos lo extraño que era que nuestros movimientos se sintieran más cómodos de lo habitual.

Según el caballero, al principio, pensaron que estaban teniendo un día inusualmente bueno, pero después de una discusión con sus compañeros sobre las técnicas de lucha, se dieron cuenta de que las habilidades físicas de todos parecían haber aumentado.

—Me pregunto cuál es la razón, —murmuró un investigador, lo que hizo que otros comenzaran a intervenir con sus teorías.

Sin embargo, todos se decidieron rápidamente por una razón.

— ¿Podría haber sido la comida? —Sugirió alguien.

— ¡Eso es!

Todos concluyeron que la sopa que habían comido para el almuerzo era lo único significativamente diferente de lo habitual.

Las hierbas que había agregado a la sopa se convirtieron en un tema de gran interés. En este punto, los investigadores estaban acostumbrados a comer platos condimentados, pero ese almuerzo era nuevo para los caballeros. Los investigadores ahora estaban grandemente interesados ​​en regresar al instituto lo antes posible para comenzar a investigar este nuevo descubrimiento.

A pesar de nuestro cansancio, ante la señal de todo despejado que nos indicaba que nos habían dado permiso para volver, mis compañeros estaban una vez más llenos de energía. Estuvieron discutiendo sus ideas todo el camino de regreso.

Una semana más tarde, para investigar la causa del cambio en las habilidades físicas de los caballeros, comenzamos nuestros experimentos. Cocinamos en diferentes condiciones, comimos los platillos y analizamos los resultados. Eso significaba que no sólo estábamos comiendo un abundante desayuno, almuerzo, cena y refrigerio nocturno, sino que comíamos prácticamente todo el día.

Muy pronto, no teníamos suficientes bocas para acabar con la cantidad de comida experimental que estábamos produciendo, por lo que suplicamos a los caballeros de la Tercera Orden que nos ayudaran, ya que ahora estábamos en términos cordiales con ellos. Los caballeros estaban encantados de aceptar la oferta, especialmente después de haber oído tanto sobre la deliciosa comida de nuestro comedor.

Al final, dedujimos que cuando alguien comía alimentos preparados por una persona con habilidades culinarias, sus habilidades físicas aumentaban. Además, las habilidades culinarias operaban un poco como las habilidades farmacéuticas, en el sentido de que una persona que las poseía imbuía magia en sus platillos. Para nuestro deleite, descubrimos que la mayoría de los cocineros del comedor poseían esta habilidad. No hace falta decir que la chef del instituto de investigación también la poseía.

Sei Takanashi – Nivel 55 / Santa

HP: 4.867 / 4.867

MP: 6.067 / 6.067

Habilidades activas

  • Magia Sagrada: Nivel ∞

Habilidades de producción

  • Farmacéutica: Nivel 28
  • Cocina: Nivel 5

Resultaba que yo también poseía la habilidad de cocina, la cual era probablemente la raíz del aumento en la capacidad física de todos durante nuestra expedición.

A pesar de comer en el comedor todos los días, los investigadores nunca nos habíamos dado cuenta de los beneficios, ya que nuestro trabajo no requería mucho esfuerzo. Sin embargo, los caballeros se dieron cuenta de inmediato debido a la naturaleza física de su trabajo.

Para ser honesta, pensaba que podría haber otra razón por la que los investigadores nunca se dieron cuenta. Dado el factor de nivel de habilidad, me parecía posible que mi maldición de hacer pociones un cincuenta por ciento más efectivas de lo habitual también se aplicaba cuando cocinaba. Si yo participaba en la preparación, mis comidas seguramente tendrían un efecto físico mayor que las de un chef de igual nivel. Esa muy bien podría haber sido la razón por la que el poder de mi sopa había sido tan obvio para todos.

Cuando le mencioné esta teoría a Johan, este palideció y me prohibió volver a cocinar en un lugar público, al menos, no sin una buena razón.

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