cuidado con esa villana, Hetero

Capítulo 3: ¡Ten cuidado con ese baile! Parte 3

—Quiero que seas mi pareja para el baile de primavera.

Bueno, en realidad se supone que Ian sea mi acompañante, pero cómo decirlo… no es de mi agrado.

Esto fue lo que le pedí al hombre que había terminado de comer y vestirse con la ayuda de Yona.

—Por supuesto, está bien que te niegues. No te forzaré. No te ayudé con la intención de que te sintieras en deuda conmigo. Sin embargo, si accedes, me aseguraré de recompensarte generosamente.

El hombre me escuchó impávido. ¿Habría entendido?

Estaba un poco nerviosa, pero fingí calma y sonreí.

—No es necesario que sepas de etiqueta y esas cosas, lo único que deberás hacer será quedarte a mi lado.

Después de un momento, el hombre asintió con la cabeza.

Oh, ¿está aceptando?

Miré al hombre con una expresión de asombro.

Sonreía levemente. Las comisuras de sus labios se habían elevado y su expresión le había dado un gran impacto a mi corazón.

—Bien… Sólo sonríe así.

El hombre dejó de sonreír de forma abrupta y se mostró nervioso, como si no se hubiese dado cuenta de que había estado sonriendo.

Me reí en voz alta.

—Ejem, todavía no sé tu nombre. O tu procedencia. Después de todo, desde ahora en adelante estaremos en una relación de negocios.

El hombre se puso nervioso ante mi pregunta.

—Mmm. Sin importar cuánto me haya precipitado al traerte aquí, como mínimo deberías dejarme saber eso, ¿no crees?

Mientras esperaba su respuesta, terminé apresurándolo porque hasta ahora no había dicho absolutamente nada. El hombre parecía bastante nervioso y apretó los labios antes de abrir la boca.

En ese momento, me di cuenta de mi ingenuidad.

¿Cómo podría decirme algo? Este hombre no podía hablar, porque no tenía lengua.

—Lo siento, fue mi error.

Mientras me mordía los labios y me disculpaba, el hombre negaba con la cabeza.

Yona, siendo tan perceptiva como siempre, trajo papel y lápiz y se los dio al hombre. Parece que sabía escribir.

No hay problema. Mi nombre es Nine.

—Ah… Tendré más cuidado a partir de ahora, Nine.

Puse una mano en mi frente y levanté la cabeza para mirar al hombre. No, a Nine.

Este seguía escribiendo.

Me echaron a la calle y no tenía ningún lugar a dónde ir. Gracias por darme esta oportunidad.

Sonreí mientras sentía una presión en el pecho. Me sentía como si estuviera forzando a una persona inocente a hacer algo malvado.

Sin embargo, las cartas ya estaban echadas.

Reafirmé mi resolución.

~❀❀❀~

Finalmente había llegado el día del baile de primavera.

—Joven ama, el príncipe ha llegado a escoltarla.

—El trato que nunca se me dio, lo recibo ahora después de pedir que cancelen nuestro compromiso.

No estaba siendo sarcástica, ese era un comentario completamente sincero.

Me miré al espejo. Al final, por sugerencia de Yona, el vestido que había elegido era uno de diseño sencillo, sin tirante y de color azul profundo.

Aun así, sigo siendo Melissa Podebrat.

Aunque no era un atuendo que fuera a destacar entre la multitud, quien de verdad tenía que brillar esta noche era mi acompañante.

—Nine.

Le sonreí al hombre que me esperaba a un lado de la puerta y que extendió una de sus manos hacia mí.

Su apariencia, con su rizado cabello atado en una cola de caballo y el abrigo dorado de cola bifurcada que le quedaba como un guante, haría que cualquiera cayera enamorado de él.

Los rabillos de los ojos de Nine se arquearon encantadoramente mientras me extendía su mano. Yo enderecé mi postura y la tomé.

Bien, destrocemos ese baile.

Respiré hondo.

Puede que aparentara estar relajada, pero mis acciones eran a la vez infantiles y arriesgadas, de modo que si Martha alguna vez se enterara de lo que estaba a punto de hacer, se desmayaría dramáticamente.

Si no tenía cuidado, podría ser acusada de humillar a la familia real. En otras palabras, estaba empezando a ponerme nerviosa ahora que había llegado la hora de la acción.

—Nine, sólo necesitas verte guapo. Yo puedo… No, yo me encargaré del resto.

Las personas tendían a fanfarronear más mientras más asustados estaban.

Al final, le guiñé un ojo a Nine mientras caminábamos hacia la puerta de entrada e intenté darle una mirada de ¿crees en mí, verdad? Ya sea que Nine me encontrara agotadora o vergonzosa, se dio la vuelta con las orejas rojas.

Lo siento, no lo volveré a hacer.

—Ah.

Una vez que atravesamos la puerta, nos encontramos con un carruaje muy elegante con el escudo de la familia real y frente este, se encontraba parado Ian. Tenía una expresión de leve aburrimiento, pero me quedé sin habla porque seguía viéndose guapo.

¡Pero nuestro Nine es más guapo!

Miré el rostro de Nine y, después de recuperar mi confianza, me aclaré la garganta mientras nos acercábamos.

— ¡Ejem, ejem!

—Ah, Melissa. ¿Ya estás… lista?

La sonrisa de Ian se congeló en cuanto me vio. Era un cambio muy tenue, por lo que sólo yo, su más grande fan desde hace dieciocho años, pude notarlo.

¿Sorprendió bastardo?

Sin embargo, yo sólo esbocé una sonrisa inocente y me agarré del brazo de Nine.

—Sí, Su Alteza. Estoy muy agradecida de que viniera a recogerme.

—Ah, sí… ¿Pero quién es el hombre a tu lado?

Gritaba de alegría para mis adentros al ver la expresión atónita en el rostro de Ian. En el momento en que vi su rostro, todos mis miedos se desvanecieron.

—Ah, ¿se refiere a él? No tiene que preocuparse por nada, sólo es mi acompañante.

— ¿Acompañante…? Melissa, ¿no soy yo tu acompañante?

—Oh, vaya. Pero Su Alteza nunca antes aceptó ser mi acompañante, así que creí que esta vez sería igual. O, ¿me equivocaba?

Me reí descaradamente mientras lo acribillaba con mis palabras.

Ian no podía negar o aceptar estos hechos, así que sólo comenzó a balbucear.

—Este… Bueno…

— ¿Por qué Su Alteza no toma como acompañante a alguna dama de su agrado? Como la chica de aquella vez, Linda. Estoy segura de que estaría encantada de asistir al baile con usted.

Después de darle este generoso consejo, me di la vuelta para irme.

—Entonces, lo veré en la fiesta, Su Alteza.

— ¡Espera…! Hey, ¿a dónde vas? El carruaje está aquí…

Ian exclamó apresuradamente y señaló el carruaje real. Ahora que lo miraba bien, era tan ostentoso que daba pena ajena. Y esa serpiente de dos cabezas, el emblema de la familia real, era sinceramente espeluznante.

Tuve que contener un suspiro.

Le sonreí al idiota de Ian y lo apuñalé con mis palabras.

—Su Alteza. ¿No cree que sería ridículo que mi acompañante y yo viajemos en el mismo carruaje que usted?

De hecho, era muy ridículo.

—No me gustan las atmósferas incómodas.

Terminé cuidadosamente mi frase, le di la espalda al guapo hombre y caminé hacia el carruaje de mi familia. Mi boca estaba a punto de rasgarse de lo mucho que sonreía.

¡Lo humillé! ¡Finalmente lo humillé!

Mi risa era impropia de una dama, más parecida a la de un viejo verde, pero estaba tan feliz que me era imposible controlarme. Al final, me calmé sólo después de ver la mirada estupefacta del cochero y de subir al carruaje.

Sin embargo, este era sólo el comienzo.

En el momento en que entré al carruaje, supe que la humillación que había planeado para Ian finalmente se haría realidad.

—Ju, ju, ju, ju. Je, je…

Sin embargo, no me di cuenta de que la mirada de Nine se hacía cada vez más fría.

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