Hetero, La Dama Retornada y el Emperador Dragón

1°Arco Capítulo 23

Por un momento, la tierra tembló. Gilles dejó de moverse.

Un terremoto… no, ¿magia?

De ninguna manera… ¿Le pasó algo a Hadhiz?

Pensaba que mientras Rave estuviera a su lado, se encontraría bien. Pero ahora, cuando pensaba en ello… En primer lugar, ¿puede Rave siquiera pelear?

Hadhiz debería ser escandalosamente fuerte, pero en el instante en que ganara, sangraría y colapsaría; esos pensamientos ponían ansiosa a Gilles.

En realidad, ya había pensado en lo que haría si ocurriera eso…

Es decir, le daría prioridad a la seguridad de su esposo. De lo contrario, no podría concentrarse en la batalla frente a ella.

Para Gilles, todo lo que ese hombre tenía que hacer era cocinar deliciosas comidas y postres mientras esperaba tranquilamente por su regreso. Eso sería más que suficiente para ella.

— ¡Oigan! ¡Dense prisa! ¡No sabemos cuánto más aguantará la catedral!

Balanceando su gran espada, Sieg despejaba el camino mientras gritaba. Camila seguía disparando flechas detrás de él y apuntó hacia un carruaje que transportaba unos troncos pesados. Disparó hacia la cuerda que los ataba y los troncos rodaron cuesta abajo.

Debido a que estaba preocupada por Hadhiz, perdía el enfoque constantemente.

— ¡Este es el último barco! ¡Deberíamos volver ahora!

Gilles saltó, agarrando a Sieg y Camila del cuello.

—Ugh, —exclamó Sieg.

— ¡No hables cuando esté volando! De lo contrario, ¡te morderás la lengua!

—Gilles, en serio, ¿¡qué eres!?

Gilles se dirigió de regreso a la iglesia. Sieg y Camila iban a quejarse, pero ella no tenía tiempo para eso. Pateó la pared y saltó hacia el techo de la catedral para evitar que el enemigo los detectara. Seguidamente, saltó adentro.

Las personas en el interior clamaron en sorpresa, pensando que era un enemigo, pero Sphere la saludó.

— ¡Dama Gilles! ¡Chicos!

— ¿Cómo les está yendo?

Ante la pregunta de Gilles, Vigía exclamó:

—Como nos lo ordenó, estamos bloqueando las puertas y ventanas. Sin embargo, estamos rodeados, aparte de eso, estamos igual que antes de que la capitana se fuera.

— ¿Capitana…?

Vigía y los demás asintieron con la cabeza cuando Gilles se señaló a sí misma.

—Sí, eso es lo que decidimos. Si la llamamos por su nombre, el enemigo sabrá su ubicación. Además, usted es quien está al mando.

—Ya veo. De verdad se los agradezco.

Con esto, el enemigo descubriría que Gilles había escapado del almacén, pero eso sería todo.

En respuesta a sus palabras de gratitud, cambiaron de tono y le devolvieron la cortesía.

Sin embargo, la situación no era buena. La mitad de los ocupantes de la catedral estaban heridos. Sólo unas diez personas podrían luchar, incluida Gilles.

A pesar de eso, incluso si se encontraban acorralados, la carga mental que suponía era menor ahora que estaban rodeados de aliados. Aquellos que aún podían moverse ayudaban a levantar barricadas y buscaban cosas para usar dentro de la catedral. La moral de los que portaban armas iba en aumento.

Sieg llevaba una gran espada que apoyaba sobre su hombro.

—Hemos destruido los barcos. No les será fácil escapar. Es luchar o morir, ¡ya sea nosotros o ellos!

— ¿¡No te das cuenta de lo mal que suena eso, cabeza de músculos!? ¡No tenemos ninguna posibilidad de ganar!

—Bueno, entonces ¿por qué hacer tanto esfuerzo para destruir sus barcos? ¿Cuál es el punto de sellar su ruta de escape?

—Eso es para evitar que los bandidos escapen del puerto naval al ver llegar el ejército privado del marqués Beil. Tendrán que cambiar de táctica si no quieren verse atrapados en medio del conflicto.

Incluso si tras bastidores estaban confabulados, en el escenario eran el supuesto enemigo del marqués Beil. Con la división norte dando pelea, el ejército privado del marqués Beil no tendría más remedio que unírseles y atacar a esos malhechores.

Lo más probable es que ambos lados terminaran confundidos.

En este momento, debían centrarse en una forma de no dejarse derrotar por el marqués Beil.

—También existe la posibilidad de que prendan fuego a la iglesia.

—Así es. Pero no creo que hagan nada tan extremo hasta que no nos hayan aniquilado a todos. Son los beneficios lo que priorizan esos mercenarios; como tal, son un grupo pragmático. O se quebrarían la cabeza para encontrar una ruta de escape o…

— ¡Oigan, división norte! ¡Les habla el líder enemigo! ¡Hagamos un trato!

Antes de que pudiera terminar su explicación, provino una voz del exterior. La voz era más juvenil de lo esperado.

— ¿¡Tienen a la niña espía!? Si nos la entregan, no tocaremos a la hija del marqués, ¡y nos iremos del puerto naval inmediatamente! Si no, ¡puede que la catedral se incendie!

— ¡Estamos rodeados de arqueros! ¡E-Esas son flechas incendiarias!

Informó una persona que estaba en el puesto de vigilancia después de mirar a través de un espacio en una ventana que estaba bloqueada por las bancas de la catedral.

Camila parecía disgustada.

—Aunque las paredes están hechas de ladrillo, hay muchas partes de madera. Si lanzan flechas en llamas, arderá en un instante.

—Vamos a ser aniquilados. ¿Qué va a hacer, capitana? ¿No tenemos otra opción?

—Eso no es cierto. El líder enemigo finalmente se ha dejado ver.

— ¡¿Me escuchan?! ¡¡Contaré hasta treinta!! ¡Aten a esa niña y entréguennosla!

La voz del exterior volvió a dejarse escuchar.

Gilles miró a su alrededor.

Nadie le desvió la mirada. Aunque su situación era desfavorable, nadie intentó entregarla al enemigo. Sphere, quien había estado atendiendo a los heridos, también negó con la cabeza en el momento en que sus ojos se encontraron, aparentemente diciéndole que no obedeciera.

Oh, entonces sí tenemos opciones. Chicos…

Más bien, parecían estar esperando instrucciones. Era natural que quisiera corresponderlos cuando la miraban así.

—Iré.

— ¡Espera! Gilles, ¿no dijiste que nos protegerías? ¿Ya lo olvidaste?

— ¡Así es! ¡Si la dama Gilles planea sacrificarse, no la dejaré ir sola! ¡Lléveme con usted!

—Estará bien, dama Sphere. Todo va según lo planeado. No haré nada que lo arruine.

Sphere parpadeó desconcertada.

Gilles extendió ambas muñecas para que la ataran. Sieg chasqueó la lengua y trajo una cuerda. Camila ató las muñecas de Gilles, frunciendo el ceño.

— ¿Estarás bien?

—Sí… Les encargo a la dama Sphere… —Susurró para que sólo Camila pudiera escucharla. —Sphere es una carta de triunfo mucho más eficaz para el marqués Beil, porque ella es la víctima, en lugar de esta espía. No le quites la vista de encima.

— ¿Estás diciendo que podría haber un enemigo dentro de la iglesia?

—Sí, todavía queda ese sacerdote. Debería estar por aquí. Se los encargo.

Camila miró directamente a Gilles y asintió. Sieg también había escuchado. Sphere debería estar segura ahora.

—Vigía, me gustaría que fueras tú quien me escoltara, es una orden de tu capitana.

Vigía se tragó lo que estaba a punto de decir y asintió.

La cuenta pasaba los veinte, ya era hora.

—Po-Por favor, regrese sana y salva…

Le susurró Vigía antes de gritar…

— ¡Es un trato! ¡Les entregaremos a la niña espía! ¡Dejen de contar!

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