Hetero, Santa Omnipotente

1°acto: El Instituto de Investigación de Plantas Medicinales. Parte 2

Después de que el oficial se fuera, la sirvienta que me había servido té me llevó a las habitaciones donde me quedaría a partir de ahora.

Mi nuevo hogar era mucho más grande que mi apartamento de un ambiente en Japón; era más como una suite en un hotel, ya que tenía una sala de estar conectada a dos dormitorios. El diseño interior era de un extravagante estilo rococó. Me recordaba a esos hoteles extravagantemente caros en Europa que se anunciaban en Internet.

Me eché en el sofá de la sala de estar, completamente exhausta. La luz ambarina que entraba por la ventana me indicaba que era de tarde, pero cuando me invocaron desde Japón, era bastante entrada la noche. Sin mencionar que acababa de llegar a casa del trabajo. Supongo que hay una diferencia horaria entre el reino de Salutania y Japón.

Dado que llevaba días trabajando horas extras, sin mencionar el cambio abrupto de mi mundo entero, no recuerdo lo que sucedió después de que me senté. Supongo que me quedé dormida.

Cuando desperté, estaba acostada en una lujosa cama. Alguien debió haberme llevado hasta allí. Para entonces, ya era de mañana. También me habían quitado el abrigo y el traje y me habían vestido con una bata blanca.

¡Eh! ¿Quién diablos me cambió de ropa?

Supuse (esperaba) que la culpable fuera la sirvienta, pero no pude evitar sentirme un poco, ya saben, alarmada.

Pensé en ponerme algo más, pero no estaba segura de tener el permiso para buscar más ropa. Pensé que podría haber alguien en la sala de estar, así que me dirigí hacia allí.

Cuando abrí la puerta, encontré a la misma sirvienta de ayer esperándome. Vacilantemente, le dije que quería ponerme ropa que cubriera más. Me guió de regreso al dormitorio, donde varios tipos de vestidos colgaban en un armario. Sin embargo, todos eran demasiado chillones para mí. Sin mencionar que parecían increíblemente caros, el tipo de ropa con la que tendría miedo de moverme porque definitivamente las ensuciaría.

Como no tenía planes de ir a ningún lado ni hacer nada, pedí por algo modesto y cómodo. La sirvienta sólo pudo encontrar un vestido que coincidía con mi descripción, aunque seguía siendo elegante.

Mientras me cambiaba, le pregunté nerviosamente a la sirvienta si había sido ella quien me quitó la ropa la noche anterior. Me lo confirmó, así que le agradecí sinceramente.

—Fue un placer, dama.

Honestamente, sentía que estaba siendo demasiado atenta. Pero sospechaba que con hacérselo saber sólo lograría que protestara más profusamente, así que traté de dejar de preocuparme tanto por eso. Ya había tenido bastante de estas banalidades.

~❀❀❀~

Y, de alguna manera, habían pasado dos semanas. Con todo, tenía demasiado tiempo libre.

Los primeros tres días no fueron tan malos, ya que todavía estaba alterada por todo esto de ser convocada a otro mundo. Pero la falta de algo productivo que hacer rápidamente comenzó a afectarme. Tenía todo lo necesario para vivir, como comida, ropa y refugio, pero por lo demás, me ignoraban en gran medida.

No había visto ni un pelo de ese oficial de cabello azul después de aquella vez, aunque seguía esperando a que me contactara. Siempre que la sirvienta estaba conmigo, charlábamos un poco, pero era difícil mantener una conversación constante y ella parecía tener otras tareas que atender, por lo que no se quedaba todo el día conmigo. Cada vez que se iba, me quedaba sola en la habitación y, sin un televisor o un celular para mantenerme ocupada, me aburría bastante.

¡Pero no es bueno quedarte encerrada en tu habitación todo el día! Incapaz de soportarlo más, decidí dar un paseo. Se lo dije a la sirvienta y esta insistió en que me acompañaría. Sin embargo, me hubiera sentido mal haciéndola venir conmigo cuando sabía que tenía otras responsabilidades. Al final, insistí en salir sola, diciendo que sólo iba a pasear por el jardín frente a mis habitaciones. Ella seguía bastante reacia a dejarme ir.

Comencé explorando el jardín antes mencionado, pero gradualmente, día con día, amplié la distancia de mis exploraciones. Durante uno de mis paseos, me encontré con un jardín de hierbas.

Cuando vivía en Japón, estaba muy metida en las hierbas y la aromaterapia como una forma de quitarme el estrés del trabajo, así que el jardín me intrigó instantáneamente. Algunas de las hierbas se parecían a las que se podías cultivar en casa, lo que me dio la esperanza de que tal vez las plantas no fueran tan diferentes en este mundo.

Fue entonces cuando escuché una voz. Me volteé para encontrarme con un joven apuesto con una sonrisa amable. Tenía penetrantes ojos esmeralda y un cabello verde oscuro. Se presentó como uno de los investigadores del Instituto de Investigación de Plantas Medicinales ubicado al lado del jardín.

— ¿Tiene algún asunto que atender en el instituto? —Me preguntó.

—Oh, ninguno en particular. Estaba dando un paseo cuando este jardín me llamó la atención. Pensé que se veía interesante, así que me acerqué.

Al escuchar eso, él pareció interesarse por mí y procedió a contarme sobre las hierbas que estaban cultivando. Lavanda, romero, angélica: los nombres eran los mismos que en Japón y, cuando pregunté sobre ellas, descubrí de que también tenían más o menos los mismos efectos.

—Usamos estas hierbas para hacer pociones de HP, —explicó.

— ¡¿Acabas de decir pociones de HP?! —Me sorprendió escucharlo decir tan naturalmente el nombre de un elemento de videojuegos.

—Estas hierbas tienen sus propios efectos cuando se secan y se convierten en ungüentos o cuando se hierven y beben, pero son aún más efectivas cuando se usan en pociones.

— ¿Eh? ¿De verdad?

En su instituto de investigación, estudiaban hierbas medicinales, pero parecía que su principal objetivo era hacer pociones, ya que demostraba ser un verdadero experto. Mientras escuchaba sus descripciones de diferentes tipos de pociones, encontré una similitud intrigante: las mismas hierbas que se usaban en ungüentos hace mucho tiempo en mi mundo se usaban como ingredientes para las pociones de HP en este. Es más, la eficacia de las pociones estaba relacionada con los efectos de las hierbas utilizadas como ingredientes.

Mientras escuchaba las explicaciones de este investigador, el tiempo pasó sin que me diera cuenta. De repente, era casi de noche y tenía que regresar al palacio.

—Muchas gracias, —le dije. —Realmente disfruté aprender contigo hoy.

—Gracias por ser tan buena oyente. Espero que vuelvas a visitarnos en algún otro momento.

Obviamente, acepté su amable oferta y regresé al jardín de hierbas al día siguiente. Mientras deambulaba, el investigador me vio y una vez más se unió a mí en mi caminata, contándome sobre los usos de las hierbas que crecían en las inmediaciones, así como los efectos de las pociones que se podrían hacer con ellas.

El tercer día que lo visité, una vez más recorrimos el jardín de hierbas, pero al cuarto día, me llevó al instituto de investigación y pude conocer a los otros investigadores. También disfruté escuchando todo lo que tenían que decir. Hablamos principalmente de plantas medicinales y pociones, pero pronto empezaron a hablarme sobre las últimas tendencias en la capital y sobre la gente que trabajaba en palacio.

No pasó mucho tiempo antes de que comenzara a visitar el instituto todos los días y llegó un momento en que tener que viajar hasta allí y regresar al palacio comenzaba a convertirse en una verdadera molestia. Quiero decir, me tomaba media hora llegar hasta allí a pie. Los jardines de palacio eran realmente enormes. Según mi sirvienta, todo lo que estaba a la vista era parte de los terrenos de palacio.

Si no tuviera que gastar una hora yendo y volviendo todos los días, tendría aún más tiempo para pasar con los investigadores.

—Estoy empezando a pensar que prefiero vivir aquí, —dije un día.

—Creo que es una gran idea, —dijo Jude. Era el investigador que conocí en el jardín de hierbas. Nos habíamos hecho bastante amigos desde que lo descubrí a él y a su instituto de investigación. Él concordó inmediatamente conmigo cuando hablé de mis pensamientos. —En realidad, algunos de los otros investigadores viven aquí en el instituto, al igual que yo.

— ¿De verdad?

—Síp. Aunque algunos también tenemos casas en la capital. Aun así, nuestro instituto está a un lado de palacio y la capital al otro. Sin mencionar que estamos tan lejos del palacio en sí. Dada toda esa distancia, desde que la primera persona decidió simplemente vivir aquí, más y más personas han seguido su ejemplo.

La familia de Jude también residía en la capital, por lo que durante un tiempo viajó desde su residencia, como todos los demás. Sin embargo, una vez que se dio cuenta de que algunos de los investigadores ya vivían en el instituto, rápidamente decidió mudarse también.

Realmente simpatizaba con él. Supongo que todos sintieron lo mismo acerca de viajar de esa manera: es un dolor en el trasero.

— ¿De qué están hablando ustedes dos? —Escuché a alguien preguntar desde detrás de mí.

Jude y yo nos volteamos para encontrarnos con Johan Valdec, el investigador en jefe del instituto.

—Sólo estábamos charlando sobre lo difícil que es para mí viajar desde el palacio todos los días y lo bueno que sería si pudiera vivir aquí, —le dije.

— ¿Aquí en el instituto?

—Bueno, sí. Escuché que algunos de los investigadores ya lo hacen… ¿Es eso cierto?

—Sí lo hacen. Espera, ¿eso significa que también quieres trabajar aquí? —Johan sonrió.

Sus palabras me tomaron por sorpresa. ¿Trabajar en el instituto? Supongo que es cierto que las personas que viven aquí son todos investigadores. Puede resultar extraño que alguien externo se mudara con ellos.

Sin mencionar que tenía claro que si me mudara del palacio a la capital, sería mucho mejor tener un trabajo que permanecer desempleada. Además, trabajar en el instituto sería mucho más emocionante que pasar día tras día, aburrida hasta el extremo en el palacio. Además, significaría trabajar con hierbas, las cuales me fascinaban. También podría estudiar sobre pociones, de las que no sabía nada. Empecé a sentirme genuinamente entusiasmada con la idea.

¡Sí! Trabajar en el instituto de investigación es una gran idea, pensé, y con eso, me dirigí al investigador en jefe.

—Así es. Quiero convertirme en investigadora.

—Oh, ¿en serio? Entonces tendremos que proseguir por los canales oficiales, —dijo Johan de una manera algo burlona. Pero aun así regresó a su oficina, aunque algo lentamente.

Más tarde, una vez que obtuve el empleo de manera formal, Jude me dijo con cierta sorpresa que, en ese momento, estaba seguro de que Johan sólo estaba bromeando.

Pero yo ya había tomado una decisión. Ese mismo día, tan pronto como regresé a mis aposentos en el palacio, le pedí a mi sirvienta que actuara como intermediaria. Necesitaba preguntarle al funcionario de cabello azul sobre mi futuro empleo. Para entonces ya era de noche, así que tuve que esperar hasta el día siguiente para encontrarme con él.

El funcionario pasó por mi habitación después del desayuno, mientras me encontraba tomando el té.

—Me dijeron que había algo que deseaba discutir conmigo.

—Eso es correcto. Verá, tengo cierto interés en las plantas y me gustaría trabajar en el Instituto de Investigación de Plantas Medicinales.

—Muy bien.

— ¿Eh? ¿Así como así?

Pensé que iba a necesitar algo más convincente para obtener su consentimiento, pero resultó que Johan ya había presentado mi caso. Habían acordado que me mudaría al instituto.

Hasta ese momento, estaba media convencida de que la sugerencia de Johan había sido sólo una broma, pero parecía que realmente había obtenido la aprobación del oficial de cabello azul. ¡Bien hecho, Johan!

Inmediatamente me puse a hacer los preparativos para mi mudanza. No tenía mucho, sólo mi traje de negocios, un abrigo, zapatos y un bolso que había traído a casa del trabajo cuando me invocaron. Sin embargo, no era como si pudiera trabajar en un instituto de investigación con un sólo traje. Necesitaba más ropa y otros utensilios para la vida diaria. Sin embargo, el funcionario dijo que él se encargaría de ello.

Al final, preparó algunos juegos de camisas, faldas y vestidos sencillos que no se verían fuera de lugar en un instituto de investigación, así como una colección de artículos personales, como toallas y jabones. Entre mis nuevas pertenencias estaban los vestidos y complementos que me habían gustado durante mi breve estancia en el palacio, así como varios otros con diseños similares. El funcionario debe haber tenido en cuenta mis preferencias.

Sospechaba que incluso había ordenado los muebles que encontré ya amueblando mi nueva habitación en el tercer piso del instituto. Todo encajaba y tenía un tono brillante y acogedor. Parecía que mi nuevo hogar sería un lugar agradable para pasar el tiempo; en absoluto como me hubiera imaginado que sería vivir en un lugar así.

—Muchas gracias por toda su ayuda, —le dije el día de mi mudanza. Su preparación final para mí fue un carruaje en el que viajaría hasta el instituto.

—Ni lo mencione. Siéntase libre de hacerme saber si hay algo más que necesite, —respondió, con su habitual sonrisa cansada y algo nerviosa.

—Lo haré. Gracias. —No tenía ninguna intención de volver al palacio, así que pensé que era poco probable que volviera a pedirle ayuda. Aun así, le di las gracias de todos modos antes de subir al carruaje.

Y así, fui contratada como investigadora en el Instituto de Investigación de Plantas Medicinales e incluso me dieron una habitación a la cual podía llamar mía.

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