cuidado con esa villana, Hetero

Capítulo 1: ¡Ten cuidado con ese príncipe heredero! Parte 2

— ¡No!

— ¡Aah!

La mujer en los brazos de Ian dejó escapar un chillido agudo al caer al suelo. Todo se debía a que Ian la había empujado mientras gritaba su negativa. La mujer miró atónita a Ian.

Sin embargo, el príncipe heredero, famoso por su amabilidad con las damas, la ignoró completamente mientras se quedaba mirándome como un idiota. Sus ojos dorados no dejaban de temblar.

— ¿Cuál es la razón de su negativa? —Pregunté mientras fruncía el ceño.

—Bu-Bueno… —Tartamudeó Ian.

Parecía que su grito había sido un reflejo.

— ¿Que rompamos nuestro compromiso? Querida Melissa, ¿a qué viene esto tan súbito? —Respondió gentilmente al encontrarse con mi mirada molesta.

— ¿Súbito? ¿No era esto lo que quería Su Alteza? Por eso me hacía presenciar estas cosas, ¿no? Para que rompiéramos. No hay forma de que me mandara a llamar para que tuviéramos un trío, ¿verdad?

Incliné la cabeza y hablé en un tono que sugería que se estaba comportando de manera extraña.

Si no era porque quisiera romper nuestro compromiso, no había ninguna razón para que me sometiera a tales situaciones. No había forma de que se hubiera enamorado de esa mujer en lugar de Yuri.

¿Cuál era su intención?

— ¡N-No! Lo que quiero decir es que no quiero que rompamos nuestro compromiso…

La cara de Ian comenzó a sonrojarse. Parecía que estaba sinceramente desconcertado.

¿Qué es lo que quería si no era una ruptura?

Incluso después de pensarlo bastante, lo único que se me ocurría era que quería la anulación de nuestro compromiso.

— ¿Tiene un fetiche la infidelidad?

— ¡¿Cómo podría ser eso posible?!

— ¿Es un exhibicionista?

— ¡¿Por qué sigues pensando en ese tipo de cosas?!

—Si no es eso, ¿sólo quería que hacerme daño?

— ¡Eso es…!

Mientras observaba cómo el rostro de Ian se ponía tan rojo como un tomate, no pude evitar soltar una risa sardónica.

Oh, ¿entonces era por eso?

—Oh. Y yo que pensaba que había algo importante detrás de su comportamiento.

—Y-Yo…

—Su Alteza, vaya método más rastrero usó, pero ciertamente logró su objetivo. Incluso la villana de la familia Podebrat terminaría herida al ver a su amado prometido enredado en los brazos de otra mujer. —Dije mientras miraba a la mujer aún en el suelo. Esta se estremeció y comenzó a recoger sus ropas. Durante unos segundos, todo lo que se podía escuchar en la habitación era el roce de las telas mientras la mujer se vestía. Ian no pronunció palabra  y yo no dije nada más para calmar mi ira.

Aunque antes era efímero, los recuerdos y emociones de Melissa estaban comenzando a cobrar vida después de ver y conversar con Ian. Melissa debe haber estado enormemente herida por incidentes como este, las infidelidades de Ian y sus escándalos mientras se le criticaba que su temperamento era lo que hacía que su prometido la engañara.

Quiero decir, en mi antiguo mundo también había ocasiones en que criticaban a la mujer por las aventuras de su marido, entonces, ¿por qué no habría tales injusticias en una novela ambientada en la Europa medieval?

Sin embargo, Melissa siempre fue sincera. Mientras que Ian…

— ¡Pero! ¡Pero… tú fuiste la primera en acosarme! No dejabas de aferrarte a mí, molestarme y visitarme sin avisar antes… ¡Por eso yo también comencé a molestarte!

Parecía que nuestro príncipe heredero tenía habilidades excepcionales para ladrar.

La razón por la que no respondí de inmediato no era porque no tuviera nada que decir, sino que porque estaba tratando de comprender su lógica victimista.

Oh, vaya. Mira nada más esa expresión tan inocente.

Apreté mis puños.

—Sí, claramente molestaba a Su Alteza. Pero todo lo que hice no fueron más que sinceras muestras de amor hacia mi prometido. Pienso que es normal entre una pareja que se visiten, tomen el té juntos y se abracen ocasionalmente. Me disculpo si eso hizo que se sintiera incómodo.

Ante mis palabras, Ian asintió con la cabeza sin cesar con una mirada confiada que decía ¡así es, era incómodo!

Me zumbaban los oídos.

—Incluso así, eso no justifica su comportamiento. Ni siquiera fueron una o dos veces. ¿Es este algún tipo de evento anual? ¿El show de acoso del príncipe heredero? —Dije mientras apretaba los dientes.

Durante todo este tiempo, Melissa siempre se ponía feliz cuando recibía una invitación de Ian y se vestía con sus mejores galas para ir a palacio. Sólo para terminar lastimada.

Sin embargo, Melissa nunca rechazó ni una de sus invitaciones. Porque Ian era un prometido imposible de ver de no ser por dichas invitaciones.

—Y, aun con todo eso, ¿se niega a anular nuestro compromiso? ¿Nunca se le pasó por la cabeza que llegaría el día en que me cansaría de todo esto? ¿A qué se debe toda esa confianza?

Ante mis exaltadas palabras, Ian habló como si estuviera recalcando lo obvio.

—Porque me amas.

Por un segundo, casi lo golpeo en la cabeza con el cenicero que estaba en la mesita de centro.

Ayúdame, Kant. A todos los filósofos que decían que el ser humano era racional, por favor ayúdenme a mantener mi cordura…

Cerré los ojos con fuerza.

En otras palabras, ¿pensaba que estaba bien lastimar a su prometida porque no importaba cuántas veces la engañara, estaba seguro de que nunca dejaría de amarlo?

—Ya no.

— ¿Qué?

Ante la pregunta de Ian, volví a abrir los ojos, lo miré ferozmente y me aseguré de remarcar muy bien cada palabra.

—Dije. Que. Ya. No. Lo. Amo.

Ian mostró una expresión que sugería que pensaba que el mundo tenía forma de corazón. Para él, el amor de Melissa era un hecho innegable. Durante los últimos dieciocho años de su vida, Melissa lo había amado con todo lo que tenía.

Sin embargo, yo no era Melissa, idiota.

—Eso es imposible…

—El amor es un sentimiento inconstante. ¿No lo sabía? Creía que sí, dado que el amor de la parte inferior de Su Alteza cambia todos los días. Simplemente rompamos. ¿Qué razón tenemos para continuar con este tipo de relación?

Escupí esas palabras mientras me abanicaba con una mano. Estaba tan enojada que ya me estaba comenzando a cansar. El mero título de prometida de este imbécil me parecía indecente ahora. También empezaba a preocuparme por el futuro de esta nación después de que Ian heredara la corona.

En otras palabras, había perdido todo interés en Ian incluso como protagonista masculino de la novela.

— ¡De ninguna manera! No podemos romper nuestro compromiso… —Dijo Ian desesperadamente mientras negaba con la cabeza.

Debía admitir que era realmente guapo, pero ahora sólo me parecía un montón de mierda. Había perdido todo el respeto y la piedad que le tenía. Debería haber un límite para sinvergüencería.

—Que molesto. ¿Por qué dice que no podemos?

Elevé la voz inconscientemente. Ian se estremeció y tartamudeó una vez más.

—Bueno, uh, eso es porque…

Oh, me está subiendo la presión arterial. ¿Por qué se estaba comportando de esta manera?

En ese momento, la amante de Ian, de la cual me había olvidado por completo, terminó de vestirse y se apresuró en salir de la habitación, golpeando la mesita de centro en el proceso. Esta se sacudió y el cenicero de cristal en la mesa cayó de lleno al suelo.

— ¿Ahhh?

¡Clang!

El cenicero se rompió en un millón de pedazos.

— ¿Su Alteza?

En ese momento, la puerta se abrió de golpe y dos guardias entraron apresuradamente.

¿Qué diablos? Me quedé atónita durante unos segundos. ¿Había ocurrido algo afuera?

Sin embargo, uno de los dos hombres corrió hacia Ian y el otro me agarró del brazo.

— ¡Dama Podebrat! ¡¿De nuevo está causando problemas?! ¡Hay un límite para lo que podemos tolerar!

Mi cerebro se detuvo al escuchar sus acusaciones infundadas. No pude replicar nada, simplemente bajé mi mirada hasta el suelo.

Los pedazos del cenicero de cristal estaban esparcidos a mi alrededor como si este hubiera sido arrojado como parte de la rabieta de la villana. Y justo había gritado. La amante de Ian estaba llorando y temblando. El príncipe tenía una expresión fatigada en el rostro, como si estuviera cansado de tener que lidiar con su prometida. Y en el pasado, Melissa había arrastrado de las mechas a varias mujeres en esta misma habitación.

Sólo entonces me di cuenta de que este hombre que me había agarrado del brazo y lo había retorcido en mi espalda era uno de los caballeros de Ian que encargaban de ponerle fin a los escándalos de Melissa.

—Creo que hay un malentendido. Realmente no hice nada…

Traté de explicar la situación calmadamente.

— ¡Waaaah, Iannn, estaba tan asustada!

—Oh, Linda. Lamento mucho que hayas tenido que pasar por un evento tan traumático…

Sin embargo, la amante de Ian fue más rápida. Tan pronto como procesó la situación, corrió apresuradamente a los brazos de Ian mientras derramaba lágrimas por sus ojos e Ian también tomó ventaja de esto.

— ¡Ian!

— ¡Linda!

¿Disculpa? ¿No fue el mismo Ian quien tiró al piso mientras gritaba? Oigan, ¿quién era el que dijo que no quería romper nuestro compromiso?

Era muy tarde.

El caballero que sostenía mi brazo me miró con desprecio y supe que ninguna excusa que diera ahora serviría. Vaya show se habían montado. Todos intentaban convertirme en la villana.

Mi interior hervía con furia, pero rápidamente perdí el ánimo. No importaba lo mucho que gritara y pataleara, sólo me haría daño a mí misma.

Dejé que me sacaran calmadamente de la habitación. Lo último que vi fue la ansiedad en lo profundo de los ojos dorados de Ian.

Ahora que lo pensaba, ese bastardo nunca se disculpó conmigo.

Debería haberlo golpeado en la cabeza con el cenicero cuando tuve la oportunidad. De esa manera no me sentiría tan calumniada.

Antes de que se cerrara la puerta, grité con una voz aguda, digna de una villana.

—Muy bien, Ian. ¡Estás acabado, bastardo!

Por alguna razón, mis ojos ardían.

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