Soñemos Juntas, Yuri

Capítulo 18

Su corazón latía con nerviosismo, era difícil conciliar el sueño. Esto era algo que había hecho innumerables veces antes, pero la somnolencia simplemente se negaba a aparecer.

—Oye, ¿ya te dormiste? —Dijo Hitsuji.

—Lo siento, es un poco…

— ¿Te sientes nerviosa?

Cuando Hitsuji dijo eso, su voz sonó más profunda de lo habitual y se sentía gentil.

—Sí… me pregunto por qué. Debería poder hacerlo como lo hago habitualmente.

—Intentemos sincronizar nuestras respiraciones. Respira suavemente. Mantén un ritmo tranquilo. No te preocupes por mí. Me ajustaré a ti.

—Entendido. Está bien… Aquí va.

Saya se centró en su respiración.

Inhala… Exhala…

Inhala… Exhala…

Podía escuchar a Hitsuji respirar a su lado. Coincidiendo con las respiraciones de Saya. Inhalando y exhalando…

En una habitación con las cortinas corridas y las luces apagadas, el sonido del tic tac de un reloj llamó su atención. Se sentía como si se estuviera relajando gradualmente, pero todavía no sentía somnolencia.

Hitsuji soltó una risita.

—No siento nada de sueño cuando te mueves a mi lado, —susurró con voz ronca.

—Lo siento.

— ¿Por qué no intentas cantar una canción de cuna o algo así?

— ¿Quué…?

— ¿Qué quieres decir con quué? ¿Hablabas en serio sobre hacerme dormir o no?

—Lo hago… Espera un poco…

Mientras Saya intentaba encontrar una manera de conciliar el sueño, Hitsuji se puso de costado para mirarla.

—Bien, entonces háblame.

— ¿Acerca de qué?

—Como sobre lo que sientes por mí.

— ¿Qué quieres decir?

—Aah, —Hitsuji dejó escapar un profundo suspiro. —Saya, me amabas en la tierra de los sueños, pero no en la tierra de la vigilia, ¿verdad?

—S-Sí, supongo.

— ¿Sigue siendo cierto?

— ¿Eh?

—Recientemente me has estado llamando por mi nombre, así que quizás te hayas familiarizado un poco más conmigo.

—Familiarizado… supongo que se podría decir eso, pero… —Saya se calló.

— ¿Todavía no es suficiente?

—No eso no es. Es lo contrario, ¡Ah! No.

— ¿Lo contrario…? —Sin querer molestar a la nerviosa Saya, Hitsuji habló en voz baja. Saya dejó escapar un pequeño suspiro y confesó.

—Sé que probablemente te parecerá extraño cuando te lo diga, pero…

—Ajá.

—No sé cuándo comenzó… La diferencia de mis sentimientos por ti en la tierra de los sueños y la tierra de la vigilia ha ido desapareciendo.

—Ajá.

—Parece que… ahora te amo. —En el momento en que pronunció las palabras, sintió una oleada de arrepentimiento. — ¡Ahh! Espera, espera. No es eso. No es de eso de lo que vine aquí a hablarte. Lo siento, sólo olvida que dije eso.

—Como si pudiera olvidarlo. Me hace feliz. —El tono de Hitsuji fue inesperadamente cálido.

—Pe-Pero, Hitsuji, a ti… ya sabes, sólo te gusto en la tierra de los sueños, ¿verdad?

—Nope. Desde el principio, te amé tanto en la tierra de los sueños como en la tierra de la vigilia.

— ¡¿Qué?!

Saya se sentó involuntariamente, mientras que Hitsuji se mantuvo en posición horizontal y sólo la miraba.

— ¿Desde el principio…?

—Desde que apareciste de repente frente a mí en la enfermería, siempre me he sentido así.

— ¿Eh? ¿Eh? Pero…

Tú fuiste la que apareció de repente, Hitsuji, Saya quería responder eso, pero su boca se negó a formar las palabras. Hitsuji, mientras tanto, continuó.

—Nunca dije que no te amaba en la tierra de la vigilia.

—No puede ser…

Mirando a una Saya aturdida, Hitsuji se rió.

—Eres tan cruel. Dado que sólo me amabas en la tierra de los sueños, apuesto a que asumiste que conmigo era igual.

—Eso no es justo…

—No estoy siendo injusta. Simplemente lo malentendiste. No intentes echarle la culpa a alguien más. —Hitsuji puso su mano en la espalda de Saya, la primera completamente sin palabras. —Quería contarte algún día. Me alegro de haber podido… Debido a que fuiste sincera conmigo, pude reunir el valor para hacer lo mismo. Gracias.

—N-No, de-debería agradecerte…

—Cálmate. Estás siendo incoherente, —dijo Hitsuji, risueña. Saya también estaba tentada a reírse de sí misma. Volviéndose a recostar en la cama, se miraron la una a la otra y compartieron una carcajada cordial.

—Caray, tranquilízate. ¿No íbamos a dormirnos?

—Ci-Cierto, eso íbamos a hacer. Calmémonos.

Intentaron respirar profundamente, pero incluso el hecho de que sus miradas se encontraran era suficiente para provocar una oleada de risas.

—Esto es inútil. Vamos a acostarnos de espaldas.

—Bien.

Las dos se tumbaron de cara al techo, tratando de calmar su respiración.

—Fuah… —Hitsuji se tapó la boca para reprimir un bostezo. Fue contagioso y Saya dejó escapar un bostezo aún más grande.

—Aahh. ¿Estás cansada?

—Ahora que he dicho lo que quería, tal vez sea la sensación de alivio, pero de repente me siento somnolienta.

—Yo también…

—No te duermas antes que yo, ¿de acuerdo? Prometiste que serías tú quien me pusiera a dormir.

—Lo sé…

Cuando las dos cerraron la boca y se callaron, la somnolencia se apoderó gradualmente de ellas.

Con los ojos cerrados, Hitsuji susurró:

—Buenas noches, Saya.

—Buenas noches, Hitsuji…

~❀❀❀~

Debajo del brillante cielo nocturno, sobre la tierra cubierta de sábanas, innumerables humanos dormían.

La escena que había visto cuando el huevo de cristal fue roto se extendía ante mis ojos nuevamente. ¿Era este el resultado de que se le quitara la fachada a la tierra de los sueños? Había un Suiju enorme que parecía un elefante estirado que pasaba por encima de la gente dormida.

Cuando bajamos a las sábanas, Hitsuji y yo miramos la línea de durmientes que se extendía hacia el horizonte.

— ¿Vamos a… despertar a toda esta gente? —Preguntó Hitsuji.

—Hasta el último de ellos.

—Parece mucho trabajo duro, ¿sabes?

—Usamos el poder de la imaginación en la tierra de los sueños, ¿verdad? ¿No es eso lo que ustedes me enseñaron? —Me agaché, agarrando la sábana a mi pie. Hitsuji agarró la tela a mi lado.

—Lo haremos a las tres.

—Entendido.

—Uno, dos…

— ¡Tres!

Gritando el último número juntas, tiramos con todas nuestras fuerzas.

— ¡Buenos díaaaaas! —Gritamos ambas.

Las personas dormidas se dieron la vuelta, una tras otra. Sus ojos se abrieron de golpe en un momento y al siguiente, desaparecieron. Sus caras de sorpresa eran divertidísimas y ambas nos reímos tontamente.

— ¡Todos, levántense! ¡No más dormir!

Gritó Hitsuji y luego se echó a reír. En algún momento habíamos llegado a ser del tamaño de montañas y estábamos sacando a las personas en miniatura a nuestros pies de la tierra de los sueños, una tras otra. El enorme Suiju se dio cuenta de que algo andaba mal y trató de acercarse, pero con los pies atrapados en las olas de las sábanas no pudo hacerlo. Aprovechando eso, seguimos tirando de las sábanas por lo que pareció una eternidad.

¿Cuánto tiempo había pasado? Finalmente, nos habíamos quedado sin sábanas. La tierra se convirtió en un colchón y no quedaba ni una sola persona durmiendo en él. También habíamos vuelto a nuestros tamaños normales.

En lugar de los humanos desaparecidos, vimos un imponente muro acercándose desde todo el horizonte. Hecho de innumerables Suiju, era una horda más grande que cualquier otra cosa que hubiéramos visto. El mar de sueños se había secado, por lo que todo los Suiju se habían vertido en el nuestro.

—Vaya, qué espectáculo. —Dijo Hitsuji con asombro. — ¿Había tantos Suiju? Cuando pienso en que están todos en nuestro sueño, se siente un poco extraño.

—Sin embargo, apuesto a que la tierra de los sueños nunca se había vuelto tan pequeña.

—Ahora, si nos despertamos, podremos acabar con los Suiju… Eres tan inteligente, Saya.

—Sólo un poco.

—Ran, Kaede y Midori… ¿Crees que podremos volver a dormir juntas como sonámbulas?

—Estoy segura.

—Está bien, bueno, supongo que ya es hora… Despertemos.

Mientras abrazábamos una sensación de logro, tratamos de despertar…

— ¿Eh?

Espera, ¿cómo se suponía que nos despertaríamos?

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