Soñemos Juntas, Yuri

Capítulo 15

Las cinco se sentaron muy erguidas, cada una gritando algo incomprensible.

— ¡Ahh! Ahhhh!

— ¡¿Qu…?! ¡¿Qué pasó?!

—No lo entiendo. El sueño terminó repentinamente, como si se hubiera apagado… —Dijo Ran varios minutos después de que el pánico había pasado y cuando finalmente era capaz de volver a hablar. — ¿Qué pasó con los Suiju? ¿Alguien se quedó hasta el final?

Todas sacudieron la cabeza.

—Recuerdo que rompimos el huevo. Pero sólo eso… —La cara de Ran estaba rígida mientras pensaba en eso, pero finalmente miró hacia arriba. —Viajemos otra vez.

— ¿No podemos descansar? Mi cabeza se siente un poco confusa… —Dijo Kaede con una mirada apagada en su rostro, pero Ran negó con la cabeza.

—Tenemos que averiguar qué pasó. Una vez que hayamos confirmado la situación, regresaremos enseguida.

Saya se presionó las sienes y cerró los ojos con fuerza. Se sentía como si hubiera sufrido mucho daño, pero no tenía idea de dónde había sido herida o cómo. Mirando hacia donde sintió un tirón en su ropa, Hitsuji se veía inusualmente desconsolada mientras tiraba de la manga de Saya. Cuando Saya se acercó amorosamente y tomó su mano, Hitsuji apretó la suya.

Las cinco volvieron a acostarse en una cama todavía húmeda por el sudor que habían derramado mientras dormían. Incluso si su sonambulismo era interrumpido, si lo reanudaban de inmediato, podrían entrar en el mismo sueño. Saya sabía esto por experiencia propia.

El manto de somnolencia que Hitsuji desató las envolvió a todas, calmando sus nervios y las cinco reanudaron su sonambulismo hacia el manantial de antes.

~❀❀❀~

Nos despertamos en la cama.

Grandes nubes nos recibían desde el otro lado del tragaluz del almacén.

— ¿Eh? ¿Qué pasó?

—Pensé que íbamos a volver a dormir…

Nos miramos desconcertadas. Parecía que algo nos había despertado; Ran dejó escapar un suspiro de resignación.

—Parece que hoy no va a funcionar… Supongo que eso es todo.

—Descansemos un poco. Iré a hacer un poco de té. —Midori fue la primera en levantarse de la cama, corriendo hacia la cocina.

No mucho después, el agua había hervido y el aroma del café llenaba el aire. Sosteniendo nuestras cabezas todavía confundidas por el sueño, nos sentamos alrededor del sofá como de costumbre.

—Compré guimauves para hoy.

—Vaya, que elegante.

— ¿Son elegantes?

—Estaban de moda hace unos años.

Con los coloridos cubos de malvavisco colocados en el plato frente a mí, comencé a animarme un poco. Midori sirvió café en cada una de nuestras tazas.

—De acuerdo, chicas… —Habiendo tomado una guimauve mientras hablaba y llevándosela a la boca, Midori se detuvo.

Sus ojos se agrandaron como si hubiera visto algo aterrador y se quedó congelada. Al darse cuenta de que algo estaba mal, Ran intentó hablar con ella.

— ¿Midori…?

En un tono estupefacto, Midori susurró: No tiene… no sabor.

Con esas palabras, las guimauves en el plato se convirtieron en arena y se derrumbaron.

Nos pusimos de pie en estado de shock, a nuestro alrededor, los altos estantes que rodeaban el dormitorio comenzaron a temblar y las filas de cajas se abrieron de inmediato.

Desde más allá de los estantes, aparecieron bichos malvados con muchos ojos, piernas y mandíbulas venenosas y comenzaron a hacernos trizas.

Desde el techo se asomó el gran rostro de una persona desconocida, mirándonos inexpresivamente mientras gritábamos.

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