Hetero, La Estilista y el Caballero Dragón

Capítulo 11: Un viaje a la ciudad.

Al día siguiente, decidí dar un paseo por la ciudad del castillo.

Fuera de almorzar con el príncipe, Patricia no tenía ningún plan importante programado, así que le hice un peinado que le duraría todo el día. Una vez terminado, quedaría libre hasta la noche, cuando regresaría para su rutina nocturna. Así que tendría muchas horas disponibles durante el día para recorrer la ciudad y observar los peinados de las plebeyas de Vaxwald. Además, ese dinero de recompensa de la reina estaba acumulando polvo en mi bolsillo, así que pensaba que podría buscar adornos y accesorios para el cabello mientras paseaba.

Patricia todavía sigue preocupada por el incidente de ayer… Espero que se sienta mejor después de hablar con el príncipe Darío, pensaba mientras caminaba por la calle principal.

Justo en ese momento, vi a un grupo de jovencitas mirando en mi dirección y sonrojándose.

—Es de ensueño… —una susurró cuando nos cruzamos.

¿De ensueño? ¿Yo? No, seguramente no. Al reflexionar, me di cuenta de que su mirada estaba apuntando sobre mi cabeza… pero antes de que pudiera dar la vuelta, sentí un golpecito en mi hombro.

— ¿Trajiste tu sombrilla, Maina?

Me di la vuelta para encontrarme a Ray, de todas las personas, parado a mi lado.

— ¡¿Qué estás haciendo aquí?! —Grité sorprendida.

—Tengo el día libre, —respondió rotundamente, ignorando al grupo de chicas que lo admiraban desde lejos.

—Eso no explica por qué estás aquí. En todo caso, deberías relajarte en tu habitación o algo así. ¿O intentas insinuar que es una coincidencia que nuestros planes para hoy fueran los mismos?

—Sí, algo así.

Qué ambiguo. Alcé una ceja.

—Ya veo. Bueno, entonces me iré ahora. No te preocupes, tendré en cuenta el calor.

Abrí mi sombrilla, me la puse sobre el hombro y me di la vuelta para irme cuando de repente sentí una mano sobre mi hombro.

—Espera un minuto. ¿No es tu primera vez en la ciudad? Seré tu guía para que no te pierdas. Además, hay muchos carteristas en estas partes.

—Oh, ¿enserio? En ese caso… Mmmm… Supongo que te tomaré la palabra, —decidí después de un extenso debate interno. Estar cerca de Ray siempre era incómodo, pero al mismo tiempo, me sentía más segura teniendo al menos a otra persona conmigo.

Aunque Ray parecía bastante complacido de que estuviera de acuerdo, siendo sincera, realmente no me guió en absoluto, sólo se limitaba a seguirme. Ahora que lo pienso, ¿por qué necesitaría a un guía cuando sólo estoy dando un paseo?

Pensaba que tal vez podría ayudarme a encontrar tiendas de accesorios para el cabello, pero cuando le pregunté, simplemente dijo:

—No sé, nunca me interesaron. —Al final, todo lo que pude hacer fue seguir caminando hasta encontrar una, observando los peinados a medida que avanzaba.

—Todos los hombres dragón parecen tener el pelo muy corto… En comparación, hacen que el tuyo parezca largo… Y en cuanto a las mujeres, en efecto, los suyos son mayormente largos y lisos…

Pero resultaba que yo no era la única que cuchicheaba sobre cabello en estos momentos.

Un grupo de tres muchachas se me acercó.

—Disculpe, pero ¿cómo hizo que su cabello se viera así? —Me preguntó una de ellas.

Hoy llevaba mi cabello en una sola trenza a partir de la coronilla de mi cabeza. Sin embargo, esta no era una trenza ordinaria. Primero, había amarrado la mitad superior de mi cabello en una cola de caballo, luego la había doblado sobre sí misma. A partir de ahí, trencé la mitad inferior suelta de mi cabello, creando tres pequeñas trenzas separadas. Las tomé, las desplegué en abanico y las trencé en una sola trenza gigante, encima de la cual descansaba un cintillo.

En Miulan lo habría estilizado aún más, pero tenía la intención de experimentar con el estilo de Vaxwald para variar y hoy era la oportunidad perfecta.

—Es bastante fácil, lo crean o no. Podría hacerlo para ustedes, si quieren.

— ¿De verdad?

—Maina, —me reprendió Ray. Sin embargo, pareció cambiar de idea en tratar de detenerme, porque al final sólo se limitó a sostenerme la sombrilla mientras hacía mi trabajo.

Llevé a las tres a un lado de la calle donde no bloquearíamos el paso y me puse a trenzarles el cabello como el mío. Cuando terminé, las jóvenes estaban radiantes de alegría.

— ¡Eso fue bastante sencillo! ¡No estaba bromeando! Ahora que la he visto hacerlo dos veces, estoy segura de que recordaré los pasos. Además, tengo algo de práctica haciendo trenzas Miulanas.

—Por supuesto, ¡pruébenlo alguna vez! ¡Ah! Y ahora que estamos aquí, tomen esto. Es el peinado que Su Alteza, la princesa Patricia usó en su fiesta de bienvenida a Vaxwald.

Saqué los panfletos de mi cartera y se los pasé. Precisamente por ocasiones como esta es que los traía conmigo.

—Wow… ¿Un auténtico peinado de la realeza?

De repente, los ojos de las damas se iluminaron. No podía culparlas, por supuesto, seguramente cualquiera soñaría con lucir como una princesa.

— ¡Gracias! ¡Estaré más que feliz de quitárselos de las manos!

—No es nada.

—Sólo me pregunto… ¿Son novios? Por casualidad no serán parejas destinadas, ¿verdad? —Me susurró una de las chicas, sus ojos fijos en Ray.

—No, no, nada de eso, —respondí rápidamente.

En este momento lo invitaron a tomarse algo con ellas, pero Ray se zafó del asunto al señalarme y decir:

—Necesito quedarme con ella.

Uhhh… En realidad no, pero bueno.

—Awww, maldita sea…

—Ugh… Sé que mi pareja destinada está en algún lugar…

Mientras las chicas se alejaban decepcionadas, comenté:

—Las jóvenes dragón se preocupan mucho por encontrar a su pareja destinada.

—Es verdad… Y mucho más sabiendo que no todos están destinados a tener una.

De acuerdo, ciertamente podía ver el atractivo de una alma gemela, pero no podía evitar preguntarme por qué les importaba tanto. Después de todo, si las parejas destinadas fueran realmente tan únicas y especiales, ¿me habría confundido Ray con la suya? Lo dudaba un poco.

Desafortunadamente, cuando me di cuenta precisamente de lo que estábamos discutiendo, el ambiente entre nosotros ya se había vuelto tenso e incómodo.

Ray señaló a una tienda cercana para romper la tensión.

—Hey, mira. Hay una joyería. Puede que tengan accesorios para el cabello.

A primera vista, la tienda en cuestión parecía estar completamente fuera de mi presupuesto, pero no quería ponerme a discutir por eso, así que entré.

—Bienvenidos. ¿Puedo ayudarlos a encontrar algo? —Preguntó un señor mayor cuando entramos, probablemente el dueño, si tenía que apostar. Su mirada penetrante estaba fija en Ray; tal vez había considerado a mi acompañante como un cliente digno. Yo, sin embargo, sólo estaba aquí para mirar.

Realmente espero que al dueño no le importe.

— ¿Tiene adornos para el cabello? —Preguntó Ray mientras yo estaba ocupada sintiéndome fuera de lugar.

—Por aquí.

Eché un vistazo a la vitrina y solté una exclamación de admiración.

— ¡Guau…!

El escaparate estaba lleno de lujosos adornos hechos de oro y plata, algunos con joyas o perlas incrustadas. Brillaban bajo las luces de la repisa, dejándome deslumbrada, pero no podía ver ninguna etiqueta de precios, lo que significaba que definitivamente costaban una cantidad ridícula, mucho más allá de mi presupuesto. Tal vez pregunte sobre el precio la próxima vez que salga de compras para Patricia.

Como no podía permitirme nada, decidí que lo menos que podía hacer era tomar nota de sus diseños. Ese adorno de pajarito es tan encantador… Ah y me gusta ese de allí con las joyas en forma de lágrima que cuelgan de él… Apuesto a que me vería como un candelabro si lo llevara puesto…

Todos eran perfectamente encantadores… pero luego vi algo que me robó el corazón.

— ¡Oh, wow!

Sin metales preciosos ni joyas incrustadas a la vista, posiblemente era el artículo más ordinario en la vitrina, pero podía percibir su valor de forma innata.

—Esta es una concha blanca iridiscente, ¿verdad?

—Así es… Tiene buen ojo, señorita, —respondió el vendedor, un poco sorprendido de que una plebeya como yo estuviera tan bien informada.

Las conchas blancas iridiscentes, como su nombre indicaba, eran un tipo de conchas recolectadas en las playas. Normalmente eran de color blanco, pero bajo la luz, brillaban tenuemente con todos los colores del arco iris. Y de todas las conchas utilizadas popularmente en la fabricación de joyas, estas eran, con mucho, las más raras y valiosas.

Este accesorio en particular tenía la forma de un grupo de florecillas, cada pétalo con su propia pieza de concha blanca. Las conchas en sí eran normalmente bastante grandes, por lo que es posible que el diseñador tuviera que romperlas cuidadosamente y luego lijar los fragmentos hasta que quedaran del tamaño perfecto para cada pieza. En el centro de cada flor brillaba una pequeña joya pálida de algún tipo, posiblemente un diamante.

—Estas flores emulan ser unas Nemophilas en miniatura, ¿no? Es lo que parecen, —comentó Ray mientras ambos admirábamos el accesorio.

Personalmente, me impresionaba que las conociera por su nombre. Me gustaban mucho estas pequeñas flores azules, pero no eran tan populares como las rosas y, como tales, no eran el tipo de flores que las personas reconocían de forma espontánea.

—Oh, sí. Me sorprende que lo supieras.

—Son bastante comunes aquí en Vaxwald. Cuando niño, siempre las veía por la ciudad, pero nunca supe cómo se llamaban hasta hace poco, cuando finalmente me di a la tarea de investigarlas. Aparentemente, en algunos reinos también las llaman baby blue eyes.

—Interesante…

Su comentario me recordó a esa ocasión en que mi madre me dijo que tenía los ojos azules más adorables del mundo, justo como la flor.

Sin embargo, algo me llamó la atención: ¿por qué ahora, de todos los momentos, Ray se interesaría repentinamente en una flor común? No me parecía que fuera un amante de las plantas.

Mientras reflexionaba sobre esto, me volteé hacia el propietario y le hice una pregunta un poco más apremiante.

—Disculpe, pero ¿cuánto cuesta?

Me preparé mentalmente para recoger mi mandíbula del piso, pero la cifra en realidad era mucho más razonable de lo que esperaba. Dicho esto, seguía siendo demasiado costoso, así que si iba a comprarlo, tenía que estar cien por ciento segura de la compra. Aun así, por lo menos, no estaba fuera de mi alcance.

Probablemente ayudaba que estuviera hecho con conchas. Si bien las conchas blancas iridiscentes eran valiosas en sí, imaginaba que sus compañeros repletos de joyas tenían un cero extra al final de sus etiquetas de precio.

—Este es el único adorno con conchas blancas iridiscentes que tengo a la venta y una vez que se venda, no puedo garantizar cuándo o, si es que tendré más en stock. Dudo que mis competencias tengan alguno.

—Mmm…

Dudaba. Por mucho que lo quisiera, no traía esa cantidad de dinero conmigo. De acuerdo, podría pedirle que me lo guardara y regresar con el monto total otro día, pero esto era mucho más de lo que me sentía cómoda gastando en una compra impulsiva. Necesitaba pensármelo un poco más.

—Realmente, realmente me encanta, pero creo que necesito consultarlo con la almohada.

Muriendo internamente, me aparté de la vitrina y salí de la tienda con el pleno conocimiento de que nunca volvería a ver ese hermoso adorno.

— ¿Estás seguras? Pensé que realmente te gustaba, —Ray preguntó con curiosidad, como si de verdad no tuviera idea de lo que me detenía de comprarlo.

— ¿No escuchaste el precio? —Le pregunté.

—Sí, ¿y? ¿Qué hay con eso?

Oh, adorable e ignorante aristócrata.

~❀❀❀~

Después de la desgarradora despedida con el accesorio de conchas blancas iridiscentes, los dos caminábamos por la calle principal cuando de repente vi una pequeña multitud en la plaza cercana. Allí, se había colocado un puesto de periódicos y una fila de personas estaban haciendo cola para comprar uno. Leer el periódico me parecía una buena manera de estar al día sobre los últimos acontecimientos de Vaxwald, así que me acerqué…

— ¡Vengan, vengan todos! ¡Obtengan la primicia sobre la verdad detrás de los rumores de la realeza! —Proclamaba el vendedor.

Frunciendo el ceño, me puse en la fila. Una vez que fue mi turno, saqué una moneda de mi billetera y se la entregué al repartidor.

— ¡Gracias por su compra!

Tomé el periódico, que más bien era un panfleto y lo miré con el ceño fruncido. Detrás de mí, sentía a Ray leer sobre mi hombro.

Efectivamente, el artículo era definitivamente sobre la princesa Patricia, pero en ningún momento aclaraba que los rumores eran falsos. Por el contrario, era una crítica mordaz y calumniosa, similar al resto de la campaña de desprestigio en su contra.

Recibimos un testimonio exclusivo de una sirvienta de Miulan que ha trabajado para la princesa Patricia durante años. Según ella, la princesa es tan inmadura como parece. Hace berrinche ante el más mínimo error y es conocida por arrojar jarrones o golpear a la gente durante sus rabietas. Nuestro informante anónimo informó que Patricia AMA gastar dinero en cosas nuevas y brillantes. Lo que sea, ella lo compra: vestidos, joyas, muebles, carruajes… Se aburrirá y comprará nuevos cada dos semanas. Incluso reemplazará a sus mascotas una vez que dejen de ser pequeñas y lindas. Uno sólo puede esperar que no comience a buscar reemplazar al príncipe Darío una vez que la novedad haya desaparecido.

Mientras leía el artículo en voz alta, mi voz se hacía cada vez más baja. ¿Quién podría ser esta informante? ¿O también había sido falsificado? Había trabajado para la princesa durante los últimos dos años y en ningún momento escuché que golpeara a alguien. También habríamos tenido nuestra porción de chismes en Miulan; estoy segura de que la gente hubiera amado una historia como esta, suponiendo que realmente hubiera sucedido.

No sólo eso, sino que este testimonio sobre el amor de Patricia por gastar era descaradamente falso. Claro, se mantenía al día con las modas actuales y compraba su buena parte de cosas nuevas y, tal vez no siempre usaba el mismo vestido más de una vez, pero ¿era realmente tan diferente de cualquier otra princesa? Seguramente, incluso Darío tenía atuendos en su armario que sólo había usado una vez.

— ¿Reemplaza a sus mascotas cuando se hacen viejas? ¡Ni siquiera tiene mascotas! —Gruñí.

Pero todos los demás en la plaza tenían una reacción completamente diferente.

— ¿Arroja jarrones a sus sirvientes?

—Oh, Dios mío…

No estaba claro si realmente creían lo que estaba escrito, pero nadie declaraba abiertamente que el artículo era una tontería. Quizás esto era natural, dado que nadie de aquí conocía a la princesa personalmente. No tenían los detalles necesarios para tomar una decisión informada sobre el tema.

Pero yo sí.

Volví con el vendedor.

— ¿Tú escribiste esto? ¿Fuiste tú quien entrevistó a esta sirvienta de Miulan?

—Señorita, yo sólo los vendo. Eso es todo por lo que me pagan, —respondió el hombre con frivolidad.

—Entonces, ¿quién fue el que escribió esta tontería?

—Uno de nuestros reporteros. Pero si su problema es la precisión objetiva, entonces váyase a otro lado. En este negocio, a veces las noticias son la pura verdad, pero otras, las noticias están hechas de lo que sea que venda. —Rió.

Resoplé furiosa, pero Ray extendió una mano para detenerme.

—El Guardián del Sol no es más que un periodicucho de chismes. Su base de lectores lo sabe muy bien y, como tal, no se toman estos artículos como la verdad absoluta…

— ¡Me niego a aceptar que esta mujer se case con nuestro príncipe Darío! —Exclamó una mujer cercana.

—Normalmente… —Ray terminó torpemente.

Reuní todo mi coraje y lancé mi copia del Guardián del Sol al aire.

— ¡Escuchen todos! —Grité ante la plaza. — ¡Por favor, no se crean este amarillismo! ¡La princesa no es el tipo de persona que estos rumores la hacen parecer!

No estaba acostumbrada a hacer discursos públicos, pero no era momento de ser tímida o vergonzosa. Luché por mantener mi voz tranquila y uniforme mientras continuaba.

—Cuando Su Alteza dejó Miulan, se vio obligada a dejar atrás a todos sus amigos y familiares. Vino hasta Vaxwald con sólo su estilista a su lado. Estaba tan ansiosa que se echó a llorar, pero no dejó que su miedo la detuviera. En cambio, esta niña de dieciséis años decidió hacer un esfuerzo para formar una profunda conexión con el príncipe Darío, todo por el bien de sus dos naciones. Así que, por favor traten de verla por quien realmente es y sacar sus propias conclusiones. No dejen que otra persona les diga que pensar.

Todas las personas en la plaza habían volcado su atención hacia mí.

—La boda real está a la vuelta de la esquina. En el gran día, espero que todos vengan a visitar el castillo o, incluso que sólo miren desde la distancia. Sólo esperen hasta que vean la sonrisa en el rostro del príncipe Darío cuando está con ella; eso debería ser prueba suficiente de que no es el monstruo que todos temen. Y cuando la vean con toda su elegancia y dignidad, se darán cuenta de que es adecuada para ser reina.

Nunca había estado tan determinada en toda mi vida.

—No es el tipo de persona que describe este artículo. Se los ruego, por favor… no la rechacen antes de siquiera conocerla.

Cuando mi pequeño discurso llegó a su fin, estaba completamente sin aliento. El silencio cayó sobre la plaza. Luego, después de un momento, alguien comenzó a aplaudir. Dos personas. Tres. Finalmente, toda la plaza se sumió en aplausos.

— ¡Ese fue un gran discurso! —Dijo un caballero de mediana edad. —No parece una política, pero parece conocer muy bien a la princesa… ¿Es su asesora o algo así?

—No, sólo soy una estilista, —respondí.

Mientras estaba allí, otras personas intervinieron.

—Puedo decir que se preocupa profundamente por Su Alteza.

—Quizás deberíamos pensar más críticamente sobre los rumores.

Era un alivio escuchar eso. Por supuesto, sabía que esto no era suficientemente como para detener la campaña de desprestigio, sin embargo, estaba orgullosa de mí misma por haber tomado cartas en el asunto… Y, aún no había terminado.

Saqué mis folletos y comencé a repartirlos.

—Este es el nuevo peinado de moda que Su Alteza usó en una fiesta reciente. ¡Es más fácil de lo que parece! —Les expliqué con mi sonrisa más profesional.

Las personas en la plaza los tomaron y los miraron con curiosidad.

Ray sonrió mientras miraba mis payasadas.

—Nunca supe que fueras tan tenaz.

—Tomaré eso como un cumplido, —respondí.

Ray sonrió y se volteó hacia el vendedor de periódicos, quien estaba mirando con tristeza como mi panfleto rebozaba de popularidad.

—El Guardián del Sol ha estado cruzando mucho la línea últimamente. Claramente, deben pensar que estos artículos difamatorios es lo que vende cuando se trata de noticias sobre Su Alteza.

— ¿De nuevo, amigo? Como dije, sólo me pagan para venderlos.

—Sí e imagino que serás sancionado por ello. El príncipe Darío planea tomar medidas contra cualquier publicación que escriba declaraciones difamatorias contra su futura reina y el Guardián del Sol está en su lista. Sigan vilipendiándola y no les gustará lo que pasará después, —amenazó Ray, su mirada gélida.

Un par de caballeros cabalgaban a caballo. Uno de ellos tenía una copia del Guardián del Sol en su mano.

— ¡Tú, el de allí! ¿Eres el que vende esta publicación? Debo advertirte…

— ¡Mierda! —El vendedor rápidamente salió corriendo.

— ¡Oye! ¡Espera!

Pero los caballeros no lo persiguieron; evidentemente su objetivo era simplemente sacarlo de la plaza. Quizás Vaxwald era como Miulan, donde el concepto de lèse-majesté había pasado de moda, por lo que no podrían arrestarlo por eso.

— ¿Era el Guardián del Sol la fuente de todos los rumores? —Le pregunté a Ray.

—Es posible que originalmente fuera un truco publicitario para vender ejemplares… pero la investigación aún no ha encontrado nada sustancial. Verás, el príncipe Darío cree que existe la posibilidad de que todo sea un complot de Kazarth.

— ¿Quieres decir que Kazarth está tratando de conspirar contra Vaxwald?

Kazarth era una pequeña nación que compartía fronteras con Miulan y Vaxwald. Miulan nunca había estado en muy buenos términos con ellos, por lo que no podría afirmar que yo tuviera una opinión favorable de ellos. Kazarth era conocido por andarse con cuidado con Vaxwald en todo lo que hacía, probablemente para evitar despertar la furia de los dragones.

—Piénsalo. Si esta boda se lleva a cabo, la alianza entre Miulan y Vaxwald se hará aún más fuerte. Dudo que a Kazarth le guste eso.

Tenía un punto. Para Kazarth, una unión entre nuestras dos naciones nos haría aún más terroríficos… pero probablemente tenían razón en ponerse nerviosos, teniendo en cuenta que el matrimonio en sí mismo era casi seguro una táctica deliberada para mantenerlos bajo control. La pequeña nación había molestado a muchos en los últimos años; en todo caso, seguramente deberían haber esperado este resultado. En mi opinión, no tenían derecho a quejarse.

Dicho esto, todavía no había pruebas de que Kazarth fuera la verdadera mente maestra, pero en mi opinión, ciertamente tenían un motivo.

~❀❀❀~

— ¡Adivina qué, Maina!

Cuando regresé al castillo esa noche para trenzar el cabello de Patricia, esta me contó todo lo que había hecho en el día. Según ella, después de que almorzaran juntos, Darío la había llevado a probarse su vestido de novia. El vestido en sí no estaba completamente listo, pero los sastres querían asegurarse de que le quedara bien antes de agregar los toques finales.

—Cuando salí del probador, ¡dijo que me veía hermosa! ¡Y que no puede esperar al día de nuestra boda! —Exclamó Patricia. —Sabes, al principio tenía miedo de conocer al príncipe dragón, pero cuanto más hablo con él, ¡más me gusta! Es más abierto y extrovertido de lo que esperaba, pero de alguna manera hablar con él me hace sentir bien, ¿sabes? No se da aires de grandeza; siempre es franco y directo.

—Me alegra oír eso. Parece que serán una feliz pareja, —sonreí. Era grandioso verlos hacerse más cercanos con cada día que pasaba y estaba segura de que su matrimonio sería pacífico, incluso si ella no era su pareja destinada.

Una vez que Patricia se metió en la cama, recogí todas mis herramientas y salí de la habitación, seguida por una de sus sirvientas, Sally.

—Oye, ¿dónde está Kirion? —Me preguntó. Era la primera vez que me hablaba directamente.

Le devolví la mirada.

—Está en mis aposentos, calentando las planchas. Voy a hacer que practique rizar mi cabello.

Necesitaba experiencia o, de lo contrario, no iba a mejorar, pero no podría soportar pedirle a otra persona que se arriesgara a dañar su cabello o a sufrir quemaduras. Por lo tanto, sólo quedaba yo.

Personalmente, sentía que esta sesión de práctica podría haber esperado hasta la hora del almuerzo de mañana, pero Kirion estaba ansioso por comenzar esta misma noche y en lugar de poner freno a su entusiasmo, decidí ceder.

— ¡¿Ahora mismo?! —Gritó Sally.

— ¡¿En tu habitación?! —Interrumpió Ray mientras estaba de guardia fuera de la habitación de Patricia. Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba escuchando.

— ¡Es de noche! —Continuó Sally.

— ¡Esto es inaceptable! —Insistió Ray.

Retrocedí un paso.

— ¿Qué les pasa a ustedes dos?

Obviamente tenía mis propias dudas sobre quedarme a solas en una habitación con un hombre durante la noche, pero nuestras opciones eran limitadas. Era mi habitación o la de él.

Sally me agarró por la muñeca y me acercó a la pared.

— ¿Ya tienes al caballero Ray y ahora también quieres a Kirion? —Siseó por lo bajo para que Ray no pudiera escucharla. — ¿No crees que el caballero Ray es más que suficiente para ti? ¿Cómo puedes ser tan codiciosa?

—Detente ahí mismo, —también le siseé. —En primer lugar, Ray y yo no somos nada. Y en segundo lugar, tampoco estoy interesada en Kirion.

—Si insistes en hacer tu estúpida práctica de rizado, ¡yo también voy! ¡Me niego a dejarte estar sola en la habitación con él! —Me gritó a la cara.

—Yo también voy, —agregó Ray, con una expresión severa.

Y, así volví a mis habitaciones con los dos a cuestas. Cuando entramos, Kirion me miró sorprendido, luego sonrió.

—Veo que trajo público, —bromeó. Pero una vez que estuve al alcance del oído, susurró: —Deseaba que fuéramos sólo nosotros dos.

Levanté la mirada bruscamente para encontrármelo con su sonrisa más inocente.

Estas personas son tan agotadoras.

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¡Yo sólo quiero hacer mi puto trabajo! Es lo que me imagino que Maina estará pensando en estos momentos. xDD

2 comentarios en “Capítulo 11: Un viaje a la ciudad.”

  1. «— ¿Estás seguras? Pensé que realmente te gustaba, —Ray preguntó con curiosidad, como si de verdad no tuviera idea de lo que me detenía de comprarlo.
    — ¿No escuchaste el precio? —Le pregunté.
    —Sí, ¿y? ¿Qué hay con eso?
    Oh, adorable e ignorante aristócrata.»

    Sin duda este momento es uno de los mejores del capitulo jajajajajaja y ella tiene razon es demasiado impulsivo gastar tanto para algo jajaja

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    1. Ademas… ¿Que diablos le pasa a kirion? creo que el es el que esparce los «rumores» de la princesa o creo que planea algo ¿Por que quiere seducir a todas? No tiene sentido…
      Por cierto ¡Gracias por el capitulo!

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