Hetero, La Estilista y el Caballero Dragón

Capítulo 6: Las sirvientas dragón.

A la mañana siguiente, me dirigía hacia los aposentos de Patricia cuando vi a un humano dragón haciendo guardia fuera de la habitación. No era Ray; evidentemente él aún no había aparecido.

Personalmente, después de anoche, estaba agradecida de no tener que verlo a primera hora de la mañana. Lo siento, Ray, ¡pero no puedes dictar cuánto tiempo me quedaré! ¡Soy una mujer adulta y puedo tomar mis propias decisiones!

Entré en la habitación de Patricia para encontrarme con tres sirvientas dragón ayudándola a lavarse el rostro.

—Buenos días, Su Alteza. ¿Durmió bien?

— ¡Oh, buenos días! Maina, eres un agasajo para la vista. ¡Anoche no pude dormir nada!

—Hoy se reunirá con los reyes, ¿correcto? Quizás sea mejor que lleve un peinado más modesto.

— ¡Sí, por favor! La gente ya dice que soy una buscadora de oro y una niña mimada, ¡no quiero empeorarlo!

Cuando me acerqué a ella, una de las sirvientas dragón dio un paso al frente. Parecía ser la de mayor rango: alta y distante, con rasgos duros y angulosos y cabello largo, liso y castaño oscuro atado en una simple cola de caballo. Ni un sólo mechón estaba fuera de lugar.

—Usted es Maina, ¿verdad? ¿La estilista de la princesa Patricia?

—Sí, esa soy yo, —dije con una sonrisa, esperando suavizar su mirada hostil. Desafortunadamente, ella ni siquiera pestañeó.

—Yo soy Rebeca, Su Majestad, la reina me asignó personalmente el cuidado de la princesa y, junto con mis compañeras, Sally y Mona, haremos exactamente eso.

—Eso suena genial. Pero su cabello…

—También nos encargaremos de eso. Si bien ninguna de nosotras somos estilistas por oficio, todas somos lo suficientemente competentes como para realizar la tarea. Además, usted no sabe nada de nuestra cultura. Si la princesa espera encajar entre la nobleza, necesita la orientación de alguien que esté familiarizado con el código de vestimenta de Vaxwald.

— ¿Código de vestimenta de Vaxwald? —Repitió Patricia, luciendo menos entusiasta ante la perspectiva.

Rebeca señaló el vestido que actualmente se encontraba puesto en un maniquí.

—Como puede ver, nuestros vestidos son muy parecidos a los de Miulan, excepto que nosotros no usamos enaguas para agregar volumen innecesario a la falda.

De hecho, este vestido de Vaxwald era mucho más ajustado, pero aún tenía el mismo aire de elegancia, cargado de volantes y encajes. Del mismo modo, los uniformes de las sirvientas eran bastante similares a los de Miulan.

— ¿Innecesario? ¡Ese volumen hace que mi cintura se vea bonita y esbelta!

—Sea como fuere, en esta época del año, todas esas capas de tela la harían absolutamente miserable.

—Supongo que tienes razón… Me han dicho que los veranos de Vaxwald son mucho más calurosos que los nuestros. Francamente, me sorprende lo diferente que es el clima entre nuestros reinos. ¡Ni siquiera estamos tan apartados!

Como se hacía evidente, Patricia había aceptado el tema de las enaguas bastante rápido, así que decidí interrumpir antes de que la conversación continuara.

—Sus peinados también son bastante diferentes. En Miulan se espera que una dama mantenga su cabello atado en un moño, pero aquí en Vaxwald noté que es común dejar que el cabello cuelgue, ya sea en una simple coleta alta o un estilo medio recogido.

En Miulan, una cola de caballo se consideraría el primer paso para un peinado, pero en Vaxwald, una cola de caballo era todo el peinado. No sólo eso, sino que ayer había visto a una mujer (presumiblemente de la nobleza) que llevaba el cabello suelto por completo, con sólo un sombrero de ala ancha para cubrirlo. ¡Apenas podía creerlo!

—Supongo que la mayoría de las personas en Vaxwald nacen con el cabello perfectamente liso, por lo que no necesitan atarlo para que se vea arreglado y pulcro. En Miulan, sin embargo, muchas personas tienen rizos gruesos y rebeldes que se ven poco dignos cuando se dejan sueltos. Es por eso que desarrollamos la tradición de usarlo atado. Tome su cabello, por ejemplo; Me imagino que tendría problemas para sostener cualquier volumen o rizo.

Mi mirada se volvió hacia las otras dos sirvientas que estaban de pie detrás de ella. Según Rebeca, la chica a su izquierda con los ojos penetrantes y alzados se llamaba Sally y la chica gentil y sencilla de la derecha era Mona.

—Sally y Mona, ¿correcto? Sally, debo decir que tiene el más exquisito cabello rubio platinado. Veo que también lleva una cola de caballo, pero con un rizo al final. En cuanto a Mona, ha elegido un sencillo estilo medio recogido para sus rizos castaños. Su cabello es casi del mismo largo que el mío… Oh, pero el suyo se riza ligeramente hacia adentro en las puntas. ¿Les molestaría que jugara con su cabello? Se ve muy sedoso y…

— ¡Maina, eso es suficiente! ¡Deja de adular el cabello de la gente dragón! —Me regañó Patricia.

—No estoy adulándolo… Me hace sonar como una especie de excéntrica…

—Cuando se trata de cabello, eres una excéntrica, —respondió rotundamente, tuve la sensación de que las tres sirvientas dragón estaban un poco incómodas.

—Mi punto es que nosotras tres manejaremos el cabello de la princesa Patricia y esa es la decisión final, —continuó Rebeca, una vez que se recuperó del incómodo momento. —No necesitamos sus complicados peinados Miulan aquí en Vaxwald y, como tal, sus servicios no serán necesarios. Según tengo entendido, Su Alteza sólo la trajo con ella porque de lo contrario se habría sentido insegura, así que, siéntese y diviértala. Ese es su trabajo ahora.

Fruncí el ceño y miré a Patricia. Su expresión era cansada, posiblemente porque Rebeca era bastante intimidante o, tal vez simplemente no apreciaba que un sirviente tomara todas las decisiones desde el primer día. De todos modos, parecía dispuesta a dejar que los humanos dragón se salieran con la suya… así que decidí que me quedaría quieta y observaría su trabajo.

Pero cuando Rebeca comenzó a cepillar el cabello de Patricia…

— ¡Ay! ¡Sé más gentil!

Estaba siendo gentil… Pido sinceras disculpas, Su Alteza. —Frunciendo sus refinadas cejas, Rebeca volvió a cepillar más despacio. Evidentemente, las mujeres dragón le daban tanta importancia a su cabello como cualquier otro humano, porque parecía bastante nerviosa por manejarlo. Claramente, tenía buenas intenciones.

Desafortunadamente, esas buenas intenciones no se traducían en buenos resultados.

— ¡Eso duele! ¡Maina, tú hazte cargo! ¡A este ritmo me va a arrancar el cabello!

—Pido las más sinceras disculpas, —Rebeca repitió mientras daba un paso atrás, cepillo en mano. Incluso ella sabía que ya no debía seguir intentando. Me miró con una expresión amarga… pero personalmente, yo estaba más interesada en el cepillo que sostenía.

—Eso es un cepillo de cerdas de jabalí, ¿no? ¿Le importa si lo toco?

—Es sólo un cepillo normal. No tiene nada de malo, —gruñó, pero de todos modos me lo entregó. Toqué las cerdas y, efectivamente, tenía razón. Eran inconfundiblemente cerdas de jabalí, duras y firmes.

—Un cepillo de cerdas de jabalí es generalmente la opción correcta para alguien con cabello fino y liso, como usted. Pero debido a que el cabello de la princesa Patricia es tan grueso y rizado, es probable que un cepillo con un espacio mínimo entre las cerdas, como este, quede atrapado en su cabello. Y debido a que su cabello es tan delicado, esto puede causar que se quiebre.

Mientras hablaba, abrí mi cartera, la cual contenía todas mis herramientas para el cuidado del cabello. Metí la mano y saqué algunos peines diferentes.

—Para desenredar todos los días, deberá usar un peine de dientes anchos, preferiblemente grande y cuadrado, como este. Yo utilizo el peine de dientes anchos para sacar todos los enredos grandes primero, luego sigo con un peine de dientes finos para alisarlo. Deberá comenzar desde abajo e ir subiendo, porque si comienza desde arriba, los dientes se engancharán. Acérquese, se lo mostraré.

—O-Oh… Está bien…

—Como nota al margen, hay muchos tipos diferentes de peines: marfil, carey, hueso, metal, etc. Como pasatiempo, me gusta coleccionar uno de cada tipo, pero específicamente para Su Alteza, prefiero usar este de madera. Es realmente de alta calidad, ¿ve? ¿No es lindo? Lo compré de un comerciante ambulante. Me dijo que está hecho de boj. Ahora, el boj es muy delicado y de grano fino, lo que lo hace bastante resistente o, eso me han dicho. La mayoría de los peines de madera se rompen rápidamente, pero este no. Es muy fácil de usar.

—Ya veo…

—Lamentablemente, sólo tengo uno, pero estaré feliz de prestárselo cuando lo necesite. Debe cubrirlo con aceite de flores o crema para el cabello justo antes de usarlo. El aceite agregará brillo al cabello, pero tenga cuidado de no usar demasiado o se verá grasoso. Dicho esto, la princesa generalmente tiene el cabello muy seco, por lo que puede usar con seguridad un poco más de lo habitual. Dependiendo del clima, el peinado y lo colaborador que su cabello esté en un día determinado, es posible que desee usar espuma para peinar en su lugar. La espuma es más liviana que el aceite. Ah y otra cosa. Hay algunos tipos diferentes de aceite de flores…

Pero justo cuando me estaba emocionando con mi explicación, la princesa me interrumpió una vez más.

—La estás asustando, Maina. Deja de hablar y termina mi peinado, ¿quieres?

—Lo siento…

Mientras seguía cepillando obedientemente el cabello de Patricia, Rebeca me miró por el rabillo del ojo.

—Ella es extraña.

~❀❀❀~

Una vez que el cabello de Patricia estuvo peinado, las otras sirvientas y yo salimos al pasillo.

— ¿Está segura de que quiere darnos todo ese conocimiento técnico gratis? —Me preguntó Rebeca.

—Por supuesto, —sonreí. —A pesar de lo que puede parecer, de ninguna manera estoy empeñada en trabajar como estilista personal de la princesa Patricia para siempre. Una vez que se sienta segura de que puede vivir una vida feliz aquí, volveré a mi reino de origen. Por lo tanto, es correcto que les enseñe lo máximo posible antes de irme. Después de todo, me imagino que su cabello grueso y rebelde debe parecer una pesadilla total para las personas con cabello liso y recto, como el vuestro. Lo que me recuerda… Terminé trenzando su cabello al estilo de Miulan por hoy. ¿No tienen ningún problema con eso?

Durante todo el proceso de trenzado, había estado nerviosa, esperando que Rebeca saltara a por mi garganta en cualquier momento… pero esta había permanecido callada hasta el final.

—Sí, por supuesto. Después de todo, se le veía bastante bien. En la cultura dragón, el cabello largo y liso es visto como el ideal, pero tengo la sensación de que sería bastante difícil alisar el cabello de Su Alteza… Estoy empezando a comprender cuánto puede afectar el tipo de cabello y el ambiente general de una persona a los tipos de peinados que se ven bien en ellos.

— ¿Verdad? —Asentí.

Su expresión se suavizó.

—Las chicas y yo haremos todo lo posible para aprender todo lo que podamos de usted antes de que se vaya de Vaxwald, pero por el momento, usted debería quedarse a cargo del cabello de Su Alteza. Después de todo, es mejor dejar algunas cosas en manos de los profesionales.

Y con eso, se dio la vuelta y se fue por el pasillo, Sally y Mona siguiéndola. Tal vez no era tan obstinada como pensaba que era… Mi corazón se llenó de alegría al pensar en la naciente amistad entre nosotras…

—Siempre pensé que era un poco dura, pero parece que la ha cautivado.

Casi me morí del susto. Me di la vuelta para encontrarme con nada menos que Ray, parado a mi lado.

— ¡No me asuste así! ¡No lo escuché caminar!

—No estaba tratando de asustarla. Su audición es peor que la nuestra, eso es todo.

— ¿Vino aquí para insultarme o qué? —Le lancé una mirada fulminante, luego decidí dirigirme a la cantina de los sirvientes para el desayuno.

Mientras me alejaba, Ray siguió hablándome.

—Escuché parte de su conversación y creo que tomaría demasiado tiempo entrenar a un aficionado desde cero. Hablaré con la asistenta de palacio y le pediré que contrate a otra estilista. De esa manera podrá irse a casa mucho más rápido.

Lo miré por encima del hombro.

—No me iré hasta que Su Alteza se sienta cómoda.

Pero Ray no se dio por vencido.

—Tiene a Su Alteza, el príncipe Darío para cuidarla. Estará bien.

—Sí, estoy segura de que lo estará… con el tiempo, —respondí fríamente, luego me di la vuelta y salí corriendo por el pasillo.

~❀❀❀~

Después de mi pequeña pelea con Ray, caminaba por el pasillo techado al lado del jardín de palacio camino a la cantina de los sirvientes. Allí, vi a Mona corriendo hacia un hombre que no reconocí. Tenía el cabello castaño y corto y vestía un uniforme de caballero.

— ¡Buenos días, Padell! Es encantador verte a primera hora de la mañana.

Este caballero, Padell, la abrazó gentilmente.

—Igualmente. Nada alegra mi guardia como el poder verte, —se regocijó. — ¿Cuánto tiempo puedes quedarte conmigo?

—No mucho. Tengo que ir a buscar el desayuno de la princesa Patricia y llevárselo.

—Ah, eso es una pena. Por otra parte, yo mismo estoy contrarreloj. De todos modos, ¿cómo es ella, esta princesa de Miulan?

—Acabo de conocerla, pero no creo que sea tan mala como dicen los rumores.

Estaban claramente locos el uno por el otro. Mientras hablaban, se miraban a los ojos y sonreían como si fueran las personas más felices del mundo entero. Para alguien como yo, que estaba prácticamente casada con su trabajo, era difícil de ver sin sentir una punzada de envidia.

Después de un momento, los dos se separaron y volvieron a su trabajo. Mona se dirigía en mi dirección y rápidamente se dio cuenta de mi presencia, mirándola fijamente. Ella se rió.

—Me atrapó… Prometo que volveré al trabajo ahora mismo, así que por favor no se lo diga a Rebeca, ¿de acuerdo?

—No se lo diré, lo prometo. Entonces, ¿ustedes dos son pareja?

—Oh, sí, pero somos mucho más que eso. ¡Somos parejas destinadas! —suspiró, una sonrisa soñadora flotando en sus labios.

— ¿Parejas destinadas, dice?

—Es lo que humanos dragón llamamos a nuestras almas gemelas. ¿Ha oído de eso?

—Oh si, lo he escuchado. La Princesa mencionó que estaba preocupada de que Su Alteza, el príncipe Darío encontrara a su propia pareja destinada algún día, —le expliqué, decidiendo deliberadamente no mencionar el incidente con Ray. —A juzgar por la forma en que se comportaban, sólo puedo suponer que las verdaderas parejas destinadas comparten un vínculo increíblemente coqueto… eh, íntimo. Incluso una observadora externa como yo puede decir cuánto se aman ustedes dos… Apuesto a que desearía estar con él todo el tiempo.

Verlos sólo había servido para remarcar el hecho de que Ray y yo definitivamente no éramos parejas destinadas. Si lo fuéramos, seguramente no se comportaría tan hostilmente conmigo. Por lo menos, no podía imaginar que Padell tratara a Mona así, nunca.

Mona sonrió gentilmente.

—Sí… lo admito, desearía que siempre pudiéramos estar juntos. Pero ser parejas destinadas no se trata de coquetear todo el tiempo. El amor que tienes por tu pareja destinada es más profundo que eso, ¿sabe? Siempre quieres poner su felicidad primero, pase lo que pase… Y, mientras sea feliz, tu propia felicidad no importa.

Podía ver el amor brillando en sus ojos y, emparejado con la forma en que el sol de la mañana caía sobre ella, parecía irradiar la calidez de una diosa… Personalmente, estaba medio tentada a rezarle, por si acaso.

—Suponiendo que Su Alteza tuviera una pareja destinada… Digamos que aún no se ha dado cuenta, pero ella sí. ¿Qué cree que haría ella? ¿Cree que interrumpiría la boda entre él y su novia humana para reclamar lo que es suyo?

—Por supuesto que sí. ¿No le gustaría estar con su pareja destinada a cualquier precio?

—Mire, yo no lo creo. Creo que ella se quedaría callada. Después de todo, la interrupción de la boda podría causar conflictos entre nuestros reinos y el príncipe se sentiría muy mal por todo el asunto. Una verdadera pareja destinada nunca querría eso para su amado. Pondrían al otro primero… Espere, ¿por qué está rezando…? —Me miró mientras apretaba mis palmas juntas frente a mi pecho.

— ¡Eres una santa!

— ¡Hey, vamos, no se burle de mí! ¡Es muy extraña! —Se rió y se fue.

Evidentemente, la devoción de las parejas destinadas no era algo que se debiera tomar a la ligera.

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