Soñemos Juntas, Yuri

Capítulo 9

Desperté dentro de un avión. Podía escuchar el rugido del viento mientras surcaba los cielos. Las luces de la cabina estaban apagadas. Había muchos pasajeros en los asientos, durmiendo en silencio.

La presión del aire estaba haciendo cosas graciosas en mis oídos. Tragué.

Más allá de las filas de asientos en la oscuridad, un asiento tenía una lámpara de lectura encendida. Reconocí a la persona sentada allí desde atrás.

Había pasado tanto tiempo… Tanto tiempo. Sólo verla hacía que me dieran ganas de llorar.

En el momento en que abrí la boca para llamarla, un pájaro despegó de mi boca.

La familiar figura se levantó y comenzó a caminar hacia el frente de la cabaña. Habiéndome convertido en un ave, me elevé por encima de los otros pasajeros mientras la perseguía.

Corrió la cortina y desapareció hacia la primera clase. Traté de seguirla, pero no podía tirar de la cortina siendo un ave. La hermosa cortina azul estaba siendo destrozada por mi pico.

Fue entonces cuando una mano se extendió por detrás para abrirme la cortina. Más allá había un vestidor. Había un gran espejo en la pared justo frente a mí y no había reflejo de mí en este.

Al instante, miré hacia abajo. Lo que habían sido alas se convirtieron en manos humanas. Por fin, me di cuenta de que había estado soñando.

— ¿Estás lúcida, Hokage? —Ran había aparecido en la ventana frente a mí en algún momento.

— ¿Lúcida?

—Te pregunto si puedes controlar el sueño.

—Bueno, probablemente. Me acabo de dar cuenta de que es un sueño.

Quizás sintiendo la falta de confianza en mi respuesta, Ran frunció el ceño.

Probablemente no es suficiente. Hay una fuerte inercia en los sueños. Si no estás haciendo nada, perderás la lucidez en poco tiempo y no será diferente de soñar normalmente. Pregúntate esto, Hokage: ¿Quién eres?

—Si me preguntas quién soy… ¿Una sonámbula, supongo?

— ¿Y qué hace una de esas?

—Cazar Suijus con las demás…

— ¿Me puedes decir quiénes son las demás?

Las preguntas no cesan, pensé, pero respondí de todos modos.

—Aizome, Tokishima, Sakaimori e Hitsuji.

Ran asintió con satisfacción.

—Parece que estás bien. Los sustantivos propios son sorprendentemente difíciles de decir estando lúcida. Es posible que accidentalmente uses un nombre completamente diferente y ni siquiera notes que algo está mal. Recuerda la sensación de lucidez que tienes ahora. Si algo parece extraño, intenta volver a esta.

Todavía no me sentía segura, para ser sincera, pero asentí. Ran se dio la vuelta y se alejó por el espejo.

—Nos reuniremos con las demás. Ven conmigo.

Siguiendo a Ran, me apoyé en el marco del espejo. Cuando pasé por él y seguí avanzando, apareció un laberinto de camerinos con espejos en las cuatro direcciones. Éramos las únicas que no se reflejaban en los espejos.

Luego, dentro de las interminables filas de vestuarios, vi pasar una cosa grande.

— ¿Eso de ahora era…?

—Ese fue un Suiju. Sigámoslo.

— ¿Eh? ¿Lo vamos a seguir? ¿No deberíamos encontrarnos con las demás antes…?

—Sería una molestia si lo perdiéramos de vista. Está bien, podemos manejarlo, incluso somos sólo nosotras dos.

Persiguiendo la sombra que nadaba de espejo en espejo, seguimos adelante. En los camerinos por los que pasamos, había ropa y perchas tiradas, dando la impresión de que alguien había estado allí hasta hace sólo unos momentos.

Finalmente, los vestuarios se terminaron y salimos a un amplio espacio abierto. Era una sala llena de columnas de estilo griego y sin techo. El Suiju que habíamos estado persiguiendo flotaba en el brillante cielo nocturno. Remando por los cielos con sus muchos remos, el Suiju, que parecía un galeón, tenía una parte que parecía ser la proa del barco, hecha de botellas de vidrio de diferentes tamaños que surgían de él de manera irregular. Cuando la luz de una fuente desconocida golpeaba las botellas, estas emitían una pálida luz azul.

—Prepara un arma, Hokage. —Ran sacó un gran arco de su hombro; Era un arco de aspecto poderoso, con ruedas en cada extremo y varias cuerdas gruesas.

— ¿Un arma…?

—Lo hiciste antes, ¿no? Convéncete de que tienes el arma más fuerte que puedas imaginar.

—La última vez, todo lo que pude sacar fue esa cosa rara como un erizo de mar.

—Sólo tendrás que cultivar tu imaginación.

Mirando a Ran de nuevo, estaba segura de que vestía su uniforme escolar hasta hace sólo un instante, pero en algún momento se había cambiado al tipo de llamativa armadura que podrías encontrarte en un juego RPG.

—Veo que estás acostumbrada a esto.

—Siempre me han gustado los videojuegos, así que soy buena en este tipo de cosas. Hokage, es más fácil si imaginas un arma con algo con lo que estás familiarizada.

Ran sacó una larga flecha del carcaj de su cintura. El verde y azul de su emplumado, como las plumas de un pavo real, brillaba con la luz emitida por el Suiju. Encucó la flecha y tiró de ella lo más atrás que pudo antes de disparar. La flecha navegó por el aire, dejando atrás el crujido de las cuerdas del arco y destrozó varias de las botellas de vidrio del Suiju. El sonido hizo eco como un rugido y el cuerpo del Suiju se ladeó. Había hendiduras en su cuerpo, paralelas a los remos e innumerables lentes salieron de ellas, girándose para enfocarse en nosotras.

— ¿Nos está mirando?

—Nos está mirando, sí.

Creí ver destellar las lentes y, al segundo siguiente, delgados rayos de luz quemaron el suelo a nuestros pies. Saltamos apresuradamente hacia atrás, pero los rayos de luz nos siguieron. Uno de ellos me rozó el brazo.

— ¡Quema!

— ¿Estás bien?

— ¡Absolutamente! Le pondré un poco de okusa de Surugafuki y estará bien por la mañana, —respondí con calma. Sabía cómo manejar esto. Después de todo, había leído el artículo destacado de hoy en la Gekkan Koko Megumi SP. —También te pondré un poco de okusa, así que quédate quieta. Siempre traigo un poco conmigo. Mira.

Cuando saqué mi tubo personal de okusa, le quité la tapa y exprimí un poco sobre mi dedo, Ran habló.

—Oh, esto no es bueno, ¡Midori! ¡Si pudieras!

— ¡E-En un segundo! —Apenas había escuchado la voz proveniente de los camerinos detrás de nosotras cuando una Midori sin aliento llegó corriendo.

—Oh, Sakaimori. Déjame ponerte un poco de okusa… —Empecé a decir, pero Midori extendió la mano y me golpeó en la frente con su dedo.

— ¡Toma!

— ¡¿Ay?! —Lloriqueé de dolor. Ese fue un golpe fuerte.

—Mira tus propias manos, —me dijo Midori. —Por favor, vuelve a estar lúcida. ¿Me puedes decir tu nombre?

—Ho-Hokage… Hokage… Eh, ¿qué estaba…?

Midori y Ran se miraron entre sí.

—La despertaré, —dijo Midori, poniendo una mano sobre mi boca.

Mientras miraba como Hitsuji a caballo y Kaede, quien se había convertido en un león de cintura para abajo, salían de los vestuarios, mi conciencia se desvaneció y…

~❀❀❀~

Cuando se despertó en la cama, Midori se inclinaba sobre Saya para ver cómo estaba. Cuando Saya gritó sorprendida, Midori le cubrió la boca con una mano.

— ¡Shhhh! Despertarás a las demás. Cálmate, estamos de vuelta en la tierra de la vigilia.

Cuando vio que Saya se había calmado, Midori le quitó la mano.

—Lo siento, estaba diciendo cosas raras, ¿verdad?

—No tienes que preocuparte por eso. Sólo estabas hablando dormida. Los ataques de Suiju nos quitan lucidez.

Todavía persistía el estado de confusión. La sensación de que un idioma similar pero diferente había sobrescrito el japonés en su cabeza se estaba desvaneciendo gradualmente.

— ¿Quieres intentar descansar un poco más? Puedes unírtenos más tarde si así lo deseas.

—No, estoy bien. Iré. Lo siento.

Saya y Midori volvieron a acostarse en sus posiciones originales en la cama. Estaban justo al lado de Hitsuji, en lados opuestos. Hitsuji estaba durmiendo boca arriba, respiraba suavemente y emitía ondas tan densas de somnolencia que casi parecían visibles a simple vista. La manta: el poder de Hitsuji que podía hacer dormir a cualquier persona, se envolvía constantemente alrededor de Saya y Midori.

— ¿Podrías no decirle a Hitsuji lo que acaba de pasar? —Dijo Saya cuando sintió que su conciencia se volvía más confusa.

— ¿Por qué no?

—Eh, quiero decir… Si ella supiera que un Suiju me golpeó y comencé a decir tonterías… Sería vergonzoso…

—Te preocupas más de lo que esperaba por ese tipo de cosas, Hokage.

— ¿Más de lo que esperabas? ¿A qué te…?

~❀❀❀~

El cuerpo del Suiju yacía de costado en una sala con varias columnas colapsadas. Su quilla estaba cruelmente destrozada e innumerables remos se encontraban esparcidos por los adoquines. Las botellas de vidrio del arco estaban rotas, no quedaba ninguna intacta.

—Eso fue rápido. ¿Ya se ocuparon de todo?

Al levantar la vista cuando Midori habló, me di cuenta de que Hitsuji y las otras dos estaban paradas sobre los restos del Suiju. Parecía que también se habían dado cuenta de que estábamos de regreso. Hitsuji se estiró y nos saludó con la mano.

—Entonces, sobre lo que estaba diciendo… Justo antes de irnos a dormir…

—No diré una palabra. Pero ten cuidado, si hay algo constantemente rondando tu mente mientras te encuentras en la tierra de los sueños, puede hacer que pierdas el control del sueño. Es una debilidad que los Suiju pueden atacar, por lo que sería mejor que se lo dijeras tú misma antes de que ella lo descubra.

—Entendido. Lo tendré en cuenta.

Siguiendo a Midori, caminé hacia donde estaban las otras tres.

~❀❀❀~

Saya pasaba sus días frecuentando el almacén de Camas y Colchones Sakaimori, yendo constantemente a la tierra de los sueños. La mayoría de sus reuniones eran los miércoles y viernes después de la escuela o los domingos, los días en que era más fácil hacer que coincidieran sus horarios.

Con la cantidad de tiempo que trabajaban siendo cada vez mayor, se había vuelto difícil llegar a casa antes del anochecer, por lo que le explicó a su familia que se había unido a un club de la escuela con algunas amigas.

Agonizó sobre el nombre del club, pero finalmente se decidió por algo increíblemente cercano a la realidad: el club de la siesta. Era un grupo de chicas que tenían el sueño ligero o eran propensas a las pesadillas, por lo que se habían reunido para poder buscar un sueño de calidad. Esta explicación de Saya, a la luz de sus impresionantes logros pasados ​​con el insomnio, fue creída más fácilmente de lo que esperaba. Por lo tanto, el escenario estaba preparado para que viajara a la tierra de los sueños incluso entre semana.

Sin embargo, el sonambulismo de Saya no mejoraba tan fácilmente. La primera dificultad fue mantener la lucidez y, sin importar lo que hiciera, perdía el control justo después de ingresar a la tierra de los sueños.

Saya protestó porque esto no se parecía en nada a su sugerencia inicial de que ella era una insomne y, en que no era afectada por los sueños, pero sus compañeras estaban igual de confundidas.

— ¡No es así como dijiste que sería, Aizome!

—Es extraño… ¿Tal vez simplemente no tienes talento natural?

— ¿No es eso un poco duro después de que me metieras en todo esto?

Mientras Saya y Ran discutían, Hitsuji intervino.

—Está bien, Ran. Yo cuidaré de ella.

— ¿Eh?

Hitsuji miró a Saya desde el sofá y continuó.

—Si te pierdes en la tierra de los sueños, Saya, definitivamente iré por ti. Así que no te preocupes

—Cla-Claro… Entiendo.

Abrumada, Saya asintió. Con la sensación de que eso había resuelto el problema, sus viajes por la tierra de los sueños podrían continuar.

~❀❀❀~

Cuando salí de la boletería, vi un camino que subía por la empinada ladera de la montaña y que continuaba hacia arriba, a lo lejos. Quizás había aguas termales cerca, porque un vapor espeso cubría el área. Sólo había escaladores profesionales con el equipo adecuado a mí alrededor y estos me pasaban de largo cuando me quedé quieta, trepando uno tras otro.

Me preguntaba por qué a diferencia de ellos, yo vestía con ropa tan normal. La pendiente era demasiado empinada y las escaleras que podía ver en algunos lugares eran prácticamente paredes.

El número de personas que salían por la puerta aumentó y el camino de la montaña se llenó de gente. Empujada por la multitud, comencé a escalar la montaña, ya que no tenía otra opción.

Avancé a cuatro patas por un rato. Cuando miré hacia abajo por casualidad, la estación que había dejado atrás ahora estaba muy abajo. Mis brazos y piernas se congelaban. Esto era aterrador. No podía dar un paso más.

Ignorándome mientras me aferraba a la pared, los escaladores me pasaron uno tras otro. Mientras permanecía incapaz de ascender o descender debido al miedo, se erigió una escalera a mi lado y subió Hitsuji.

—Hola, Hitsuji.

—Saya, siempre tienes miedo, ¿no?

—Je, je, eso no es verdad.

—No hay necesidad de aparentar fortaleza, mi amada. Aunque sí amo esa parte de ti.

—No soy rival para ti, ¿verdad, Hitsuji?

—Mira por allá. Hay un nido de Suiju en la montaña. Si sigues escalando como una idiota, terminarás en sus garras. Vayamos juntas desde aquí. Voy a poner una escalera para ti.

Mirando hacia donde señalaba, vi una estructura que parecía un nido de pájaros con andamios de hierro a su alrededor. Dentro había un Suiju que parecía una mezcla entre un tren y un águila calva de tres cabezas y engullía a los escaladores uno tras otro a medida que llegaban.

—Es eso, ¿eh? ¡Bien! —Habiéndome emocionado al tener a Hitsuji a mi lado, floté en el aire con facilidad.

— ¿Saya? Espera un momento.

—No te preocupes, déjame esto a mí. Lo destrozaré.

Traté de imaginar el arma más fuerte que pude. Una pistola… Un cañón… Una bomba… ¡Oh, sí, una bomba nuclear! Si arrojaba un misil nuclear en la cumbre, el Suiju estaba destinado a ser destruido al instante. ¿Por qué nadie había pensado en esto?

Lo imaginé. La bomba nuclear estalló y el nido del Suiju se vaporizó.

Tal como lo había imaginado, hubo un destello brillante sobre nosotras. Una bola de llamas tóxicas rojas y amarillas nació, se expandió, se tragó la cumbre y recortó años de nuestras vidas con el efecto Crispy Clark.

Los bancos cayeron uno tras otro.

El pescado desapareció del mercado.

Mientras veíamos cómo la explosión se hacía cada vez más grande en la televisión de la habitación de un niño, nos sentimos embargadas por la incertidumbre.

— ¿Qué vamos a hacer ahora? —Mientras lloraba sin control, Hitsuji me miró por un momento, luego extendió la mano y me golpeó en la parte posterior de la cabeza.

—Ay.

—Bieeeen, recobra la lucidez, por favor.

— ¿Eh?

Habiéndome devuelto a la lucidez, Hitsuji comenzó la explicación.

—Ser poderosa no lo es todo, Saya. Intenta crear algo más allá de tu capacidad de imaginación y perderás el control en poco tiempo. Es por eso que cada una de nosotras lucha de una manera que nos es fácil de entender.

Ahora que lo mencionaba, Ran usaba una espada y arco de estilo RPG, mientras que Hitsuji luchaba con sus puños enguantados. Kaede era buena transformándose, así que usaba garras y colmillos de animales.

— ¿Qué hay de Midori?

—Esa chica no es buena imaginándose luchando. Es por eso que nos apoya como creadora de camas.

—No creo yo que sea tan buena en eso tampoco. Tenía una gran pistola durante la caza del tigre, pero sentía que sólo estaba usando algo que ya había aparecido en el sueño.

—Sacaste esa cosa de la bomba de erizo de mar, ¿no? Tienes algo de agresión en ti, Saya. Ahora es sólo cuestión de darle una forma que sea fácil de usar. Supongo que sería más fácil crear una plantilla y luego adaptarla para cuando quieras usarla.

—Cierto…

Mientras murmuraba, las paredes de la habitación infantil se destruyeron y el Suiju asomó sus tres cabezas.

— ¡Aahh!

Hitsuji reaccionó golpeando a esa cosa. Una de las cabezas salió volando y dos más crecieron en su lugar. Ahora, con cuatro cabezas tratando de abrirse paso, nos encontrábamos contra la pared.

— ¡Vamos, Saya! ¿No puedes pensar en algo que te sea familiar que probablemente puedas usar en una pelea?

—Bi-Bien, entonces…

Algo fácil de imaginar… Algo con lo que estuviera familiarizada… algo de mi vida diaria, que podría usar en una pelea… Sintiéndome acorralada, mi imaginación finalmente se obligó a inventar un arma. Al instante siguiente, tenía una lata de repelente de insectos en una mano y un encendedor en la otra. Cuando prendí el encendedor y rocié el repelente de insectos, la línea de llamas se hizo más y más larga, envolviendo todo el cuerpo del Suiju. Este giró la cabeza como loco mientras salía de la habitación. Me asomé a través de la pared rota para ver al Suiju que se había convertido en una bola de fuego rodando colina abajo.

Estaba muy feliz de haber encontrado finalmente un arma y me llené de un sentimiento de realización por haber derrotado al Suiju, así que dirigí mi mejor sonrisa hacia Hitsuji.

—Je, je. Y, ¿bueno?

Hitsuji resumió su impresión en una frase:

— ¡Que simple!

~❀❀❀~

Dependiendo de cómo se sintieran las chicas, cambiarían la cama de la habitación de vez en cuando. Cada una de las camas en el almacén tenía pallets debajo de ellas y Midori manejaría el montacargas para cambiarlas.

—Podemos vender las camas que utilizamos a un alto precio, —dijo Ran cuando se completó el intercambio y estaban viendo cómo el montacargas se llevaba la cama anterior.

— ¿Eh…?

—Existe un mercado donde las camas que son usadas por sonámbulos se venden a un alto precio.

—Eso es espeluznante, ¿sabes?

—Muchas de las personas que fueron atacadas por los Suiju sufren trastornos del sueño. Tienen problemas para conciliar el sueño o son atormentados por las pesadillas… Si las camas y los colchones que hemos utilizado los sonámbulos pueden ser de la más mínima utilidad para ellos, ¿no creen que vale la pena?

—Eh…

—No te preocupes, nos aseguramos de que sean limpiadas antes de venderlas.

—Bueno… Si ese es el caso… —Dijo Saya vacilante. Hitsuji se inclinó para mirarla al rostro.

— ¿Estás segura de que estás de acuerdo con eso, Saya?

—Ya ni siquiera lo sé.

~❀❀❀~

Después de fracasar por completo en el intento de rellenar y preservar a mi perro mascota, sólo quedaba la forma ambigua del cadáver del animal. Los ojos de cristal que llenaban su cabeza, la cual se había derrumbado como un manju, me miraban acusadoramente, así que me volteé hacia el animal de peluche e intenté explicarme.

—Lo haré bien la próxima vez, —dije vacilante, pero el animal de peluche me respondió con un tono áspero, diciendo:

—No habrá una próxima vez. Esto sucedió porque no te lo tomaste en serio. ¡Ahh! ¿Qué vas a hacer al respecto? ¡Terminé así por tu culpa! ¿Cómo vas a asumir la responsabilidad?

—Lo siento. Pensé que podría hacerlo. Lo siento.

Si quieres mi perdón, intercambia cuerpos conmigo. Se el animal de peluche. ¡Sé el animal de peluche fallido!

El animal de peluche de verdad me persiguió y me arrinconó contra la pared. ¡No quiero ser un animal de peluche fallido! Incluso mientras pensaba eso, sabía que la culpa era mía, así que no podía discutirle de vuelta. Cuando traté de aceptar mi destino, llorando, el animal de peluche fue rasgado en dos verticalmente y su piel y su relleno se dispersaron por todas partes. Hitsuji aplaudió con sus manos enguantadas, inclinándose para mirarme al rostro.

— ¿Estás bien, Saya?

—Hitsuji… Me alegro de verte.

— ¿Por qué eres tan extrañamente audaz cuando nos encontramos en la tierra de los sueños?

—Porque ver tu rostro hace que incluso los peores problemas desaparezcan.

—También te estás dando aires. De acuerdo, vuelve en ti.

Cuando Hitsuji me abofeteó, recobré la lucidez.

—Lamento molestarte siempre.

—Hurra.

Al salir del salón con el animal de peluche, comenzamos a caminar por la playa junto al mar. Debajo de los cielos nublados, la pálida hierba se mecía con la helada brisa del mar, al igual que el esponjoso cabello de Hitsuji mientras caminaba frente a mí.

—Oye, ¿Hitsuji?

— ¿Qué?

— ¿Por qué apareciste frente a mí?

—Podría preguntarte lo mismo, Saya. Sabes, nunca pensé que podría gustarme tanto alguien.

—Tampoco yo. Aunque ambas sabemos que es sólo en nuestros sueños.

—Ajaja… Sí, tienes razón. —Hitsuji se rio en voz baja.

— ¿Por qué nos gustamos? —Preguntó Saya. —Desde el momento en que nos vimos por primera vez en sueños, nos convertimos repentinamente en amantes.

—Es porque dormimos juntas, ¿no crees?

—Lo estás haciendo sonar peor de lo que es. —Me reí involuntariamente, pero Hitsuji continuó hablando.

—Quiero decir, acostadas en la misma cama, nuestros ojos cerrados, sintiendo el calor de la otra, nuestra respiración sincronizándose lentamente… Es como si nos hubiéramos convertido en un solo ser, ¿no crees?

—Claro, pero ¿no es igual que con las demás? Todas dormimos juntas.

—Cierto. Todas somos camaradas compartiendo el mismo sueño. Por eso somos súper cercanas.

Asentí con la cabeza. Puede que resultara difícil que un no sonámbulo comprendiera nuestra cercanía.

Por lo que había escuchado, Ran y Midori eran de familias que habían heredado los secretos de los sonámbulos. Midori y Kaede eran amigas otaku que se habían conocido en línea. Las habilidades de Hitsuji como Manta eran evidentes, por lo que Ran la descubrió poco después de comenzar la escuela secundaria y desde entonces habían estado juntas.

Las razones por las que se conocieron fueron todas diferentes, pero una vez que viajaron a la tierra de los sueños juntas, no hubo manera de que se separaran.

Actualmente podía comprender todo esto con bastante facilidad. Al igual que ellas, me habían convertido en una adicta al sonambulismo y arrastrado a todo esto, pero no creía que fuera sólo un ansia por dormir. La cercanía entre las personas, el calor, el deseo de tocar a otra… Una vez que una persona podía tocar esas cosas con un alto grado de pureza, perdería la capacidad de dejarlas ir.

—Aun así, tú y yo somos especiales, ¿no?

Cuando hablé, Hitsuji se detuvo, se dio la vuelta y apoyó la cabeza contra mi pecho.

—Tienes razón. Me pregunto porque. Te amo, saya.

—Yo también. Ojalá pudiera ser igual en la tierra de la vigilia.

Mientras abrazaba su cabeza esponjosa, Hitsuji guardó silencio por un momento, luego respondió en voz baja.

—Sí. Eso sería realmente genial.

Comprendía que estas cálidas sensaciones que sentía al dormir se disiparían en la tierra de la vigilia. Tan pronto como nos despertáramos, Hitsuji apartaría la vista de mí y nuestros cuerpos acurrucados se separarían torpemente. Aun así, en este breve momento, ella era insoportablemente preciada para mí.

~❀❀❀~

En el transcurso de muchas siestas, Saya se estaba acostumbrando gradualmente. Todavía era común que necesitara la ayuda de sus camaradas para recobrar la lucidez y las armas que creaba todavía eran sencillas, pero se había acostumbrado a luchar en la tierra de los sueños. Antes de darse cuenta, estaba tan absorta en la lucha contra los Suiju que parecía que había estado haciendo esto por siempre.

Sin embargo, todavía no podía acostumbrarse a su relación con Hitsuji. En la tierra de los sueños, eran amantes cercanas. En la tierra de la vigilia, dos extrañas. No, decir que eran un par de extrañas era demasiado; Eran amigas o, quizás camaradas era la mejor palabra. Aun así, la brecha emocional entre cuando estaban dormidas y despiertas era confusamente vasta.

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