Hetero, La Estilista y el Caballero Dragón

Capítulo 5: El castillo real de Vaxwald.

Aparte del enfrentamiento en la frontera, el resto de nuestro viaje transcurrió sin incidentes. De vez en cuando veía humanos dragón curiosos mirándonos desde el costado del camino, pero no intentaban acercarse a nosotras; o no se oponían al matrimonio o tal vez simplemente no eran lo suficientemente valientes como para decirlo en presencia del príncipe Darío. De cualquier manera, llegamos a salvo al castillo de Vaxwald.

El castillo en sí era una majestuosidad para la vista. Construido con pizarra gris opaca, también servía como una fortaleza, bastante diferente del pequeño y encantador castillo blanco que teníamos en casa. Una mirada y supe que estaba destinada a perderme en algún momento.

—Nnnn… Todos en el castillo me odian a muerte, lo sé… —Gimió Patricia. Se las había arreglado para aparentar valentía frente a Darío, pero evidentemente esto todavía pesaba mucho en su ser.

—Vamos, vamos, no sea tonta. ¡Estoy segura de que todos están felices y emocionados de que se vaya a convertir en parte de la familia real! ¿Ve?

Cuando nuestro carruaje pasó por las puertas del castillo, señalé afuera de la ventana a las multitudes, donde docenas y docenas de personas estaban sonriendo y aplaudiendo. Claramente, no todos habían creído los rumores.

Las dos salimos del carruaje y seguimos al príncipe Darío al castillo. Nuestro destino: los nuevos aposentos de Patricia.

—Llegamos. Esta será su sala de estar, —explicó cuando llegamos. —Puede parecer oscura ahora, pero eso es sólo porque el sol ya se ha puesto. Mañana por la mañana, verá que es bastante luminosa y fresca. Y, si el sol de verano calienta demasiado, puede abrir la puerta del balcón para que circule el aire.

En marcado contraste con la austera estética del exterior del castillo, el diseño interior de la sala de estar de Patricia era francamente adorable, con papel tapiz estampado de flores, alfombra y muebles de colores brillantes. Cuando el príncipe Darío explicó que lo había personalizado para satisfacer sus gustos, esta pareció alegrarse.

—Al lado tenemos su habitación; Supongo que deberíamos dormir por separado durante el próximo mes hasta nuestra noche de bodas. Ah y su vestidor está aquí, al otro lado del pasillo. Además de esto, tenemos muchas otras habitaciones libres y puede usarlas como mejor le parezca.

—Gracias, Su Alteza.

—Me imagino que debe estar exhausta del largo viaje. Haré que mis sirvientes le cocinen algo. Luego, después de comer, siéntase libre de descansar un poco. Podemos dejar la presentación con mis padres para mañana.

Los sirvientes se pusieron a trabajar de inmediato, preparando la comida y llevando las muchas pertenencias personales de Patricia a sus aposentos. Uno de ellos me tocó el hombro y me guió hasta mi habitación. A diferencia de los otros sirvientes, que dormían todos juntos en un dormitorio, a mí me habían asignado una habitación propia, presumiblemente como cortesía para la princesa. Afortunadamente, mi habitación no estaba tan lejos de la suya, así que no tendría que preocuparme por perderme en el castillo.

—Comerá todas sus comidas en la cantina de los sirvientes. Está en el ala norte, en el primer piso. No tenemos horarios fijos para comer, por lo que puede visitarla en cualquier momento, pero tenga en cuenta que es posible que no quede nada si se presenta tarde por la noche. El baño también está cerca de allí.

—Gracias.

Habiendo terminado con su discurso, el sirviente me entregó un candelabro repleto de velas, se dio la vuelta y se fue. Eché un vistazo alrededor de la habitación; de ninguna manera era grande, pero estaba amueblada con un sofá de dos plazas y un escritorio y la cama estaba recién hecha. En general, estaba agradecida.

Dicho esto, el armario estaba (obviamente) vacío. Necesitaba ir a buscar mi…

—Este equipaje es suyo, ¿verdad?

Una repentina voz detrás de mí casi me hizo dar un salto de la sorpresa. Me di la vuelta para encontrarme a Ray parado en la puerta, llevando dos maletas de cuero y un bolso grande. Detrás de él, en el pasillo, había una pila de cajas conocidas.

En la oscuridad de la noche, su cabello y ojos dorados eran iluminados sólo por la luz del candelabro.

— ¿Cómo lo supo…? —Le pregunté.

Él simplemente se encogió de hombros.

—Bueno, gracias.

A decir verdad, no me sentía exactamente cómoda estando a solas con él y, sin embargo, por alguna razón él se tomaba su tiempo examinándolo todo, desde las ventanas hasta la alfombra y la chimenea.

— ¿Qué está haciendo?

No respondió. Pero cuando comenzó a hurgar en mi cama, bueno, ahí fue donde cruzó la línea.

— ¿Puede irse ya? —Le pregunté con el ceño fruncido.

Ante esto, Ray finalmente se volteó y reconoció mi presencia.

— ¿Planea quedarse en Vaxwald permanentemente?

—No, no de forma permanente. Sólo hasta que Su Alteza se haya adaptado a su nueva vida.

— ¿Y cuánto sería eso exactamente?

—No podría asegurarlo. Pensábamos en un año más o menos, pero realmente depende de ella.

— ¿Un año?

Él frunció el ceño. Yo fruncí el ceño. Tal vez no estaba emocionado ante la perspectiva de pasar el próximo año conmigo, pero yo tampoco estaba exactamente emocionada de estar cerca de alguien que me odiaba. De todos modos, ambos necesitábamos asimilarlo y hacer nuestro trabajo.

—Sólo váyase, ¿quiere? —Con un suspiro, aparté la mirada y extendí la mano para darle un pequeño empujón, pero antes de siquiera poder poner un dedo sobre su armadura, él me agarró por la muñeca.

—No, te iras, —gruñó, dando un paso hacia mí.

Sorprendida por esta repentina proximidad, intenté dar un paso atrás, pero no pude librarme de su agarre.

—Sal de Vaxwald, Maina. —La llama escarlata del candelabro bailaba en sus ojos. —Un año es demasiado. Incluso seis meses serían demasiados. No, te iras en un mes, tan pronto como termine la ceremonia de bodas.

—Porque debería…

Un mes. ¿Entendido? —Y con eso, liberó mi muñeca y salió de la habitación.

Una vez que se fue, agarré lo que tenía más cercano, mi bolso, pero lo pensé mejor. En cambio, caminé hacia la cama, agarré una almohada… y la tiré con todas mis fuerzas hacia la puerta.

¡¿Quién murió y te hizo mí jefe?!

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1 comentario en “Capítulo 5: El castillo real de Vaxwald.”

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